Abandona la masonería tras 25 años y cuenta todo lo que vivió dentro – Carmelo López-Arias

Serge Abad-Gallardo, arquitecto francés hijo de españoles, ha dejado su experiencia por escrito. Perteneció a la obediencia Derecho Humano, donde buscó el célebre “secreto” de las logias.

 

Carmelo López-Arias

“Comprendí que aquello que yo buscaba era la Verdad, y no esa felicidad relativa propuesta por la masonería. Pero había llegado a la conclusión de que, para la masonería, la felicidad y la Verdad estaban disociadas”. 

Quien habla así es Serge Abad-Gallardo, un arquitecto francés (hijo de andaluces) que tiene ahora 60 años, de los cuales un cuarto de siglo los pasó como miembro de Derecho Humano, la segunda gran obediencia de la masonería francesa junto con el Gran Oriente de Francia.

La frase citada pertenece a su testimonio personal: Por qué dejé de ser masón (LibrosLibres), un libro impactante y no –como podría suponerse- por sus estridencias, sino precisamente por su sencillez. No elabora en estas páginas una acusación de maldad diabólica o de alambicadas conspiraciones contra sus antiguos compañeros de logia, sino que nos abre las puertas de su trayectoria vital para explicar cómo, tras una inútil búsqueda de la paz espiritual durante veinticinco años, la halló donde menos habría esperado cuando traspasó por primera vez las puertas del Templo masónico: en el cristianismo.

Eso no quiere decir que no hallemos en Por qué dejé de ser masón hechos y datos objetivos y relevantes. Por ejemplo, la detallada y metódica descripción de los ritos iniciáticos y de la simbología masónica fundamental, desde la perspectiva del novato que los va descubriendo. Esta parte es decisiva porque, según vivió Abad-Gallardo en primera persona como aprendiz, compañero y finalmente maestro (hasta el grado 14º), buena parte de los trabajos (planchas) que exponen los hermanos ante los demás consisten en interpretar esos rituales y símbolos y aplicarlos a las realidades sociales, políticas o culturales del momento.

En cuanto al poder de la masonería, no falta en el libro un anexo sobre su impresionante presencia en el primer gobierno de François Hollande, el que presidió Jean-Marc Ayrault, con más de media docena confirmados y un titular de Educación, Vincent Peillon, que en su vuelta de tuerca al laicismo en el ámbito escolar no dudó en afirmar que la masonería es la religión de la República. En cuanto al entonces ministro del Interior, el hoy primer ministro Manuel Valls, fue miembro del Gran Oriente, aunque parece que hace años lo dejó.

Con todo, el objeto principal del libro de Abad-Gallardo no son estos propósitos generales, sino cómo los vivió él en su anhelo de trascendencia. Ingresó en Derecho Humano mal aconsejado (reconoce hoy) por la vanidad, que le animaba a integrarse en un grupo opaco para el mundo exterior donde sentirse en posesión de un “secreto” oculto para los demás. ¿Lo encontró, al menos? Es evidente que no: el “secreto” consistía sólo en desconocer quién pertenecía a los grados superiores al de uno mismo, en una dinámica de ascenso por cooptación donde la transparencia y la democracia brillan por su ausencia.

Él, además, buscaba la Verdad última, y se topó con el dogmático relativismo masónico, que incapacita para reconocerla en su trascendencia. Aunque se presenta como una filosofía compatible con cualquier religión, Abad-Gallardo se topó de bruces con una indisimulada aversión al cristianismo: no como corriente cultural u opción moral (que eso puede aceptarlo un masón), sino como Revelación de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Cuando Serge empezó su lento proceso de conversión religiosa y hablaba de ello en las tenidas, percibió esa hostilidad en forma de “discursos anticlericales, a veces anticatólicos”, que los maestros al cargo de la reunión habrían debido cortar por el respeto que teóricamente imponen las constituciones: “En el mejor de los casos me sonreían como habría un adulto ante un niño que aún cree en Papá Noël”.

Y es que, a pesar de la tolerancia que en principio proclama la masonería, existe unadoxa masónica, “lo masónicamente correcto”, un camino fuera del cual se pasa mucho frío. Durante el reciente debate en Francia sobre el matrimonio homosexual, Abad-Gallardo quiso que sus compañeros escuchasen la posición contraria de labios de un experto no masón. No fue posible. La dirección masónica nacional respaldó finalmente el proyecto de Hollande y Christiane Taubira, siendo así que se trataba de un tema teóricamente de libre discusión en las logias, y sobre el cual no hubo votación alguna.

Ese relativismo esencial de los llamados “hijos de la viuda”, ese “secreto” o “misterio” que siempre se promete y nunca se desvela –tan contrario al paradigma católico de una Revelación pública ante la cual puede haber estudiosos, pero no iniciados-, hacen incompatible la pertenencia a la masonería con la pertenencia a la Iglesia. Así lo proclamó en 1738 el Papa Clemente XII y así sigue siendo hoy conforme a las normas canónicas y una elemental teología, sostiene Serge.

Por eso él tuvo que irse cuando el encuentro con un franciscano le llevó a pensarse las cosas mejor, a reinflamar la fe aprendida en la infancia y a visitar Lourdes y, tras vivir unos momentos tremendos de postración física y renacimiento espiritual, retirarse unos días en una abadía para cambiar el rumbo de su vida. Fue en 2012, sólo hace dos años. “Lloraba de emoción, de gozo, de felicidad… Lloraba, en fin, de amor por mi Dios. Yo pecador, yo masón perdido en los laberintos del Templo, iluminado por una luz artificial más que simbólica… ¡y me había encontrado porque yo lo buscaba! He ahí, sin duda, lo que querían decirse los masones, sin comprenderlo, cuando hablaban de ´secreto´ que no puede ser comunicado. Yo lo había encontrado: Dios nos busca con amor y puede tocar nuestro corazón. Tal era el Misterio, mucho más allá del ´Secreto´: no eran los rituales esotéricos, alquimistas, herméticos, en una palabra, masónicos… ¡era el Corazón de Jesucristo!”

Por eso Abad-Gallardo escribe con caridad y sin rencores, con veracidad y sin acusaciones agresivas. Hace una llamada a sus antiguos hermanos masones para que le acompañen en su camino: ese Camino que es, también, Verdad y Vida (cfr. Jn 14, 6).

Abandona la masonería tras 25 años y cuenta todo lo que vivió dentro – ESD.

Un comentario en “Abandona la masonería tras 25 años y cuenta todo lo que vivió dentro – Carmelo López-Arias

  1. El problema de la masonería es que bajo una apariencia humanista, tolerante, intelectual, progresista, moral, republicana, democrática….etc, que efectivamente tiene, se esconde una estructura muy jerárquica y completamente opaca en que tienes que obedecer sin rechistar lo que se te ordena sin saber quien lo ordena ni porqué, (de ahí vienen tantos testimonios de gente que ha dejado la masonería cuando le han ordenado contratar a alguien, votar a favor de algo…etc, y se han negado por cuestiones de moralidad o ética)

    Claro que muchos entraban en la masonería pensando en la mutua ayuda. Pero, como es natural, la ayuda que importa siempre va en una dirección (de arriba a bajo), y para entonces el miembro masón ya sabe lo que le toca (obedecer ) por que ya lo ha visto y por que en la estructura en que se ha metido sabe que tiene que obedecer.

    Todo esto viene a cuento por su insistencia en la república y en la democracia (todos los hombres son iguales), lo cual le vino muy bien a todos los que no participaban en la sociedad aristocrática-cortesana-católica, a saber, la burguesía (atraída por la “igualdad” en un sistema político y social desigual), judíos y protestantes (excluidos de la sociedad por no ser católicos).

    Pero nunca puede haber democracia cuando ésta está dirigida no por representantes del pueblo sino por alguien que tu no sabes quien es y que ordena a su diputado masón que vote de una manera determinada (les recomiendo que lean el escándalo en que se ha metido el Primer Ministro de Francia, Manuel Valls por una historia parecida)

    La realidad es que ha demostrado tener un plan en contra de la Iglesia Católica (no contra otra confesión cristiana o contra otra religión, como el Islam), y un plan en contra del Imperio español, al que contribuyó a desmembrar (para, una vez desunidas y perdida la fuerza, ser colonias comerciales de Gran Bretaña). A veces de una manera directa, como la anexión de la “Florida oriental”, entonces perteneciente a España para pasar a ser de Estados Unidos. Hoy tanto la historiografía académica como la oficial de la masonería señalan el papel directivo de la masonería en la independencia de Filipinas y Cuba para convertirse en colonias comerciales de Estados Unidos (los tratados comerciales les destinaban a ser proveedoras de materias primas a Estados Unidos -singularmente la caña de azúcar- a cambio de la libre introducción de los productos industriales norteamericanos, con los que era y es imposible de competir.

    El librepensamiento, esto es el anticlericalismo católico, no ha dado en estos 200 años ningún fruto más que el ataque constante de una organización a otra que no es mejor ni peor que otras confesiones religiosas y que todo el mundo sabe su doctrina por que es pública, al contrario que la masonería, que nadie sabe lo que es.

    Por otra parte ninguna religión es “racional” (ni siquiera la masonería, ya que tiene misterios, rituales y símbolos, por definición anti lógicos y anti racionales), ya que en ese momento se convertirían en filosofías. Tiene que haber un elemento mágico, espiritual y emocional para que sea una religión, aunque detrás haya todo un sistema de vida o se estudie racionalmente en las Universidades.

    No puede haber librepensamiento cuando como dice el exmasón Abad Gallardo, cuando quiso efectivamente proponer el libre pensamiento en la cuestión homosexual, no le dejan (es decir, que el que da las órdenes ha considerado que aquí no hay librepensamiento y si trágala )

    Como se ve, utilizan la influencia del grupo, que es muy pequeño y cerrado, para influenciar el pensamiento de cada individuo, sin saber quien está detrás o que intereses le mueve (es decir, al aceptar sin rechistar esos discursos, en este caso anticlericales o anticatólicos, pero que pueden ser de otra naturaleza, según el interés del que manda pero que no sabes quien manda), sin que nadie se oponga, aunque sea por miedo a no ser considerado “progresista” o “librepensador”; estás asimilando ese discurso de manera inconsciente por tu aceptación pasiva de una manera pública -así es como funciona la psicología que está detrás del “lavado de cerebro”-, sin contar que desde ese momento se convierte de alguna manera en “teología oficial” de la logia)

    Tampoco ha hecho nada por remediar el secular atraso intelectual de España y los países iberoamericanos, ya que eso es producto de la estructura económica, que es agrícola y de materias primas, no de ideologías o de “voluntad política” “progresista”. Por eso abundan tan poco los pensadores e intelectuales en estos países. La teología masónica hace el resto.

    Solo recordar que la existencia de cuotas hace que, históricamente, la presencia de la clase obrera haya sido testimonial. Son profesionales liberales, como este Abad Gallardo, funcionarios en busca de medro, políticos oportunistas… Muy poca igualdad, como se ve.

    Para los que piensen que “la masonería es la religión de la República”, o el laicismo de Vincent Peillon, les diré que no se ha hecho la Revolución Francesa o proclamado los derechos del hombre (ambos acontecimientos masónicos), para obligarte a tener una religión que no es la tuya, aunque sea la masona.

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