EL ÁNGEL SIN COLOR. SEMBLANZA DE MELCHOR RODRÍGUEZ GARCÍA

El señor Antonio Alfonso Hernández ha tenido la amabilidad de enviarme un pequeño trabajo sobre Melchor Rodríguez García, anarquista convencido de sus ideas libertarias, las cuales trató de poner en práctica.

La vida política de Melchor Rodríguez estuvo marcada, siempre por la honradez y si bien es cierto que se le ha rendido algunos homenajes, no han sido tantos como realmente merece, tal vez porque gracias a sus gestiones y gran humanidad, mucha gente “fascista” salvó la vida, y eso no está bien visto en los tiempos actuales en los que tanto se recuerda y honra a los causantes del mayor genocidio que ha sufrido España.

Desde aquí, doy las gracias al señor Alfonso Hernández por su colaboración, ya que este blog siempre está abierto para todos los que deseen colaborar, con datos verídicos y documentados, sean de la ideología que sean.


EL ÁNGEL SIN COLOR. SEMBLANZA DE MELCHOR RODRÍGUEZ GARCÍA

Por Antonio Alfonso Hernández

Este buen hombre, anarquista de corazón, fue nombrado director de Prisiones el 10 de Noviembre de 1936, por el ministro de justicia, García Oliver. Conviene tener muy en cuenta que por entonces, ya se habían producido algunas de las terribles sacas de las cárceles madrileñas, de prisioneros derechistas, que luego fueron conocidas como las masacres de Paracuellos, Torrejón de Ardoz…donde perdieron la vida miles de desdichados. Aún no se ponen de acuerdo los especialistas en cuantificar el número exacto de muertos, ejecutados bajo responsabilidad de la Junta de Defensa de Madrid.

Desde el momento de su nombramiento trató de paralizar estas prácticas inhumanas, topándose con la intransigencia de los responsables de seguridad del Madrid republicano, que no iban a consentir que un advenedizo cortara de raíz tan innobles prácticas. Consecuente con sus ideas, y viendo que nada tenía que hacer, decidió dimitir, denunciando-eso si- tan abyectas actuaciones. García Oliver no iba a aceptar que la presión comunista se impusiera a su santa voluntad, de tal modo que el 4 de Diciembre nombró a Rodríguez delegado de prisiones, eso si, esta vez contaría con plenos poderes para llevar a cabo lo que tan noblemente se había propuesto.

Nacido en el barrio sevillano de Triana, en 1893, Rodríguez se puso a trabajar a los 10 años, a la muerte de su padre. Trabajó en múltiples oficios, calderero, carrocero de automóviles, ebanista, incluso probó fortuna como novillero, pero una cornada dio al traste con su afición a los toros, dedicándose con posterioridad al oficio de chapista donde destacó por su gran perfeccionismo. Se afilió por entonces a la Confederación Nacional de Trabajadores.-sindicato anarquista. Corrían los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, y desde el sindicalismo se caracterizó por oponerse a semejante régimen, yendo a parar a una treintena de cárceles. Tanto fue la cosa que su hijita, Amapola no cesaba de preguntar a su madre por su padre, respondiéndole esta con gran resignación.

– Dónde va a estar hija mía, en la cárcel.

Las distintas experiencias carcelarias forjaron en Melchor Rodríguez una sensibilidad especial hacia el mundo carcelario, resultando este hecho determinante en los acontecimientos que posteriormente pasaré a relatar, e inoculándose en él una predisposición a tratar de remediar en lo posible el estado de los presos

A partir de su nombramiento como delegado de prisiones, iba a cambiar felizmente la suerte de muchos presos de derecha, al tomar el anarquista la férrea determinación de acabar con las sacas de las cárceles que terminaban en fusilamientos. Así, dispuso la expulsión inmediata de los milicianos de la retaguardia que custodiaban los centros penitenciarios, siendo funcionarios de carrera, los únicos que tendrán desde entonces tal cometido. También ordenó que ninguna salida de presos se produjera si no llevaba la correspondiente autorización con su firma y sello, dispuso que no se produjera ningún traslado de internos entre las 7 de la tarde y las 7 de la mañana. Como pueden comprender, tales medidas lograron que se frenaran las matanzas indiscriminadas, excepto una que no pudo evitar en la cárcel de Guadalajara, donde después de un bombardeo de la aviación franquista, los frentepopulistas la asaltaron llevándose por delante a casi 300 ciudadanos.

Este hecho, aparte de ocasionarle una profunda tristeza, le llevó a protagonizar días después un gesto verdaderamente heroico. Como reacción a un bombardeo del bando nacional sobre Alcalá de Henares, los milicianos intentaron repetir lo que habían hecho en Guadalajara, solo que esta vez, Melchor Rodríguez tuvo tiempo de reacción y logró parapetarse en las mismas puertas del recinto carcelario, haciendo frente a la turba, que con armas hasta los dientes y con muy malas palabras intentaban acceder a su interior donde se encontraban 1532 presos, para dar cuenta de ellos. Solo su férrea determinación de impedirlo, donde empleó más de siete horas para convencer a los milicianos, salvó la vida de todos los presos, entre los que se encontraban algunas personas que luego tuvieron gran relevancia en el lado franquista. A saber, Agustín Muñoz Grandes, Raimundo Fernández Cuesta, Luca de Tena, Ramón Serrano Suñer, Rafael Sánchez Mazas, Valentín Galarza.

El uno de Abril de 1937 es cesado de su puesto, ya bajo un predominio cada vez mayor del poder comunista. Eso sí, no iba a parar desde entonces, de denunciar aquellos hechos tan lamentables que acabaron con la vida de miles de personas, que se produjeron en las terribles sacas, entre principios de Noviembre del 36 hasta el 3 de Diciembre del mismo año, y que cesaron gracias a su crucial intervención. A los que lo tildaban de traidor a la causa republicana, él les respondió que los auténticos traidores habían sido ellos que habían manchado de sangre el noble ideario anarquista.

Ocupó luego el puesto de concejal en el Ayuntamiento de Madrid, siendo elegido posteriormente, en días anteriores a la entrada de las tropas franquistas, alcalde de Madrid, encargándose por tanto de realizar el traspaso de poderes a los del nuevo régimen.

Una vez acabada la guerra, fue procesado por los cargos políticos que desempeñó durante el periodo republicano, siendo condenado a seis años de cárcel, que finalmente se quedaron en quince meses. Dándose el caso de que numerosas personas, que habían salvado sus vidas gracias a su intervención, no pudieron por menos que testificar a su favor, lo cual contribuiría a que le fuera concedido el indulto.

Tuvo posteriormente suculentos ofrecimientos de seres a los que él había salvado, como un puesto importante en los sindicatos verticales, o un talón por valor de veinticinco mil pesetas, para intentar así arreglar su situación económica que era bastante mala .Rechazó amablemente estos ofrecimientos, no queriendo con ello, ver recompensado materialmente lo que había echo por los demás, cuando él lo consideraba que esa fue su obligación, y que por tanto no había hecho nada especial. Se ganó como buenamente pudo la vida como vendedor de seguros, hasta el final de su vida laboral, y hasta su muerte vivió junto a su familia, de forma tremendamente modesta.

Su muerte se produjo en febrero de mil novecientos setenta y dos, y en su entierro se congregaron, tanto franquistas, como anarquistas. Como curiosidad, reseñar que su amigo Ricardo Horcajada colocó sobre su féretro la bandera anarquista, totalmente acongojado y ante las miradas de estupor de gentes del régimen. También es digno de señalar que asistieron bastantes personas de derecha a las que el había salvado, como Javier Martín Artajo, ex parlamentario de la CEDA, que logrando amistad con Rodríguez, consiguió convencer a este para que en su lecho de muerte besara un crucifijo,- a pesar de su ateismo-a cambio de que aquel, portara una corbata con la simbología anarquista, cosas que naturalmente cumplieron ambos.


Para acabar y como pequeño homenaje a este gran hombre, va un poema que MELCHOR RODRIGUEZ GARCIA, escribió, ya que era muy aficionado a la poesía.

Anarquía significa

Belleza, amor, poesía

Igualdad, fraternidad,

Sentimiento, libertad

Cultura, arte, armonía

La razón, suprema guía

La ciencia, excelsa verdad

Vida, nobleza, bondad

Satisfacción, alegría

Todo es anarquía

Y anarquia, humanidad

Se puede morir por las ideas, pero no matar por ellas.

Melchor Rodríguez García

GUERRA CIVIL EN BADAJOZ: EL ÁNGEL SIN COLOR. SEMBLANZA DE MELCHOR RODRÍGUEZ GARCÍA.

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