Los miembros de Pink Floyd, en los años 70.

Los miembros de Pink Floyd, en los años 70.

  • ¿Les pareció oír un retazo del ‘Ticket to ride’ al final de ‘Eclipse’?
  • Pues algo hay. Amantes de ‘Cuarto milenio’, tomen nota

En agosto de 1995 apareció en el ‘Journal Gazzette’ de Fort Wayne un misterioso artículo en que se exponía que el album ‘Dark side of the moon’, de Pink Floyd, funcionaba como banda sonora de ‘El mago de Oz’, desde el momento que Judy Garland aparece con ‘Over the rainbow’. Las dos obras se comunican entre sí, sostienen una interrelación increíble, como si ambas se dieran sentido mutuamente, como si se contestaran la una a la otra. Esto se llamó ‘Dark side of the Oz’.

Roger Waters, el lider de Pink Floyd, me contó que la misteriosa comunicación la conoció por un ‘disc-jockey’ de Boston. Roger vió la película, mezclada con los 42 minutos que dura el álbum, y sólo encontraba coincidieran o tuviera sentido encontrar un hilo en ciertos movimientos de Dorothy, cómo hacía un nudo en la soga y caminaba por una valla, por ejemplo. Me recalcó, además, que si pones la televisión sin sonido y programas cualquier música, siempre parece a ratos que hay un hilo extraño. Roger concluyó que jamás el grupo pensó en ‘El mago de Oz’, a pesar de las legiones de creyentes del popular fenómeno. Incluido el esotérico Kevin Coyne , de Flaming Lips, que hizo una versión muy personal de ‘Dark side of the moon’ vinculada a ‘El mago de oz’.

Nick Mason me dijo en los años 90, que, efectivamente, el grupo utilizaba por aquellos días del año 1972 algunas películas como sustento ideológico. Pero ni había entonces cintas de video ni cosa que se le parezca. Todo era visto por proyectores de película.

El caso es que aquel año de la grabación de ‘Dark side of the moon’, Pink Floyd trabajaban con el cineasta francés Barbet Schroeder para la banda sonora de la película ‘La Vallée’. Además, acababan de rodar en Pompeya su famosa película en el anfiteatro de la ciudad quemada, con el fabuloso ‘Echoes’ de protagonista. ‘Echoes’ fue el tema con el que descubrieron un nuevo estilo, una nueva vía que se convirtió en la matriz de lo que luego sería ‘Dark side of the moon’. ‘Echoes’ estaba en en el álbum ‘Meddle’ y Pink Floyd sentía que su música debería relacionarse con las imágenes, tras sus experiencias cinematográficas: la primera, poner música al filme ‘More’, con Ibiza de testigo; y sobre todo, en ‘Zabriskie point’ de Michelangelo Antonioni, que escribieron un par de años antes de ‘Moon’. Roger Waters siempre me ha tratado de convencer que ‘Dark side of the moon’ es como una “suite musical”, acerca de la locura, del cerebro dañado del que había sido su líder Syd Barret , en los primeros tiempos, en los maravillosos tiempos psicodélicos .

Pero el propio Nick Mason me dijo que todo fue más sencilla. Decidieron que Waters era el más preparado para escribir las letras del álbum con ideas de todos. No se sabe por qué, pero se reunían en la cocina de Mason en Camden y se preguntaron cuáles eran las mayores dificultades y presiones de la vida moderna. Salió una lista a base de: viajes, el estrés de volar, el dinero, el miedo a morir y la inestabilidad mental que podía acabar en locura, como en el caso de Syd Barret.

Justo con esa lista, Roger hizo las letras. La idea era hacer un ‘Sgt. Peppers’, el álbum favorito de Roger. Pink Floyd estaban en la EMI, como los Beatles, y grababan también en el Estudio 2 de Abbey Road. Así que se alimentaban de sus misteriosas y maravillosas técnicas como los Beatles.

Por ahí andaba Alan Parsons, un brillante y joven ingeniero en Abbey Road, que en aquellos días cobraba sólo 35 libras semanales. Se pasaba todo el día en Abbey Road. Mientras grababa ‘Dark side of the moon’, Paul Mc Cartney también hacía su álbum en solitario ‘Red rose speedway’. Alan simultaneó las dos grabaciones. 

Parsons me contó que, en realidad, la idea del nombre de ‘Dark side of the moon’ fue de un ilustrador llamado David Hardy, que se dedicaba a la imaginería astrológica. Vendía su arte a comienzos de los años 70 en el semanario ‘Melody Maker’ y sus diapositivas se las rifaban grupos como Camel, Hawkwind -siempre dedicados al espacio-, Moody Blues y, por supuesto, Pink Floyd. Fue Steve O’Rourke , el mánager de Pink Floyd el que pidió a David Hardy una idea y se le ocurrió una imagen con la cara oculta de la la luna, en un eclipse con el sol. La idea estaba en el libro de ‘Challenge of the stars’, de Patrick Moore, publicado ese 1972. La última vez que Pink Floyd trabajó en el estudio fue 1 de febrero de 1973, porque tenían que ensayar su obra sobre el Roland Petit Ballet. Tres semanas más tarde, fui uno de los pocos previlegiados que asistieron a la premiere del álbum, en el Planetario de Londres, que está al lado de Madame Tussauds. Los miembros de Pink Floyd no estaban presentes. A la EMI se le había ocurrido presentarlo con una mezcla ‘cuadrafónica’, que por aquellos tiempos se quería imponer como perfección sonora. Era como el estúpido antecedente del también estúpido 5.1. Pero a Alan Parsons no le dió tiempo de preparar la mezcla. Así que lo oímos en estéreo.

Francamente, a mí me impresionó todo aquello. Aquel maravilloso sonido del álbum, sorprendente en ocasiones, con la luna, las estrellas, el sol, la tierra y el planetario… Me pareció como estar en el cielo, como el temazo de Rick Wright ‘The great gig in the sky’, que desafortunadamente ahora se ha convertido en el tema preferido por las ‘strippers’ de los night-clubs anglosajones. Es sórdido y delirante que por la interpretación vocal de Clare Torry en el tema, por sugerencia de Parsons, sólo se le pagaran 30 libras. Pero hay cosas más increíbles entre los misterios de ‘Dark side of the moon’. En aquellos tiempos se utilizaban cintas de una pulgada, que se reutilizaban. La mayor parte del álbum se grabó en una vieja cinta de los Beatles, donde habían grabado probablemente el álbum ‘Help’. Y el caso es que al final de ‘Eclipse’ se puede oír algo de ‘Ticket to ride’ de los Beatles. En la portada original las luces que emergen de la pirámide son sólo seis, cuando científicamente deben ser siete. Falta el ‘azul oscuro’ que los ingleses llaman índigo. La voz del padre de la actriz Naomi Watts, un ‘pipa’ en el grupo, es la que se oye en ‘Speak to me’ y ‘Brain damage’.

Dos semanas después de la aparición del álbum, Waters y compañía ensayaron entero ‘Dark side of the moon’ en el ahora abandonado Rainbow Theatre, en Seven Sisters, cerca del viejo campo del Arsenal del que Roger es fan (y entonces, también vecino de la zona). El 4 de marzo iniciaron en Wisconsin la gira de ‘Dark side of the moon’. Veinte días después, hace ahora 40 años, aparecía el álbum a la venta. Hasta el momento, ha vendido 57 millones de ejemplares en todo el mundo. Sigue siendo un álbum con misterio, repleto de sensualidad, de una belleza espacial, celestial, tan lejana como la misma cara oculta de la luna.

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