El Manifiesto de Franco en las Palmas. 18 de julio de 1936

 

Franco ordenó se procediese a declarar el estado de guerra en las islas Canarias, difundiéndose al mismo tiempo el llamado Manifiesto de Las Palmas, escrito de puño y letra por Franco, fechado a las 5 y cuarto horas del día 18 de julio de 1936 y recogido en su versión íntegra inicial por el diario Hoy de la isla de Tenerife tres días después.

En el 69 aniversario del Alzamiento Nacional merece la pena recordar este Manifiesto, uno de los documentos de Franco más importantes y definidores de su pensamiento.

En estos tiempos en que las tergiversaciones las falacias y las mentiras que asiduamente propalan los “demócratas de toda la vida” acerca de nuestra reciente historia, es de gran interés leer atentamente el citado Manifiesto, que decía así:


«¡ESPAÑOLES!

A cuantos sentís el santo amor a España, a los que en las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio de la Patria, a los que jurasteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la Nación os llama a su defensa.

La situación de España es cada día que pasa más crítica. La anarquía reina en la mayoría de sus campos y de sus pueblos; autoridades de nombramiento gubernativo presiden, cuando no fomentan, las revueltas. A tiros de pistolas y ametralladoras se dirimen las diferencias entre los bandos de ciudadanos, que, alevosa y traidoramente, se asesinan, sin que los poderes públicos impongan la paz y la justicia.

Huelgas revolucionarias de todo orden paralizan la vida de la Nación, arruinando y destruyendo sus fuentes naturales de riqueza y creando una situación de hambre que lanzará a la desesperación a los hombres trabajadores.

Los monumentos y tesoros artísticos son objeto de los más enconados ataques de las hordas revolucionarias, obedeciendo a las consignas que reciben de las Directivas extranjeras, que cuentan con la complicidad o negligencia de gobernadores monteriles.

Los más graves delitos se cometen en las ciudades y en los campos, mientras las Fuerzas de Orden Público permanecen acuarteladas, corroídas por la desesperación que provoca una obediencia ciega a gobernantes que intentan deshonrarlas. El Ejército, la Marina y demás Institutos armados son blanco de los soeces y calumniosos ataques, precisamente por aquellos que deben velar por sus prestigios.

Los estados de excepción y alarma sólo sirven para amordazar al pueblo y que España ignore lo que sucede fuera de las puertas de sus villas y ciudades, así como para encarcelarla a los pretendidos adversarios políticos.

La Constitución, por todos suspendida y vulnerada, sufre un eclipse total; ni igualdad ante la Ley, ni libertad, aherrojada por la tiranía, ni fraternidad; cuando el odio y el crimen han sustituido al mutuo respeto, ni unidad de la Patria, amenazada por el desgarramiento territorial más que por regionalismo que los propios poderes fomentan; ni integridad y defensa de nuestras fronteras, cuando en el corazón de España se escuchaban las emisoras extranjeras que predican la destrucción y el reparto de nuestro suelo.

La Magistratura española, que la Constitución garantiza, igualmente sufre persecuciones que la enervan o mediatiza y recibe los más duros ataques a su independencia.

Pactos electorales, hechos a costa de la integridad de la propia Patria, unidos a los asaltos a Gobiernos Civiles y cajas fuertes, para falsear las actas, formaron la máscara de la legalidad que nos preside. Nada contuvo la apetencia de Poder; destitución ilegal del moderador; glorificación de la revolución de Asturias y de la separación catalana; una y otra quebrantadoras de la Constitución que, en nombre del pueblo, era el Código fundamental de nuestras Instituciones.

Al espíritu revolucionario e inconsciente de las masas, engañadas y explotadas por los agentes soviéticos, que ocultan la sangrienta realidad de aquel régimen que sacrificó para su existencia veinticinco millones de personas, se unen la malicia y negligencia de Autoridades de todo orden que, amparadas en un Poder claudicante, carecen de autoridad y prestigio para imponer el orden y el imperio de la libertad y la justicia.

¿Es qué se puede consentir un día más el vergonzoso espectáculo que estamos dando al mundo?

¿Es qué podemos abandonar a España a los enemigos de la Patria, con un proceder cobarde y traidor, entregándola sin lucha y sin resistencia?

¡¡Eso no!! Que lo hagan los traidores, pero no lo haremos quienes juramos defenderla.

Justicia e igualdad ante la Ley os ofrecemos. Paz y amor entre los españoles. Libertad y fraternidad exentas de libertinaje y tiranía. Trabajo para todos. Justicia social, llevada acabo sin enconos ni violencias y una equitativa y progresiva distribución de la riqueza sin destruir ni poner en peligro la economía española.

Pero, frente a eso, una guerra sin cuartel a los explotadores de la política, a los engañadores del obrero honrado, a los extranjeros o a los extranjerizantes, que directa o solapadamente intentan destruir a España.

En estos momento es España entera la que se levanta pidiendo paz, fraternidad y justicia; en todas las regiones, el Ejército, la Marina y Fuerzas de Orden Público se lanzan a defender la Patria. La energía en el mantenimiento del orden estará en proporción a la magnitud de las resistencias que se ofrezcan.

Nuestro impulso no se termina por la defensa de unos intereses bastardos, ni por el deseo de retroceder en el camino de la Historia, porque las Instituciones, sean cuales fueren, deben garantizar un mínimo de convivencia entre los ciudadanos que, no obstante las ilusiones puestas por tantos españoles, se han visto defraudadas, pese a la transigencia y comprensión de todos los organismos nacionales, con una respuesta anárquica, cuya realidad es imponderable.

Como la pureza de nuestras intenciones nos impide el yugular aquellas conquistas que representan un avance en el mejoramiento político-social, y el espíritu de odio y venganza no tiene albergue en nuestros pechos, del forzoso naufragio que sufrirán algunos ensayos legislativos, sabremos salvar cuanto sea compatible con la paz interior de España y su anhelada grandeza, haciendo reales en nuestra Patria, por primera vez, y por este orden la trilogía FRATERNIDAD, LIBERTAD E IGUALDAD.

Españoles: ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!»«¡¡¡VIVA EL HONRADO PUEBLO ESPAÑOL Y MALDITOS LOS QUE EN LUGAR DE CUMPLIR SUS DEBERES TRAICIONAN A ESPAÑA!!!»

Tetuan, 17 de Julio de 1936

En la madrugada del 17 al 18, sus ayudantes le hicieron entrega de un telegrama reexpedido desde Tenerife, con el siguiente texto: «Jefe Circunscripción Melilla a Comandante General Canarias. Este ejército levantado en armas se ha apoderado en la tarde de hoy de todos los resortes del mando en este territorio. La tranquilidad es absoluta. ¡Viva España!, Coronel Soláns». 

Inmediatamente, Franco se trasladó a la Comandancia Militar, donde ordenó que se cursara este otro telegrama:

«Comandante General Canarias a General Jefe Circunscripción Oriental de África (Melilla). Gloria al heroico Ejército de África. España sobre todo. Recibid el saludo entusiasta estas guarniciones que se unen a vosotros y demás compañeros Península en estos momentos históricos. Fe ciega en el triunfo. ¡Viva España con honor! General Franco.»

Posteriormente hizo enviar una copia de este telegrama a los generales jefes de las ocho divisiones orgánicas, así como al comandante militar de Baleares, al general jefe de la División de Caballería, al jefe de la Circunscripción de Ceuta y Larache, al jefe de las fuerzas militares de Marruecos y a los almirantes jefes de las bases navales de El Ferrol, Cádiz y Cartagena.

 

A las diez y veinte del 18 de julio de 1936 se recibe en Santa Cruz de Tenerife un radio de Tetuán que se retransmite inmediatamente a Franco en Las Palmas. “Tetuán, 18 de julio, a las diez, Urgentísimo. Coronel Sáenz de Buruaga, jefe del Ejército de África, a general Franco. Dueños absolutos de todas las plazas de Marruecos agradecemos de corazón el entusiasta saludo, anhelando pronto llegada ponernos sus órdenes. Puede tomar tierra en Tetuán o en Larache sin consecuencias. Conviene avise salida y esperamos noticias. ¡Viva España!”.

Franco confía la situación de las Canarias al general Luis Orgaz Yoldi, y a las once y veinte de la mañana, monta en un automóvil en el patio interior de la comandancia y atraviesa el breve espacio que le separa de un pequeño embarcadero. Se despide de sus subordinados: “Fe, fe, fe; disciplina, disciplina, disciplina.” En un remolcador civil, mandado por el teniente de navío Cardona, le conduce hasta las cercanías del aeródromo de Gando, donde le esperaba un avión De Havilland, Dragon Rapide 89, de siete plazas, matrícula G-ACYR y los motores, Gispy Wright, totalmente nuevos, con destino Marruecos. Franco va vestido de civil y lleva un pasaporte diplomático falso. También lleva una carta en la que asegura que su intención es ir a Madrid para ponerse al servicio de la República.

Segundo bando de Franco:

FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE, GENERAL JEFE SUPERIOR DE LAS FUERZAS DE MARRUECOS, HAGO SABER:
Una vez más él Ejército, unido a las demás fuerzas de la nación, se ha visto obligado a recoger él anhelo de la gran mayoría de españoles que veían con amargura infinita desaparecer lo que a todos puede unirnos en un ideal común: España.
Se trata de restablecer el imperio del orden dentro de la República, y no solamente en sus apariencias o signos exteriores, sino también en su misma esencia; para ello precisa obrar con justicia, que no repara en clases ni categorías sociales, a las que ni se halaga, ni se persigue, cesando de estar dividido el país en dos grupos: el de los que disfrutan de poder y el de los que son atropellados en sus derechos, aun tratándose de leyes hechas por los mismos que las vulneraron; la conducta de cada uno guiará la conducta que con relación a él seguirá la autoridad, otro elemento desaparecido de nuestra nación y que es indispensable en toda colectividad humana, tanto si es régimen democrático, como si es régimen soviético, en donde llegará a su máximo rigor. El restablecimiento de este principio de autoridad, olvidado en los últimos años, exige inexcusablemente que los castigos sean ejemplares, por la severidad con que se impondrán y la rapidez con que se llevarán a cabo sin titubeos ni vacilaciones.
Por lo que afecta al elemento obrero, queda garantizada la libertad de trabajo, no admitiéndose coacciones ni de una parte ni de otra. Las aspiraciones de patronos y obreros serán estudiadas y resueltas con la mayor justicia posible, en un plan de cooperación, confiando en que la sensatez de los últimos y la caridad de los primeros, hermanándose con la razón} la justicia y el patriotismo, sabrán conducir las luchas sociales a un terreno de comprensión con beneficio para todos y para el país. El que voluntariamente se niegue a cooperar o dificulte la consecución de estos fines será el que primero y principalmente sufrirá las consecuencias.
[…]

Por último; espero la colaboración activa de todas las personas patrióticas, amantes del orden y de la paz, que suspiraban por este movimiento, sin necesidad de que sean requeridas especialmente para ello, ya que siendo sin duda estas personas la mayoría, por comodidad, falta de valor cívico o por carencia de un aglutinante que aunara los esfuerzos de todos, hemos sido dominados hasta ahora por unas minorías audaces, sujetas a órdenes internacionales de índole varia, pero todas igualmente antiespañolas; por esto termino con un solo clamor, que deseo sea sentido por todos los corazones y repetido por todas las voluntades; ¡Viva España!

El Manifiesto de Franco en las Palmas..

2 comentarios en “El Manifiesto de Franco en las Palmas. 18 de julio de 1936

  1. Q nunca mas haga falta por culpa de la equivoca revolucion roja q nunca a beneficiado al pueblo y ha destruido lo mejor de la humanidad. Si me dicen en que pais comunista se vive mejor q en las democracias manana lo queremos para Espana.

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