‘El Español’ de Larra en siete citas para tuitear

La polémica en torno a este tuit de Juan Cruz me ha llevado a sumergirme en los artículos de Mariano José de Larra (1809–1837), que escribió sus mejores artículos en las páginas de la segunda encarnación de ‘El Español’.

El diario había nacido en noviembre de 1835 y su fundador era el liberal malagueño Andrés Borrego, cuya vida de película podéis descubrir en este artículo maravilloso de María Celia Fórneas. ‘El Español’ salió a la calle con una fuerte vocación innovadora. Borrego importó desde Londres la imprenta más moderna de la época y se inspiró en el diseño y la tipografía del ‘Times’. En las páginas de ‘El Español’ escribieron firmas como EsproncedaRíos Rosas o Donoso Cortés. Pero ningún fichaje suscitó tanta expectación como el de Larra, que acababa de volver de un viaje por Europa y se comprometió a escribir dos artículos semanales por unos 20.000 reales al año: un sueldo muy importante para la España de la época.

Unos días después de su debut, Larra les dice a sus padres en una carta que ‘El Español’ es un “elegante periódico, el mejor indudablemente de Europa”. Expertos como Mari Cruz Seoane lo definen como “el primer periódico español de oposición” y destacan su independencia y la pluralidad ideológica de sus firmas. Allí escribió Larra decenas de artículos. A continuación transcribo siete fragmentos que nos inspiran y que ya forman parte del DNI de esta nueva encarnación de ‘El Español’.

1. Larra define ‘El Español’.

“Llevado de mi comezón de escribir y de mi versatilidad, no bien hube llegado a Madrid cuando me eché a buscar un papel público en donde fabricar mi nido para lo que falta de invierno. Queríale grande, empero y donde cupiese yo todo, que no cabía el año pasado en Madrid; largo, ancho, desahogado, como lo había imaginado mil veces para tanto como tengo aún que decir. Empezábame ya a desesperar cuando he aquí que de pronto surge de la calle de las Rejas ‘El Español’, tamaño como por el adjunto verás. Yo, que a imitación del borracho del cuento, aguardaba que pasase mi casa para meterme en ella, ‘Este es’, exclamé en cuanto le vi extenderse, crecer, tocar al cielo, y metíme de rondón en él, donde quedo, para servirle, imaginando a toda prisa artículos de teatro, literatura y costumbres,maligno un tanto y siempre independiente, mas sin nunca entrometerme en vidas privadas, censurando las cosas, no a los hombres, procurando hermanar con mi poca o mucha hiel el respeto que en sociedad nos debemos los unos a los otros”.

‘Figaro de vuelta’. 3 de enero de 1836.

2. Larra contra ‘Sálvame’.

El escritor satírico es por lo común como la luna, un cuerpo opaco destinado a dar luz, y es acaso el único de quien con razón se puede decir que da lo que no tiene. Ese mismo don de la Naturaleza de ver las cosas tales cuales son, y de notar antes en ellas el lado feo que el hermoso, suele ser su tormento. Llámanle la atención en el sol más sus manchas que su luz, y sus ojos, verdaderos microscopios, le hacen notar la fealdad de los poros exagerados, y las desigualades de la tez en una Venus, donde no ven los demás sino la proporción de las facciones y la pulidez de los contornos; ve detrás de la acción aparentemente generosa el móvil mezquino que la produce. (…) Ni buscamos ni evitamos la polémica; pero siempre evitaremos cuidadosamente, como hasta aquí lo hicimos, toda cuestión personal, toda alusión impropia del decoro del escritor público y del respeto debido a los demás hombres, toda invasión en la vida privada, todo cuanto no tenga relación con el interés general.

‘De la sátira y de los satíricos’. 2 de marzo de 1836

3. Larra y el talento.

“Acostumbrémonos a honrar públicamente el talento, que ésa es la primera protección que puede dispensarle un pueblo, y ésa es la única también que no pueden los gobiernos arrebatarle”.

‘El Trovador’. 4 de marzo de 1836

4. Larra contra la casta.

“Entre a gobernar, no éste ni aquí, sino todo el que se sienta con fuerzas, todo el que dé pruebas de idoneidad. Basta de ensayos. A eso nos responden ellos: ‘¿Y dónde están esos hombres?’. ¿Dónde han de estar? En la calle, esperando a que acaben de bailar los señores mayores, para entrar ellos en el baile. [Necesitamos] hombres nuevos para cosas nuevas; en tiempos turbulentos hombres fuertes sobre todo, en quienes no esté cansada la vida, en quienes haya ilusiones todavía, hombres que se paguen de gloria y en quien arda una noble ambición y arrojo constante contra el peligro. ‘¿Qué saben los jóvenes?’, exclaman. Lo que ustedes nos enseñaron, les responderemos, más lo que en ustedes hemos escarmentado, más lo que seguimos aprendiendo. (…) Nosotros no rehusamos su mérito; no rehusen ellos nuestra idoneidad, que el árbol joven es la esperanza del jardinero, si el viejo ya le da sombra”.

‘Dios nos asista’. 3 de abril de 1836.

5. Larra innovador.

“El pasado no es nuestro; sólo el presente nos pertenece y sólo queremos trabajar para el porvenir: periódico de ayer, mejor diremos de mañana, ‘El Español’ marchará como la época sin volver nunca la vista atrás, sino para medir con los ojos la distancia cada vez más grande que del punto de partida nos va progresivamente separando.

‘Teatros y algo más’. 18 de abril 1836

6. Larra tuitero.

“El escritor público que una vez echó sobre sus hombros la responsabilidad de ilustrar a sus conciudadanos debe insistir y remitir a la censura tres artículos nuevos por cada uno que le prohiban; debe apelar, debe protestar, no debe perdonar medio ni fatiga para hacerse oír: en el último caso debe aprender de coro sus doctrinas, y convertido en imprenta de sí mismo, propalarlas de viva voz, sufrir, en fin, la persecución, la cárcel, el patíbulo si es preciso; convencido de que el papel de redentor sólo puede ser puesto en ridículo por el vulgo necio que no comprende su sublimidad. Si nosotros no conseguimos hacernos oír, nuestra sangre abrirá camino a nuestros hijos, y aquí no tratamos de hacer la felicidad de nosotros, míseros humanos que podemos vivir treinta años más o menos, sino la de la nación, que no muere nunca”.

‘El ministerio de Mendizábal’. 6 de mayo de 1836

Viñeta satírica del satírico ‘Gil Blas’ sobre las consecuencias de la Ley de Imprenta de 1864. El texto que la acompaña ironiza sobre el periodista maniatado: “Ahora puede usted escribir de cuanto le dé la gana”.

7. Larra censurado.

“He remitido a usted estos días un artículo riéndome de lo que en el día me parece risible, sin cuidarme de si estaba o no en el sentido de su periódico, sea éste el que fuere. Este artículo me ha sido devuelto por usted por no hallarse de acuerdo sin duda con sus opiniones; no pudiendo exponerme a escribir otros que tengan igual resultado, usted me permitirá que le interpele, según el uso del día, y le pregunte sencillamente en qué sentido habré de escribir en su periódico para verme impreso: bastante censura nos ponen los Gobiernos a los escritores, sin que se nos añada otra doméstica en nuestro mismo periódico.

Si ‘El Español’ es ministerial, usted me permitirá que sin que se altere en nada el aprecio que le profeso sacuda desde este momento toda mancomunidad de responsabilidad política; y si no lo es, espero que explícitamente me lo manifestará, seguro de que pocas cosas serían para mí más dolorosas que haber de renunciar a las ventajas que su amistad y su periódico me han ofrecido hasta el día”.

‘Fígaro al director de ‘El Español’’. 23 de mayo de 1836

El Español’ de Larra en siete citas para tuitear — Medium.

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