Guerra Civil 1936·Historia

¿Y si en el 36 hubiera ganado el Frente Popular?

La Constitución  española  vigente hasta  el 1.939 en su Título Preliminar Disposiciones Generales decía: Artículo 6. España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional. ¿Podría haber sido España neutral en la II Guerra Mundial?

Si bien se descarto la forma federal, siendo un Estado basado en las regiones y municipios. Luis Jiménez de Asúa en su discurso inaugural en la presentación de la Constitución, aquel 27 agosto 1.931 :

“Pues bien, nosotros, con premura inusitada, hemos compuesto esa Constitución que aquí ofrecemos. Quiero ahora, sin emascarar nuestro pensamiento, decir que es una Constitución avanzada; deliberadamente lo decidió así la mayoría de los Comisionados. Una Constitución avanzada, no socialista (el reconocimiento de la propiedad privada la hurta ese carácter), pero es una Constitución de izquierda. Esta Constitución quiere ser así para que no nos digan que hemos defraudado las ansias del pueblo. Los que quieren, a pretexto del orden, transformar a España en una Monarquía sin rey, encontrarán siempre en esta Comisión la lucha más decidida y la más absoluta negación a ceder. Hacemos una Constitución de izquierdas, y esta Constitución va directa al alma popular. No quiere la Comisión que la compuso que el pueblo español, que salió a la calle a ganar la República, tenga que salir un día a ganar su contenido. Por eso, porque es una Constitución democrática, liberal, de un gran contenido social, la Constitución que os ofrecemos es una obra conservadora… conservadora de la República (Grandes y prolongados aplausos)”

Y  Según el historiador Santos Juliá el propósito de los constituyentes de 1931 fue “organizar un nuevo Estado y dotarlo de un Código fundamental, de una norma suprema del ordenamiento jurídico”. Ahora bien, estos dos propósitos expresamente enunciados en reiteradas ocasiones no pueden ocultar el contenido político y programático que, también por consciente voluntad de sus autores, caracteriza a la Constitución de la República española y que el presidente de la Comisión, Jiménez de Asúa, destacó al definirla como una Constitución de izquierdas. El Constituyente… trazó también un programa político, acorde con las expectativas de cambio de vida levantadas por la instauración del nuevo régimen republicano y con la necesidad ampliamente sentida de construir un Estado que acometiera la tarea de transformar la sociedad… que se había quedado rezagada y era preciso sacarla de un atraso secular. (…) Políticos e intelectuales, nacidos alrededor de 1880, llegados a su madurez cuando España experimentaba los comienzos de su gran transformación social y cultural, pretendieron adecuar la estructura política a la nueva sociedad instaurando un Estado democrático y social de derecho”.

El también historiador Julio Gil Pecharromán coincide con esta valoración: La Constitución de 1931 abría camino a una democratización profunda de las estructuras estatales y era avanzada en muchos aspectos en comparación con otras Constituciones, como la alemana, la mexicana o la austríaca, que la inspiraron parcialmente. Su extensión, con un total de 125 artículos y su minuciosidad revelan el afán de sus redactores por hacer de ella un auténtico código para la reforma social y política de España y por no dejar huecos a través de los que la derecha pudiera en un futuro desvirtuar el espíritu progresista que la informaba. (…) Era una Constitución de izquierdas, fruto de acuerdos coyunturales entre los socialistas y la pequeña burguesía republicana, y no de un consenso generalizado de las fuerzas políticas que, de todos modos, hubiera sido imposible en aquellas circunstancias.

La Guerra Civil Española fue un conflicto social, político y militar —que más tarde repercutiría también en un conflicto económico— que se desencadenó en España tras el fracaso parcial del golpe de estado del 17 y 18 de julio de 1936 llevado a cabo por una parte del ejército contra el gobierno de la Segunda República Española, y que se daría por terminada el 1 de abril de 1939 con el último parte de guerra firmado por Francisco Franco, declarando su victoria y estableciéndose una dictadura que duraría hasta su muerte en 1975.

Como ha señalado el historiador Santos Juliá la guerra civil española de 1936 a 1939 fue varias guerras a la vez. “Fue desde luego lucha de clases por las armas, en la que alguien podía morir por cubrirse la cabeza con un sombrero o calzarse con alpargatas los pies, pero no fue en menor medida guerra de religión, de nacionalismos enfrentados, guerra entre dictadura militar y democracia republicana, entre revolución y contra revolución, entre fascismo y comunismo”.

Los países que apoyaron abiertamente a la República fueron la Unión Soviética y México. La ayuda de la Unión Soviética fue con diferencia la más importante y decisiva. A lo largo de toda la guerra aportó hombres y material armamentístico. El pago de esta ayuda ha sido uno de los temas más debatidos sobre la guerra: La República pagó esta ayuda a Moscú mediante las reservas de oro del Banco de España, sin que al final de la guerra se restituyera nada. El régimen franquista denunciaría posteriormente este hecho; otros estudios, sostienen que la ayuda soviética era superior al oro enviado. El gobierno de México, presidido por Lázaro Cárdenas, proporcionó también desde el primer momento armas, alimentos y apoyo diplomático, donde mas tarde se exiliaría el Socialista Prieto con la inmensa fortuna del “Tesoro del Vita” producto del saqueo de medias España. Por último, debe destacarse la participación de las Brigadas Internacionales.

Se trataba de voluntarios (unos 60.000, de más de sesenta nacionalidades) que se dirigieron a España para ponerse al servicio de la República. En su mayoría militaban en partidos comunistas y actuaban frente a la amenaza fascista. Comité de No Intervención Por iniciativa británica, a la que se sumó Francia, se estableció un pacto de no intervención en España, que prohibía el suministro de armas a ambos contendientes. El Comité de No Intervención tenía su sede en Londres y su intención era doble: Evitar que el conflicto se internacionalizara e impedir así la entrada de armas a los rebeldes. Pero su labor fue un fracaso, se adhirieron veintisiete países; entre ellos Italia y Alemania, prueba evidente de su absoluta ineficacia. La República intentó que la Sociedad de Naciones (creada tras la Gran Guerra) interviniera contra Italia y Alemania por su participación directa en la guerra española

¿Podría haber sido España neutral en la II Guerra Mundial?

El mayor ejemplo de esta actitud fue la política de apaciguamiento ante las potencias fascistas, que alcanzó su cenit con la firma del Pacto de Munich en septiembre de 1938. Se puede afirmar que desde ese momento, las esperanzas de la República desaparecieron.

Otro buen ejemplo de esta actitud fue la política del gobierno norteamericano. Mientras el Congreso de Estados Unidos aprobaba la denominada Ley de Neutralidad, el gobierno de Roosevelt miraba para otro lado cuando las compañías petrolíferas norteamericanas vendían combustible a Franco.

El gobierno francés de Léon Blum, con el apoyo británico, ofreció a las demás potencias un pacto de no intervención en el conflicto español: se trataba de no facilitar ni hombres ni material de guerra a ninguno de los bandos en conflicto. Nació así el denominado Comité de No Intervención al cual se adhirieron todas las potencias. El Comité fue una farsa, mientras Francia y Gran Bretaña se abstenían de ayudar al régimen democrático en España, Hitler y Mussolini apoyaron de forma masiva y decisiva la causa de Franco. La única potencia a la que pudo volver sus ojos el gobierno de Madrid fue la URSS, algo que, indefectiblemente, repercutió en la evolución interna de los acontecimientos en la zona republicana.

Conocemos la represión y agita miento social provocados por las izquierdas republicanas previos a la Guerra Civil y durante la guerra civil, por algo a Largo Caballero le llamarón el “Lenin” español y conocemos la represión soviética en su expansión primero por Stalin y después por Lenin.

Si tenemos dudas de aquel pasado, aquí cito un presente, como dirige el Alcalde Sánchez Gordillo su municipio, al más puro estilo Cubano o Venezolano.

Por lo que es fácil deducir sin temor a equivocarme que la represión que se hubiera ejercido contra los perdedores hubiera sido mucho mayor que la ejercida por el bando ganador.

Es indudable que de haber ganado el bando republicano, la Unión Soviética no se habría desprendido de España, no podemos dudar que la expansión comunista en el sur de Europa favorecería la expansión soviética. Y es previsible también que la Unión Soviética previendo la invasión de Hitler en Polonia en el 1.939 con más razón la posición de España adquiriera un valor estratégico para el comunismo.

Es previsible que Hitler,  de haber sido así,  después de invadir Francia hubiera invadido España, incluso podría antes junto a Mussolini y puesto que ayudaron al bando “Franquista” hubiera organizado una resistencia, que cuanto menos fuera preparando la invasión.

Difícilmente la Unión Soviética podría haber acudido en ayuda militar a la República española, el Mediterráneo estaba controlado por los alemanes e italianos y el centro de Europa imposible de cruzar, hubiera sido inevitable que la recién creada República de España cayera en manos de Hitler, algo que no hubiera dudado en hacer para el control total del Estrecho y el norte de África.

Y si la Unión Soviética se hubiera desatendido de la República de España, igualmente Hitler nos habría invadido, pues entre los enemigos del Reich, lo eran los comunistas, ¿o la República de España habría sido otras cosa.?

Los aliados y las fuerzas del eje, finalmente destruyeron al Tercer Reich, difícil imaginar en que momento los aliados habrían invadido la República de España, pero nos habrían liberado de una represión comunista y de Hitler.

El nuevo Estado que se podría haber formado en España y puesto que los aliados, algunos, participaron en nuestra Guerra Civil y firmes opositores al comunismo, nos  habría “inducido” y creado otra forma de Gobierno y Estado, como sucedió en Alemania y Francia, en donde aquella izquierda y la que hoy conocemos no existiría, o al menos, sería como lo eran las izquierdas de la Europa reconstruida, sería posible que hasta no hubiéramos perdido influencia en favor de Francia, en el norte de África, al nacer el Reino de Marruecos y seguramente además no habríamos perdido el Sahara o la vergonzante venta convenida entre el PSOE  y el Rey bajo la tutela de los “yankis” y seguramente al formar parte de Europa y en su reconstrucción disfrutaríamos de una mejor Democracia en donde por fin habríamos borrado esos 101 años de privilegios políticos como dijo D. Benito Pérez Gáldos:

“Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos… Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria (…) No creo ni en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos (…) La España que aspira a un cambio radical y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis étnica, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental”.

O, “La victoria de cualquiera de las dos implica la derrota y la humillación de la otra. No puede haber vida nacional en una patria escindida en dos mitades inconciliables: la de los vencidos, rencorosos en su derrota, y la de los vencedores, embriagados con su triunfo”José Antonio (Madrid, noviembre de 1934).

Busco un Partido: ¿Y si en el 36 hubiera ganado la República?.

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