Alcaldesas populistas contra la clase media y baja – Almudena Negro / Vozpópuli

Se celebraba esta pasada semana en Barcelona una interesante jornada, organizada por Students For Liberty, que es la organización de estudiantes libertarios más grande del mundo, en la universidad Pompeu Fabra. Jornada a la que tuve el honor de ser invitada para disertar acerca de los populismos. Ya saben, Podemos, pero también lo de Artur Mas, Forcadell y Forcades y las CUP. Así que nada como darse el día antes una vuelta por el feudo de la crecida y populista Ada Colau. La de “o me regalas pisos por las buenas o te los quito por las malas”.  ¡Qué gran idea la de juntar bancos malos para hacer uno peor!

Los pequeños y medianos empresarios barceloneses, especialmente los hosteleros, pero también los pequeños comerciantes, están literalmente desesperados con las astracanadas de la nueva Corporación Municipal. “Tiene paradas hasta las rehabilitaciones internas de los hostales, no nos deja hacer obras de mejora en las instalaciones”, denuncian no pocos de ellos.  “Encima, toda Barcelona se ha llenado de manteros, que zurran a la municipal, no pagan impuestos ni licencias y hacen la competencia a los pequeños comerciantes. Colau y los suyos, además, pretenden imponer en determinadas zonas el tipo de negocios, como la venta de vinilos. Como si los turistas fueran a comprar lo que se les antoja a ellos; como si por decreto pudieran decidir sobre los gustos. El turismo de calidad se va a ver reemplazado por el barato, de mochila. Y eso si no se va a otra parte”, claman. No puede sorprender. Al fin y al cabo hace ya mucho que Barcelona, la segunda ciudad más importante de España, es la capital de los antisistema europeos.

35 proyectos turísticos, entre hoteles, hostales, albergues y residencias de estudiantes, han sido suspendidos. 3.000 plazas hoteleras están en el aire, con la repercusión económica que ello tendrá en el empleo y el comercio local

Pero la culpa del desaguisado no la tiene solo Ada Colau. Ella no es la causa, sino la consecuencia: no pocos vecinos barceloneses se han pasado semanas clamando contra el turismo, que les proporciona trabajo y bienestar, inundando las calles de pintadas y carteles de “turistas go home”. 35 proyectos turísticos, entre hoteles, hostales, albergues y residencias de estudiantes, han sido suspendidos. 3.000 plazas hoteleras están en el aire, con la repercusión económica que ello tendrá en el empleo y el comercio local. Un suicidio en toda regla. Pero es que la sociedad catalana está, como el resto de Europa, pero aquí en grado superlativo, en pleno proceso de autodestrucción. Y cuando un pueblo decide suicidarse, nada puede impedirlo. Al aldeanismo propio del nacionalismo, uno de los populismos que con más fuerza han arraigado en España, hay que sumarle la extrema infantilización de la sociedad, consecuencia de una socialdemocracia que reniega de la responsabilidad, para así aniquilar la odiada libertad, representada por el capitalismo y el individualismo.

A la ya mencionada inquina de Colau contra el turismo, especialmente el de los cruceros que su buena pasta se han dejado históricamente en la ciudad y a cuyos visitantes quiere la alcaldesa impedir circular libremente por Barcelona como si de Corea del Norte se tratase, se suma su afán por intervenir en absolutamente todos los órdenes de la vida de las personas y su apoyo a todo lo pernicioso para ellos. Cosas del populismo socialista, que en Argentina podría ser frenado, yo no acabo de creer en el fin del peronismo, por el candidato Macri.

En Madrid, en donde la oposición parece sestear mientras la prima riesgo se dispara entre bobadas anticapitalistas del concejal Sánchez Mato, la cosa no pinta muy distinta a Barcelona. Manuela Carmena, quien cada día nos sorprende con una nueva ocurrencia, a cada cual más pintoresca que la anterior, y a quien Federico Jiménez Losantos ha bautizado como Lady Gaga, también quiere liquidar el turismo de calidad. Y recaudar. A las dificultades que está poniendo al empresario chino Wang para remodelar el histórico hotel de Plaza de España, se suma su intención de imponer la tasa turística en la capital o la prohibición de los coches en toda la zona centro. Una prohibición cuyo origen se encuentra en esa obsesión cateta que consiste en echar los vehículos de las ciudades y que tiene horrorizados a restauradores como Lucio o los dueños de casa Lhardy. Temen, con razón, que la prohibición de entrada de vehículos, excusa para recaudar, arruine sus históricos negocios.

En el fondo ambas regidoras, cuyas “brillantes” ideas van desde pintar los coches de policía de blanco y amarillo, pasando por poner a los universitarios a barrer las calles, hasta organizar carriles-turista, parecen salidas de Blade Runner y, demuestran a diario que no saben gobernar. Ambas esconden su autoritarismo detrás de invocaciones a infantes o hipócritas apelaciones al hambre en el mundo. Más que alcaldesas, parecen Misses. Miss populismo

Origen: Vozpópuli – Alcaldesas populistas contra la clase media y baja

2 comentarios en “Alcaldesas populistas contra la clase media y baja – Almudena Negro / Vozpópuli

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