Los voluntarios catalanes de Prim usaron un ‘castell’ para entrar en Tetuán

El historiador tarraconense Alfredo Redondo ilustra en DIÁLOGO LIBRE la participación de los voluntarios catalanes en la Guerra de África en 1860

Mariano Moxó y Victoriano Sugranyes, muertos en la Batalla de Tetuán, portada del libro de Alfredo Redondo

Mariano Moxó y Victoriano Sugranyes, muertos en la Batalla de Tetuán, portada del libro de Alfredo Redondo

A.V.A.

El cuerpo de Voluntarios Catalanes fue creado en diciembre de 1859, mientras el ejército español intentaba abrirse camino hacia Tetuán, en la primera Guerra de África (octubre de 1859-abril de 1860), reinando en España Isabel II. Fue entonces cuando el General Juan Prim y Prats se ganó la fama de héroe nacional e inició su andadura hacia la Presidencia del Gobierno, hasta que fue asesinado.

Cuenta el historiador Alfredo Redondo, entrevistado por DIÁLOGO LIBRE, que en su primera batalla, los catalanes se encontraron con que no tenían una escalera a mano para entrar en laAlcazaba de Tetuán. ‘Entonces, el General Prim recuerda que muchos de ellos pertenecían a su comarca natal, Reus y el Campo de Tarragona, y había visto muchas veces, en las fiestas populares, a hombres levantando torres humanas de los Xiquets de Valls. Entonces fue cuando el Marqués de Los Castillejos dijo: “Ala, minyons, feu la torre, i a dalt!”. Los brazos de los voluntarios se juntaron para iniciar “la base de la columna humana que se alza esforzadamente al pie del minarete, y va subiendo, subiendo, hasta que, al final, el más ágil de todos trepa sobre sus compañeros, y, ya en la cima, iza la bandera española en la torre más alta de la ciudad de Tetuán”. El voluntario que puso la bandera española en los muros de Tetuán, fue Luis Baró y Roig, sargento primero’.

Redondo es autor del libro Voluntarios Catalanes en la Guerra de África (1859-1860). Archivo General de Ceuta, y se ha especializado en el siglo XIX, concretamente en la Guerra de África y en la Guerra de la Independencia. Ha publicado sus artículos en la Ciberrevista de Historia Militar Catalana, A Carn!

El historiador, nacido en Reus igual que el General Prim, considera que los 466 catalanes que se presentaron voluntarios –la mayoría de Barcelona- ‘lo hicieron por la falta de trabajo ya que ni en la industria textil, ni en la construcción del ferrocarril, ni en la construcción, ni en las obras de ampliación del puerto se podía absorber la demanda de mano de obra existente’.

Alfredo Redondo es responsable del Archivo Central Administrativo de la Delegación Territorial del Gobierno de la Generalidad de Tarragona. Una de las preguntas recurrentes cuando se habla de los Voluntarios Catalanes es el uniforme que llevaban, se dice que con barretina y alpargatas. Explica Redondo que ‘la Diputación de Barcelona se ofreció para hacer los uniformes de los expedicionarios, que constaba “cada uno de un gorro del país, tres camisas de algodón, dos pares de calzoncillos, dos camisetas de algodón, una túnica y pantalón de pana, un par de botines de cuero, dos pares de alpargatas con peales, un morral-mochila, una manta y una bolsa de aseo”. Llevando el uniforme típicamente catalán, se esperaba que “los Voluntarios de Cataluña sabrán acreditar en los campos de África, que son dignos descendientes de aquellos indómitos almogávares que tantas veces hicieron morder el polvo a la insolente morisma”.

El cuerpo de los Voluntarios Catalanes fue todo un acontecimiento en Barcelona. En su despedida ‘Barcelona organizó un desfile militar en su honor y el Abad de Montserrat los bendijo antes de marchar hacia el frente’, narra el historiador. Y a la vuelta, ‘los festejos duraron varios días y fueron muchos los actos de cariño de la población hacia estos Voluntarios: comidas, recepciones oficiales…’.

A su llegada a África, ‘su aspecto causó un gran impacto y admiración en el ejército español’. Fueron recibidos por el General O’Donell y Prim les dedicó un discurso donde ‘se fue electrizando poco á poco hasta el punto que sus miradas de fuego y acción enérgica hacia palpitar de entusiasmo á cuantos le veian y oian. Al recordar a los voluntarios que ellos representaban aquí la honra de Cataluña, se ponía derecho sobre los estribos y su brazo se agitaba convulsivamente como si él sólo fuera suficiente para poner á salvo en todas ocasiones la intachable reputación de una provincia tan rica en hechos gloriosos”.

Los Voluntarios Catalanes, tras participar en las Batallas de Tetuán y Wad-Ras, regresaron a casa. Volvieron 237 de los 466, con pensiones garantizadas en función de la condecoración recibida y un ofrecimiento por parte de la Diputación de Barcelona de trabajo en alguna de sus obras.

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