Nacionalismo catalan. Una gran farsa.

Autor: Michel Braveheart

Depósito Legal: PM-1405-2002

ÍNDICE

Capítulo I Historia.
Capítulo II Del nombre de Cataluña.
Capítulo III ¿Cataluña antiguo estado?.
Capítulo IV Oportunismo catalán.
Capítulo V SIGNOS DE IDENTIDAD.
I – “La senyera”.
II – San Jorge Patrón de Cataluña.
III – El Consejo de Ciento.
IV – Los Mozos de Escuadra.
V – Roger de Lauria.
VI – Los “castellers”.
VII – F.C. Barcelona.
Capítulo VI TERGIVERSACIONES NACIONAL – CATALANISTAS.
I – ¿Confederación catalano – aragonesa?.
II – ¿Conquista catalana del reino de Mallorca?.
III – ¿Repoblación del reino de Mallorca por catalanes?.
Capítulo VII Balear y Catalán ¿una misma lengua?.
Capítulo VIII Ramón Llull.
Capítulo IX Baleares, quinta provincia de Cataluña.

PRÓLOGO
Las causas que han motivado este libro y este título han sido, las de comprobar cómo a lo largo de muchos años, personas interesadas han ido moldeando una historia de Cataluña que en nada se asemeja a la realidad fehaciente. Pero lo curioso del caso es que esas personas interesadas, son nada menos que catedráticos en Historia cuando no doctorados.

Al pan, pan; y al vino, vino; dice el Pueblo refiriéndose a algo veraz y contundente. O lo que es lo mismo: a las cosas por su nombre. Y por su nombre precisamente hemos titulado esta obra, pues una gran farsa son las historias que sobre Cataluña han escrito los nacionalistas, y que se han estado, y se están enseñando de forma muy particular en todos los Colegios y Universidades de Baleares, Cataluña y Valencia, y de una forma ya más generalizada, por el resto de España e Hispanoamérica.

Historias de Cataluña romántico – nacionalistas, que se transforman en armas ideológicas para crear y fundamentar separatismos en la propia Cataluña.

Algo parecido sucede en lo concerniente a la lengua de Baleares, donde un nutrido grupo de catedráticos y doctorados en lengua catalana, no cejan de certificar que el Balear o Mallorquín no existe como idioma, que éste es un dialecto del Catalán; basándose los anteriores, precisamente en los hechos históricos que cuentan los romántico – nacionalistas en sus “historias”, en vez de hacerlo en base a un estudio comparativo de la estructura lingüística de ambos idiomas, es decir, en un estudio científico.

Es curioso y a la vez indignante, que personas con esas togas, con un supuesto elevado grado de imparcialidad y seriedad investigadora, no hagan precisamente eso, investigar, investigar con imparcialidad. Por que, cuando después de escucharles desde sus púlpitos togados, vociferar que el Catalán es la lengua madre del Balear o Mallorquín, y luego leer unas declaraciones de D. Torcuato Luca de Tena (1) aseverando que:
“…es un error pensar que Jaime I trajese el catalán a Valencia y Baleares. Rotundamente no. En Baleares ya se hablaba ese latín degenerado de distinta forma, aunque muy parecido. Luego, la noción de catalanismo como la lengua madre de la valenciana y de la balear es falsa históricamente. Las manifestaciones culturales baleáricas y valencianas son muy anteriores a las del catalán…”

O a D. Miguel de Unamuno 1916 (2): “…Ya ve el lector que leo algo más que la media docena de libros que me traje, pero lo demás que leo es en mallorquín. Curiosidad de filólogo. Adonde quiera que voy me gusta leer en lengua de aquel país. En Portugal apenas leo sinó portugués, y ahora, aquí, leo en mallorquín; pero cuidando que lo sea y no catalán”.

A uno le da en la nariz cierto tufillo a chamusquina, a que algo se está quemando en esa cocina de la “catalanidad” en que se han convertido las Universidades de Baleares, Cataluña y Valencia. Y si a ésto le añadimos que cuando se accede a la documentación original, documentación que precisamente ellos aluden, y no hallamos escrito lo que ellos afirman que sí lo está, el tufillo se convierte inmediatamente en un requemado de órdago a la grande.

Es lastimoso también, ver cómo los propios dirigentes del pueblo catalán, consciente o inconscientemente, están lapidando su credibilidad en aras a un ciego fanatismo dogmático nacionalista, de pretender ser lo que jamás se ha sido. Fanatismo nacionalista ávido de laureles y glorias cesáreas, que van desde una pretendida suma antigüedad de la “nación” catalana, hasta un magnífico montaje de gran país, pasando por un grandilocuente currículum de gestas, conquistas y epopeyas (sólo mejorables por Homero), en las que a su sombra se cobija el reino de Aragón. Con lo que con ello lo que sí están haciendo, es, un que muy flaco favor al pueblo catalán que ha depositado su confianza en ellos.

A lo largo de esta obra se irán desgranando paso a paso, punto por punto, todos los tópicos del nacional-catalanismo. Desde el nombre de Cataluña, hasta la actual manipulación del deporte (convertido éste maquiavélicamente, en bandera del nacionalismo catalán, en donde el no hacer un buen arbitraje en un partido del F.C. Barcelona, es considerado por ellos como un ataque frontal a Cataluña, sus instituciones y su pueblo), pasando por todo el entramado de la Edad Media o mejor dicho, la Edad Feudal, punto álgido del montaje nacionalista.

Lean, comparen, comprueben si tienen ocasión, y saque cada cual sus propias conclusiones.
El autor.

HISTORIA

Historia, a mi modo de ver, es la relación verdadera de los acontecimientos pasados, en donde el historiador no debe juzgar los hechos históricos según su criterio o su ideología, ya que, el no atenerse a ello, induce al historiador a tergiversarla, bien por exacerbados sentimientos nacionalistas, bien por romanticismo o bien por mala fe.En el caso de los historiadores de Cataluña, a la mayoría los tenemos que encuadrar, desgraciadamente, en el primer supuesto. Nos referimos a los cronistas Bernat Desclot s. XIII, Ramón Muntaner s. XIV y Pedro IV de Aragón. Así como los historiadores Jaime Doménech y Antonio Genebreda (frailes domínicos) s. XV, los autores anónimos de: Flos Mundi s. XV y Memorias de Cathalunya s. XV; Gabriel Turell s. XV, Pedro Tomich s. XV, etc., que continuaron en la línea de los del s. XIII y XIV.

Con la llegada del s. XVI se inicia en España la Historia científica, es decir, la relación verdadera de los hechos, con imparcialidad y objetividad a la hora de relatarlos. Sus iniciadores fueron D. Jerónimo de Zurita 1512 – 1580, y D. Ambrosio de Morales 1513 – 1591.

Sin embargo, en Cataluña, precisamente en este siglo se agudiza la decadencia cultural catalana, iniciada en el s. XV, y las pocas obras historiográficas que se escribieron en este siglo, adolecen de los mismos males que las de los siglos anteriores, es decir, no hacen honor al movimiento científico.

D. Santiago Albertí en su “Diccionari Biogràfic”, nos dice sobre la obra de Pere Miquel Carbonell que: “Sus glosas e interpolaciones resultan a menudo poco acertadas… , …su obra se ciñe casi siempre a hechos anecdóticos”.

De la obra de Roig Jalpi dice: ” Como otros autores de la época, no tuvo escrúpulos en inventar cronicrones apócrifos… , …siguió muchísimas leyendas sin fundamento y falseó muy a menudo la verdad histórica”.

De Jerónimo Pujadas dice: “Pujadas hacía uso de gran cantidad de leyendas”.

De Andrés Bosch dice: “Se trata de una obra apasionada, escrita con un entusiasmo excesivo”.

De Victor Balaguer dice: “Escribe con un romanticismo inflamado, que mezcla los hechos reales y los legendarios.” (1)

Con la llegada del siglo XIX se inicia una nueva etapa, el Romanticismo. Cuyas principales características eran: la pro-pensión al individualismo, a lo sentimental, a lo fantástico, a lo pasional. Y en el Romanticismo se zambulleron los intelectuales catalanes, volviendo a escribir historias de Cataluña cargadas de pasión y fantasía, con lo que se alejaron de la historia científica, veraz. Este romanticismo catalán vivificó al movimiento literario – ideológico denominado “Renaixença”, embrión del nacionalismo catalán, y al que se apuntaron numerosos escritores e historiadores, tales como Ramón de Abadal, Fernando Valls Taberner, Luís Nicolau d’Olwer, Antonio Rovira Virgili, etc., los intelectuales baleáricos Mariano Aguiló, Antonio María Alcover, etc. los cuales, al ingrediente deformador que ya es de por sí el romanticismo, le añaden uno nuevo, el nacionalismo. El resultado son unas historias de Cataluña romántico – nacionalistas que no se ajustan a lo que dicen las fuentes originales.

Así nos lo referencian autores modernos, como D. Menéndez y Pelayo: “…las Crónicas catalanas son las más ingenuas y pintorescas de la Edad Media.”(I)

D. Ferrán Soldevila: “…es realmente admirable el poder de invención de Ramón Muntaner en su Crónica.” ( I )

D. Santiago Albertí: “…Pedro Tomich recoge leyendas mezcladas con hechos históricos. Y Gabriel Turell sigue la línea de Tomich, cuyos textos resume o plagia a menudo. ( II )

D. Josep Plà:… la Historia romántica es una historia falsa. ¿Tendremos algún día en Cataluña una auténtica y objetiva Historia?, ¿cuándo tendremos una Historia que no contenga las memeces de las historias puramente románticas que van saliendo?. ( III)

D. Rafèl Bauzà y Socías, Griot de la Historia de Baleares nos dice: “…narrar Historia en España es muy arriesgado, tebeizar para satisfacer a ciertos sectores resulta más fácil.” (2)

(GRIOT = depositario tribal de un conocimiento determinado transmitido por vía oral de padres a hijos; en este caso, el conocimiento de la historia del pueblo balear desde que su familia israelita arribó a Mallorca con los fenicios.)

El erudito historiador mallorquín D. Jàume Capó y Villalonga, asevera : “… el historiador, ha de tener la humildad de saber cambiar y rectificar ante las evidencias.” (3)

En esta obra, se presentan y dan a conocer las evidencias del montaje nacional – catalanista. A lo cual se nos hace necesario preguntarnos: ¿Habrá algún catalanista togado que tenga la humildad de cambiar y rectificar?.

1. – Otra Historia de Cataluña. Marcelo Capdeferro. Barcelona 1985.
I. – Nota al Cap. XCVIII de “Les quatre grans Cròniques”. Barcelona, 1971.
II. – “Diccionari Biogràfic “. Barcelona, 1966.
III. – “Noticies del capvesprol”. Josep Plà. Ed. Destino, 1979.
2. – Raíces profundas baleáricas. Rafael Bauzá Socías. Montuíri, 1994.
3. – Diario de Mallorca, 14 Febrero 1997, pág. 8.

DEL NOMBRE DE CATALUÑANombre, es la palabra que designa a personas, animales o cosas, identificándolas individual o colectivamente. De ahí su importancia. Por ello, poner nombre a sus congéneres nada más nacer, es lo primero que hace el ser humano; así como a cuanto lo rodea, para poder efectuar una diferenciación – identificación en un primer acto de inteligencia. Así, desde los tiempos más remotos el ser humano ha ido poniendo nombre a animales, utensilios, armas, prendas de vestir, y, sobre todo, al terreno que pisaba y al de su entorno. Posteriormente, según iba conquistando otros territorios que le eran extraños, iba poniéndoles nombres en su lengua materna, sobreponiéndolos a las denominaciones que tenían antes de arrebatárselas a sus antiguos moradores.Salvo en el caso de las grandes urbes, que por lo general continuaban con la antigua denominación, pues eso les daba prestigio ante sus otros posibles enemigos. Ejemplos encontramos por doquier a lo largo de la vasta historia de la humanidad, en cualquier punto en que nos detengamos. Así resuenan aún en nuestras mentes nombres como Tiro, Sidón, Babilonia, Marí, Ur, Jerusalem, etc., ciudades estado con identidad, cultura y lengua propias, que pasaron de dominadoras a ser dominadas en hechos puntuales historiografiados desde la época más temprana.

Así tenemos pues, que un nombre identifica también una ciudad, un territorio, un estado, una nación. Esas ciudades, territorios, estados o naciones, a su vez daban el nombre genérico a sus moradores: Filisteos, porque habitaban Filistea; cananeos, porque habitaban Canaan; fenicios, porque habitaban Fenicia; baleáricos, porque habitaban Baleares; cartagineses, porque habitaban Cartago; castellanos, porque habitaban Castilla; israelitas porque habitaban Israel, etc.

De ese modo llegamos al nombre de Cataluña, en donde los historiadores románticos pretenden, es más, dan como cierta, una antigüedad de más de mil años y por consiguiente, a la comunidad catalana. Y así nos encontramos en libros de historia frases como:

” …Hacia el año 1.000 había en el territorio de la Cataluña vieja…”;

“…en la feudalizada Cataluña vieja…” (1)

Cuando lo cierto es que ni en el año 1.000 ni anteriores, aparece la palabra Cataluña en ningún documento coetáneo. No dejando de ser significativo además, que el emperador Carlo Magno pusiera el nombre de Marca Hispánica (800 d. C.) a lo que esos historiadores románticos llaman “Cataluña vieja”.

Volviendo a lo del nombre, algunos historiadores modernos han querido ver en el nombre de Cataluña el mismo significado que el de Castilla, es decir, tierra de castillos. Así como que catalán y castellano equivalen a morador de castillos.

Otros, dicen que Cataluña procede de Gothia o Gotholandia (tierra de godos), que además así era conocida lo que hoy es la parte oriental de Cataluña desde los Pirineos hasta el condado de Barcelona, pues sus pobladores fueron godos primero y visigodos después; y godas las leyes por las que se regían (los Ussatges). (2)

Pero el gran filólogo y romanista catalán, Catedrático de la Univ. de Barcelona (1930), de la Univ. de Cuyo, Mendoza – Argentina (1939) y de la de Chicago (1948). Miembro del “Institut d’Estudis Catalans” (máxima autoridad lingüística de Cataluña) , y autor del “Diccionari etimològic y complementari de la llengua catalana” (1980), D. Juan Coromines y Vigneaux (3) nos hace saber que: “En realidad hemos de reconocer que el origen de “catalán” es aún un enigma. Si queremos hallar una etimología, ya que no medianamente segura, al menos razonable, tendremos que partir de una observación: un nombre tan tardío como éste, es muy difícil que pueda ser tradicional; es más probable que proceda de una iniciativa local o incluso individual; y en creaciones de esta clase, son fáciles los errores y las alteraciones. Nuestro nombre puede pues haber nacido de una deformación y haberse generalizado fácilmente, porque era útil y respondía a una necesidad vívamente sentida; la realidad de Cataluña era un hecho presente para todos, pero no tenía nombre, pues Marca Hispánica no era un nombre en propiedad…” , y sigue : “…El hecho de aparecer primeramente de la pluma de dos italianos, parece sugerir un origen clásico”.

“He aquí como italianos cultos recordaron que aquella parte de España era habitada por los LACETHANI, (una de las tribus íberas más numerosas que ocupaba la región formada por las comarcas de Cervera – Igualada – Manresa y Vallés), y comenzaron a utilizar de nuevo este nombre clásico, tal y como otros nombres clásicos resucitados con éxito más o menos constante y permanente, tales como AQUITANIA, BÉLGICA, LUCANIA, etc.. El nombre circularía primero en algunos escritos con el dicho nombre de LACETHANIA, pero después lo encontramos escrito con la metátesis de CATHELANIA.”, “…Y justamente la primera mención que se hace del nombre de Cataluña, es en el “Liber Maiolichinus; rerum in majorica pisanorum, ac de eorum triumpho pisis habito, annis salutis MCXIV et MCXV” (Libro Mallorquín; sobre las cosas hechas por los pisanos en Mallorca, y el triunfo de éstos celebrado en su patria (Pisa) en los años de gracia 1114 y 1115), en donde nombra el cronista Lorenzo Veronés, Diácono de D. Pedro II Arzobispo de Pisa, a un tal “Assallitus, vicarius Cathaloniae….”.

1. – Historia Crítica de Cataluña. Antº de Bofarull y Brocá, 1876.
2. – Orígenes de Cataluña. Dr. Balarí y Jovany.
3. – “El que s’ha de saber de la llengua catalana”. Juan Coromines 1954
“… Esta etimología (sigue diciendo Corominas) la sugirió por primera vez, y en términos lacónicos, el fonetista alemán Schopf en el año 1919 en su obra “Die konsonantischen Fernwirkungen“, aceptándola sin discusión Grammont, Ronjat y alguien más.”, “… Para terminar me adheriré a la explicación dada ya por otros, del cambio de terminación de la metátesis CATHELANIA en CATHALONIA, como debido a la influencia de otros nombres de países acabados en – onia: Gasconia = Gascuña; Cathalonia = Cataluña.”

En concreto, siguiendo al eminente filólogo catalán, la denominación de Cataluña no es tradicional, sinó, producto de una metátesis aparecida por primera vez en 1.115 y referido a la zona más oriental de los Pirineos, no a una nación, pues en el mismo poema, en varios pasajes también nombra a Ramón Berenguer III señor de la gotia y señor de los Pirineos. De ello hace tan sólo 886 años.

Luego, el pretender dar una antigüedad milenaria a Cataluña como nación, es una falacia. Pues la realidad documental nos demuestra que ni durante la dominación romana, ni en la época visigótica, Cataluña había existido como unidad geográfica, ni étnica, ni como unidad de dominio político o administrativo. Los testimonios más antiguos, anteriores todavía a la ocupación y asentamiento musulmán, nos informan que las tierras que conformaron lo que desde 1.115 pasó a llamarse Cataluña, estaban divididas en una serie de unidades territoriales que venían a coincidir con determinadas comarcas naturales. A estas delimitaciones comarcales se las conocían genéricamente con el nombre de “territoria o terrae” (territorio o tierra):”Territoria Barbutanum; Territoria Betetanum; Terrae Labetolosanum; Terrae Belotanum; etc.”.

Dentro de cada “territoria” se distinguían asimismo, otras circunscripciones geográficas menores, bajo el nombre de “pagi” (pagos) y que vendrían en coincidir con los principales valles pirenaicos: Pagos de los Sebúricos; pagos de los Gistavensis; pagos de los Labasales; etc.

Y así llegamos a la invasión árabe, a la reconquista de Carlo Magno y a la creación de la Marca Hispánica (repoblada por godos), y a la creación de un Marquesado compuesto por una serie de Condados, más o menos en las mismas zonas y cubriendo el mismo territorio de los pagos ya existentes. Y todo ello sin que en ningún momento se le diese el nombre de Cataluña, hasta la mencionada metátesis y posterior aparición de ese nombre en la crónica pisana de Mallorca. Lo que con ello podemos afirmar que el nombre de Cataluña tiene a fecha de hoy (2001) 886 años de antigüedad. Como nación, estado o país, muchísimos menos, según veremos en el siguiente capítulo

¿ CATALUÑA ANTIGUO ESTADO ?Si ya como hemos visto en el capítulo anterior, al nombre de Cataluña no se le puede dar una antigüedad milenaria, mucho menos se la podemos dar a lo que los nacional – catalanistas llaman “l’estat català” (el estado catalán), y que los historiadores románticos avalan con frases como:“… con la federal unión que luego se ha de realizar entre Cataluña y otra nación o estado vecino…” (en clara alusión al reino de Aragón, pero despreciando nombrarlo) (1).

“… Reconocidos y jurados sólo como condes, esto es, en Cataluña, Rossellón…”

“…de Cataluña, Rossellón, Urgel y otros condados…”.

Lo cual no concuerda ni por asomo con la realidad histórica fehaciente. Siendo ésta, que hasta don Jaime I de Aragón, de Mallorca, de Valencia, Conde de Barcelona y Señor de Monpelier, (s. XIII) no se delimitó oficialmente el territorio de lo que hoy conocemos con el nombre de Cataluña. Pues sólo él logró que los tres condados de la Marca Hispánica que aún permanecían independientes en esa época: Ampúrias, Urgel y Pallars Sobirá, se declararan vasallos del reino de Aragón. Por lo que únicamente y solamente a partir de Jaime I se puede hablar de Cataluña como unidad territorial, nunca antes. También contribuyó grandemente el trueque que hizo con San Luís rey de Francia, mediante el Tratado de Corbeil en 1258, en donde ambos reyes intercambiaron el dominio de territorios a ambos lados de los Pirineos. Es decir, que por este tratado el rey de Francia renunciaba al dominio que tenía desde Carlo Magno sobre los condados de la Marca Hispánica, y Jaime I renunciaba al dominio que tenía sobre otros condados transpirenaicos, exceptuando a Monpelier.

Y si bien no se puede hablar del nombre de Cataluña hasta el siglo XII y gracias a una metátesis que posteriormente con Jaime I tomó cuerpo físico, no podemos hablar de Cataluña políticamente, hasta el 1521; por cuanto no fue hasta este año, concretamente el 10 de Abril de 1521, en que se nombró el primer Virrey de Cataluña, Rosellón y Cerdaña, en la persona del Ilustrísimo señor Arzobispo de Tarragona, D. Pedro Folch de Cardona.

Significativo nombramiento éste, por el mazazo que supone a las teorías catalano – nacionalistas, que a los condados de Rossellón y Cerdaña los consideran como la Cataluña norte, pero que, como vemos, nunca se ha tenido consciencia ni constancia, de que el Rossellón y la Cerdaña fuesen parte integrante de Cataluña ( y sin embargo, de la otra consideración es como lo enseñan en los colegios y 1.- Historia Crítica de Cataluña. Antonio de Bofarull. 1876. Universidades) .

También consideran parte integrante de Cataluña a Baleares y Valencia, territorios a los que ellos denominan Cataluña Sur y Cataluña Insular respectivamente, pero que sin embargo reinos eran antes de la conquista de Jaime I y reinos continuaron siendo después; y así hasta el siglo XIX. Es decir, que políticamente fueron estados siglos antes que se delimitasen las fronteras de la comarca aragonesa de Cataluña. Y si nos paramos un segundo en la historia de Baleares, las encontramos ya como estado, (gracias a ser un archipiélago) en época Fenicia, Griega, y Romana. Por lo que, afirmaciones nacional – catalanistas como que Baleares ha sido siempre territorio catalán, carecen de total fundamento.

Pero sigamos con la pretendida antigüedad de un supuesto estado denominado Cataluña.

La creación de un estado, ya sea Imperio, Reino, Ducado, Marquesado, Condado, etc. lleva implícitamente, el nombra-miento de quien va a regirlo, es decir, se nombra siempre, salvo que el título sea honorífico, un Emperador, un Rey, un Duque, un Marqués o un Conde. Y tal y como podemos comprobar, ya desde su delimitador territorial, D. Jaime I (9º rey de Aragón y 15º Conde de Barcelona), no se creó ningún título de nobleza que llevase el nombre de Cataluña, ni él mismo, que hubiese podido crear el reino de Cataluña e intitularse rey, lo hizo, ya que sus títulos fueron: Rey de Aragón, rey de Mallorca, rey de Valencia, Conde de Barcelona y Señor de Monpelier. (quien fijó los límites de Cataluña en 1241, después de conseguir que los condados independientes de Ampurias, Urgel y Pallars Sobirá, se declararan feudatarios del de Barcelona, el cual era suyo en propiedad, por herencia paterna). Tampoco lo hicieron ninguno de sus sucesores, Pedro III, Alfonso III, Juan I, Pedro IV, etc.

Sin embargo, nos encontramos con que en todo el orbe cultural procatalanista, es decir, colegios públicos y privados, Institutos y Universidades, dependientes de la Generalidad Catalana, de la Generalidad Valenciana, y de los Consejos Insulares de Baleares, apoyadas por el Poder Político nacional – catalanista, todos ellos sostenidos económica y moralmente por el poder fáctico (el gran capital y la Iglesia, aunque a ésta no se la puede tomar muy en cuenta, porque siempre se sitúa al lado del que ostenta el poder político. Pues antes estaba fanáticamente al lado del General Franco y ahora lo está al lado del nacional-catalanismo.), hacen estudiar y por consiguiente aprender como verdad irrefutable, que Cataluña fue un estado, un reino. Nombrando por ejemplo, a todos los reyes de Aragón como reyes también de Cataluña, de la siguiente manera:

“…Itinerario del rey Alfonso I de Cataluña y II de Aragón…” (1)

“…consejero de Pedro III de Cataluña…”. (2)

“…juró obediencia a Alfonso III de Cataluña…” (2)

(Aberraciones históricas una detrás de otra, que se publican impunemente con el beneplácito del Ministerio de Cultura de España, la Real Academia de la Historia y todas las Universidades españolas; ya que: quien calla, otorga).

Veamos pues qué es un estado. Se entiende por estado o nación, la porción de tierra dentro de cuyo perímetro reside una población cuya mayoría tiene una misma cultura, lengua e historia, que se autogobierna con sus propias instituciones políticas las cuales son totalmente independientes, y que está así reconocida por otras naciones.

Así pues, tenemos, que no podemos considerar la existencia del estado español, hasta que no se unieron políticamente las coronas de Castilla y Aragón; pues antes, cada Corona tenía distinto gobierno y distinta historia socio – política, e incluso hubo varios enfrentamientos entre ellas; aunque, eso sí, compartían elementos de una misma cultura: lenguas romances y religión cristiana. Aunque también debemos especificar aquí, que desde la época de los romanos, a toda la península Ibérica se la consideró y llamó como Hispania. De hecho, en siglos muy posteriores a la dominación romana, vemos en un documento del año 906 (3), como Alfonso III se intituló “Hispaniae Rex”. Posteriormente, tras la conquista de Toledo en el 1.085, Alfonso VI se tituló “Imperator totius Hispaniae”. Lo mismo hace Alfonso VII tras su coronación en León en el 1.135, declarándosele vasallos suyos, los reyes de Navarra y de Aragón, y el Conde de Barcelona D. Ramón Berenguer IV. (Una prueba más de que el condado de Barcelona no era totalmente independiente).

Como podemos ver, tanto en este siglo como en los venideros, el nombre de España era sinónimo de península Ibérica, sin que ello comportara la existencia de un estado español. Cosa que podemos confirmar, por ejemplo, en la propia Crónica que escribió D. Jaime I de Aragón, Mallorca y Valencia:

“…nuestro padre el rey Pedro fue el rey más franco de cuantos hubo en España…”.

Y en la misma Crónica hablando del noble catalán D. Guillem de Cervera, dice D. Jaime I: “…era de los más sabios hombres de España…”.

En la Crónica de Bernat Desclot, éste nos relata en el capítulo ocho, cómo en un viaje del Conde de Barcelona a Alemania, se presenta éste al Emperador diciendo: “… Señor, yo soy un caballero de España…”.

En otro pasaje, al presentarse ante la Emperatriz dice:
“… yo soy un Conde de España al que llaman Conde de Barcelona”.

En otro, el cronista nos hace saber que el Emperador, al dirigirse a su séquito les revela que: “… han venido dos caballeros de España …”
De igual forma tampoco podemos considerar un estado italiano ni un idioma italiano, antes de la revolución de Garibaldi (s. XIX), aunque se hable de Italia territorialmente.

Por todo ello, tampoco podemos considerar a Cataluña como un estado, ni antes ni ahora. Pero por contra, sí fueron estados: Baleares, Valencia, Galicia, Castilla, Aragón, Granada, León, Murcia y Navarra como reinos y Asturias y Girona como principados. El primero, con el nombre de Estado Balear, desde época fenicia hasta la invasión árabe s. X, y luego con el nombre de reino de Mallorca hasta el s. XIX, como podemos comprobar.

1. – Itinerario del rey Alfonso I de Cataluña y II de Aragón. J. Miret y Sans. Barcelona,1904.
2. – Gran Enciclopedia de Mallorca, pág. 13 y 17. Palma, 1990.
3. – Otra Historia de Cataluña. Marcelo Capdeferro.Pero, sin embargo, Cataluña, ni antes ni después ha sido condado, ni marquesado, ni ducado, ni principado, ni mucho menos reino. Ya que ninguno de esos títulos existe ni ha existido, ni nadie a ostentado su titularidad jamás. Y no tuvo virreyes o lugartenientes, hasta el s. XVI en que a petición reiterada de las autoridades provinciales catalanas, Carlos I de España y V de Alemania, nombró a D. Pedro de Folch de Cardona (Arzobispo de Tarragona), primer Virrey de Cataluña. Siendo pues, a partir de esta fecha y sólo a partir de esta fecha, cuando se considera a la provincia aragonesa de Cataluña, carácter de estado desgajándola políticamente del reino de Aragón, bajo el título honorífico de Principado.Así leemos en un documento de Abril de 1.539, de Carlos I:

“…Cataluña no puede estar sin Lugarteniente General, porque la mayor parte de la provincia es áspera y montañosa y en fronteras con Francia, Aragón y Valencia…”, “… antes que el Arzobispo (D. Pedro de Folch) muriese, ya la tierra andaba llena de bandoleros, a causa del bandolerismo de Pujadas y Senmenat, y por las diferencias de Castellbó y por las gestiones de Cadell, Riembau y Francés de Pinós y otras enemistades públicas que había, y hase aumentado la cosa de tal manera que, después de la muerte de dicho Arzobispo, la tierra ha andado llena de delados y malos hombres, que nunca hubo tantos…” (1) .

Tan sólo Girona fue creado Principado y nombrado Príncipe de Girona (1.416) el primogénito de D. Fernando I de Aragón (de la casa de los Trastámara), es decir, D. Alfonso V.

Principado y título creados a imagen y semejanza de los que creó en Castilla D. Juan I en 1.388, siendo los de: Principado de Asturias y Príncipe de Asturias. Que a su vez, D. Juan lo había imitado de D. Eduardo I de Inglaterra, el cual en el 1.301 creó el Principado de Gales y el título de Príncipe de Gales, para los herederos de la Corona.

Es decir, que, Principado, son unas tierras bajo dominio de un Príncipe. Y dentro de los límites de un principado suele haber un número indeterminado de señoríos, condados, marquesados, etc. dependiendo naturalmente, de la extensión del principado. En la Edad Media, a modo honorífico, se denominaba asimismo principado, a las tierras que un señor feudal (Conde o Marqués) dominaba por vasallamiento de otros señores feudales, o por poseerlas en propiedad. Y al dicho señor feudal, se le solía llamar príncipe a modo de cortesía. Por ello, al no ser un príncipe de sangre, no podía recibírsele como tal y por supuesto, no se le rendían los honores correspondientes a tal categoría de nobleza.

El caso que nos ocupa, el de Cataluña, es ciertamente una paradoja, pues como hemos visto, en documentos oficiales de los siglos XVI y posteriores se habla del Principado de Cataluña, y sin embargo, no se halla ningún documento en el que se plasme la creación de dicho principado, ni se halla tampoco ningún documento en el que se haya creado el título de Principe de Cataluña, ni se halla ninguno en que haya habido alguien que ostentase oficialmente dicho título.

Pero sin embargo, los nacional – catalanistas, explotan dicha anómala circunstancia para dar sentido de estado a Cataluña.

Un dato que corrobora también la no independencia del condado de Barcelona, lo aporta D. Antonio de Bofarull (2) que nos hace saber: “…en 1.162 de la Encarnación, en las inmediatas calendas de Agosto, el Conde de Barcelona y el de Provenza debían pasar a la corte de Federico, Emperador del Sacro Imperio Germánico, a jurar lo que estaba capitulado, y a prestarle el debido pleito y homenaje.”

Otro más es el Tratado de Corbeil que ya hemos mencionado. Donde queda plasmado que todos los monarcas franceses hasta San Luís, tenían por suyos los condados de la Marca Hispánica.

Una salvedad más al respecto es que en esa época, todos los condados y marquesados, eran quasi independientes, pues en ellos no sólo regían leyes particulares y moneda propia, sinó que muchos son los casos de enfrentamiento entre condes y realeza, por diferencias de opiniones o de delimitaciones, llegándose incluso al enfrentamiento armado (caso de D. Jaime I de Aragón con los condes de Urgel, Pallars Sobria, etc.) . Por lo que, aludir a que los condados de la Marca eran independientes, pretendiendo dar carácter de país (nación) al condado de Barcelona, no es de recibo. Tan sólo se puede aceptar hablar de independencia, si se hace con la relatividad que permiten la sociedad y las reglas establecidas en la Edad Media. Con lo que también habría que considerar independientes al resto de condados y marquesados de la península Ibérica, no sólo a los de la Marca.

1. – Historia de Catalunya. Ferrán Soldevila. Ed. Alpha. 1962.
2. – Historia Crítica de Cataluña. Antonio de Bofarull. 1876. Tomo III, p. 58.

Russafi: NACIONALISMO CATALÁN. UNA GRAN FARSA.

3 comentarios en “Nacionalismo catalan. Una gran farsa.

  1. Es muy importante de leer diferentes autores para no caer en errores de nacionalismo, y además tener referencias de documentos como hace Michel Braveheart. Pero, por encima de todo y estando muy de acuerdo con Braveheart, lo que más deseo es que el catalanismo nos deje en paz a las Islas.Hemos
    estado algunos miles de años aislados y creo que podremos estar varios miles de años más si ellos.
    Seguiremos con nuestra flauta, gaita, empanadas, sobrasada y sopas mallorquinas que están de muerte.
    Ya tenemos nuestras propias pocilgas en casa que limpiar y arreglar para que encima nos impongan
    otra lengua, identidad o idiosincrasia. ¡¡¡¡¡ Bravo Michel !!!! VIVA BALEARES Y SUS HONDEROS

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  2. Arriba Mallorca!! y como siempre he dicho, antes Aragonés que catalán.
    Pues como bien sabe cualquier mallorquin fué aragon quien tomo la isla, ayudado por señores de cataluña, y quien no que mire la primera linea de la historia de mallorca en la wiki,
    “La Conquista para los reinos cristianos de la isla de Mallorca fue lograda definitivamente por el rey Jaime I de Aragón entre 1229 y 1231”

    Gran libro

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  3. Mallorca es España desde el imperio romano, que por entonces era Iberia; y antes que
    ésto, era tan libre que era hasta virgen de nacionalismos. Que no me vengan ahora con
    mentiras sediciosas.
    Antes de la Conquista de Mallorca (capítulo a parte de la Reconquista de España) la
    población mallorquina estaba compuesta por mallorquines indígenas, hebreos y árabes,
    y los piratas, tan temidos por los barcos de mercancías catalanes. Por eso digo que yo:
    ¡ primero apátrida que catalán !

    Me gusta.

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