El nacionalismo pancatalanista (del que bebio Sabino Arana). eldiariomontanes.es

17.10.09 –

Un camino difícil toma aquél que osa alzar la voz en España contra el nacionalismo, pues esta ideología totalitaria no entiende de reglas de juego democráticas, sino sólo de conseguir sus propios objetivos, sin importarle el sentir de la mayoría de los ciudadanos o el tributo de sangre que tengan que pagar los demás. Tampoco entiende de derechos o principios fundamentales como la libertad de expresión, la separación de poderes o la libertad de prensa.
Quien crea que exageramos, que repase la lista de víctimas mortales provocadas por el terrorismo nacionalista, la lista de mutilados, de heridos, de huérfanos, de ataques a aquellos que han tomado el camino de los Tribunales para dirimir una cuestión que afectaba directamente a los principios nacionalistas, los ataques a la Constitución Española, o a los periodistas o medios de comunicación no afines a las doctrinas nacionalistas.
Pese al riesgo evidente que va suponiendo, tenemos, sin embargo, la obligación moral, los que creemos en la libertad y en la democracia y queremos disfrutar de los privilegios que comporta, de defenderlas en España ahora que pasa por los momentos más difíciles desde el 23-F, que también fue otro intento -aunque, por cierto, oscuro y nunca aclarado- de acabar con la joven democracia que teníamos. Más fácil defender ahora la democracia y la libertad, que no pretender recuperarlas después de una vez perdidas. Y este artículo se escribe para demostrar el carácter totalitario y separatista del nacionalismo catalán que ataca sin contemplaciones una Constitución que, desde el primer momento, dijeron que no era la suya, pese a haber sido refrendada por la gran mayoría de los ciudadanos españoles, catalanes incluidos.
En un momento dado un partido político puede establecer otra dimensión ideológica, como por ejemplo un partido comunista puede renunciar al estalinismo, pero los partidos nacionalistas catalanes no han renunciado nunca a los postulados de Prat de la Riba, Almirall, etc. No sólo no se ha renunciado a los postulados de los ideólogos catalanistas sino que al contrario, se les sigue rindiendo homenaje de igual manera que el PNV cada año hace un homenaje a Sabino Policarpo de Arana y Goiri. La obra de Valentí Almirall, autor de Lo Catalanisme, merece toda la admiración reverencial de los nacionalistas catalanes y, por ello, tuvo una exposición en el verano del 2005, al Doctor Bartomeu Robert, autor de La Rassa Catalana, se le hicieron numerosos actos de homenaje en el centenario de su muerte en 2002. Existe una Fundación “Jaume Bofill” así como una “Doctor Robert”, y todo un elenco de instituciones dedicadas a la propaganda del catalanismo más racista.
La política discriminatoria del gobierno catalán de la Generalidad durante los tiempos del Honorable Jordi Pujol hacia los castellano-hablantes fue relativamente moderada, pero en los años que lleva gobernando el Tripartito se ha convertido en sumamente agresiva. Los ‘castellanos’ o ‘charnegos’ parecen los judíos (en muchos textos racistas catalanes se habla del carácter semita de los castellanos) de la Alemania nacionalsocialista antes del Holocausto. Se les mantiene apartados de la función pública, se organizan boicots a sus comercios o empresas a la manera de los progroms a los comercios judíos o directamente se expulsa a los funcionarios, como se hizo en 1985 cuando se arrojó a 15000 profesores de los colegios públicos por no cumplir los criterios lingüísticos.
Si en España se conoce relativamente bien el sustento racista de la ideología del PNV, no es tan conocido, sin embargo, el hecho de que fue en Cataluña donde Sabino Arana se inició y formó en su ideario racista. En los años que pasó en Barcelona (1883-1888), donde había ido a estudiar la carrera de Derecho, se impregnó el fundador del PNV del racismo del incipiente nacionalismo catalán. Si bien según la mitología nacionalista euzkaldún, Sabino Arana extrajo su ideario nacionalista a partir de las ideas que sobre el carlismo le dio su hermano Luis en 1882, antes de irse a Barcelona, lo cierto es que los propios nacionalistas del PNV reconocen que esto es una leyenda, y desde luego lo que es un hecho es que Sabino no se dedicó a la política hasta que volvió de Barcelona, con una carrera de Derecho terminada que no le serviría de mucho puesto que no llegó a ejercer nunca la abogacía.
La ideología catalanista es fuertemente pan-imperialista. El pan-imperialismo está basado en que a una unidad cultural debe corresponder una unidad política. Como ejemplo de esto podemos tomar el pangermanismo, con el que Hitler sin ir más lejos se anexionó la región checoslovaca de los Sudetes y después Austria para formar la “Gran Alemania” con el fundamento de que como son territorios de cultura alemana deben de pertenecer a la misma nación. Milosevich actuó de igual manera con la “Gran Serbia”, agitando el paneslavismo durante el conflicto de los Balcanes.
Los nacionalistas catalanes consideran que Cataluña, Valencia, las Islas Baleares, parte de Aragón (lo que denominan la “Franja de Poniente”), Andorra más la ahora llamada “Catalunya Nord”, es decir, el Rosellón, la Provenza, el Languedoc, la Cerdaña…deben de formar una única entidad política porque tienen la misma cultura. En honor a la verdad hay que reconocer que los austriacos recibieron con más entusiasmo la idea de formar parte de la “Gran Alemania” que los valencianos, los aragoneses o los andorranos la de pertenecer a los “Països Catalans”, término popularizado por Joan Fuster, aunque se usó ya en tiempos de “La Renaixença”.
El catalanismo es una ideología totalitaria. Desde luego no podemos decir que Cataluña actualmente sea una dictadura, pero tampoco que en Cataluña se pueda disfrutar de una democracia completa o, al menos, del mismo grado de democracia del que disfrutan las demás regiones españolas donde no ha gobernado el nacionalismo. Efectivamente, todos aquellos que han levantado su voz contra el nacionalismo han sufrido algún tipo de represión: bien en forma de atentado terrorista, bien mediante la persecución laboral, bien mediante amenazas, bien mediante el boicot comercial o profesional. En Cataluña, la brutalidad del terrorismo de ETA o la “kale borroka” se han sustituido por la exclusión social, el terrorismo de “baja intensidad”, el boicot empresarial o profesional o la expulsión pura y dura. Se podría hablar de una “dictadura silenciosa”.
La ‘mentalidad catalana’ es la que quieren los dirigentes nacionalistas que sea según lo requieran las circunstancias y mande la coyuntura; y que se inoculará totalitariamente a la persona que viva en Cataluña por medio de la escuela, la prensa, la televisión o la presión social e institucional. Esta es la idea fundamental del totalitarismo catalanista, de obligar a las personas a pensar de una manera determinada, que siempre será la que les convenga a las oligarquías políticas en ese momento y de la persecución que sufren aquellas personas que alzan la voz contra el nacionalismo uniformador.
Si alguno es recalcitrante o resistente, siempre se le puede amenazar, marginar, boicotear profesional o empresarialmente, violentar más o menos intensamente o echar directamente de Cataluña. Y si se desenmascara al nacionalismo y sus perversos métodos, ya sabemos cual será su agresiva y victimista reacción: el recurso a la descalificación de anticatalán, españolista o la más socorrida de fascista.

El nacionalismo pancatalanista. eldiariomontanes.es.

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