Los Mártires Claretianos de Barbastro. Memoria historica

José Felix Valdarrábano cmf

¿QUIENES SON?

             Son 51 Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos) fusilados por odio a la fe en agosto de 1936.

             Todos ellos pertenecían a la Comunidad de Barbastro. Era una comunidad numerosa, de 60 individuos, dedicada a la formación de los misioneros; era un Seminario de la Congregación.

              9 eran sacerdotes, de los cuales tres ejercían los cargos de responsabilidad en la casa y en el Seminario. Dos habían recibido la ordenación sacerdotal hacía poco más de dos meses.

             De los 12 Hermanos que había en la comunidad sólo 5 recibieron la palma del martirio, porque no mataron a los ancianos ni a los que estaban muy enfermos.

             El resto de la comunidad, 39, eran seminaristas que cursaban los últimos años de teología: uno era subdiácono y 11 habían recibido las Ordenes menores. Dos argentinos se salvaron de la muerte; fueron liberados a última hora, en razón de su condición de extranjeros.

             Conviene destacar la juventud de la gran mayoría de estos mártires al tratarse de una comunidad-Seminario. Sólo 9 de estos mártires sobrepasaban los 25 años; 36 no llegaban a esa edad, y tres de ellos habían cumplido solamente los 21 años.

 ¿DE DONDE VIENEN?

              De Cataluña provenían 25. 9 eran navarros. De Castilla-León son 6. Hay 5 aragoneses y 3 valencianos. Uno es de Cartagena, otro de Asturias y otro de La Rioja.

             Estos mártires son de 16 Diócesis españolas: Asturias (1), Barbastro (1), Burgos (antes eran de Osma-Soria o de Segovia) (6), Cartagena-Murcia (1), Gerona (8), Huesca (1), Lérida (4), La Calzada-Logroño (1), Pamplona-Tudela (9), Seo de Urgel (3), Solsona (2), Tarazona (1), Tarragona (3), Valencia (3), Vic (6) y Zaragoza (1).

             Sus familias eran de condición social humilde, la mayoría de ellas dedicadas a las labores agrícolas.

 ¿POR QUÉ MARTIRES?

             Fueron muchos los inocentes que murieron en la pasada guerra civil española. En la zona nacional el ejército, o escuadrones de la muerte, mataron a personas honestas sólo por ser de izquierdas. Y en la zona roja muchos católicos, obispos, sacerdotes, religiosos y seglares fueron ejecutados por su fe. Los que mueren por su ideal, de uno u otro bando, merecen el respeto de todos.

             No todos los cristianos murieron por la fe; a muchos los mataron por diversos motivos que nada tenía que ver con ella. Y no de todos los que murieron por la fe, como los Mártires, se puede atestiguar cómo murieron. Esto es importante porque la Iglesia beatifica sólo a aquellos de los que se tienen testimonios de cómo murieron y de si murieron por la fe y perdonando a sus verdugos, como Jesús.

             El día 20 de julio, a los dos días del levantamiento del General Franco, un grupo de milicianos irrumpió en la casa de los misioneros para un registro y ver si había armas escondidas. Pudieron dar pie a ello de un modo inmediato los ejercicios que realizaban en la plaza de Toros los seminaristas que estaban en edad de servicio militar, para acortar su estancia en el cuartel. Pero fueron sobre todo las calumnias que circulaban, no sólo en la población, sino en todo el país, sobre la hipocresía de los clérigos y su peligrosidad. De hecho en Barbastro se registraron hasta los conventos de clausura.

             Aunque no pudieron encontrar lo que buscaban, a pesar de la minuciosidad del registro, encarcelaron a todos los misioneros. Separaron a los tres superiores del resto de la comunidad; los llevaron a la cárcel. Al resto de la comunidad lo llevaron al salón de actos del Colegio de los Escolapios.

             En nuestros Mártires no encontraron motivos políticos ni razones que justificaran su muerte. Los milicianos confesaron públicamente, y expresaron ante los mismos mártires, la razón de su odio y de su condena: eran religiosos y tenían que morir. “No odiamos vuestras personas; lo que odiamos es vuestra profesión”.

             Los mártires claretianos de Barbastro dejaron en varios escritos estampado su propio testimonio, su conciencia de que iban a morir por odio a la religión, y de que iban a ser “mártires”:

             ” Voy a ser fusilado por ser religioso y miembro del clero, o sea, por seguir las doctrinas de la Iglesia Católica Romana. R. Illa”.

             “Nos matan por odio a la religión. Domine, dimitte illis. En casa no hicimos ninguna resistencia. La conducta en la cárcel, irreprochable. ¡Viva el Corazón Inmaculado de María! Nos fusilan únicamente por ser religiosos. No ploreu per mi. Soc martir de Jesucrist. Salvador Pigem”.

             “No se nos ha encontrado ninguna causa política, y sin forma de juicio morimos todos contentos por Cristo y su Iglesia y por la fe de España. Por los mártires Manuel Martínez CMF.

            “Muero inocente; no pertenezco a ningún partido político; lo tenemos prohibido por nuestras Constituciones; acatamos todo poder legítimamente constituido… José Brengaret CMF.

             “Seis de nuestros compañeros son ya Mártires, pronto esperamos serlo nosotros también” dejaron escrito en la “Ofrenda última a la Congregación”, que firmaron todos los supervivientes.

 ACTITUDES ANTE EL MARTIRIO

              1. Consta también por el testimonio escrito de los mártires que mueren por Jesús y la Iglesia, y como el mismo Señor, perdonando a los que les van a quitar la vida:

             “Si hablamos es para animarnos a morir como mártires; si rezamos es para perdonar. ¡Sálvalos, Señor, que no saben lo que hacen”. Sr. Faustino Pérez.

             “Así como Jesucristo en lo alto de la cruz expiró perdonando a sus enemigos, así muero yo mártir perdonándolos de todo corazón y prometiendo rogar de un modo particular por ellos y por sus familias. Adiós. Tomás Capdevila CMF.

             El “Domine, dimitte illis” está escrito y firmado por varios de ellos en sus escritos.

              2. Mueren contentos porque reconocen que el martirio es un privilegio del que no se sienten dignos y que agradecen de corazón al Señor. Van al lugar del fusilamiento cantando himnos religiosos y lanzando Vivas a Cristo Rey y al Corazón de María.

             “Con la más grande alegría del alma escribo a ustedes,… el Señor se digna poner en mis manos la palma del martirio; y en ellas envío un ruego por todo testamento: que al recibir estas líneas canten al Señor por el don tan grande y señalado como es el martirio que el Señor se digna concederme… Yo no cambiaría la cárcel por el don de hacer milagros, ni el martirio por el apostolado, que era la ilusión de mi vida. Ramón Illa”.

             “Muero mártir por Cristo y por la Iglesia. Muero contento, cumpliendo mi sagrado deber. Adiós, hasta el Cielo. Luis LLadó”.

             “Con el corazón henchido de alegría santa, espero confiado el momento cumbre de mi vida, el martirio… Perdono de todo corazón a todos los que voluntaria o involuntariamente me hayan ofendido. Muero contento. Adiós y hasta el cielo. Juan Sánchez Munárriz”.

             “Pasamos el día animándonos para el martirio y rezando por nuestros enemigos y por nuestro querido Instituto. Cuando llega el momento de designar las víctimas hay en todos serenidad santa y ansia de oír el nombre para adelantar y ponernos en las filas de los elegidos; esperamos el momento con generosa impaciencia, y cuando ha llegado, hemos visto a unos besar los cordeles con que los ataban, y a otros dirigir palabras de perdón a la turba armada: cuando van en el camión hacia el cementerio los oímos gritar ¡Viva Cristo Rey!”… Morimos todos contentos, sin que nadie sienta desmayos ni pesares…” dejaron escrito en su testamento los del último grupo.

             3. Mueren con un claro sentido apostólico. En todos ellos había grandes ilusiones ministeriales y deseos de trabajar por la salvación de las almas. El sacerdocio, las misiones entre infieles, el mundo obrero, el servicio a la Iglesia, nada escapaba o quedaba fuera de su preocupación apostólica. Pero lo que les pide el Señor es su vida, su sangre, y se la ofrecen de corazón.

             “Hágale saber al P. José Fogued que ya no puedo ir a China, como siempre he deseado. Ofrezco gustoso mi sangre por aquellas misiones y desde el cielo rogaré por ellas” encomendó Rafael Briega a uno de los argentinos liberados.

             Varios de ellos le dijeron al mismo estudiante: “Ya que no podemos ejercer el sagrado ministerio en la tierra, trabajando por la conversión de los pecadores, haremos como Santa Teresita: pasaremos nuestro cielo haciendo bien en la tierra”.

             4. Su sentido de pertenencia a la Iglesia y a la Congregación, y el amor a sus familias es particularmente intenso. En ellas y en la Congregación aprendieron a vivir la fe y la esperanza cristianas que les mantuvo en la prueba y en la fidelidad hasta la muerte; en ellas comenzaron a ser cristianos y misioneros, a conocer y amar a Jesucristo y al Corazón de María, a sentir con la Iglesia y con el Papa, a preocuparse por los hombres que no conocían el Evangelio. Estaban orgullosos de poder decir a los suyos que estuvieran contentos porque tenían un hijo, un hermano mártir; y de escribir a la Congregación:

             “¡Viva la Congregación santa, perseguida y Mártir! Vive inmortal, Congregación querida, y mientras tengas en las cárceles hijos como los tienes en Barbastro, no dudes de que tus destinos son eternos. ¡Quisiera haber luchado entre tus filas, Bendito sea Dios! Faustino Pérez CMF”.

             “Morimos todos rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre vengadora, sino sangre que entrando roja y viva por tus venas, estimule tu desarrollo y expansión por todo el mundo. ¡Adiós, querida Congregación! Tus hijos, Mártires de Barbastro, te saludan desde la prisión y te ofrecen sus dolores y angustias en holocausto expiatorio por nuestras deficiencias y en testimonio de nuestro amor fiel, generoso y perpetuo”… Los Mártires de Barbastro, y en nombre de todos, el último y más indigno, Faustino Pérez CMF”.

 SU MARTIRIO

             Como ha quedado reseñado en uno de los escritos de los mártires transcritos, su comportamiento en la cárcel fue ejemplar en todo momento.

             “Ellos murieron por ser discípulos de Cristo, por no querer renegar de su fe y de sus votos religiosos. Es difícil imaginar una muerte más vivida de antemano, mejor aceptada, ofrecida en unión con Cristo sacrificado por la salvación del mundo. Su vida fraternal en el salón de los escolapios, sus oraciones, sus cantos, sus expresiones de esperanza y de perdón nos hacen revivir las Actas de los primeros mártires, la semilla y las más hondas raíces de nuestro cristianismo” (Mons. Fernando Sebastián CMF, Arzobispo Coadjutor de Granada y A.A. de Málaga)

             A pesar de haber quedado separados de sus superiores, se mantuvieron íntegros y firmes hasta el final. Debieron pensar que así sería más fácil hacer claudicar a los jóvenes.

             Se vieron sometidos a toda clase de pruebas:

             1) Distintos milicianos ofrecieron a varios mártires, personalmente, la libertad por haber tenido alguna relación previa con su familia, o simplemente por compasión. A todos en conjunto se les pidió que fueran a luchar al frente con ellos. Ninguno aceptó tales ofrecimientos; los primeros por solidaridad con sus compañeros; todos porque sabían que aceptar estaba en contradicción con su profesión y suponía claudicar de su fe y de su vocación.

             2) En pleno verano se les racionó el agua; tenían escasamente la necesaria para beber, y no para el aseo personal.

             3) Se les sometió a simulacros de ejecución en varias ocasiones. De pie y frente al pelotón hubieron de aguantar firmes la orden de fusilamiento. Desde las ventanas que daban a la calle gentes del pueblo los injuriaban, los insultaban y amenazaban.

             4) Para provocarles introdujeron prostitutas en el salón donde estaban encerrados. Los milicianos les amenazaron con un fusilamiento inmediato en caso de contrariarlas; pero ellos supieron cómo superar la situación: con prudencia, con disciplina personal y comunitaria, y, caso de verse acosados, con la decisión de gritar Vivas a Cristo Rey, que tanto exasperaba a sus guardianes.

             5) Finalmente fueron fusilados en distintos grupos. A los tres superiores los mataron el 2 de agosto. Los seis mayores del grupo encerrado en el salón de los escolapios recibieron la palma del martirio el 12 de agosto. Veinte el 13, y otros veinte el 15. Por último, los dos que estaban internados en el hospital por enfermos, el 18.

 ESPIRITUALIDAD

             “Los jóvenes mártires de Barbastro fueron verdaderos maestros de espiritualidad para nosotros”, ha dicho Mons. Fernando Sebastián CMF.

             Es difícil imaginar que los mártires hayan podido afrontar el martirio sin una adecuada formación y sin una preparación intensa. Ciertamente los tiempos que se vivían en España hacían presagiar cualquier desenlace dramático para los creyentes, y más en particular para los sacerdotes y religiosos.

             En el Seminario se inculcaba el amor sin reservas a Jesucristo y la entrega filial al Corazón de María, una sólida piedad, la fidelidad vocacional y la pertenencia gozosa a la Iglesia y a la Congregación, la ascética y la disciplina, el amor al estudio. Herederos del espíritu apostólico de S. Antonio Mª Claret, se les había enseñado a estar atentos a los desafíos misioneros de su tiempo y a ser sensibles a las necesidades de los desfavorecidos. Alimentaban su ilusión apostólica y se preparaban para el ministerio con una mirada universal.

             En la cárcel su instinto religioso les llevó a asegurar su vida espiritual por encima de todo.

             La Eucaristía constituyó el centro de su vida mientras pudieron recibirla. Clandestinamente pudieron comulgar durante unos días. Algunos la conservaban encima, y los otros con disimulo se les acercaban para adorar a Cristo en el sacramento.

             Tuvieron la suerte de poder contar con ellos, hasta el final, con un sacerdote para acudir al sacramento de la penitencia, y recibir de él la absolución de los pecados en más de una ocasión.

             La oración, el rezo del rosario y del oficio del Común de mártires alimentaron su espíritu, los prepararon para la plena identificación con Cristo y asumir su muerte con gozo. Pudieron conservar hasta el final objetos religiosos y algunos libros, entre ellos el Oficio Divino que rezaron todos los días los que estaban obligados a él. Utilizaron el “Maná del cristiano” con el que podían practicar el acto de aceptación de la muerte.

             La comunidad fue otro de los elementos importantes en su formación y en su cautiverio. Por un lado trataron de conservar el ritmo y la disciplina comunitaria; pero sobre todo la fraternidad y el apoyo de unos a otros fue decisivo en más de un caso. Juntos, en pequeños grupos cuando podían, rezaban; deliberaron en común; buscaron la forma de amenizar en lo posible algunos ratos y mitigar sus sufrimientos, pero sobre todo, se animaron a morir como mártires.

 CONCLUSION

             Desde el primer momento tanto la Congregación Claretiana como la misma población de Barbastro consideró como verdaderos mártires a estos 51 Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, y con toda veneración ha conservado sus restos y su memoria. En ellos muchos han encontrado un ejemplo y un estímulo de vida cristiana, y a ellos se han encomendado como verdaderos intercesores ante el Señor.

Los Mártires Claretianos de Barbastro.

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