La patata caliente – Juan Eslava Galán / ABC

“Occidente debe reaccionar incorporando al inmigrante a nuestro sistema con todas sus ventajas, pero también con todas sus obligaciones. Las personas siempre son respetables, pero sus ideas o sus costumbres pueden no serlo. En caso de conflicto o de incompatibilidad ¿quién debe ceder? El inmigrante, por supuesto. Una postura que Occidente debe sostener con firmeza”


  

Juan Eslava Galán
  
MAÑANITA de domingo. Salgo temprano para mi paseo matinal y encuentro una Puerta del Sol desierta en Ia que los empleados de Ia Iimpieza retiran las basuras del botellén de Ia víspera. Pienso en Amiano Marcelino,  el historiador grecorromano del siglo IV, que censuraba a los jóvenes de su tiempo por pasar las noches en las plazas de Roma estorbando el sueño de los vecinos. Ademas desaprobaba que se dejaran melena ( crinesmaiores), y que vistieran pellizas (indumentapellium), al estilo de los bárbaros. En esto y otros detalles veia Marcelino que el Imperio Romano habia entrado en su fase crepuscular. ¿No nos resulta familiar?

Entre Ia decadencia del Imperio Romano y la de Ia sociedad occidental, y mas concretamente europea, suele establecerse algún otro paralelismo. Los romanos que en tiempos de sus abuelos solian ser austeros, Iaboriosos y honorables, se habian vuelto hedonistas, flojos y corruptos. Las clases acomodadas apenas engendraban hijos, por Ia incomodidad de criarlos, mientras que las clases humildes esquivaban el trabajo y se acogian a panemetcircenses, pan y circo (Ia annona, una especie de subsidio estatal, y el circo gratis cuyo equivalente actual serial los programas basura de Ia tele y el deporte-espectaculo).
EI Imperio Romano decayo por distintas causes que aun se discuten. Una de ellia fue Ia invasion de los bárbaros: una aerie de tribus que se instalaron en su territorio unas veces de grado  (asumian el trabajo que los romanos no querian) y otras por fuerza.

Hoy Europa se ve invadida pacificamente por esos nuevos bérbaros (en el sentido griego de extranjero) que Ilaman a nuestra puerta deslumbrados por Ia prosperidad y el bienestar que observan en Ia publicidad occidemal, en las peliculas americanas y en los turistas. Esa marea humana no suele  contenerse con alambradas o concertinas. EI que huye del hambre y de Ia indigencia, incluso de Ia muerte, terminara irrumpiendo en Ia tierra de promisión donde  imperan Ia Iibertad, Ia dignidad y el consumo. Aqui disfrutan de Servicios medicos, de alimentos, de un techo  y de una ducha, aunque sea en un albergue saturado. Los que huyen de Ia pobreza y de Ia titania, ¿;como no van a afrontar cualquier riesgo con tal de acogerse a nuestros beneficios?

¿Qué puede hacer Europa ante Ia patata Caliente de esa invasión? Lo mas sabio seria  arbitrar medidas para ordenar Ia oleada migratoria e integrarla. No se grata solo de que Ia tolerancia, la convivencia pacifica y el respeto al otto sean esenciales en el sistema de valores de occidente. Se grata también de que esos emigrantes pueden ser Ia solución de nuestro problems mas graves: Ia poblacién europea esta envejecida y si no se corrige esta tendencia con un aporte de sangre joven llegara el dia en que Ia poblacién activa no pueda sostener a Ia pasiva con el consiguiente desplome del estado asistencial. Frente a esa contingencia, los inmigrantes pueden y deben ser ua solucion.

 Eso plantea un inconvenience. La mayoria de esos aspirantes a europeos que se agolpan a nuestra puerta son portadores de una culture no siempre compatible con los valorem occidentales. Contra Io que el buenismo de Ia alianza de civilizaciones predica, en el pasado nuestras dos culturas jamas han convivido, todo Io mas han coexistido, y a menudo en un estado de conflicto Iarvado o evidente. 

Esta es Ia Ieccion de Ia historia. Por decirlo crudamente, con palabras de Ia psicóloga y periodista siria nacionalizada estadounidense Waft Sulténz:

 “EI enfrentamiento que estamos presenciando en el munro no es un enfrentamiento entre dos religiones ni entre dos civilizaciones (…) Es un enfrentamiento entre una mentalidad que pertenece a Ia Edad Media y otra mentalidad que pertenece al siglo XXI. Es un enfrentamiento entre el progreso y el atraso, entre Io civilizado y Io primitivo, entre la barbarie y Io racional. Es un enfrentamiento entre Ia libertad y Ia opresión, entre Ia democracia y Ia dictadura. Es un enfrentamiento entre derechos humanos por una parte y Ia violacion de esos derechos por Ia otra. Es un enfrentamiento entre aquellos que tratan a las mujeres como animales y aquellos que las tratan como seres humanos” (entrevista en A|Yazeera 21 -II-2006).

EI problems es, dicen los alarmistas, que estas personas que escapan de una forma de vida que los condena a Ia infelicidad, puedan traerla consigo y pretendan imponérnosla. Los que Io temen acuden al inquietante principio enunciado hace un siglo por el politico e historiador Charles de Montalembenz “Cuando soy débil os reclamo Ia Iibertad en hombre de vuestros principios; cuando sea fuerte os Ia negaré en hombre de los nuestros”.

Ante ese peligro, Occidente debe reaccionar incorporando al inmigrante a nuestro sistema con todas sus ventajas, pero también con todas sus obligaciones. Las personas siempre son respetables, pero sus ideas o sus costumbres pueden no serlo. En caso de conflictos o de incompatibilidad ¿quien debe cedar? EI inmigrante, por supuesto. Una postura que Occidente debe sostener con firmeza. 

Si decidimos que el velo obligatorio discrimina a Ia Mujer, se debe suprimir. Si decidimos que Ia ablación del clitoris no es de recibo, debe penarse. Si una Comunidad exije que se elimine Ia came de cerdo de las comidas escolares (recientemente ocurrió en Francia) no se debe consentir que un tabu surgido entre los camelleros del desierto arábigo desde hace siglos interfiera en nuestros hábitos alimenticios.

Regresamos a Ia Puerla del Sol cuando cae Ia tarde y los madrileños salen a refrescarse y pasear despues de un dia caluroso. En las atestadas aceras, dificultando el paso de los viandantes, no menos de dos docenas de subsaharianos han tendido el topmanta en el que venden, como en un zoco africano. toda class de articulos falsificados con grave perjuicio del comercio que cumple con la ley y sostiene con sue impuestos el Estado del bienestar que esos inmigrantes han venido a disfrutar. Es una estampa que no veremos en Trafalgar Square, no en los Campos Eliseos, ni en la Puerta de Brandenburgo, lugares donde las leyes se aplican sin complejos

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