“El Tempranillo” y “el Gordo” o el declive del bandolero

19 agosto 2012 by 

No mucho antes de morir el antiguo bandolero a manos de un delincuente, Pedro Agustín Girón de las Casas, marqués de las Amarillas, recién nombrado capitán general de Granada, le dijo a su hijo Francisco Javier, coronel entonces y que doce años después fundaría la Guardia Civil, señalándole a José María Hinojosa “el Tempranillo” que entraba en el despacho: “Aquí tienes a un valiente”, a lo que el chaparro joven de ojos vivos contestó: “Un valiente no, señor; sólo un hombre que no se aturde”.

Pocas similitudes pueden encontrarse entre aquel José María Hinojosa “el Tempranillo” y éste José Manuel Sánchez Gordillo a quién llaman “el Gordo”. Los dos de moderada estatura, los dos de ojos exaltados, los dos listos y con el colmillo retorcido; el primero se guardaba las espaldas pagando informadores cerca de los jefes políticos de las provincias andaluzas, el segundo manteniendo el fuero de diputado autonómico que sin hacerle impune le hace inmune, aunque proclame que renuncia a sus privilegios que sabe son irrenunciables si permanece en su escaño. Si avanzamos más en ambas biografías, “el Tempranillo” dio su golpe más espectacular en Écija contra una diligencia que contenía caudales de Hacienda mientras el por ahora golpe más sonado de “el Gordo” fue también en Écija pero en un supermercado. Uno asaltaba diligencias y el otro asalta carritos de la compra. Los hombres del primero se enfrentaron a  “migueletes” armados y los hombres del segundo se enfrentaron a cajeras de supermercado que sólo opusieron lágrimas en defensa de sus puestos de trabajo; los esforzados y valientes asaltantes del supermercado no forcejearon  con “migueletes” pero amedrentaron y empujaron a las cajeras.

Está escrito que “el Tempranillo” trataba muy bien a las damas a las que robaba. Cuando asaltaba un carruaje las ayudaba a bajar de él ofreciéndoles su brazo, las encaminaba a una sombra, y mientras las despojaba de sus joyas aderezaba el hecho con palabras amables: “Esos hermosos brazos no precisan el adorno de estas pulseras”, o “a esas orejas tan bellas les estorban los pendientes” o “a esas manos tan delicadas les sobran los anillos que quedan en ellas tan vulgares”. Sin embargo, los hombres de “el Gordo”, según pudo verse en televisión, fueron más burdos y groseros, insultaron y maltrataron a las damas empleadas en el supermercado uniendo al robo el machismo y la cobardía.

Tampoco se parecen nada “el Tempranillo” y “el Gordo” en lo del aturdimiento. El bandolero del siglo XIX no se aturdía y nuestro contemporáneo se aturdió tanto que se apresuró a declarar que él no intervino directamente en el asalto al supermercado sino que permaneció apartado dirigiendo la operación megáfono en mano. Con indudable táctica militar  digna de mejor causa “el Gordo” ha declarado: “Hice una maniobra de distracción; la policía me siguió a mí, entraron y sacaron los carros con la comida”. El estratega recordó, de paso, que es diputado andaluz y que está aforado por lo que si lo detienen deberá ser por decisión del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. No se le escapa una.

Es sabido que los Estados Mayores de los Ejércitos sufren escasas bajas en las batallas. Sólo me viene a la cabeza el caso del mariscal Juan Bautista Bessières, jefe de la Caballería napoleónica, que murió con las botas puestas en Lützen. “El Gordo” era el jefe de su pequeño y desarrapado ejército en la enconada lucha contra las empleadas del supermercado por el botín de unos carritos de latas de garbanzos que no se sabe dónde acabaron, pero aceptar productos robados sabiendo esa procedencia, por muy buena intención que conlleve, es un delito. Por su fuero como diputado, por mantenerse alejado del campo de batalla y por su condición de mando supremo de la operación, las posibilidades de que “el Gordo” sufriese daño en el empeño eran escasas, escasísimas.  Decididamente se arriesgaba más su antecesor “el Tempranillo”. Qué horror, estamos viviendo el canto del cisne del bandolerismo romántico. José María Hinojosa era el auge de un modo singular de entender la llamada “expropiación” de lo ajeno, y José Manuel Sánchez Gordillo supone el declive, el hoyo, el final. Con este tipo desangelado y grotesco, henchido de protagonismo y lleno de vanidad el bandolerismo ha pasado de los sublime a lo ridículo.

José María Hinojosa “el Tempranillo”, cansado de cansarse andando por esos caminos de Despeñaperros para abajo, pactó un indulto con Fernando VII, se entregó con su cuadrilla, y los bandoleros pasaron bajo su mando a integrar la Partida de a Caballo de Andalucía dedicada a perseguir delincuentes y a ponerlos a disposición de la Justicia. Algo así ocurrió con el sheriff Pat Garret en Nuevo México que habiendo sido amigo y colega de fechorías de Billy el Niño se pasó al bando de la ley y fue quien acabó con él. Tanto “el Tempranillo” como Garret murieron a manos de delincuentes. No es previsible un caso similar en “el Gordo”, a Dios gracias.

El caso de Sánchez Gordillo “el Gordo” es peculiar. De un lado es parlamentario, o sea hace leyes que obligan a todos, y de otro lado no respeta esas leyes.  Uno de sus colegas de formación política, nada menos que el portavoz de IU en la Comisión de Interior del Congreso, Ricardo Sixto, a quien se le debería suponer más rigor y conocimiento, ha sentenciado: “La propiedad no tiene un carácter sacrosanto, está en función de la utilidad social. Gordillo no ha hecho nada diferente entrando al supermercado a coger alimentos de lo que hace cuando entra en una finca de la duquesa de Alba para pedir tierras para los jornaleros”. Exactamente. Ambos hechos son delictivos, cosa que el señor Sixto debería saber. Otro que hace leyes pero ve natural incumplirlas.

Por su parte el también diputado de IU Alberto Garzón consideró “un completo éxito” el asalto a los carritos del supermercado. Otro estratega. A juicio de este diputado malagueño, la arriesgada acción “ha removido los cimientos ideológicos de la mayoría”.  Debe entenderse que delinquir es “remover los cimientos ideológicos”. Gaspar Llamazares, que cada día desvaría más, no ha descartado asaltar él mismo un supermercado si llega el caso. ¡Qué ejemplares son estos representantes de la soberanía nacional!

No es extraño que al aplauso a ese supuesto bandolero generoso que es “el Gordo” se haya sumado el portavoz de Amaiur en el Congreso, Errekondo, que expresó su respaldo “a la acción de solidaridad contra el hambre y por la dignidad”. Que hable de dignidad un tipo como Errekondo ya es tener cuajo.

Mientras, Sánchez Gordillo, “el Gordo”, arremetió contra el ministro del Interior, Fernández Díaz, al que acusó de actuar “como el franquismo, deteniendo al cabecilla” y sentenció con su habitual rigor: “Esto es fascismo de tomo y lomo”. ¿Cuál había sido la actitud franquista o fascista del ministro? ¿Ordenar a las fuerzas del orden público que procediesen contra quienes habían cometido un delito? ¿Tenía el ministro que haber mirado para otro lado? ¿Acaso tenía que haberse entretenido en contar nubes como Zapatero?  Pues no. Por la seguridad jurídica, por el Estado de Derecho, por la imagen de España en el exterior en unos momentos especialmente difíciles yo espero, como esperan los españoles que creen en el cumplimiento de las leyes, que la cuadrilla de “el Gordo” pague por lo que hizo y, si tuviese una pizca de vergüenza, el bandolero generoso en la utilización de las propiedades de los demás, debería dimitir como diputado del Parlamento de Andalucía porque ser delincuente y al tiempo parlamentario no parecen menesteres compatibles.

“El Gordo” lleva desde 1979, primeras elecciones municipales democráticas, como alcalde de Marinaleda; se ha creado una costra. Su caso es uno de tantos que hace apremiante que en órganos de gestión, como son los Ayuntamientos, se limiten los mandatos. En estos treinta y tres años, aparte de inflar su ego, Sánchez Gordillo se ha debido llegar a creer que es una especie de “libertador” y en ese camino ni la ley le detiene; se considera  por encima de la ley. Si el “Libertador” por antonomasia, Bolívar, levantase la cabeza se llevaría un susto de órdago.

La ideología política de “el Gordo” es la de su pequeño partido CUT-BAI, integrado en IU, con un componente libertario y andalucista y un legado marxista ya que su sindicato, el SOC, también minoritario, viene de la CSUT, sindicato mayoritario dirigido por el PTE. El SOC cree que “Andalucía es una nación a la que están robando su economía, su cultura, su lengua e incluso han llegado a desvirtuar su historia” y por ello “hay que luchar por el derecho de autodeterminación”. El SOC se define en sus textos como “un sindicato obrero reivindicativo, de clase, unitario, democrático, independiente, sociopolítico, ecologista, solidario, nacionalista andaluz e internacionalista”. Ahí queda eso. Menuda empanada.

Uno al leer estas proclamaciones de principios no entiende nada. ¿Quiénes y cómo roban a Andalucía su cultura y su lengua? ¿Quiénes y cómo desvirtúan su historia? Estoy más sorprendido desde que he sabido que José Manuel Sánchez Gordillo aparece en “google” con el oficio de “profesor de Historia”. No me lo puedo creer. Supongo que “el Gordo” reniega de la dignísima profesión de maestro y por eso figura como “profesor de Historia” pero por su comportamiento y sus desviaciones “históricas” sólo podría entender su condición profesoral si la ejerciese en un parvulario.

Sería entretenido un debate sobre Historia (con mayúscula) con el profesor “el Gordo”; me ofrezco a ello. Siempre que deje hablar, que no sea autoritario, ni sea una disparatada calabaza sonora como lo es habitualmente cuando, como pintoresca atracción ferial más que como tertuliano riguroso, es invitado por alguna televisión. Hace poco asistí a un debate económico entre Sánchez Gordillo y  dos conocidos catedráticos de Economía. No hubo diálogo porque ya se sabe que para que exista diálogo provechoso deben darse al menos tres condiciones. 1º: que los intervinientes hablen de lo mismo. 2º: que tengan parecida ilustración sobre el tema de que se hable. 3º: que los intervinientes estén dispuestos a escuchar tanto como a hablar y a rectificar sus posiciones si son más sólidas las de los demás. Ninguna de estas condiciones se daban en el supuesto debate entre Sánchez Gordillo y los sabios economistas; él barajaba latiguillos y tópicos; los otros ciencia. En estos casos se oye más la voz del que más grita e interrumpe que, a falta de conocimientos y de argumentos, esgrime el recurso fácil de la mala educación.

“El Gordo” debería haber decidido ser generoso con quienes necesitan comida cuando recibió, sólo en mayo, 46.184 euros de subvenciones de la Junta de Andalucía. El grotesco bandolero generoso preguntado por tan delicado asunto ha dicho sin cortarse un pelo que no podía destinar a los necesitados esos caudales recibidos de la Junta porque eran “subvenciones finalistas”, pero también la comida que llenaba los carritos que robó su partida tenía un destino finalista: que fuese comprada y no “expropiada”, nueva forma de bautizar el latrocinio. Podía haber pensado “el Gordo” los carros de comida que hubiese entregado a las familias en dificultades empleando esos 46.184 euros en un fin tan estimable. Alguien ha echado la cuenta: “el Gordo” podía haber comprado -no robado- 550 carros de comida, lo que hubiese supuesto una acción solidaria y digna y no un delito. Ninguna organización reclamó nunca a “el Gordo” que su cuadrilla  sustrajese alimentos, y las ONG dedicadas a ello mantienen abastecidos los bancos de alimentos sin necesidad de robarlos, como es natural.

Griñán, flamante presidente andaluz gracias a los votos de IU pese a haber perdido las elecciones, ha entregado otros 34 millones de euros a los sindicatos, y mantiene el ritmo de subvenciones pese a que se presenta como víctima y amenaza con el cierre de hospitales y de colegios. Andalucía duplica la cifra total de ayudas a los sindicatos otorgadas por el resto de Comunidades Autónomas. . En apenas dos años, Griñán ha otorgado 103,7 millones de euros en subvenciones a los sindicatos y se los ha quitado a los ciudadanos.

José María Hinojosa “el Tempranillo” hablaba poco, no se caracterizó por desear notoriedad. Todo lo contrario que José Manuel Sánchez Gordillo “el Gordo” al que le encanta arrancar un titular mediático. Le gusta más ser protagonista que a un tonto (incluso a él) una tiza. Su ristra de frases “geniales” es abultada. Desde aquella “Soy comunista como Cristo, Ghandi y Marx” que denota una incultura enciclopédica, hasta una frase de bandoleros: “La globalización se está traduciendo en el bandolerismo de corbata del BBVA y Telefónica”; “el Gordo” forma parte del bandolerismo descorbatado y con “kufiya” palestina. A veces sus sentencias son contradictorias  como sobre la falta de sacerdote en su pueblo: “No tenemos cura, gracias a Dios”; aunque puede referirse a que él y los suyos no tienen cura, o sea curación. O la curiosa frase: “La derecha es mismamente Satanás en carne y hueso”, por lo que recomiendo a Sánchez Gordillo leer “El Diccionario del Diablo” de mi dilecto amigo el doctor Montells. Lo cierto es que “el Gordo” no engaña a nadie; ya lo anunció: “Nuestras movilizaciones muchas veces tendrán que salirse de la ley”. Hacía esta solemne declaración al poco de su participación en protestas contra la construcción de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Qué ojo.

Ahora “el Gordo”, la prueba viva del declive del bandolerismo andaluz, ha ocupado con su cuadrilla, esta vez en Osuna,  una finca del Ejército, “Las Turquillas”, que pertenece a la Yeguada Militar de Écija, y dale con Écija; parece una fijación. “El Gordo” quiere que la finca, o parte de ella, sea cedida a agricultores que lo necesiten. Pero tiene dueño. Sólo un buenismo para mí incomprensible consiente esta ocupación nada menos que de una propiedad militar. Desde que las instalaciones militares las vigilan empresas de seguridad privada aquí puede pasar de todo…

A José María “el Tempranillo” le finó en una emboscada de dos certeros disparos “el Barberillo”, antiguo compañero de fechorías, después de ser perdonado por el Rey. A José Manuel Sánchez Gordillo “el Gordo” le vemos en las teles con su “kufiya” y sus diarreas mentales demagógicas y, claro, utópicas. Y aforado y cobrando subvenciones. Cómo ha cambiado el romántico bandolerismo andaluz… Qué Dios nos conserve muchos años a este prócer. En mi infancia aún se hablaba del célebre payaso Ramper, aunque no llegué a admirar su arte en el hace muchos años cerrado Circo Price de la Plaza del Rey. A falta de otra cosa tenemos a “el Gordo”. Planea asaltos a carritos de supermercados y ocupa fincas pero de vez en cuando nos divierte.

Ah, y no pasa nada. Las autoridades no hacen nada. Vivimos en una pavorosa inseguridad jurídica, y queremos que nos tomen en serio por esos mundos y confíen en España.

“El Tempranillo” y “el Gordo” o el declive del bandolero « As de bastos.

esta web esta abierta al debate, no al insulto, estos seran borrados y sus autores baneados.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s