EL SECRETO HORNO CREMATORIO DE ALEXANDER ORLOV

En el año 2004 publiqué que los crímenes de Lenin y Stalin se ocultaron detrás de los crímenes de Hitler, que fue un aventajado discípulo de los métodos de extermino comunistas.

Lev o Leiba Lazarevich Feldbin más conocido como Alexander Orlov fue enviado por Moscú a España como jefe del NKVD; es decir, la policía secreta soviética. Tres meses después de la muerte de Stalin, Orlov publicó un libro titulado: The Secret History of Stalin’s Crimes. Nueva York, 1953 (en español, Barcelona, 1955). En el libro afirmaba que recibiendo órdenes de Moscú había llegado a España en septiembre de 1936 y que había permanecido hasta julio de 1938, fecha de su defección y posterior asilo en los Estados Unidos. El libro era una denuncia de los crímenes cometidos por Stalin; pero de los crímenes que él cometió en España guardó silencio: guardó silencio en el libro, en todos sus escritos y a lo largo de su vida.

Vasili Nikitich Mitrokhin era coronel del KGB –antes NKVD- y supervisor del archivo entre los años 1972 a 1984. Fue tal la impresión que le causó la maldad contenida en algunos informes secretos, que decidió de forma clandestina tomar y guardar notas y copias de esos informes. De entre las miles de notas que tomó en una reseñaba lo siguiente:

Resulta que en el año 1937 en España, Orlov disponía de su propio horno crematorio para deshacerse de los cadáveres de sus víctimas, y que dicho horno estaba supervisado por el coronel del NKVD, Stanislav Vaupshasov. En ese secreto horno crematorio trabajaba un salmantino nacido en 1910 llamado José Castelo Pacheco, militante del Partido Comunista y hombre de la máxima confianza de Orlov, como así lo demostraría con su silencio a lo largo de toda su vida; pero preocupado José por el futuro económico de los suyos, había dado instrucciones en caso de que él faltase. Tras su fallecimiento, una parienta suya -probablemente la mujer con la que convivió-, se dirigió por carta al Gobierno soviético en el año 1982 solicitando una pensión, por los especiales servicios que José había prestado al NKVD durante la Guerra Civil española.

Y así quedó reflejado en la obra de la que Mitrokhin es coautor con Christopher Andrew: The Sword and the Shield: The Mitrokhin Archive and the Secret History of the KGB. Nueva York, 1998. Stanley G. Payne citaba la obra de Andrew y Mitrokhin en su libro: Unión Soviética, comunismo y revolución en España (1931-1939). Barcelona, 2003. De esta forma y por primera vez en español, salía a la luz el hasta entonces secreto horno crematorio de Alexander Orlov, y que yo lo recogí en el libro escrito en enero de 2004 y publicado en noviembre de ese año: El chantaje de la izquierda. Las falsedades de la Guerra Civil española.

Andreu o Andrés Nin Pérez, hermano Pestalozzi desde el 14 de febrero de 1915 -según investigación de María Dolores Gómez Molleda: La Masonería en la crisis española del siglo XX. Madrid, 1986, p. 48 llamada 55-, y uno de los líderes del Partido Obrero de Unificación Marxista y ex consejero de la Generalidad de Cataluña, fue detenido en Barcelona el 16 de junio de 1937 y trasladado a Madrid por orden de Orlov, y en Madrid fue torturado y ejecutado días después. Su cadáver no se ha encontrado, y lo mismo ha sucedido con el de otras personas que Alexandre Orlov había ordenado eliminar.

De sus escritos se desprende que Alexander Orlov era un experto en la mentira y en la falsedad, capaz de no dejar huellas o de borrarlas con pistas falsas, por eso jamás reveló que hubiese cometido asesinatos y menos aún que tuviese su propio horno crematorio. Y no sólo eso, sino que fue lo suficientemente astuto como para escapar de la mortal trampa que le había tendido Stalin, y una vez en su seguro asilo, le envió una larga carta amenazando con revelar documentos comprometedores, y qué doble juego se traería entre manos Orlov, que ni Stalin, ni el NKVD ni después el KGB, jamás se atrevieron a tocarle un pelo, ni a él ni a su familia.

Tampoco hace confesión alguna en su libro de memorias -editado en Moscú en 1971- Stanislav Vaupshasov: un gran héroe según Moscú, un avieso y psicópata según algunos historiadores.

José Castelo Pacheco no hizo pública confesión de sus labores en el horno crematorio, y su misteriosa confidente también guardó silencio.

Aunque hay poderosos en este mundo interesados en ocultar los crímenes, las mentiras y las miserias del comunismo, mal que les pese: las checas, los gulags y los hornos crematorios, no fueron inventos de los criminales nazis.

En el 2004 ya dejé escrito, que la superioridad ética y moral de la ideología totalitaria comunista está cimentada y acreditada sobre los millones de cadáveres de sus víctimas, y esa es la única lección que puede dar a la Humanidad, la de ser la mayor portadora del terror, del genocidio, la opresión y la muerte, y todo en nombre del pueblo, de la igualdad, de la libertad y del progreso.

Y por intentar implantar en España esa ideología totalitaria, miles de españoles y de extranjeros -algunos engañados y otros convencidos- lucharon y murieron. Y esa fue la realidad, aunque la mentira y la cínica e interesada desmemoria intente obligarnos, por real decreto ley o incluso constitucionalmente, a que creamos en una falsificada historia.

Ángel Manuel González Fernández, junio de 2008

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Alexander Orlov, el protagonista de ésta historia, nació bajo el nombre de León Lazarevich Feldbin. Hijo de una familia judía, vino al mundo el 21 de agosto de 1895 en Bielorrusia. Su abuelo estuvo establecido en Palestina durante un tiempo, fundando allí la localidad de Petah Tikva. Su padre, llamado Lazar Feldbin, estaba al frente de una pequeña empresa maderera.
La familia Feldbin se trasladó a Moscú en 1913, cuando Orlov tenía dieciocho años. En otoño de 1916, el joven Orlov fue llamado al ejército ruso, siendo destinado en un regimiento cerca de los Urales. Tras la revolución de 1917, Orlov se graduó en la Tercera Academia militar de Moscú, y en mayo de aquel año ingresó en el Partido Bolchevique.
En diciembre de 1917, Lenin encargó al bolchevique polaco Féliks Dzerzhinsky la formación de un organismo especial para combatir a los contrarrevolucionarios. Así nació la Comisión panrrusa extraordinaria contra la especulación y el sabotaje (Vserossiskaya Chrezvytchaïnaïa Komissia po bor` bes kontr`-revolutsii, spekuliatsei i sabotaguem) que pronto sería conocida por el nombre de Cheka, ya que Ch.K. era la abreviatura de Comisión Extraordinaria (Chrezvytchaïnaïa Komissia). En realidad, la Cheka era un organismo secreto cuya finalidad era implantar un régimen de terror.
Mientras tanto, Orlov se hallaba en el frente polaco, ocupándose de diversas actividades guerrilleras, así como del contraespionaje del Ejército Rojo. Sus brillantes resultados llamaron la atención de Féliks Dzerzhinsky. Pasado un tiempo, Orlov estaría de servicio en la localidad de Arjanguelsk durante una temporada. Allí entabló una relación amorosa con María Roznetski, una lugareña de gran belleza y encanto con la que acabaría casándose. Tendrían una hija, a la que llamaron Verónika (Vera).

La sede de la Cheka fue establecida en un gran edificio de Moscú que había pertenecido a la compañía de seguros Rossiya, en el nº 22 de la plaza Lubianka. Los presos eran instalados en oscuras y tenebrosas cuevas, sin un sólo ventanuco. Allí se sucedían de manera diaria las más horrendas torturas. Entre los brutales guardianes de la Lubianka estaban el campesino Pankratov o el médico Mijaíl Kedrov, que disfrutaba asesinando a niños y oficiales del ejército.
En 1922, con la guerra civil contra los zaristas recién concluida, la Cheka cambió de nombre, llamándose ahora GPU (Gosudarstvennoye Politicheskoye Upravlenie, es decir, Administración Política del Estado). A fines de 1923, la GPU pasaría a denominarse OGPU (Ob’edinennoe Gosudarstvennoe Politicheskoe Upravlenie, que significa Directorio Político del Estado). La GPU/OGPU amplió las competencias que tenía la Cheka y en modo alguno supuso el fin del terror, siendo practicadas nuevas (y refinadas) formas de tortura y maltrato.
Mientras los interrogatorios brutales y los fusilamientos se sucedían de forma rutinaria en los sótanos de la Lubianka, Orlov y su esposa se instalaron en Moscú. Órlov se convirtió en ayudante del fiscal del Tribunal Supremo soviético. Por si fuera poco, participó en la redacción del primer Código Criminal soviético, bajo la supervisión directa de Nikolai Vasilyevich Krylenko, presidente del Tribunal Revolucionario del Soviet Supremo de la URSS (llamado en aquella época Comité Ejecutivo Central Panrruso).
Ya en 1924, Feliks Dzerzhinsky llamó a Orlov a su despacho y le pidió personalmente que dirigiera una investigación en la que había varios funcionarios implicados en un delito económico. La cuidadosa preparación del caso que hizo Orlov incluyó un exhaustivo interrogatorio a todos los implicados, cuyos resultados fueron mostrados a Stalin y Dzerzhinsky, entre otros.
Orlov mantuvo que los acusados no eran culpables de fraude alguno, pero Stalin exigió que fueran fusilados, a modo de advertencia a otros funcionarios. Como no podía ser de otra manera, prevaleció la voluntad de Stalin.

 Monumento a Dzerzhinsky en Moscú.

A Dzerzhinsky, sin embargo, le había impresionado las maneras de llevar el caso de Orlov y poco despúés le incorporó a la OGPU como uno de los dos adjuntos de Blagonravov, jefe del Directorado de Economía (EKU) de la policía secreta. En el EKU, Orlov tuvo que estar enterado de todo lo que se decía (y escribía) en las legaciones extranjeras ubicadas en Moscú. Al mismo tiempo, se ocupaba de combatir el espionaje. Acabaría completando la carrera de Derecho en la Universidad de Moscú, tras lo cual se convirtió en comandante de brigada de la Guardia Fronteriza. El cuartel general de ésta fuerza se hallaba en Tiflis (capital de la República Federal Soviética de Georgia), por lo que Orlov tuvo que trasladarse a ésta ciudad. Allí conoció a Lavrenti Beria, jefe de la GPU en Georgia y represor de los nacionalistas de éste territorio. Inteligente, despiadado,frío y adulador, Beria supo, desde muy pronto, ganarse la confianza de Stalin, que llegó a llamarle “nuestro Himmler”. Su exagerado apetito sexual y su penetrante mirada provocaban una mezcla de repungnacia y temor entre aquellos que le conocían. Orlov también recelaba de Beria.

 Beria

Meses después, Orlov volvió a Moscú para hacerse cargo del INO, la sección extranjera de la OGPU. Se encargaba el INO de supervisar y controlar todo el comercio exterior soviético, así como de ciertas operaciones de compra. Contaba con una poderosa red de espía desplegada por todo el mundo. En Persia había príncipes de la casa real que trabajaban para el INO. En París, un obispo ortodoxo mandaba mensajes cifrados al INO, y en China había generales que transmitían valiosas informaciones al Kremlin. En Afganistán, el ministro de negocios extranjeros era un agente de la OGPU. Se daba la circunstancia de que, a veces, un agente del INO estaba mejor informado de lo que ocurría en un país que el propio gobierno de ese Estado. El jefe de la INO, Georges Agabekov, afirmaba que si Gran Bretaña pretendía informarse sobre la actividad de sus agentes en Egipto, la mejor manera de que lo supieran sería mirando los archivos del INO en Moscú.
El trabajo en el INO llevó a Orlov fuera de la URSS. Su primer destino fue París, donde se encontró con su viejo amigo Dimitrii Lordkipanidze, a quien conoció en sus años del Caúcaso. Lordkipanidze estaba allí por órdenes de Stalin, bajo el nombre falso de Zagarelli, con el objetivo de influir sobre el revolucionario gerogiano exliado Ramishvili.
Orlov permaneció en París como jefe de la inteligencia soviética en Francia hasta 1928, año en que fue enviado a Berlín como jefe de un organismo dependiente de la Dlegación de Comercio soviética. En la capital de Alemania conoció a Pavel Aliluiev, hermano de Nadiezhda, la segunda esposa de Stalin. El oficialVoroshilov mandó a Aliluiev a Berlín para que supervisara la inspección de los aviones que la URSS compraba a Alemania durante el tiempo en que ambos países conspiraban para violar las prohibiciones de rearme impuestas sobre Alemania por el Tratado de Versalles. Aliluiev y Orlov trabajarían juntos durante dos años.

 Voroshilov

Orlov regresó a Moscú en 1931, allí recibió la orden de abandonar otra vez la URSS, esta vez para vender las joyas de la corona rusa.Pero se las arregló para rechazar la misión. Un año después viajó a EEUU, donde permaneció como invitado de la General Motors Corporation. Aprovechó entonces para visitar a algunos parientes suyos en Nueva York. Orlov también tenía familiares establecidos en Los Ángeles, San Francisco, Filadelfia y Boston.
Entre 1933 y principios de 1936, trabajaría como jefe del Componente de Control Económico del INO. Viajó a Checoslovaquia, Austria, Suiza, Francia y Alemania. En éste último país dirigió operaciones clandestinas antinazis, con la ayuda de agentes secretos.
Pero su principal tarea en éstos años fue supervisar el reclutamiento de los “Cambridge Five” en Londres. Fueron un comando de espías británicos al servicio de Moscú, entre los cuales se hallaba Sir Anthony Blunt, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Londres.
Pero en septiembre de 1935 Orlov regresaba a Moscú por enésima vez. Abandonó el INO y se convirtió en jefe adjunto del Departamento de Ferrocarriles y Transporte Marítimo de la NKVD, nombre adoptado por la OGPU en 1934.
Al fin, Orlov se encontraba de vuelta en su añorado Moscú. Había alcanzado cierta notoriedad tanto en la NKVD como en el Politburó. Fue nombrado miembro del comité de élite que asesoraba al Politburó y al Ministerio de Asuntos exteriores sobre cuestiones de inteligencia internacional.
Orlov gustaba de pasear, con su abrigo forrado y su gorro de orejeras, por la inmensa Plaza Roja, con el Kremlin al fondo. Su esposa, María Roznetski, también trabajaba para la NKVD, ejerciendo una importante labor de mensajera y proporcionando cobertura legal a su marido para no levantar sospechas.
La jefatura de la NKVD se hallaba ocupada en esa época por Genrij Grigorievich Yagoda. Judío, al igual que Orlov, Yagoda había nacido en el seno de una miserable familia polaca. Trabó amistad con Mijaíl Sverdlov, célebre comunista. Tras la subida al poder de los bolcheviques, y gracias a la influencia de Sverdlov,Yagoda empezó a trabajar en la Cheka, siendo primero secretario y luego jefe de la Oficina Especial, encargándose del oro obtenido en las numerosas requisas, así como de los coches celulares usados por los chequistas.

 Yagoda

Yagoda hizo llamar a Orlov a su despacho para preparar su nueva misión en el extranjero, ésta vez en España. Stalin, según contó Yagoda a Orlov, tenía dos prioridades en aquel momento: los procesos abiertos contra los viejos bolcheviques y la guerra civil española, iniciada el mes anterior. En aquellos momentos el Gobierno republicano, con José Giral al frente, había puesto en marcha diversas iniciativas para adquirir armas en el extranjero. Era impensable que, contando con las cuartas reservas de oro más importantes del mundo, la España del Frente Popular tuviese problemas para encontrar armamento. El Gobierno de Giral no había establecido aún relaciones diplomáticas con la URSS (éstas serían establecidas en agosto, siendo designado embajador de la URSS un tal Marcel Izvalievich Rosenberg, que había sido susecretario de la Sociedad de Naciones y consejero de la embajada soviética en París).
En aquellos momentos, consideraba Stalin la posibilidad de desafiar abiertamente a la Alemania nazi enviando aviones y pilotos soviéticos en ayuda de los republicanos. Yagoda explicó a Orlov que su tarea principal en España del Frente Popular iba a consistir en organizar un servicio de espionaje y contraespionaje para el Gobierno de Giral, con el objetivo de coordinar operaciones contra las fuerzas sublevadas.
Orlov, además, debería organizar grupos guerrilleros que luchasen tras las líneas enemigas, algo que había hecho brillantemente durante su estancia en el frente polaco.
El 10 de septiembre de 1936, Orlov abandonó Moscú, en compañía de su esposa y su hija. Durante el largo viaje, Orlov no perdió de vista ni una sola vez su maleta marrón, en la cual guardaba libros con los códigos secretos de la NKVD, gracias a los cuales podría comunicarse con Moscú durante su estancia en España.Con su falso pasaporte diplomático, Orlov y su familia atravesaron la Alemania nazi sin ningún contratiempo. Ya en París, permanecieron unos días allí, hasta que el 15 de septiembre marcharon rumbo a Barcelona.

Ya en la capital de Cataluña, Orlov se encontró con una ciudad dominada por la clase obrera, en la que buena parte de los edificios lucían banderas rojas o rojinegras. Las tiendas y los bares habían sido colectivizados, los taxis y los tranvías circulaban pintados de rojo y negro. Por las calles, todos los transeúntes vestían ropa de obrero o alguna prenda del uniforme miliciano. Iglesias, conventos y escuelas religiosas habían sido destruidos o incendiados, y en sus fachadas estaban pintadas las siglas de los grupos revolucionarios. Pasado un tiempo, Orlov y su familia se trasladarían a Madrid.
Apenas llevaba Orlov un mes residiendo en Madrid cuando, el 12 de octubre, fue visitado por el encargado de los códigos secretos de la NKVD. Éste llevaba a Orlov un mensaje en clave que provenía de Nikolai Yezhov, jefe de la INO. El mensaje decía lo siguiente:

Organice con el presidente del Gobierno español [Largo] Caballero, el envío de las revervas de oro de España a la Unión Soviética. Utilice un carguero ruso. Mantenga la máxima discreción. Si los españoles le pidieran un recibo, rechace, y repito, rechace firmar nada. Dígales que se les enviará desde Moscú un recibo oficial firmado por el Banco del Estado. Rosenberg ha recibido las pertinentes instrucciones. /S/ IVÁN VASILIEVICH.

“Iván Vasilievich”, el firmante, no era otro que el propio Stalin. Sólo un puñado de agentes de la NKVD conocía que el dirigente soviético usaba éste seudónimo, que había sido el nombre paterno del zar Iván el Terrible.
Orlov se acercó ensegudia al cercano despacho de Rosenberg, el embajador soviético. Hombre inteligente, había sido troskista y se le tenía por un eficaz colaborador de Stalin. Desde su llegada a Madrid, hacía frecuentes visitas a Francisco Largo Caballero, presidente del Gobierno desde la dimisión de su antecesor, José Giral, a principios de septiembre de 1936. Largo Caballero prontó destestó a Rosenberg, llegando a echarle de su despacho.
Orlov transmitió a Rosenberg parte del mensaje, cuyas instrucciones complementarias obraban en manos de éste último.
El 12 de septiembre de 1936, mientras las fuerzas sublevadas del general Varela avanzaban por Toledo, el socialista Juan Negrín, Ministro de Hacienda en el Gobierno de Largo Caballero, presentó un decreto reservado que debía firmar Manuel Azaña, presidente de la República, autorizando el traslado de las reservas de oro del banco de España a un lugar más seguro. La razón de la medida no era otra que la relativa proximidad de las tropas de Varela, situadas a algo menos de 100km. de Madrid. Azaña firmó el decreto, pero el Gobierno de Largo Caballero nunca daría cuenta de él en las Cortes. Según el decreto: “Se autoriza al ministro de Hacienda para que en el momento que lo considere oportuno ordene el transporte con las mayores garantías, al lugar que estime de más seguridad, de las existencias que en oro, plata y billetes hubiese en aquel momento en el establecimiento central del Banco de España”.La mañana del 14 de octubre ,el doctor Juan Negrín atravesó el umbral de la embajada soviética para visitar a Rosenberg, acompañado en su despacho por Orlov. Negrín dijo ante Rosenberg y Orlov que el oro del Banco de España debería ser transportado a la URSS, donde estaría a salvo de Franco. Pero no exigió garantía alguna de su devolución a España si los izquierdistas ganaban la guerra. Se fió, sin más, de los soviéticos, porque ni Francia, ni Gran Bretaña, ni mucho menos EEUU podían asegurarle la custodia en secreto de las reservas de oro, y probablemente lo entregarían a Franco si éste ganaba la guerra.

Durante la batalla de Madrid, los espías de la URSS había detectado los envíos de oro a la base naval de Cartagena. Orlov preguntó a Negrín por ésta operación. Negrín asintió, y le contó que el oro era almacenado en unas cuevas al norte de Cartagena, en el mismo lugar donde la Marina republicana guardaba todo su arsenal.Orlov se alegró de que así fuera, porque Cartagena era el puerto principal en el que los barcos soviéticos descargaban armas y suministros para la República.
A continuación, Orlov preguntó a Negrín si podía proporcionarle credenciales de agente de bancos estadounidenses o británicos. Negrín no puso inconvenientes y Orlov obtuvo un documento firmado por él ,en el que se pedía a las autoridades militares que prestaran ayuda a “Míster Blackstone, representante plenipotenciario del Banco de América”.
Orlov preguntó a Negrín quiénes estaban al corriente del traslado de las reservas de oro. Éste contestó que sólo lo sabían Manuel Azaña, Largo Caballero y él mismo, pero que hubo que revelar el plan a Francisco Mendez Aspe, director general del Tesoro y miembro de Izquierda Republicana.
Orlov y Negrín salieron de la embajada soviética y se dirigieron al Ministerio de Hacienda. Allí, el agente de la NKVD conoció a Mendez Aspe. Éste les proporcionó una estimación de la cantidad de oro con la que contaba el Banco de España, y les dijo cómo estaba almacenado. Apenas unos pocos oficiales del banco de España sabían que el oro estaba siendo trasladado a Cartagena. Los guardias de seguridad que vigilaban las cajas creían que éstas contenían municiones (!?).
Orlov se trasladó a Cartagena, donde fue recibido por Kunznetzov, agregado naval soviético en la base de aquella ciudad. Orlov le dijo que necesitaba transportar material de enorme importancia estratégica, y le autorizó a confiscar todos los barcos soviéticos que atracasen en Cartagena. Deberían ser descargados con rapidez y permanecer a la espera de órdenes. Un día después, Orlov y Kunznetzov se entrevistaron con Antonio Ruiz, comandante de la base naval de Cartagena. Ruiz se mostró dispuesto a colaborar en la operación y se comprometió a conseguir 60 marineros para llevarla a cabo.
Una vez hecho esto, Orlov regresó a Madrid para informar sobre la marcha de la misión a Negrín, Largo Caballero e Indalecio Prieto. Éste último,al frente del Ministerio de Marina y Aire, se mostró de acuerdo con la operación y ofreció todo el apoyo de su Ministerio, según el testimonio de Orlov.
Por si fuera poco, Orlov consiguió involucrar en la operación a su compatriota Semion Krivoshein, coronel que estaba al mando de una brigada de tanques ubicada en Archena (Murcia). Este coronel puso a Savcheko y Ninkovich ( dos oficiales de la NKVD que trabajaban para él) a disposición de Orlov.
A finales de octubre, la fase final de la operación se puso en marcha. Orlov y Mendez Aspe, acompañados por una comitiva de veinte camiones y un coche, se dirigieron hacia las profundas cuevas donde se guardaba el oro del Banco de España, contenido en cajas de madera. En aquellas cuevas estaban los 60 marineros facilitados por el comandante Antonio Ruiz. Ninguno de ellos sabía lo que contenían aquellas cajas de madera.
Los marineros, todos jóvenes y de buena constitución, empezaron a cargar las cajas en los camiones. El contenido de cada camión era verificado por hombres de la NKVD y subordinados de Mendez Aspe. Cuando un camión estaba suficientemente cargado, era conducido hasta una zona cercana. Los marineros seguían cargando cajas, y cuando había diez camiones cargados, eran conducidos hasta el puerto de Cartagena, donde las cajas se introducían en cuatro barcos soviéticos. Mientras diez camiones entregaban su valiosa carga en el puerto, los otros diez se cargaban en ese momento en las cuevas, y así sucesivamente. Durante el trayecto hacia el puerto, los camiones no podían encender sus faros, lo cual dificultaba la circulación por carretera.
Esta fatigosa operación se prolongó durante tres noches sucesivas, desde las siete de la tarde hasta las diez de la mañana del día siguiente. Orlov, siempre pendiente de que todo marchara bien, apenas durmió cuatro horas al día.
El 25 de octubre de 1936, a eso de las 10 de la mañana, fue cargada la última caja de oro en uno de los barcos soviéticos. Orlov contó un total de 7900 cajas, unas 100 más que Mendez Aspe. Como es lógico, Orlov no se molestó en discutir la cifra, así Stalin ganaba unos cuantos kilos más de oro.
Mendez Aspe pidió a Orlov un recibo por el oro, y éste le contestó que, una vez pesado el oro en la URSS, el recibo sería emitido. Méndez Aspe se puso muy nervioso, y Orlov le tranquilizó diciéndole que podía enviar un representante del Tesoro en cada uno de los barcos soviéticos.
El tiempo se agotaba, ya que los barcos tenían propuesto zarpar en menos de dos horas. Mendez Aspe ordenó a dos de sus subordinados que se embarcasen. Pero aún faltaban dos hombres para cubrir los cuatro barcos. Orlov y Mendez Aspe recorrieron los hoteles de Cartagena en busca de voluntarios. Cuando regresaron al puerto sólo quedaba uno de los barcos, y estaba a punto de partir. Dos de los buques, cada uno con un subordinado de Mendez Aspe a bordo, se habían echado a la mar, y el barco restante ( el Volgorés) estaba anclado a más de una milla de la costa.
Orlov se hizo con una lancha motora y se dirigió en ella, con Mendez Aspe y el último voluntario, hacia el Volgorés. Cuando se encontraban próximos a la embarcación, ésta levó anclas. Ningún miembro de la tripulación avistó la lancha motora de Orlov.
Con su valioso cargamento de oro, los cuatro barcos soviéticos atravesaron el Mediterráneo sin contratiempos. Orlov recibió noticias del viaje de los barcos desde su oficina madrileña. Desde allí, redactó un informe a la central de la NKVD en Moscú.
Los barcos llegaron a Odessa (República Socialista Soviética de Ucrania) en medio del silencio más absoluto. El puerto de aquella ciudad fue acordonado por agentes de la NKVD. El oro fue trasladado de los barcos a un tren especial. Centenares de policías custodiaron aquel tren, que se dirigió a Moscú.
Con el traslado del oro a Moscú, la República quedó hipotecada financiera y militarmente con la URSS. Los dirigentes del Frente Popular quedaron sometidos en muchas decisiones a los designios de Stalin, cuando no a mirar para otro lado ante las intromisiones de la NKVD en la España izquierdista.
Uno de los acontecimientos que más demostrarán hasta qué punto la España del Frente Popular acabó sometida a los intereses de la URSS será la persecución contra el POUM, en la cual Orlov tuvo, como vamos a ver, un papel importantísimo.
El POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) nació en 1935, como resultado de la unificación de la Izquierda Comunista (IC) y el Bloc Obrer i Camperol (BOC), dos organizaciones comunistas disidentes.
Izquierda Comunista (IC) era la sección española de la Oposición de Izquierda que dirigía Trotsky, por aquel entonces expulsado de la URSS. Entre sus dirigentes se hallaban Andreu Nin y Juan Andrade.

 La Batalla, periódico del BOC, y más tarde, del POUM

El Bloc Obrer y Camperol (BOC) había surgido en marzo de 1931, a partir de la fusión del Partit Comunista Catalá (formado por ex-miembros de Estat Catalá) con la Federación Comunista Catalano Balear del PCE, que había sido expulsada del partido por sus diferencias con la dirección. El BOC era un partido comunista de ámbito catalán, que acusaba al PCE de centralista y de ser una simple correa de transmisión de los intereses de Moscú. El BOC daba una gran importancia al hecho nacional catalán, siendo su objetivo la Unión de Repúblicas Socialistas de Iberia, derrumbando así el viejo Estado Español, considerado opresor y rancio.Joaquín Maurín, secretario general del BOC, declaró en una ocasión que, además de desear la independencia de Cataluña, quería también la de Euskadi, Aragón o Castilla. Sin embargo, las ideas del BOC acerca de la cuestión nacional se moderaron un poco más tarde. La base social de éste partido se componía de obreros integrados en la CNT y sectores campesinos de la Unió de Rabassaires, así como algunos intelectuales.
Así pues, tanto la IC como el BOC plantaban cara a la política de Stalin y de la Internacional Comunista, y los líderes de ambos partidos habían pertenecido a la primera generación de comunistas españoles.
Tras el ascenso al poder de Hitler en 1933, el BOC inició un proceso de convergencia con las demás organizaciones marxistas, fundando la Alianza Obrera, coalición antifascista que agrupaba a las sección catalanas del PSOE y la UGT, la Unió de Rabassaires, la Izquierda Comunista de Andreu Nin, la Unió Socialista de Catalunya (USC) de Joan Comorera i Soler y el ala moderada de la CNT que dirigían Ángel Pestaña y Joan Peiró i Belis. Después de la victoria de las derechas (la CEDA y el Partido Radical), los dirigentes del PSOE ayudaron a extender la Alianza Obrera fuera de Cataluña, implantándose en Madrid y en Asturias.
Tras el aplastamiento de la revolución de octubre del 34, el BOC y la IC tenían cada vez más cosas en común. La Alianza Obrera sirvió para aunar las voluntades de Nin y Maurín en la creación de un gran partido revolucionario de ámbito español. Finalmente, en septiembre de 1935 el BOC y la IC se unificaron, naciendo así el POUM. Como no podía ser de otra manera, el POUM tenía su mayor número de militantes en Cataluña, sobre todo en Barcelona y Lérida, pero también tenía secciones en Asturias, Valencia, Galicia, Extremadura y Madrid.
Para hacer frente al antiestalinista POUM, la sección catalana del PCE se alió con el resto de organizaciones estalinistas de Cataluña. Es decir, la USC, la sección catalana del PSOE y el Partit Catalá Proletari. En julio de 1936, estas cuatro organizaciones se unieron, formando el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), que no tardó en convertirse en el apéndice catalán del PCE. Al frente del PSUC estaba Joan Comorera i Soler, veterano dirigente de la USC.

El POUM participa en el Frente Popular, consiguiendo un diputado por Barcelona (Joaquín Maurín). Entre sus dirigentes, además de los ya mencionados Andreu Nin y Joaquín Maurín, se encuentran veteranos revolucionarios como Juan Andrade, Enric Adroher i Pascual (alias Gironella), Julián Gómez (alias Gorkin), Narcís Molins i Fábrega, Jordi Arquer i Saltó, Pere Bonet i Cuitó, Josep Rovira i Canals o Daniel Rebull (alias David Rey).
El POUM se hallaba a la izquierda del PCE y el PSUC, pero intentaba ocupar el espacio político de éstos, por lo que el PCE y su sección catalana empezaron a desconfiar de él y a tacharlo de ultraizquierdista.
El 28 de abril de 1936, Andreu Nin denuncia en un editorial de “La Batalla” (el órgano de expresión poumista) los procesos de Stalin contra los trotskistas. A partir de entonces, todo el entramado estalinista se pondrá en marcha contra el POUM. Stalin estaba decidido a liquidar al POUM, pues era el único partido antiestalinista y revolucionario dispuesto a llevar a cabo una revolución auténticamente española, sin tolerar las intromisiones de la URSS. El primer golpe que recibió el POUM tuvo lugar a principios de noviembre de 1936, con su exclusión de la Junta de Defensa de Madrid, órgano de gobierno formado en ésta ciudad tras el traslado de Largo Caballero y sus ministros a Vañencia. Poco después, el día 15 del mismo mes, La Batalla advertía que “lo que realmente interesa a Stalin no es el destino de España o de algún otro lugar del mundo sino la defensa del régimen soviético mediante acuerdos oficiales de determinados estados en contra de otros”. Dos días después, las juventudes del PSUC se negaron a asistir a una reunión conjunta con la Juventud Comunista Ibérica, sección juvenil del POUM. En diciembre, la Generalitat se reorganizó y Andreu Nin, único conseller del POUM, fue sustituido por Rafael Vidiella i Franch, del PSUC. Pocos días antes, Nin había propuesto que la Generalitat acogiera a Trotski en Cataluña, provocando las iras del PSUC y de Antonov Ovseenko (cónsul soviético en Barcelona)

En Madrid, donde existía una débil sección del POUM, la policía se apoderó de Radio POUM Madrid y suspendió la publicación de “El Combatiente Rojo” y “La Antorcha”, ambos pertenecientes a éste partido. Este abuso , cometido a principios de 1937, se llevó a cabo con la complicidad de los socialistas Wenceslao Carrillo (director general de Policía) y Ángel Galarza (ministro de Interior). Por aquellas fechas, un agente de la NKVD llamado León Narvich se infiltró en el POUM madrileño. Comisario de las Brigadas internacionales, Narvich se presentaba en ocasiones acompañado por otros extranjeros. Recogía propaganda poumista diciendo que tenía pensado repartirla entre sus compañeros de las Brigadas Internacionales. Este agente de la NKVD llegaría a asistir al Congreso del POUM en Barcelona, con una carta de presentación entregada por los poumistas madrileños y conversó con todos los miembros de la dirección poumista, especialmente con Andreu Nin. Narvich portaba una cámara de fotos, y no paraba de retratar a militantes del POUM. Sus fotos resultarían de gran utilidad en junio de 1937, para identificar y detener a militantes poumistas…

El POUM, numéricamente débil en Madrid, actuaba en esta ciudad con grandes dificultades y rodeado de peligros. Pero gozaba de pleno vigor e intensidad en Cataluña, territorio donde residía su auténtica fuerza. Además, en esta región predominaba la CNT-FAI, fuerza crítica con el estalinismo. Así, para acabar con el POUM, los estalinistas debían mermar primero el poder de la CNT-FAI, para que éstas organizaciones no pudieran solidarizarse o protestar contra la persecución que sufriría el POUM. Mientras, por un lado, el PCE y el PSUC halagaban a los anarcosindicalistas y se les invitaba a la unidad con ellos, por otra parte trataban de desacreditar, poco a poco, a las organizaciones libertarias.

Al propio tiempo, en la prensa comunista aparecían violentos ataques contra el POUM, encarnado por Andreu Nin. El órgano de expresión de la 27ª Brigada (PSUC) acusaba a Nin de recibir dinero de Hitler, y llegaría a publicar una caricatura en la que el líder poumista aparecía en brazos de Franco. El periódico leridano del PSUC decía “Hay que aniquilar a Nin y a su grupito de amigos”. Según el secretario general del PCE, José Díaz, los militares que pertenecían al POUM eran “agentes del fascismo, que se escudan tras sus falsos lemas revolucionarios para llevar a cabo su misión de agentes del enemigo en nuestro país”. Y se podrían citar muchos más ejemplos.
El desencadenante de la represión contra el POUM fueron los disturbios que tuvieron lugar en Barcelona, en Mayo de 1937. El día 3 de aquel mes, el consejero de Seguridad de la Generalitat Artemi Aiguader i Miró (de ERC) ordenó al comisario general Rodríguez Salas (del PSUC) que incautara para la Generalitat la central de la Telefónica, en poder de la CNT. Bajo esta medida se ocultaba una evidente provocación comunista a la que el POUM y la base social de la CNT-FAI respondieron lanzándose armados a las calles. Horas después, el PSUC, ERC y Estat Catalá sacaban las armas que tenían ocultas.
Se levantaron barricadas, y los comerciantes cerraron puertas y escaparates precipitadamente. Los tiroteos incontrolados barrieron Barcelona, causando la muerte a aquellos que asomaran la cabeza. Berberi y Barbieri, dos intelectuales anarquistas italianos, fueron asesinados misteriosamente, y el comunista Antonio Sesé, líder de la UGT catalana, fue acribillado en su coche cuando se dirigía a recibir su nombramiento como miembro de la Generalitat. Barcelona fue ocupada por 4000 guardias de Asalto venidos de Valencia, después acabar con los disturbios que tuvieron lugar en Tarragona y Reus. La CNT lanzó un llamamiento pidiendo la vuelta “a la normalidad”, la presencia de los guardias de Asalto en la calle lo hizo posible. El día 8 de mayo, finalmente, se volvía a la normalidad. Los partidarios de dar primacía a la guerra posponiendo la revolución (PSUC, UGT, ERC) habían vencido a quienes defendían la necesidad de hacer, al mismo tiempo, la guerra y revolución (CNT, FAI, POUM).
El día 11, los anarquistas liberaron a los rehenes que habían hecho durante los disturbios, los comunistas aún tienen retenidos a 300 anarquistas. Se les intenta imputar delitos de autoría dudosa. Es ahora cuando empiezan a salir a la luz noticias sobre la represión aplicada por la Generalitat en toda Cataluña, incluso en poblaciones donde no hubo ningún incidente. Jóvenes libertarios como el uruguayo Juan Rúa desaparecen sin dejar rastro, y en un descampado de Sardañola-Ripollet se encuentran los cadáveres de 12 miembros de las Juventudes Libertarias, torturados y mutilados en el cuartel Carlos Marx, del PSUC. Es ahora cuando se descubren las prisiones secretas de la NKVD en los centros del PSUC, que han estado llenas de anarquistas que (en su mayoría) han sido torturados hasta morir. En el cementerio de Sans, los cadáveres abandonados de jóvenes libertarios se cuentan por decenas.

No faltan los casos de asaltos a locales de la CNT, ni escasean las difamaciones a esta organización,compuesta por simples “criminales incontrolados” según el PSUC.
Pero la represión contra los anarquistas comienza a remitir cuando los comunistas comprenden que el movimiento libertario es las más cuantiosa de las fuerzas que integran el antifascismo español y que, si siguen enfrentándose a ellos, acabarán provocando que las milicias ácratas abandonen el frente para luchar contra el PCE y el PSUC.
Entonces, los comunistas dirigen todos sus esfuerzos contra el POUM. Los periódicos “Treball” (del PSUC) y “Mundo Obrero” (PCE) comienzan a exigir la disolución del POUM. Al ser una fuerza minoritaria, su represión no causaría tantos problemas a los comunistas.
Para los comunistas, que presentaban los sucesos de Barcelona como un levantamiento del POUM en combinación con agentes fraquistas y nazis, había que imponer una represión ejemplar y eliminar al POUM. El Presidente del Gobierno, Largo Caballero, se negaba a disolver al POUM, a menos que existieran pruebas concretas contra esta formación. Los ministros cenetistas apoyaron a Largo, arguyendo que los disturbios barceloneses habían sido provocados por contra-revolucionarios. Los ministros comunistas, Jesús Hernández y Vicente Uribe, que exigían ilegalizar al POUM y otra manera de conducir la guerra, abandonaron el Gobierno. Los ministros José Giral (IR) y Manuel de Irujo y Ollo (PNV) abandonaron también a Largo Caballero, así como los socialistas prosoviéticos Indalecio Prieto, Álvarez del Vayo y Juan Negrín, quedándose Largo Caballero con seis ministros: sus correligionarios Galarza y Anastasio de Gracia y los cuatro ministros cenetistas. Se producía una crisis ministerial.
Largo Caballero presentó su dimisión, siendo sustituido por Juan Negrín, quien, además, siguió al frente de la cartera de Hacienda. Orlov telefoneó a Negrín para felicitarle por su nombramiento y reconoció al nuevo presidente del Gobierno que, tras la dimisión de Largo Caballero, Moscú había dado instrucciones al PCE para que le prestase todo su apoyo. Se avecinaba un auténtico infierno para el POUM…

 Jesús Hernández, con integrantes de la 11ª División

Apenas cuatro días después de formado el Gobierno Negrín, el ministro de Instrucción Pública (Jesús Hernández) fue visitado por Orlov. Éste le dijo que, desde hacía tiempo, había localizado una red de espionaje falangista, y aseguró que el POUM estaba implicado en ella. Andreu Nin estaba metido en el ajo, al igual que Gorkin, Jordi Arquer i Saltó, Juan Andrade y Gironella. Mencionó también a un tal Roca, que actuaba de enlace entre el POUM y los falangistas.
Además, había una maleta llena de documentos que comprometían a los poumistas…
Desde el 22 de mayo, el húngaro Erno Gero, responsable de la NKVD en Cataluña, contribuía a la ofensiva de Stalin contra el POUM. Éste subordinado de Orlov redactó en francés un informe de diez páginas que envió de inmediato a sus superiores de Moscú. Se trataba de un análisis preciso de la situación pòlítica en España (y particularmente en Cataluña) en el que defendía la necesisdad de un gobierno fuerte que contrarrestase la influencia anarcosindicalista. Y, lo más importante, avanzaba ya las medidas de represión que se tomarían contra el POUM.
Mientras tanto, Orlov envió a la central de la NKVD en Moscú un mensaje en el que se detallaba toda la maniobra preparada por él mismo para implicar al POUM en una red de espionaje falangista descubierta por la policía republicana.

En abril de 1937, la policía madrileña, controlada por el PCE, descubrió una red de espías falangistas, dirigida por un tal Javier Fernández Golfín. La policía infiltró en ella al agente Alberto Castilla, el cual, una vez dentro de ella, preparó un (falso) plan de levantamiento en Madrid a favor de Franco. Golfín trató de llevar a cabo este plan, siendo detenido. Por aquellas fechas, alguien (posiblemente Alberto Castilla) redactó una carta dirigida a Franco que aparentaba haber sido escrita por Andreu Nin, en la cual era respaldado el plan intentado por Golfín. Por aquellas fechas, Erno Gero había descubierto a un agente de la Falange llamado Roca (dueño de una librería en Gerona) que actuaba de enlace entre la Falange y un tal Dalmau, dueño de un hotel. Un día, un agente de la NKVD se presentó en la librería de Roca y le entregó una suma de dinero, a cambio de que transmitiese un mensaje a Dalmau y le guardase en la librería una maleta durante tres días. Roca aceptó. Poco después, la policía irrumpió en la librería, y tras un minucioso registro, encontró la maleta, que contenía numerosos documentos con el sello del POUM. Sobre estos documentos, más la (falsa) carta de Nin a Franco, los comunistas montaron sus acusaciones contra el POUM, todo un conjunto de patrañas.
El teniente coronel Ortega, al frente de la Dirección General de Seguridad, era miembro del PCE, al igual que sus homólogos de Barcelona y Valencia. Pues bien, Ortega fue convocado a una reunión del Comité Central comunista. Ortega acudió, y en el despacho del Comité Central encontró a cuatro hombres y una mujer : Orlov, Pedro Checa, los agentes de la Komintern Togliatti y Codovila acompañados por Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”. Ortega recibió las siguientes instrucciones: debía comunicarse con Ricardo Burillo (delegado de Orden Público en Barcelona) y transmitirle la orden de arrestar a Andreu Nin, Juan Andrade, Gironella, Arquer, Gorkin y “todos cuantos elementos del POUM fueran señalados”.

Así, a primeros de junio, un grupo de policías salieron de Madrid (secundados por agente de la NKVD que se hacía llamar Juzik) y se trasladaron a Valencia, donde hicieron acto de presencia en la embajada soviética (instalada en el hotel Metropol). Al día siguiente marcharon a Barcelona. Finalmente, el día 16, tres de éstos policías se presentaron en la sede del Comité Ejecutivo del POUM, situado en la Rambla de los Estudios. Andreu Nin había sido avisado con anterioridad de que pretendían arrestarle, pero, como nada tenía que esconder, no dió ninguna importancia a aquella advertencia. Horas después, eran arrestados Josep Escuder, Ramón Dávila, Rafael Castro Fernández y Enric Panadés, responsables del periódico poumista “La Batalla”. Al día siguiente, los policía registraron el local poumista de la Rambla de los Estudios, requisando máquinas de escribir, cajas de lápices, un reloj de mesa, un aparato de radio Crossley, tres estuches de clips, dinero y dos imágenes de Cristo, una en metal y otra imitando el marfil. Por la tarde serían arrestados Julián Gorkin y el hermano de Joaquín Maurín. Gorkinfue encerrado en la celda nº 1 de la Jefatura de Policiía, donde se encontraría con sus compañeros de partido Juan Andrade, Pere Bonet i Cuitó y Jordi Arquer i Saltó. Mientras tanto, la policía asaltaban los locales del POUM, así como sus sanatorios y bibliotecas. El hotel Falcón, incautado por el POUM en julio de 1936, fue convertido en una cárcel para los militantes de éste partido.
Pero ¿Dónde estaba Andreu Nin? Pues el secretario general poumista había sido trasladado, en el mismo día de su detención, a la Jefatura de Policía. Hacia las cuatro de la tarde fue trasladado a Valencia. De ésta ciudad fue llevado a Madrid, siendo encerrado en la “checa” de Atocha, dependiente de la policía. Finalmente, Nin sería trasladado a Alcalá de Henares. Allí fue encerrado en un chalet donde el aviador Hidalgo de Cisneros y su esposa Constancia de la Mora Maura (ambos del PCE) se habían alojado en algunas ocasiones.
En aquel chalet, Orlov y sus agentes sometieron al líder poumista a interminables sesiones de tortura. Orlov, cuya misión era arrancar a Nin una confesión de que era un espía fascista, decidó aplicar al detenido el llamado “método seco” :en jornadas de diez, veinte y hasta cuarenta horas de interrogatorio ininterrumpido, Nin fue instado a confesar un delito que no había cometido.
Sin embargo, para sorpresa (e irritación) de Orlov y sus esbirros, Nin resistió. Tenía motivos más que sobrados para resistir frente a los hombres de Stalin, dirigente que él consideraba un traidor a la revolución proletaria. Orlov abandonó el “método seco” y optó por desollarle. Al cabo de unos días, Nin, que había soportado la crueldad del tormento, era un montón de carne tumefacta.
¿Qué hacer ahora? Liberar a Nin, obviamente, era impensable, y más ahora que llevaba en el cuerpo las señales de la tortura. Tampoco le podían asesinar y enterrar en una fosa, pues ni siquiera las fosas habían podido ocultar los asesinatos producidos en la España del Frente Popular. La solución, al parecer, la encontró uno de los más desalmados colaboradores de Orlov, el italiano Vittorio Vidali, agente de la Komintern. El plan de éste fue el siguiente: se simularía que unos agentes de la Gestapo asaltaban el chalet donde estaba encerrado Nin y se lo llevaban. Era una solución burda, pero ofrecía una salida.
A las 10 de la noche del 22 de junio, dos hombres con uniforme militar, acompañados por ocho soldados, redujeron por la fuerza a los policías que custodiaban el chalet y sacaron a Nin de su celda, situada en el sótano. Después, le subieron a un automóvil negro que se perdió en la noche.
Aquel automóvil atravesó Alcalá de Henares y marchó por la carretera que une a esta localidad por Perales de Tajuña. Según Orlov, Nin habría sido ejecutado a mitad del trayecto, en un campo y estaban presentes él mismo, un agente soviético sin identificar apodado Bom, dos españoles, el chófer de Erno Gero y Juzik, también agente soviético.

 Erno Gero

El secuestro, las torturas y el posterior asesinato de Nin quedaron impunes, cometidos, como hemos visto, por policías republicanos y agentes de Stalin, que obraron con la complicidad del PCE y del PSUC. Orlov había cumplido su cometido eficientemente.
Según Jesús Hernández, poco tiempo depués de haber sido Nin asesinado y difamado, Orlov tenía planeado asesinar a Indalecio Prieto. El agente de la NKVD estaría en contacto con alguien de la escolta personal de Prieto. El plan consistía en introducir bombas de mano en el maletero del coche de Prieto, con la trepidación del vehículo al rodar las bombas estallarían, y todo habría sido un “accidente desgraciado”. Hernández, que se enteró de lo que tramaba Orlov por medio de un subordinado, habló con Codovila sobre el asunto, y éste le aseguró que todo era una absurda patraña.
En el verano de 1938, un año después de aquello, Orlov recibió un telegrama de la central de la NKVD en Moscú. Debía presentarse de inmediato en París. Una vez allí, debía tomar un coche de la embajada soviética y viajar hasta Amberes, donde se embarcaría en el barco ruso Svir. A bordo del Svir tendría una importante reunión con un enviado de Moscú.
Orlov sospechó. Algo le olía mal. Como recordaría años más tarde, aquella llamada no tenía ningún sentido operativo, estaba claro que se le tendía una trampa para asesinarle. Moscú quería deshacerse de él. Así que Orlov se trasladó al sur de Francia, donde residían su esposa y su hija. Con ellas viajó a París, donde se alojaron en un hotel.
Para entonces, Orlov ya había revelado a su señora el peligro que corrían, y le confió su decisión de romper con el régimen de Stalin. Sus vidas estaban en juego, así que los Orlov decidieron pedir ayuda a la embajada estadounidense. Como el representante de EEUU en Francia, William Bullitt, se encontraba alejado de París, se dirigieron a la embajada de Canadá. Una vez allí, Orlov presentó su pasaporte soviético, pese a que no existían relaciones diplomáticas entre la URSS y Canadá. Alegó que pretendía viajar a EEUU para hacer negocios oficiales y que deseaba entrar a través de Canadá.
Desde París, los Orlov marcharon a Normandía y embarcaron en un buque de Canadá. El 21 de julio llegaron a éste país. En Montreal, Orlov redactó una carta de 37 páginas dirigida a Stalin en la que amenazaba al dictador con hacer públicos sus crímenes si algo le pasaba a su madre o a su suegra, ambas residentes en la URSS. Acompañó la carta con una relación de crímenes, entre ellos el asesinato de Andreu Nin. A continuación, Orlov telefoneó a su primo Nathan Koornick (que fue a Montreal a recoger la carta) e hizo llegar una copia de ella al embajador soviético en París.
En agosto de aquel año, los Orlov se instalaron en EEUU. Primero se instalaban en Filadelfia, pero su hija Vera (que padecía una rara variante de fiebre reumática) enfermó gravemente. Así que los Orlov tuvieron que trasladarse a Los Angeles. Al cabo de seis meses, fallecía allí la pequeña.
Temiendo todavía las represalias de Stalin, el matrimonio Orlov se asentó después en Massachussets. Más tarde, se fueron a vivir a Boston y, posteriormente, a Cleveland. Orlov vió fallecer a su esposa en 1971 ,por causa de un ataque al corazón.
Orlov, a solas con sus remordimientos, dejó de existir el 7 de abril de 1973.

Hugh Thomas – La Guerra Civil Española (1979)
José María Zavala – Los gansters de la Guerra Civil (2006)

Un comentario en “EL SECRETO HORNO CREMATORIO DE ALEXANDER ORLOV

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