El camposanto de Paracuellos del Jarama es bastante conocido como lugar de ejecuciones masivas durante la guerra civil, y el obispo de Alcalá, Monseñor Reig Pla, lo ha llamado “catedral de los mártires”. De los 1.523 mártires de la guerra civil que habrá beatificados en fecha 13 de octubre próxima, 130 fueron fusilados allí. Menos conocido es el caso de Montcada i Reixac, cuyo cementerio, en la misma fecha del próximo 13 de octubre, habrá sido lugar de fusilamiento y entierro de 66 mártires.

Más de 1.155 ejecuciones
Los primeros beatos allí ejecutados, el 25 de julio de 1936, fueron cuatro hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) precisamente de la comunidad de Montcada (un quinto beatificado fue asesinado en el río Besós y su cuerpo desapareció; entre los no beatificados está el superior de dicha comunidad) y dos carmelitas descalzos que estaban de paso en Barcelona.

El cementerio terminará por ser el lugar más frecuentado para las ejecuciones extrajudiciales en la provincia de Barcelona. El estado 2 de la Causa General documenta 1.155 asesinatos de personas no residentes en la localidad, y supuestamente cometidos también por partidas forasteras (de Barcelona). Los que van con fecha empiezan en noviembre de 1937, y van en aumento en 1938, hasta marzo, cuando de nuevo se dejan de fechar. El 19 de julio llevaron a asesinar allí a unos militares del cuartel de San Carlos, inaugurando así la función de paredón-matadero de Barcelona.

Tanto este dato como el de que los lasalianos no murieron en el cementerio, los confirmó el 22 de marzo de 1941 Felipe López Rufete, ayudante del sepulturero, quien supone que los individuos que colocaron un control en la carretera frente al cementerio -entre los que cita a uno llamado Francisco y otro apodado el Mula- “detuvieron atravesando unos maderos en la carretera el automóvil en que huían de Barcelona unos cinco oficiales de la Maestranza de Artillería de San Andrés que fueron asesinados la noche del 19 de julio de 1936, en la carretera de Santa Coloma y a los cuales dio sepultura el declarante en el cementerio”. En el caso de los hermanos de las Escuelas Cristianas, recordaba López Rufete “que los cadáveres ya los habían llevado al cementerio desde el lugar en que tuviera efecto la muerte, pero ignorando quién hiciera tal traslado”. El sepulturero concluía que la frecuencia de asesinatos obligó a que el ayuntamiento y el comité ordenaran “abrir una gran zanja en el cementerio para allí ir enterrando a los que todas las noches aparecían asesinados junto a las tapias del cementerio”.

Juan Luis Deu, sacristán de la iglesia y albañil del ayuntamiento que trabajaba en el cementerio, declaró por su parte que en torno a Montcada había cuatro controles y que “todos ellos eran de la sindical C.N.T.”, que personalmente había “enterrado a numerosísimos cadáveres de los asesinados por los rojos hasta mayo de 1937, en que desaparecieron tales asesinatos, habiendo llegado a enterrar el que declara hasta 32 cadáveres por día, los cuales aparecieron en la parte de afuera del cementerio, junto a la pared”. Para construir la fosa grande empezaron “los trabajos en el mes de agosto de 1936”, antes “enterraban a las víctimas de los rojos en la fosa común, donde continuaron los restos sin ser removidos” hasta el final de la guerra; “por el contrario en la fosa grande se exhumaron unos 450 cadáveres por orden de un juez especial que nombraron los rojos después de los sucesos de mayo de 1937”, nueva señal de que las matanzas de Montcada se atribuían en exclusiva a los anarquistas. Deu terminaba su declaración recordando cómo escondió al párroco y su vicario cuando su madre le avisó, “el día en que estalló la revolución” de que “las turbas querían matar a los curas”.

De igual modo el alguacil José Dou Clave declaró que después de haberse levantado acta de defunción de los militares del 19 de julio “no se practicaban tales inscripciones de defunción por haberle manifestado el entonces secretario del juzgado municipal, don Jaime Vidal del Valle, hoy fallecido, que los de la F.A.I. prohibían que se hiciera, continuándose sin practicarse las inscripciones de muerte que no fueran naturales, hasta que fue liberada la población, si bien ha de hacer constar que a partir de la revolución de mayo de 1937 no se practicaron más asesinatos en el término de Moncada”.

El comité revolucionario local -que tras un mes quedó en el ayuntamiento como comité central, desgajándose dos de guerra y abastos- estaba formado en mayoría por la CNT-FAI y en minoría por la UGT. El sacerdote Domingo Colomer Turell, que vivía en la capilla de Reixac, se refugió en casa de Francisco Trias Aymerich, pero allí fueron a buscarlo y lo mataron el 22 de julio.

Cementerio de Collserola

El cementerio de referencia hoy se llama de Collserola -por la sierra del mismo nombre-, y en 1936 se llamaba de Sardañola, por estar parte de él en el término municipal de Cerdanyola del Vallès (el Torrent del Cargoll, divisoria entre ambos municipios, pasa por medio del camposanto).

De la impresión que en los habitantes de Montcada causaban las ejecuciones da idea el testimonio de un miembro de Esquerra, Juan Prat Taulet, que antes de la guerra era concejal suplente y cumplía 30 años de condena en la posguerra, asegurando “que como es natural se comentaban en el Ayuntamiento los asesinatos de los vecinos del pueblo, en un sentido de censura, habiendo oído el que declara que la muerte de Mosen Domingo, Cura de Reixach, tuvo lugar matándolo a tiros debajo de la cama. […] Con respecto a los numerosos asesinatos cometidos en el Cementerio de Moncada, el declarante le comunicó a Boix [alcalde al estallar la guerra, de Esquerra Republicana] que el pueblo estaba horrorizado y que si no había manera de terminar con aquella situación, contestándole que había hecho una gestión en la Generalidad de Cataluña, donde le habían dicho que era imposible porque en aquel entonces estaban dominados por los elementos que asesinaban y que eran incapaces de acabar con tales asesinatos, siendo opinión del testigo, por ser voz pública en Moncada, que la mayor parte de tales asesinatos los cometían individuos que iban de Barcelona con los mismos detenidos, pero que tomaban parte de vez en cuando, como ejecutores, individuos que vivían en Moncada, sin que pueda determinar sus nombres por no saberlos, pero sí que debían ser anexos al Comité”.

 

Documentación sobre el tema en Wiki Martyres.

Montcada i Reixac (Collserola), otra “catedral” de mártires.