Chris Ealham: «El populismo de ERC en los años 30 fue socialmente inoperante» / ABC

En «La lucha por Barcelona», el historiador de la Universidad de Lancaster Chris Ealham ha estudiado la represión del anarquismo barcelonés entre 1898 y 1937

A. CENTELLES La Guardia de Asalto reprime una manifestación el 17 de febrero de 1936
A. CENTELLES La Guardia de Asalto reprime una manifestación el 17 de febrero de 1936
SERGI DORIABARCELONA. Como apunta en el prólogo Paul Preston, el estudio de Chris Ealham sobre la Barcelona de los años veinte y treinta no se ajusta a los tópicos de una historiografía que quiso ver una alianza entre partidos de la izquierda catalanista y el movimiento obrero. En la «gimnasia revolucionaria», Barcelona se constituyó en el campo de batalla por el que pugnaban la burguesía y un anarcosindicalismo enraizado en las clases humildes y la inmigración. El barrio de la Torrassa, el Barrio Chino, el Paralelo y el Poble Sec eran feudos de un anarquismo que aumentaba en progresión inversamente proporcional a las desigualdades sociales.

El 14de abril de 1931, ERC cultivó un populismo que atrajo a anarquistas e inmigrantes. «Al principio de la República, los emigrantes votaron por el Estatut de Núria y la Autonomía porque creyeron que eso ayudaría a construir una Cataluña nueva». Las expectativas quedaron defraudadas.

Anarquismo e inmigración

El partido de Macià no tardó en reprimir a sus enemigos sociales: el aparente consenso entre el catalanismo republicano y el anarcosindicalismo se truncó. «ERC no era un partido sino una cohabitación» explica Ealham. «Su ala nacionalista radical de extrema derecha», incluía «a un pequeño grupo de catalanes xenófobos como el notorio racista Pere Màrtir Rossell y los criptofascistas Miquel Badia y Josep Dencàs, que despreciaban a la clase obrera ´descatalanizada´»

Comenzaba así una dura lucha por el control de Barcelona que cuartea la imagen de la República socialmente avanzada. La Guardia de Asalto reprimió al obrerismo con igual virulencia y superiores medios que en los años de plomo de Martínez Anido. Se sostuvo en leyes como la de «Defensa de la República» o la de «Vagos y Maleantes», promulgada por Jiménez de Asúa, y recuperada bajo el franquismo en la «Ley de Peligrosidad Social».

La represión, que comandaron los hermanos Badia, se nutrió de la identificación de emigración con delincuencia y anarquismo. «Al buscar culpables del fracaso social, ERC los encontró en los emigrantes, en especial murcianos», dice Ealham. La manifestación más notoria de este sentimiento de exclusión, añade el historiador, «fue la colocación de un cartel que decía: ´¡Cataluña termina aquí! ¡Aquí empieza Murcia!´, en la frontera de Barcelona y el barri de Collblanch de l´Hospitalet cuya población predominantemente inmigrante fue vilipendiada por las autoridades, sectores nacionalistas y las asociaciones patronales a lo largo de toda la República». Esta actitud favoreció la radicalización del anarquismo, como única voz de los excluidos.La política urbanística estuvo también ligada al control social. La obsesión de las autoridades para «desactivar» los focos rebeldes del Barrio Chino llevó a la planificación del nonato «Plan Macià».

Origen: ABC

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