La matanza de Badajoz: ¿Leyenda o realidad?

El tan traído y llevado tema de la matanza de Badajoz es un tema que levanta pasiones, vierte ríos de tinta y acarrea largas polémicas. La cuestión es: ¿Realmente la represión y matanza de Badajoz alcanzó las cifras casi “oficiales” de cuatro mil muertos?

En primer lugar hay que descartar a Jay Allen, principal promotor de la falsa noticia de los cuatro mil muerto y que, además, como veremos, copió de otros periodistas que sí estuvieron en la ciudad inmediatamente después de ser tomada, como es el caso de Mario Neves, del Diario de Lisboa, Marcel Dany, corresponsal de la Agencia de noticias Havas y Jacques Berthet, del periódico francés Le Temps.

Sobre las noticias tan dispares que estos tres periodistas enviaron a sus respectivos periódicos hay que tener en cuenta una cosa muy importante que bajo ningún concepto puede omitirse. Los tres periodistas entraron juntos en Badajoz en la mañana del 15 de agosto y, lógicamente, fueron estrechamente vigilados y escoltados durante sus repetidas visitas a la ciudad. Una prueba de esto es que Mario Neves siempre habla en plural cuando describe su estancia en la ciudad, es decir, que los tres periodistas fueron juntos a los lugares que les quisieron mostrar, sin embargo, sus crónicas son muy dispares entre sí.
Los tres periodistas publican, ante todo, el horror que les causó su estancia en Badajoz con la visión que apareció antes sus ojos de cadáveres en las calles, sangre coagulada en el suelo, las paredes manchadas de esa misma sangre, etc.

Jacques Berthet califica estas escenas como“imágenes de un horror sombrío” y, en efecto, esa visón infernal ofrecerían las calles de Badajoz. Sin embargo, en sus crónicas posteriores, al informar sobre el ataque aéreo a Badajoz, exagera las cifras de aviones que participaron al manifestar que lo hicieron 20 Junkers y 7 Capronis, cuando lo cierto, y así se refleja en la documentación que he mirado, es que las misiones aéreas sobre Badajoz, desde el día nueve de agosto hasta el día 14 se efectuaron con 9 Junkers y 3 Savois S-81. El día 15, Berthet informa: “Hasta este momento alrededor de 1500 personas han sido fusiladas….los arrestos y las ejecuciones en masa continúan en la plaza de toros. Sólo en la calle San Juan hay trescientos cuerpos”.

Por su parte Marcel Dany manifestó: “La sangre corre por las aceras. Los legionarios y los moros continúan ejecutando en masa…barrios enteros están en llamas y el número de víctimas, mujeres, niños y ancianos es innumerable. En los pueblos de los alrededores las tropas han pasado por las armas a todos los que eran fieles al Gobierno”. Esta información fue emitida el día 16 de agosto.

No hay duda alguna de que estas imágenes de horror son las que se ofrecieron a la vista de los tres periodistas. Ahora bien, ¿Son ciertas las cifras que Jacques Berthet y Marcel Dany dan? Observemos que este último exagera también ostensiblemente su crónica al decir que barrios enteros están en llamas, cosa que, evidentemente, nunca ocurrió.

Por otra parte, uno de los primeros lugares a los que se dirigen al entrar en Badajoz el día 15 es a la Plaza de Toros. Sobre esta visita, Mario Neves en su crónica del día 15, dice: “Sobre la arena aún se ven algunos cadáveres, lo que da a la plaza un aspecto macabro de teatro anatómico”. Es decir, nadie pone en dudas que en la noche del 14 al 15 de agosto se asesinó en ese lugar a un número indeterminado de personas, algunos de cuyos cuerpos aún permanecían en aquel lugar cuando lo visitaron. Mario Neves describe la visita por algunos sectores de la ciudad, en especial la brecha de Trinidad diciendo “hay algunos cadáveres que todavía no han sido retirados”; la calle de San Juan de la que dice: “cerca de la cual fueron pasados por las armas los milicianos que cayeron en poder de los rebeldes” y la catedral, donde dice que en la nave central vio dos cadáveres. Pero hay un detalle que debemos tener en cuenta. Mario Neves dice textualmente: “La catedral, en cuya torre, nos dijeron que habían sido colocadas ametralladoras, está bastante dañada”. Al decir que está bastante dañada se refiere a la catedral en sí, no a la torre. Esto es importante porque llevó a confusión a Jay Allen en su ficticia noticia.

En su crónica del día 16, dice Mario Neves que se ve una columna de humo blanco de más de cincuenta metros y, acertadamente, deduce que es provocado por la quema de los cadáveres. Ese mismo día vuelve a visitar la plaza de toros, ya que había oído rumores de las ejecuciones allí realizadas y manifiesta textualmente: “Por eso, nos dirigimos hacia allá, con el fin de verificar la exactitud de este rumor. Tras algunas dificultades, conseguimos entrar en la arena. Algunas decenas de prisioneros aguardan su destino. Pero la plaza no tiene un aspecto diferente al que observamos ayer, lo que nos lleva a suponer que el rumor es infundado”. Entonces, si los tres periodistas vieron que en la plaza de toros no había ocurrido una matanza tan brutal ¿cómo es que Jacques Berthet manifiesta que allí habían sido ejecutadas mil quinientas personas? Posteriormente se acercan al cuartel de la Bomba y Mario Neves manifiesta: “En el patio, cerca de las caballerizas, todavía se ven muchos cadáveres: la inflexible justicia militar…Entre ellos, envuelto aún en la misma sábana blanca en la que vino desde el hospital, me muestran el del alférez Benito Méndez”. Inmediatamente después, Neves dice: “Pasamos por el foso de la ciudad que aún está repleto de cadáveres. Son los fusilados esta mañana, en su mayoría oficiales que combatieron hasta el último momento…uno de ellos es el teniente coronel Juan Cantero, con sus cabellos grises, tendido entre otros de humilde apariencia, a los que la muerte sorprendió en mangas de camisa”. Finalmente, en su crónica del día 17, que fue censurada, Mario Neves manifiesta: “Entré aquí, ayer a las 10 de la mañana (se refiere a que entró en Badajoz) los cadáveres que vi no son los mismos que hoy me encuentro, en diferentes sitios. Las autoridades son las primeras en divulgar que las ejecuciones son muy numerosas para que se pueda apreciar las inflexibilidad de su justicia”. Ese mismo día 17, Mario Neves visita el cementerio, acompañado por un sacerdote cuyo nombre no indica y describe así lo que vio: “Hace diez horas que la hoguera arde…..al fondo, en un escalón cavado aprovechando un desnivel del terreno se encuentran vigas de madera transversales, parecidas a las que se utilizan en las vías del ferrocarril, sobre una superficie de más de cuarenta metros, más de 300 cadáveres, en su mayoría carbonizados…..a un lado, 30 cadáveres de paisano aguardan su turno, enfrente 23 cuerpos de legionarios, los que cayeron bajo el fuego intenso de las ametralladoras…..en la puerta del cementerio, un camión descarga otros cuatro cuerpos que han sido recogidos en alguna parte”.

Mario Neves, Marcel Dany y Jacques Berthet fueron testigos presénciales de todos los horrores que describieron, pero Mario Neves nunca habla ni de 1500 cadáveres ni, mucho menos, de cuatro mil. ¿Cuál de los tres periodistas dijo la verdad?

De esto podemos sacar varias conclusiones:

Primera.- Los cuatro mil muertos, tan tenidos en cuenta por muchos organizadores de exposiciones y congresos, se deben a la calenturienta mente del periodista norteamericano Jay Allen, que no queriendo ser menos que sus colegas, que si habían estado en Badajoz los primeros días, elevó esa cifra para dar más énfasis a su crónica.

Segundo.- Tanto Marcel Dany como Jacques Berthet informaron de lo ocurrido ajustándose algo más a la realidad pero, aún así, queriendo demostrar su apoyo al Gobierno legalmente constituido de la República, aumentaron deliberadamente las cifras de los cadáveres que vieron por las calles y exageraron los sucesos ocurrido en Badajoz.

Tercero.- Mario Neves, que lo mismo que los dos periodista que entraron con él, tuvo que sufrir una fuerte impresión ante las dantescas escenas que se ofrecieron a su vista, pero aún así, supo sobreponerse y sin dejarse llevar de sus emociones y mostrando ser un gran profesional del periodismo realizó una crónica no exenta de dramatismo, pero veraz y acertada en su información. Tuvo paciencia de contar los cadáveres de los legionarios y, efectivamente, el número que expresa se aproxima bastante a las bajas de la legión y, aunque evidentemente no contó los cadáveres que se estaban quemando sí calculó “a ojo” y manifestó que serían unos trescientos cuerpos.
En vista de esto hay que investigar mucho más sobre lo ocurrido, pero se puede afirmar que el número total de personas víctimas de “La Matanza de Badajoz” osciló entre cuatrocientos y seiscientos. Quede claro que me refiero a la masacre ocurrida entre los días 14 y 17 de agosto de 1936.

El documento que muestro en el que se autoriza a Mario Neves para entrar en la ciudad, se lo debo, cómo no, a Moisés Domínguez Núñez.

http://franciscopilo.blogspot.com.es/search?updated-min=2006-01-01T00:00:00%2B01:00&updated-max=2007-01-01T00:00:00%2B01:00&max-results=13

¿Estuvo el periodista Jay Allen en Badajoz en agosto de 1936?

A setenta años vista del inicio de la Guerra Civil y pasados ya la tenebrosa época de la dictadura y, por lo tanto, literatura partidista y homenajes partidistas a las víctimas de un solo lado, estamos entrando, mejor dicho, hace tiempo que entramos en otra época más siniestra en cuanto a la manipulación histórica se refiere. Se dan por reales sucesos que nunca existieron o se concede un crédito enorme a las informaciones de Prensa aparecidas en aquellos momentos aunque sea evidente la falsedad de las mismas.

Lo malo no es que se les de crédito sino que estas informaciones han sido utilizadas para resaltar el horror y los crímenes que se cometieron en Badajoz una vez que la ciudad cayó en manos de los rebeldes.

Nadie pone en duda que lo que ocurrió fue terrible, pero de ahí a que se conceda crédito y se considere Dogma de Fe lo que algunos escribieron, sin estar presentes, es algo que atenta contra todo principio de imparcialidad. Me refiero al periodista norteamericano Jay Allen, del que como he puesto por título, cabe preguntarse si realmente estuvo en Badajoz en Agosto de 1936. La respuesta es un rotundo no.

Jay Allen nunca entró en Badajoz después de su conquista por los sublevados y la crónica que escribió, llena de errores y exageraciones, la escribió en Elvas, punto más cercano a la frontera al que llegó.

Veamos:

En primer lugar, Jay Allen, que a la sazón se encontraba en Lisboa, no se enteró de la toma de Badajoz, el día 14 de agosto de 1936 ni de lo que ocurrió después, hasta que Mario Neves publicó sus artículos y aún así no tuvo ninguna prisa en acercarse, no ya a Badajoz, sino a sus cercanías. Esperó nueve días a que amainara el temporal y como él mismo dice para justificarse: “Nueve días es mucho tiempo en términos periodísticos. Badajoz es casi historia antigua. Pero Badajoz es uno de esos malditos lugares cuya realidad tardará en saberse. Así que no me importa llegar nueves días tarde, y a mi periódico tampoco”.

Se exculpa así de su tardanza y se justifica antes su periódico. Aunque en algo acertó. Badajoz es uno de esos lugares en los que la verdad tarda en saberse, sí, señor. Aún no sabemos casi nada de lo ocurrido y, lo poco que se sabe, no hay Dios que lo entienda.

Sigamos con Mister Allen. En mi opinión, él escribió sus artículos en Elvas y allí, hablando con los refugiados que llegaban, adquirió la información que posteriormente publicó. Este galimatías de informaciones, tomadas de diversas versiones emitidas por los refugiados, le llevó a cometer enormes errores que si realmente hubiera estado en la ciudad no hubiera cometido.

El primero de ellos es la fecha en la que dice que Sinforiano Madroñero y Nicolás de Pablo fueron deportados y fusilados en Badajoz. Jay Allen llegó a Elvas el día 23 y manifiesta que el día anterior habían sido deportados estos dos personajes y fusilados ese mismo día 23, cuando lo cierto es que el fusilamiento, ejecución o asesinato, como quiera llamársele de Madroñero y de Pablo ocurrió el día 20, o sea tres días antes. Por otro lado, evidentemente, Allen ya había estado en Badajoz en otro momento, como él mismo reconoce, pero, al viajar constantemente no guardaba muy nítidos sus recuerdos sobre la ciudad. Estos escasos recuerdos sobre sus calles unidos a los comentarios que recababa en Elvas le lleva a confundirse totalmente al manifestar textualmente:

“Fuimos directos hasta el centro de Badajoz. Estas son mis notas: la catedral está intacta. No, no lo está. Al pasar junto a ella en coche veo que ha desaparecido una parte de la torre cuadrada”. Inmediatamente después dice: “Las enormes paredes del Alcázar asoman al final de la calle de San Juan. Fue allí donde los defensores de la ciudad, refugiados en la torre de Espantaperros, fueron asfixiados con humo y tiroteados”.

Es increíble que Mister Jay Allen manifieste que él vio que a la torre de la catedral le faltaba una parte, lo que es totalmente incierto, ya que dicha torre en ningún momento fue alcanzada por las bombas y también es totalmente incierto que en la torre de Espantaperros se ofreciera resistencia y los rebeldes se vieran obligados a “asfixiar con humo” a los defensores. Todo esto ocurrió en Almendralejo, no en Badajoz y Mister Jay Allen se formó un gran lío allí, en Elvas, mezclando, sin tenerlo muy claro, las diversas historias que los refugiados le contaban, cuando escribía su artículo.

Es casi seguro que Mister Allen no pisó Badajoz, y a pesar de lo que él diga, no vio la torre de la catedral. Si continuamos leyendo su artículo observamos que sigue adoleciendo de falta de contacto personal en el lugar de los hechos. Él ya habría leído la crónica de Mario Neves en la que, acertadamente, manifiesta que en el cementerio se quemaban los cadáveres. Cosa cierta, qué duda cabe. La falta de manos de obra para excavar tantas fosas y las altas temperaturas, con riesgo de epidemias, hicieron que se tomara esta decisión antes de enterrar a aquellos desgraciados en la fosa común. Por cierto, no sólo estaban allí los cuerpos de los represaliados en la Plaza de Toros sino también los que cayeron en la batalla, no nos equivoquemos.

Pero lo curioso, por no decir increíble, es que Mister Allen, para no ser menos que Mario Neves, manifiesta que desde Elvas (en esta ocasión menos mal que expresa que estaba en esa ciudad) el día 23 de Agosto, se subió a una terraza y vio fuego: “Están quemando los cuerpos. Cuatro mil hombres y mujeres han muerto en Badajoz desde que los moros y legionarios rebeldes del general Franco treparan sobre los cuerpos de sus propios muertos para escalar las muralla”.

Observamos que dice que el día 23 se veía, no ya el humo, sino las llamas de los cuerpos ardiendo. Lo mismo que dijo, sin saber de qué habla, que había cuatro mil cadáveres podría haber dicho que eran trescientos cincuenta mil. Y ya no hablemos del apartado “trepando sobre cuerpos de muerto” en el que manifiesta textualmente: “Llegamos a la Puerta Trinidad atravesando las antañas invencibles fortificaciones. La luna lo iluminaba todo. Una semana antes entró por ella un batallón de 280 legionarios. Sólo veintidós sobrevivieron para contar la historia de cómo se encaramaron a los cuerpos de sus propios muertos para silenciar con granadas de mano y cuchillos dos ametralladoras asesinas”.

Dejando a parte el pequeño detalle que había toque de queda y nadie podía circular por la ciudad en horas nocturnas, lo cual demuestra otra vez que Mister Allen no estuvo en la ciudad, observamos que no dice que fueron 14 los legionarios sobrevivientes, sino veintidós.

Finalmente, si uno de los mejores autores sobre estos sucesos, el señor Don Francisco Espinosa Maestre, dice en la página 102 del libro LA COLUMNA DE LA MUERTE que la IV Bandera tuvo un total de 24 muertos, ¿Dónde estaban esas montañas de cadáveres de legionarios?

¿Cuántas armas había en Badajoz en agosto de 1936?

En una página llamada kaosenlared, se puede leer lo que el Coronel Puigdengolas, jefe militar de la guarnición de Badajoz entre los días 25 de julio y 14 de agosto, escribió dando su versión sobre lo ocurrido en ese periodo. Estos escritos del Coronel Puigdengolas llevaban bastante tiempo circulando entre algunas personas. Como todas las cosas, hay que leerlos detenidamente y entresacar la paja de la avena, ya que Puigdengolas escribió eso cuando había abandonado la ciudad de Badajoz dejándola en manos de los rebeldes y su futuro era muy incierto.

En sus escritos, Puigdengolas mezcla verdades, medias verdades y falsedades evidentes; la más llamativa de éstas es cuando describe el número de milicianos que defendían tanto el cuartel de la Bomba como Puerta Trinidad. Del cuartel de la Bomba manifiesta que no había absolutamente nadie ya que los militares se habían rendido y los milicianos que mandó allí huyeron lo cual se contradice con lo ocurrido, ya que la 18 Compañía de la V Bandera atacó precisamente por ese lugar y a su teniente Francisco de Miguel Clemente, curiosamente primo hermano del Capitán Guillermo de Miguel Ibáñez, ayudante del Coronel Puigdengolas y que también salió pitando a toda marcha de la ciudad, se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando por esa acción. Es decir, que encontró una seria resistencia y tuvo que lanzarse al asalto en condiciones muy desfavorable para su compañía, sometida a un intenso fuego.

Lo mismo ocurre cuando describe su visita a Trinidad de la que dice que sólo hay una docena de milicianos defendiendo la posición. ¿Entonces los soldados que murieron en el ataque sufrieron todos un infarto y ninguno resultó alcanzado por las balas de las armas que milicianos, carabineros y soldados que defendían ese punto empleaban? También falta a la verdad cuando manifiesta que salió de Badajoz hacia las tres de la tarde con dirección a Portugal, cuando lo cierto es que hay constancias en ciertos archivos de Campomayor (Portugal) que a las diez y media de la mañana ya estaba allí.

El motivo, creo yo, de que ningún autor haya hecho mención a esto diarios, aunque leyendo detenidamente algunos de sus trabajos se ve perfectamente que lo han leído y hacen referencias implícita a lo que el Coronel Puigdengolas escribió, se debe a que eso acabaría con el mito muy participado por ellos en el sentido de que las milicias y defensores de Badajoz estaban prácticamente armados de trabucos, escopetas de caza y algunas lanzas, para así resaltar aún más la fiereza y crueldad de los sublevados, engañando a sus lectores, poniendo a unos como muy buenos y a otros como muy malos, que es lo que les exigen sus patrocinadores y recuperadores de memorias que tanto les apoyan para que sigan falseando la Historia y escribiendo casas que realmente no pasaron.

En Badajoz había armas suficientes para defender la ciudad durante mucho tiempo. No hubo disciplina ni valor. La cobardía de los dirigentes políticos y mandos militares alcanzaron cotas escandalosas y, en la actualidad, a pesar de esa cobardía que tuvieron el alcalde Sinforiano Madroñero, el diputado a Cortes Nicolás de Pablo y otros dirigentes que huyeron precipitadamente, se les quiere dar carácter de víctimas de la represión. En realidad sí lo fueron pero no porque se quedaran defendiendo la ciudad y dando ánimos a su votantes, ya que hubo que andar de cabeza detrás de ellos para conseguir traerlos a Badajoz. Con al tan cacareado tema del armamento que había en Badajoz los días 13 y 14 de agosto y tomando como referencia lo que escribió el Coronel Puigdengolas, que aparece publicado en es página Web citada, veamos lo siguiente.

El Regimiento Castilla estaba formado por dos batallones de cuatro compañías cada uno, es decir, ocho compañías en total (para redondear números, pongamos que cada compañía tenía cien soldados. Eran más, casi 130, pero dejémoslos en cien que es un número más fácil de sumar y de entender), más dos compañías de ametralladoras (una ligera y otra pesada) con nueve máquinas cada una (o sea, 18 ametralladoras), más una sección de morteros con cinco morteros. Sabemos que antes de que llegara Puigdengolas a Badajoz, el coronel Cantero envió a Madrid dos compañías al mando del Comandante Farrona, por lo tanto quedaban en Badajoz seis compañías de fusileros (600 hombres), dos compañías de ametralladoras y una sección de morteros, aunque la mitad de estos hombres estaban de permiso. Ahora bien, cuando un soldado ingresa en el Ejército, independientemente del destino que ocupe, se le asigna un equipo de combate (uniforme, cartucheras, munición y un fusil a cada uno). Por lo pronto ya tenemos 600 fusiles disponibles, más los que se encontraban de repuesto en la armería del regimiento (unos doscientos). Y en efecto, Puigdengolas consigue, procedente del Castilla 500 fusiles (300 de los soldados que estaba de permiso más 200 del depósito). O sea, que ya tenemos 500 fusiles que requisa Puigdengolas más 300 fusiles que tenía cada soldado que estaba en el regimiento lo que nos da un total de 800, más 18 ametralladoras, más cinco morteros, todos ellos de los militares.

De Madrid le envían 400 fusiles más y del desarme de la guardia civil consigue otros 200, con lo que sumando 800 mas 400 mas 200 da un resultado de 1400 fusiles esperando que llegara algún valiente para dispararlos. Hay algo más, tanto la Guardia civil como los carabineros y la guardia de Asalto, en aquel tiempo su armamento reglamentario consistía en un fusil y una pistola. Es decir, que aparte de los doscientos fusiles de la Guardia civil, también se les requisó 200 pistolas. En resumen, tenemos 1400 fusiles, 200 pistolas, 18 ametralladoras y cinco morteros. A esto hay que sumarle dos compañía de carabineros (doscientos hombres), o sea 200 fusiles, y doscientas pistolas y también sumarles 40 guardias de Seguridad y 30 de Asalto que en aquel momento había en Badajoz a las órdenes del comandante Benítez Ávila, los cuales disponían de cuatro ametralladoras y dos morteros del 50, como el mismo Puigdengolas dice.Hay que tener en cuenta que antes de su llegada, también había sido enviada otra compañía de Asalto a Madrid.

Hagamos balance: teníamos 1400 fusiles, 200 pistolas, 4 ametralladoras (dos de ellas se las llevó el teniente Acosta al cuartel de la Guardia civil, pero no olvidemos que fueron vencidos y esas armas se quedaron en Badajoz) y cinco morteros. Sumémosles ahora 70 pistolas más (40 de los de seguridad y 30 de los de Asalto), 30 fusiles de la guardia de Asalto (los guardias de seguridad no tenían fusiles, en ocasiones llevaban una especie de sable que ni pinchaba ni cortaba), cuatro ametralladoras y dos morteros. O sea, hasta ahora tenemos un total de 1430 fusiles, 270 pistolas, 22 ametralladoras y diez morteros.

Aún hay más, en vista de los disgustos que la Guardia civil de la provincia estaba dando al Gobierno, el general Pozas ordena al coronel Puigdengolas que los desarme y se los traiga para acá. Así que formó una columna mandada por el Comandante Bertomeu y por el Comandante Vega y se desplazaron a Santa Marta y Fregenal de la Sierra, donde el mismo Puigdengolas manifiesta que se desarmó y se trajo a Badajoz a los efectivos de la Guardia civil, al día siguiente se fue a buscar a los civiles de Barcarrota y Fuente de Cantos, con los que se hizo la misma operación y al siguiente día se tenía pensado ir a por los de Llerena, pero se tuvo conocimiento que éstos ya se habían pasado a los rebeldes, así que se suspendió la misión.

Por lo tanto tenemos (aunque Puigdengolas no los enumera, ya lo hago yo) que en Fregenal de la Sierra había 35 guardias civiles, o lo que es lo mismo, 35 fusiles y 35 pistolas, en Santa Marta 15 guardias, en Barcarrota 12 y en Fuente de Cantos 25. Hagamos balance. Un total de 77 fusiles y 77 pistolas, que sumado a los anteriores da un total de 1507 fusiles y 277 pistolas. Resumiendo, en Badajoz había un total de 1507 fusiles, 277 pistolas, 22 ametralladoras y 10 morteros.

Ahora bien, Puigdengolas reparte armamento de la siguiente manera: 150 hombres de Badajoz, más 25 de Almorchón, más 30 de Medellín que manda a Mérida, más 40 hombres que se llevó Martínez Cartón, más 30 hombres que mandó a Puebla de Obando y otros 60 hombres a Alburquerque, para prevenir un posible avance de las tropas del Regimiento Argél de guarnición en Cáceres. Resumiendo, Puigdengolas se desprendió de un total de 235 hombres, en este caso 235 fusiles, que es lo que nos interesa. Es decir, el día 14 de agosto de 1936 había, aproximadamente, un total de 1272 fusiles, 277 pistolas, 22 ametralladoras y 10 morteros. A eso hay que sumar un numero indeterminados de escopetas de caza (el arma nacional española. Cuando a alguien se le funden los cables tira rápidamente de ella o de navaja), que portaban algunos milicianos y otro número indeterminado de escopetas que los vecinos aficionados a la caza, que eran y son muchos, tenían y que fueron requisadas, que perfectamente podía alcanzar la cifra de mil entre todas, tengamos en cuenta que en Badajoz en 1936 estaban censadas unas cuarenta mil personas, por lo tanto es muy posible que hubiera muchas más escopetas que las que aquí he indicado.
Por lo tanto, el Comandante Castejón manifiesta en su informe que “se cogió al enemigo más de tres mil armas, morteros, ametralladoras y municiones”, lo cual era verdad.
Resumiendo, había armas como comenzar una nueva guerra, pero si los milicianos que las manejaban ven cómo un coronel corre a la cabeza de sus hombres y ven cómo sus dirigentes políticos, los que les buscaron la ruina salen a toda pastilla, lo más normal es que sigan su ejemplo, pero a pesar de ello, hubo muchos jornaleros, peones, agricultores, albañiles, en resumen, obreros que tuvieron coraje, que tuvieron vergüenza, que tuvieron valor y resistieron defendiendo la ciudad y después fueron aniquilados salvajemente y sin piedad.
A estos obreros nunca se les pondrá el nombre de ninguna calle.

LOS MUERTOS QUE VOS MATASTEIS

De todos es conocido que la Memoria Histórica está campando a sus anchas y abonando el terreno para sembrar mentiras y rencores.Su principal fuente es la colaboración mercenaria de los revisionistas y estos revisionistas comprados se basan para escribir todas sus mentiras en las crónicas periodísticas de la época.

Veamos algunas de estas crónicas que se publicaron en 1936.

JAY ALLEN. CHICAGO TRIBUNE. 30 DE AGOSTO DE 1936

“Los «rojos» eran jóvenes, en su mayoría campesinos con camisa azul y mecánicos vistiendo monos de trabajo. Todavía los estaban reuniendo. A las 4 de la madrugada los hicieron entrar en la plaza por la puerta por donde solía entrar el desfile inicial de toreros. Dentro les esperaban las ametralladoras.
Dicen que la primera noche la sangre alcanzó un palmo de profundidad. No lo dudo.
Allí se asesinó a mil ochocientos hombres y mujeres en un plazo de doce horas. En 1.800 cuerpos hay más sangre de la que uno imagina”.

INDALECIO PRIETO. INFORMACIONES. 19 DE AGOSTO DE 1936

“En Badajoz, a los prisioneros se los encerró en los corrales de la plaza de toros, y obligados luego a salir al ruedo por la puerta de chiqueros, cuando aparecían en el redondel, desde tendidos, gradas y palcos los ametrallaban los facciosos a placer”.

EDMON TAYLOR. TRIBUNE PRESS. 16 DE AGOSTO DE 1936

“Los milicianos sospechosos detenidos son inmediatamente ejecutados. En estos momentos aproximadamente 1200 personas han sido fusiladas bajo la acusación de resistencia armada o crímenes serios”.

Veamos ahora lo que los revisionistas han escrito muchos años después:

RAFAÉL TENORIO. TIEMPO DE HISTORIA Nº 56. JULIO 1979

“Las tropas victoriosas amontonaron a los prisioneros y, sin establecer responsabilidades o buscar a los culpables, los ejecutaron. Sacaban a las víctimas por la puerta de caballos y los dejaban en el ruedo sin defensas. Las ametralladoras habían sido fijadas en las contrabarreras del toril. Para este espectáculo hubo entradas e invitaciones, a él acudieron señoritos de Andalucía y de Extremadura, terratenientes sedientos de venganza y falangistas de reciente camisa; también acudieron mujeres. Allí fueron sacrificados milicianos, soldados, hombres de izquierda, campesinos sin partido, jornaleros, pastores y sospechosos. Las arenas quedaron rojas y húmedas de sangre”.

JOSEP FONTANA. PRÓLOGO DE LA COLUMNA DE LA MUERTE. PÁG. XIII. 2003

“Es la naturaleza de la represión, mucho más que sus cifras, por terribles que resulten éstas, lo que hace de las sangrientas matanzas de Badajoz, como se ha dicho, un anticipo de Auschwitz”.

FRANCISCO ESPINOSA MAESTRE. LA COLUMNA DE LA MUERTE. PÁG. 205. 2003

“Lo que los periodistas cercanos a los golpistas se limitaban a comentar como hechos relacionados con la “aplicación inexorable de la justicia” se mostró como lo que en realidad era: una más, quizá la mayor y más efectiva, de las salvajes matanzas que venían produciéndose de sur a norte desde el inicio del golpe militar”.

JUSTO VILA IZQUIERDO. EXTREMADURA: LA GUERRA CIVIL. PÁG. 56. 1983

“Poco después de la salida del sol del día 15 de agosto, las tropas victoriosas habían amontonado ya a los prisioneros en la arena de la plaza. No se establecieron responsabilidades. No se juzgó a nadie. Las víctimas eran sacadas por la puerta de caballos. Las ametralladoras eran fijadas en las contrabarreras del toril.
Entre las siete y media y las ocho de la mañana, las ametralladoras abrían fuego. En unos momentos caían muertos, sacrificados, más de 1.200 hombres, milicianos y soldados, comunistas, campesinos, jornaleros, obreros, pastores… La arena enrojeció, empapada en sangre”.

En esta última descripción del inigualable Don Justo Vila debería haber dicho que esos soldados, obreros, jornaleros y pastores murieron porque fueron víctimas del engaño y de la traición más grande e innombrable de la historia, al ser abandonados por los cobardes llamados Puigdengolas, Sinforiano Madroñero, Nicolás de Pablo y otros similares.

Que en 1936 los periodistas escribieran esos artículos, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de ellos eran de ideología izquierdista, tiene una justificación, pero que sesenta, setenta u ochenta años después, los revisionistas continúen con esa farsa, atenta no sólo contra la verdad, sino contra el sentido común, la honradez y la propia dignidad de la que carecen.

El dinero, el maldito dinero. Por dinero toda esta gente ha creado la llamada Memoria Histórica. No mueven un dedo, no excavan una tumba si no cobran. El Gobierno les corrompe dándoles importantísimas cantidades de dinero a fondo perdido para que se mantengan en esta línea de engaños y manipulación y ellos, gustosamente, se prestan a ello mientras les paguen y les den cargos.

¿Cuántos muertos hubo en Badajoz los días 14, 15 y 16 de agosto? Como vemos, la fantasía se dispara en las mentes de estos revisionistas, conscientes que cuanto más eleven el número de desaparecidos o muertos, mas palmaditas les darán en las espaldas y más dinero les meterán en los bolsillos quienes les tienen corrompidos.Veamos la descripción que Mario Neves hizo de lo que vio en esos días:

En la crónica del día 15 publicada en DIARIO DE LISBOA, Mario Neves escribió: “Nos dirigimos enseguida a la plaza de toros, donde se concentraban los camiones de las milicias populares. Muchos de ellos están destruidos. Al lado se ve un carro blindado con la inscripción “Frente Popular, D. Benito, Nº 10”.

Ni una palabra de ejecutados en masa.

Los cínicos revisionistas dirán: “Es que la censura portuguesa no le permitiría decirlo”

Eso no se lo creen ni ellos mismo, porque ni Yagüe ni ninguna autoridad de Badajoz puso trabas para que los periodistas visitaran la ciudad ni describieran lo que veían, es más, incluso querían que se supiera que no iban a tener piedad de quienes se les resistieran en el futuro.

Mario Neves no dice nada de ejecuciones en masa sencillamente porque no era cierto.

En la crónica del día 16 relata que al oír los comentarios que en Elvas se hacían sobre la presunta matanza, lo primero que hace es dirigirse nuevamente a la plaza de toros por si el día anterior se le pasó algo por alto: “Ayer se decía en Elvas que en la plaza de toros, transformada en prisión, se han llevado a cabo numerosos fusilamientos. Por eso, nos dirigimos hacia allá, con el fin de verificar la exactitud de ese rumor. Tras algunas dificultades, conseguimos entrar en la arena. Algunas decenas de prisioneros aguardaban su destino. Pero la plaza no tiene un aspecto diferente del que observamos ayer, lo que nos lleva a suponer que el rumor es infundado. Los mismos automóviles destruidos y los mismos cadáveres que ayer tanto me impresionaron y que aún no han sido retirados.
Desde allí fuimos al cuartel de la Bomba, unos de los puntos donde más se ha luchado en estos días trágicos. Los barracones están totalmente destruidos a consecuencia del bombardeo. En el patio, cerca de las caballerizas, todavía se ven muchos cadáveres: la inflexible justicia militar… entre ellos, envuelto aún en la misma sábana blanca en la que vino desde la cama del hospital, me muestran el del alférez Benito Méndez.
Después pasamos por el foso de la ciudad, que aún está repleto de cadáveres. Son los fusilados esta mañana, en su mayoría oficiales que combatieron hasta el último momento entre los que se mantuvieron fieles al Gobierno de Madrid. Uno de ellos es el teniente coronel Juan Cantero, con su cabellos grises tendido entre otros de humilde apariencia, a los que la muerte sorprendió en mangas de camisa”

Como vemos, no oculta que en la plaza de toros hay presos “esperando su destino”. Ahora bien este destino llevaba a dos caminos: la muerte o la libertad, porque muchos de los detenidos fueron liberados, aunque eso los revisionistas no lo dicen porque al cobrar a tanto la cabeza, iría en contra de sus intereses.

Finalmente, en la crónica del día 17, que si bien fue censurada, apareció publicada años después en el libro LA MATANZA DE BADAJOZ, Mario Neves determina con toda exactitud el número de muertos que había en el cementerio el día 17 de agosto: “Entré aquí ayer a las 10 de la mañana. Los cadáveres que vi no son los mismos que hoy me encuentro, en diferentes sitios. Las autoridades son las primeras en divulgar que las ejecuciones son muy numerosas para que se pueda apreciar la inflexible justicia. ¿Qué hacen entonces con los cuerpos? ¿Dónde pueden enterrarlos en tan corto plazo de tiempo? ¿Quién dispone de tiempo para hacerlo? Seguramente el mando de este ejército que ahora ocupa la ciudad no ha dejado de pensar en una solución. Varias personas a quienes me dirijo, para tratar de satisfacer mi curiosidad, parecen temer darme una respuesta.
El azar, el puro azar, me pone en contacto con un sacerdote, que al saberme portugués me acoge maravillosamente y soluciona mi incógnita: los muertos son tantos que no es posible darle sepultura inmediata. Sólo la incineración masiva conseguirá evitar que los cuerpos, apilados, se pudran, con gran peligro para la salud pública. Y esa operación macabra es la que ha comenzado a realizarse hoy a las 6 de la mañana, provocando la gran humareda que, cuando venía de Caya, vi sobre un lugar que me señalaron como el cementerio.
Gracias a la compañía de este cura de apariencia amable, junto al que no he tenido dificultades, puedo llegar hasta el cementerio de la ciudad, que queda casi a dos kilómetros, cerca de la carretera de Olivenza. Es un cementerio sencillo de provincia con el clásico muro blanco y un portón de hierro, en donde la vigilancia de los guardias es hoy bastante estricta. Pero ninguna puerta se cierra ahora ante nosotros con este salvoconducto humano, que providencialmente se nos ofreció.
Hace diez horas que la hoguera arde. Un horrible hedor penetra por nuestras fosas nasales, hasta el punto que casi nos revuelve el estomago. De vez en cuando se oye una especie de crepitar siniestro de madera. Ningún artista, por genial que fuese, sería capaz de reproducir esta impresionante visión dantesca.
Al fondo, en un escalón cavado aprovechando un desnivel del terreno, se encuentra, sobre vigas de madera transversales, parecidas a las que se utilizan en las vías del ferrocarril, sobre una superficie de más de cuarenta metros, más de trescientos cadáveres, en su mayoría carbonizados. Algunos cuerpos, colocados precipitadamente, están totalmente negros, pero hay otros cuyos brazos y piernas han escapado a las llamas provocadas por la gasolina derramada sobre ellos…A un lado, 30 cadáveres de paisanos aguardan su turno, enfrente, 23 cuerpos de legionarios, los que cayeron bajo el fuego intenso de las ametralladoras en la brecha de Puerta de la Trinidad, esperan asimismo que les llegue la hora de su solemne enterramiento.
En la puerta del cementerio, un camión descarga otros cuatro cuerpos que han sido recogidos en alguna parte y que, transportados por los guardias en carretillas, se van a sumar a los treinta que serán más tarde incinerados”.

Lo primero que dice es que en las inmediaciones de la ciudad se siguió matando gente como lo deja muy claro cuando dice: “Los cadáveres que vi no son los mismos que hoy me encuentro, en diferentes sitios”. Se refiere a que los cadáveres que vio el día 15 no son los mismo que vio el regresar a la ciudad el día 16. Ahora bien, fijémonos en el número de cadáveres que dice vio en el cementerio: “Se están quemando 300 cuerpos”. A estos 300 cuerpos hay que añadir otros 30 cadáveres que “esperan su turno” y los 23 legionarios muertos en la gesta heroica de su ataque a la ciudad y, finalmente, un camión que llega con otros cuatro cadáveres.

Es decir, las victimas de la impresionante matanza que con tanto lujo de detalles los revisionistas describen eran unas 300 personas a los que hay que sumar cierto número más que estaban en la inmediaciones de la ciudad, posiblemente en los fosos del cuartel de la Bomba y en las inmediaciones de la brecha de la avenida de Huelva, donde el día 19 de agosto fusilaron, entre otras personas, a los hermanos Luis y Carlos Plá, pero que, desde luego, no eran ni mil ni dos mil.

Entre estos 300 cuerpos también figuraban, lógicamente, los que murieron en el ataque enfrentándose a los rebeldes, porque digo yo que algunos morirían a consecuencia de los bombardeos y el audaz ataque a la bayoneta de las tropas legionarias

Por lo tanto ¿dónde están, no digo ya los ocho mil muertos que cita mi admirado Don Justo Vila, sino los mil quinientos o dos mil que citan otros, más “prestigiosos y rigurosos”?.

En sus mentes, en sus fantasías y en sus bolsillos.

¿Para qué murieron aquellos desgraciados? ¿Para que en la actualidad estos mercenarios se llenen la barriga a costa de la sangre que derramaron?

Y ahí los tienen ustedes, saliendo un día sí y otro también en los periódicos y sintiéndose los amos del mundo en vez de ir con la cabeza agachada de vergüenza, o mejor aún, sin salir de casa.

Badajoz. 14 de agosto de 1936. Día de la infamia

Este mes de agosto se cumplirá el 71 aniversario de la conquista de Badajoz por parte de las tropas sublevadas durante la guerra civil. Aquel caluroso 14 de agosto de 1936 debe quedar recogido en los anales de la Memoria Histórica como el día de la infamia. Porque una verdadera infamia fue lo que los dirigentes políticos republicanos y mandos militares de la ciudad hicieron. Nunca antes se había visto tanta cobardía entre tanta gente.

España había conseguido en 1931 un logro muy importante: Instaurar la República en nuestro país. Esta proclamación de la República se realizó de manera pacífica, emanando de la voluntad popular. Hasta tal punto fue promovida por la voluntad de la mayoría del pueblo español que cuando el rey miró hacia los lados buscando gente que le apoyaran para continuar reinando aún a costa de iniciar una guerra, se encontró con que prácticamente nadie estaba de su parte y por este motivo “para evitar un baño de sangre” abandonó el país. Espero que algún día la Memoria Histórica analice qué sucedió en aquel momento, porque el pueblo español, después de haber tenido que vivir en la tiranía de la dictadura del general Primo de Rivera, instaurada por el propio monarca y haber estado sometido al yugo de los terratenientes, anhelaba libertad y el rey estaba más solo que la una, aunque lo dudo, porque eso no tiene nada que ver con el asunto por el que la Memoria Histórica se está forrando a costa de subvenciones salidas de nuestros bolsillos.

En 1931 el pueblo miró al futuro con esperanza. Atrás quedaban siglos de tiranía monárquica absolutista y de políticos colaboracionistas sin pundonor y sin principios.

Pero lo que pudo haber sido modelo ejemplar de transición democrática que hubiera dado ejemplo de civilización a los países europeos, sometidos en aquel entonces al terror comunista de Stalin y al terror fascista de Hitler y Moussolini se convirtió en un gobierno anárquico, en el que el miedo, la violencia callejera y los asesinatos formaban parte de la vida cotidiana.
Los políticos que surgieron tras la proclamación de la República no buscaron en ningún momento el bienestar del pueblo español y cambiar su forma de vida. Por el contrario, les engañaron y embaucaron con promesas que la mayoría de las veces no cumplieron o eran muy difíciles de llevar a la práctica. Bajo el principio de igualdad de los españoles ante la Ley, al proclamar a España como “una república de trabajadores de toda clase” se creó una Constitución para dar apariencia de buen Gobierno que se basó en los siguientes principios:· El principio de laicidad, por el que se iba más allá de la mera separación entre la Iglesia y el Estado para adentrarse en un ámbito de total eliminación de la religión de la vida política.
· El principio de elección y amovibilidad de todos los cargos públicos, incluido el Jefe del Estado.
· El principio monocameral, más acorde a la democracia, que suponía la eliminación de una segunda Cámara aristocrática o de estamentos privilegiados y por el cual el poder legislativo sería ejercido por una sola Cámara.
· Se preveía la posibilidad de la realización de una expropiación forzosa de cualquier tipo de propiedad, a cambio de una indemnización, para utilización social así como la posibilidad de nacionalizar los servicios públicos.
· Amplia declaración de derechos y libertades. Concedía el voto desde los 23 años con sufragio universal también femenino.
· Separación de la Iglesia y el Estado, además del reconocimiento del matrimonio civil y el divorcio.

Pero ahí quedó todo. La sociedad española cada vez entraba más en una espiral de violencia, de huelgas y agresiones tanto a la Iglesia como a algunos estamentos de la sociedad. España cada vez estaba más aislada con respecto al resto de países que se mostraban remisos a invertir en nuestro país.
Por otro lado, el Partido Socialista vio una oportunidad inmejorable para alcanzar sus objetivos: llegar al poder para que sus dirigentes pudieran enriquecerse impunemente, máxima que aún después de haber transcurrido 70 años aún sigue vigente en sus postulados.
Para ello no dudaron, ante la imposibilidad de alcanzar el poder de forma democrática y por voluntad popular, en organizar un golpe de estado en 1934 que bañó de sangre nuestro país. Tras aquel fracaso, sus principales dirigentes huyeron dejando a los que les siguieron totalmente abandonado. Esto no lo olvidaron los dirigentes socialistas y lo volvieron a repetir en 1936.
Cuando en febrero de 1936 el Frente Popular ganó las elecciones, en las listas socialistas iban gran número de fugados y delincuentes que habían sido detenidos. Todos ellos con un único propósito: resarcirse económicamente y enriquecerse lo más pronto posible.
A partir de esa fecha, la locura se hizo dueña de la calle. El Frente Popular cada vez se inclinaba más hacia el terror comunista y pusieron sus miras en Rusia donde Stalin estaba exterminando a millones de personas para establecer un régimen comunista totalitario. Los dirigentes republicanos españoles, deseosos de alcanzar esas mismas metas y gobernar apoyados en una base llena de cadáveres no dudaron en entregar España a Stalin. La presencia rusa se hizo tan importante que incluso por las calles no se gritaba Viva España sino Viva Rusia, mientras Azaña y otros significados dirigentes izquierdistas se frotaban las manos de placer.
La situación se hizo insostenible, no ya para los ciudadanos que lo único que aspiraban era a vivir tranquilos y en una sociedad en orden, sino incluso entre las filas de la izquierda, donde comunistas, anarquistas y socialistas, muy contrarios a todo lo que supusiera honradez, trabajo y progreso, se sintieron desplazados y alejados de las cajas fuertes por lo que intentaron por todos los medios seguir creando el caos y chantajeando a los gobernantes moderados republicanos para que les dejaran sitio, en lo que, incluso en la actualidad, dejándose llevar de sus principios, aunque trate de ocultarlo, a un dirigente socialista se le escapó la frase “a nadie le amarga un dulce” señal evidente de lo que los socialistas tienen en mente cuando llegan al poder.
El 13 de agosto de 1936, tras el fracasado golpe de estado promovido por los militares e inicio de la contienda, las tropas sublevadas, después de haber avanzado victoriosamente cruzando las provincias de Sevilla y Badajoz,salvando de una muerte cierta a cientos de ciudadanos, se presentan en las puertas de Badajoz y el día 14 inician el asalto definitivo que concluyó con la conquista definitiva de la capital.
14 de agosto, día de la infamia, día de la vergüenza histórica. Masas de obreros y jornaleros se aprestan para la defensa. Se les entregan armas, se les encuadra en compañías y secciones, se les dan municiones, se les asignan puestos de defensas y se les exige luchar hasta la muerte. Y ellos cumplieron. Las calles de Badajoz quedaron llenas de la sangre valerosamente derramada por aquellos obreros y jornaleros que se enfrentaron a la maquinaria de guerra más poderosa de Europa.
Pero entre tanto valor, en tanto derroche de generosidad y entrega de la propia vida, un cáncer se extendía irremisiblemente. Este cáncer era el de la cobardía y el de la traición. Sus dirigentes, los mismos que les habían conducido a la ruina, se apresuraron a robar las arcas públicas, cosa para la que al fin y al cabo habían nacido y habían entrado en política, y huyeron de la ciudad. Tras de sí dejaron a los milicianos defendiendo unas murallas que no pudieron resistir el avance de los rebeldes y el terror cayó sobre ellos cuando fueron vencidos. No hubo piedad, no hubo perdón. Los pelotones de ejecución iniciaron una de las represiones más crueles de las que hay constancia, mientras que aquellos canallas que los hundieron en la ruina habían huido. Algunos pagaron esta cobardía y murieron fusilados, pero la mayoría logró huir.
El día 15 de agosto se volverá a celebrar, en el cementerio de Badajoz, el acto de homenaje a las víctimas de la represión.
Como cada año, acudirán personas honradas, trabajadores que creen en una forma de gobierno diferente y honraran el recuerdo de aquellos que murieron defendiendo sus ideales. Pero también acudirán algunos políticos que volverán a soltar discursos plagados de información recogida a gente que ha escrito cosas sobre la guerra civil en Badajoz. Volverán a enardecer a los asistentes del acto con palabras vanas y vacías, llenas de rencor sin que ellos sepan muy bien qué dicen y, por supuesto, volverán a poner un ramo de flores en la tumba de Don Sinforiano Madroñero Madroñero, a la sazón alcalde de Badajoz en 1936, fusilado por los rebeldes el día 20 de agosto de ese mismo año, pero al que hubo que ir a buscar, al que hubo que traer detenido porque huyó, desertó de su puesto, dejó a sus seguidores, dejó a los obreros, abandonó su Patria y abandonó las armas. Toda esa lista de deserciones, abandono de las armas, huida de una posición y cobardía ante el enemigo, la justicia militar de todos los países la castigaba con la muerte. No fue represión, fue aplicación de la justicia.
Día 14 de agosto de 1936, día de la infamia que la Memoria Histórica debe recordar siempre y dejar constancia de lo canallas, cobardes y viles que fueron los dirigentes izquierdistas que abandonaron a su suerte a cientos de obreros para que murieran por ellos.

La otra historia que no nos quieren contar

El día 13 de agosto de 1936 llega a Badajoz la columna al mando del teniente coronel Yagüe, llamada a partir de entonces “Columna Madrid”. Desde que los primeros efectivos de esta columna salieron de Sevilla, el día 2 de agosto, habían transcurrido once días, en los cuales llevaron a cabo una gesta sin igual, avanzando por territorio enemigo y hostil, enfrentándose a fuerzas muy superiores en número y conocedoras del terreno. Al mismo tiempo, la llegada de estas tropas supuso que cientos de ciudadanos volvieran a nacer.

Los integrantes de esta COLUMNA DE LA VIDA fueron, para muchas personas, ángeles de la guarda que les salvaron de una muerte cierta y les liberaron de las torturas a las que eran sometidos por los defensores de la libertad. Desgraciadamente, no llegaron a tiempo en Fuente de Cantos o Almendralejo y su continua y victoriosa marcha hacia Madrid hizo que parte del territorio de la provincia de Badajoz no pudiera ser conquistado y quedara bajo el dominio de la libertad y la democracia, o lo que es lo mismo, el infierno, la muerte, el sufrimiento; y el dolor se prodigó en los territorios ocupados por los representantes de la democracia y libertad de los republicanos y los crímenes, torturas y vejaciones fueron terribles.

Para estas víctimas no hubo piedad. La libertad y la democracia que los izquierdistas predicaban estaban basadas en baños de sangre, alaridos de dolor de las personas torturadas y las risas y satisfacción de los izquierdistas al torturar y asesinar a los detenidos y al robar impunemente y, con total cinismo, los bienes públicos.

Ese mismo día 13, sin pérdida de tiempo, se inician las operaciones militares contra Badajoz. La agrupación Castejón flanquea la ciudad por el Sur y la agrupación Asensio, sin detenerse a sopesar las dificultades, cala bayonetas y ataca el barrio de San Roque, con valor, con desprecio a la vida. Eran guerreros al servicio de España y de los españoles honrados que no querían injerencias de un país extranjero y lejano como era Rusia y su régimen comunista, al cual el Gobierno del Frente Popular estaba abocando al pueblo español, que no quería la maldad ni el asesinato.

Ante sí tenían una ciudad fuertemente amurallada, con escasos puntos de entrada y defendida por milicianos, guardias de Asalto, carabineros y soldados del Regimiento de Infantería Castilla nº 3 formidablemente armados con fusiles, morteros, ametralladoras, un cañón y, además, contando con la ayuda de la aviación gubernamental que bombardeó varias veces.

En el plano podemos ver la situación estratégica de las ametralladoras. En el baluarte de Trinidad se posicionaron dos máquinas. No deja de llamar la atención la ubicación de una de ellas, fuera del recinto amurallado, muy próxima al puente, con lo que cubría perfectamente esta entrada. Es de suponer que más tarde, al caer la noche y desplegarse en su frente las ametralladores de la 12 Cía. del capitán Sáez Trápaga, que neutralizó su fuego, los servidores de la ametralladora optaron por retirase al parapeto del baluarte y desde allí respondieron al fuego enemigo.

En el baluarte de San Pedro podemos observar la ubicación de otras dos ametralladoras y en la llamada torre de Espantaperros se situó otra. Estas tres ametralladoras tenían una perfecta visión de la zona y batieron con sus fuegos a los asaltantes el día 14, cuando se escribió una de las gestas más heroicas del Ejército español.

En la torre de la catedral igualmente se instaló otra ametralladora y, finalmente, en la terraza del edificio de correos, cubriendo la brecha de la Avenida de Huelva, por donde la razón y el sentido común indicaban que se produciría el ataque, se instaló otra máquina. Pero los militares españoles que mandaban la columna no entendieron de razones, no entendieron de sentido común, tenían que tomar una ciudad y conocedores del espíritu de sacrificio de sus hombres, de su capacidad para combatir y de su valor, el ataque se realizó por donde menos se esperaba, sorprendiendo al enemigo: Por el Cuartel de la Bomba, posición que si le hubieran dicho a los mandos políticos y militares de la República que tenían que tomar, hubieran salido, como hicieron, en la más vergonzosa de las huidas, que quedará en los anales como una infamia que dio lugar a que la ciudad cayera en manos rebeldes y los defensores honrados, los que lucharon hasta el final, atendiendo a la dura ley de la guerra, fueran fusilados mientras ellos arrastraron su mísera existencia por diferentes lugares, llevando una vida de sabandijas, escondiéndose aquí o allá hasta que eran encontrados. Ojalá la Memoria Histórica saque a relucir la verdad y haga que sobre estos políticos y militares caiga la infamia de lo que permitieron que ocurriera.

Al mismo tiempo, y así se observa en el dibujo, los fusileros se situaron en la brecha de Trinidad, en las murallas de la actual vía rápida, en el cuartel de la Bomba y en el baluarte de San Juan, (Memoria de Menacho). Todo hacía suponer que la ciudad no sería tomada y la columna rebelde sería aniquilada. Y, efectivamente, así pudo ser, pero mientras que por parte sublevada uno mandaba y todos obedecían, por parte de las fuerzas republicanas todos mandaban y nadie obedecía. Esto tenemos que sumarlo a otro factor muy importante que muchos autores no toman en cuenta, pero que fue la clave de la victoria para el teniente coronel Yagüe. Este factor fue el valor. En efecto, mientras que la Legión y Regulares y sus propios mandos, como así se demostró, estaban dispuestos a morir, los dirigentes republicanos, militares y civiles sólo pensaban en la deserción y en la huida (eso sí, saqueando los fondos previamente. Para eso sí tuvieron valor). Tras una larga noche en la que los intercambios de fuego de ametralladoras y fusiles fue continua, amaneció el día 14 de agosto y entró en juego la artillería rebelde que batió algunos sectores defensivos, pero con poca intensidad, ya que en ningún momento se pensó en arrasar la ciudad, cosa que no hubiera entrañado dificultades en el caso de que los mandos rebeldes así lo hubieran querido. Lo mismo pasó con la aviación. Yagüe, conocedor del factor psicológico de este arma y el temor que, incluso entre sus propios hombres se extendía cada vez que eran atacados por los aviones, pidió apoyo aéreo, aunque para él tenía más importancia, casi, que un avión estuviera permanentemente en el aire que los bombardeos que éstos llegaran a hacer, que al igual que los de la artillería, no fueron intensivo ni indiscriminados.

El mismo día 13, la aviación republicana hace aparición y bombardea las posiciones enemigas. A consecuencia de estos bombardeos y el tiroteo que se estaba llevando acabo, mueren dos legionarios de la 10 Cía. de la IV Bandera y resultan heridos dos legionarios de la 16 Cía. de la misma Bandera y otros dos de la 18 Cía. de la V Bandera. Pese a estos ataques, hacia las nueve de la noche es ocupado el cuartel de Menacho por los Regulares de Ceuta de la agrupación Castejón y durante la noche se realizan intercambios de disparos entre este cuartel y el de la Bomba, lo mismo que estaba ocurriendo por el sector de San Roque. Al amanecer del día 14 la artillería rebelde abrió fuego contra las posiciones republicanas, aunque este fuego terminó pronto. Poco después llegan aviones rebeldes que del mismo modo bombardean con poca intensidad la ciudad y ametrallan a varios vehículos que intentan huir. Los ataques los realizan a una cota bajísima, casi rozando los tejados, lo cual causa admiración hasta en el teniente coronel Yagüe, que felicita a los aviadores e, incluso uno de ellos, el capitán Díaz Trechuelo, es alcanzado por un disparo de fusil que le causa la muerte.

Hacia las 10´45 horas, siempre bajo el bombardeo de los aviones republicanos y sometidos a un intenso tiroteo de los defensores, la V Bandera de Castejón inicia el ataque y no lo hace por los lugares más fáciles, sino por una estrecha rampa que les permite acceder al interior del cuartel de la Bomba, acortar distancias y llegar a la bayoneta con el enemigo. La primera compañía que entra es la 18 al mando del teniente Francisco de Miguel, primo hermano del capitán Guillermo de Miguel, jefe de la compañía de ametralladoras del Castilla, que a esas horas, junto con su jefe superior, el coronel Puigdengolas y otros militares ya se encontraba en Portugal a donde huyeron de forma tan cobarde que hacen avergonzarse a cualquiera. Durante el asalto, la 18 Cía. sufre dos muertos y un herido, pero logra entrar en el edificio y permite el paso del resto de la agrupación, consiguiendo, además, coger un cañón del 7 abandonado por sus servidores que más tarde fue utilizado en el interior de la ciudad. Inmediatamente entra la 20 Cía. y resultan heridos dos legionarios al atacar el edificio de Correos, punto importante de defensa. Una vez que la agrupación Castejón entró en la ciudad y contando con la ayuda de algunos militares que estaban ocultos en el cuartel de la Bomba, se inicia el despligue hacia el centro de Badajoz. La suerte de la desdichada ciudad ya estaba echada. No hubo cuartel, no hubo perdón, no hubo piedad. Es la guerra, dura y terrible. Los que se rendían eran tiroteados en plena calle.

Al no tener constancia de que Castejón había entrado, el teniente coronel Yagüe ordena el despliegue de los Regulares de Tetuán, de la agrupación Asensio, bordeando la Alcazaba con la orden de atacar la llamada puerta de Carros y al mismo tiempo se ordena a la IV Bandera que ataque por la brecha de Trinidad. Esta orden se lleva a cabo sobre las 15´30 horas, haciéndolo en primer lugar la 16 Cía. del capitán Pérez Caballero, que durante la operación es herido y su compañía tiene 11 muertos, 45 heridos y un desaparecido. El teniente Eduardo Artigas es herido y queda ciego al asaltar la brecha. Una vez que ésta es sobrepasada por la 16 Cía., que continúa avanzando hacia el centro de la ciudad y aprovechando la confusión entre los defensores, la P.M. de la Bandera, con el comandante Vierna al frente, entra a continuación. Pero los milicianos consiguen reponerse y reanudan la defensa. Así, cuando casi inmediatamente entra la 10 Cía. al mando del teniente Mora Requejo, el fuego republicano se intensifica de nuevo y esta compañía tiene 7 muertos, 22 heridos y dos desaparecidos, pero logra entrar y dirigirse hacia la plaza de toros luchando por cada palmo del terreno. Inmediatamente detrás de la 10 Cía., lo hace la 11 Cía. y en esta fase es herido de gravedad en ambas piernas su capitán Enrique Feliú Cardona, teniendo que hacerse cargo del mando el teniente Francisco Mármol Arrabal. La última unidad que entra por la brecha es la 12 Cía. de ametralladoras que permanentemente cubrió con sus fuegos el despliegue de la Bandera.

Esto es, muy resumidamente, lo que ocurrió en la toma de Badajoz en aquella jornada del 14 de agosto de 1936. A partir de entonces, la ciudad ha entrado en la leyenda negra, potenciada por insolventes y mercenarios que atentan contra toda verdad y todo rigor con tal de cobrar por ellos. El principal promotor de esta leyenda, el periodista americano Jay Allen, no estuvo nunca en la ciudad y a pesar de ello escribió una crónica que ha sido recogida ansiosamente por una serie de personajes de tres al cuarto, deseosos de agradar a sus amos para que les sigan dando el dinero que tanto nos cuesta ganar a los trabajadores para que esta gente lo disfrute a base de mentiras y engaños y al mismo tiempo les potencien en su miserable mundo de convenciones, viajes y cargos. Pero estoy seguro que algunos de ellos sentirán vergüenza de sí mismo.

Finalmente, en la Memoria Histórica debe quedar grabada en letras de sangre la cobardía de Miguel Granados, Sinforiano Madroñéro, Nicolás de Pablo y otros muchos dirigentes republicanos que, como ratas asustadas, huyeron de la ciudad, con los bolsillos llenos, sin importarle para nada la suerte que corrieran los obreros que murieron por culpa de ellos. No olvidemos nunca sus nombres, tengámoslo siempre presentes. Cuando paseen por la Avenida de Sinforiano Madroñero cierren los ojos y podrán sentir los gritos de guerra y dolor de los milicianos que lucharon con un valor rayano en lo suicida y fueron masacrados y también podrán sentir la cobardía y el nauseabundo olor a miedo que aquella gentuza destilaba por todos su poros cuando corrían cobardemente.

Lo mismo digo de los mandos militares, con el coronel Puigdengolas a la cabeza, que desertaron de sus puestos, huyendo unos a Portugal y pasándose otros a los rebeldes. Sus nombres perdurarán como una infamia en la gloriosa historia del Ejército español.

En resumidas cuentas, no podemos asegura el número total de defensores que murieron ese terrible día, no hay constancia, pero si podemos desmentir con total seguridad otra de las muchas falsedades que nos quieren meter en la cabeza: La IV Bandera no fue exterminada, no murieron cientos de legionarios, no atacaron miles de ellos. Sus fuerzas no superaron nunca los dos mil hombres y aún así, escribieron una de las páginas más gloriosas, más dignas de tenerse en cuenta en el más reciente pasado de ESPAÑA.

5 comentarios en “La matanza de Badajoz: ¿Leyenda o realidad?

  1. En la toma de Badajoz por el bando sublevado, esta demostrado documentalmente que entre los fusilados por uno y otro bando mas los muertos en combate fueron sobre 500 ,no las cantidades tan exagerada por la propaganda de la izquierda, al igual que el bombardeo de Gernica donde los muerto no fueron mas de 126. La aviacion republicana en el 38 bombardeo a la poblacion civil de Cabra (Cordoba) este pueblo no era objetivo militar, esta documentado que los muertos por este ataque fueron 109 ademas de los heridos Pero como siempre la propaganda de la izquierda hace mella en los que no leen o se informa (los tontos de los que habla Sócrates y van votar)

    Me gusta

    1. esta es vuestra historia y cada uno la cuenta a su interés y no a lo que en realidad paso lo cierto que por interés de unos y otros el pueblo nunca sabran lo que en realidad por vergüenza y yo como pacense me pregunto si fue mentira la matanza porque un alcalde quiso derribar el cementerio viejo y al no conseguirlo gasto de las arcas municipales mas de 500.mil euro en tapar el muro conocido como el muro de la vergüenza . Y porque este mismo personaje derribo la plaza de toro que era mas antigua que la que tenemos ahora no será por vergüenza de todo lo que en realidad paso

      Me gusta

  2. Parece historia pero no lo es
    Quiere minimizar el salvajismo de las tropas regulares e incluso justificarlo.
    Paul Preston esta mucho mas cerca de la verdad.

    Me gusta

  3. El ejercito sublevado se abonó x órdenes de Franco en eliminar sistemáticamente a cualquier miembro del gobierno republicano mientras iba avanzando x los pueblos andaluces.
    Hay grabaciones de radio desde Sevilla donde se puede escuchar perfectamente como el General Sanjurjo incita a las tropas a violar a las mujeres republicanas para que antes de morir sepan lo que es un hombre de verdad.
    Horrible

    Me gusta

  4. cuando era niño los abuelos te contaban historias vivas de lo que vivieron y mi abuelo que en paz descase fue arriero de San Roque en la calle dos de mayo y trabajaba para un abogado de poder y tenia un permiso de este en sacar un preso todos los días de la plaza de toro y por el dia trabajado le conmutaban la pena de muerte y nos contaba que la plaza estaba llena desde las gradas asta el coso y los camiones salían cargados de criaturas que nunca mas se volverían a ver porque después de matarlos los quemaban y en otra ocasión nos conto que unas de las veces que fue a cargar ladrillos vio como introducían a muchas criaturas en los hornos y asta lo amenazaron con matarlo si decía lo que había visto mi pen es que estando como estamo en el siglo 21 no seamos capaz de reconocer que el culpable de todo lo ocurrido fue de los que se levantaron en contra del pueblo y los únicos que perdieron la guerra fueron los miles de muertos

    Me gusta

esta web esta abierta al debate, no al insulto, estos seran borrados y sus autores baneados.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s