En el cementerio de Montcada i Reixac asesinaron al menos a 1.155 personas no residentes allí, entre ellas el obispo de Barcelona, Manuel Irurita

Cuatro mártires de la guerra civil española nacieron un 6 de junio: un lasaliano palentino -que está entre los primeros asesinados en Montcada-, un hospitalario barcelonés, un capuchino leonés y un sacerdote diocesano alicantino.

Primeros mártires en Montcada i Reixac
Jesús Juan Otero (hermano Arnoldo Julián de las Escuelas Cristianas), de 34 años y natural de Abastas (Palencia), fue asesinado el 25 de julio de 1936 en Montcada i Reixac (Barcelona) y beatificado en 2007.

Entre los 33 beatificados del día de Santiago, hay cinco hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) y dos carmelitas descalzos, ejecutados en Montcada i Reixac, cuyo cementerio terminará por ser el lugar más frecuentado para las ejecuciones extrajudiciales en esa provincia (se entiende el cementerio viejo, no el nuevo o de Collserola, inaugurado en 1972).

Los carmelitas estaban de paso en Barcelona: eran Jaime Balcells Grau (Gabriel de la Anunciación, 27 años) y Ricardo Farré Masip (Eduardo del Niño Jesús), de 39. Este se había ordenado sacerdote en 1920, pasando a México hasta 1923, luego a Estados Unidos y después de asistir al capítulo general de la orden en Israel en 1933, a Barcelona. En 1936 fue elegido prior de Tarragona, pero al estallar la guerra estaba predicando la novena (del Carmen) a las descalzas de Tiana, al norte de Badalona. A partir del día 20, se refugió en una casa particular junto con el padre Gabriel de la Anunciación, que estaba en Tiana para celebrar la fiesta de San Elías, tras regresar para veranear de Roma, donde daba clases de Patrología en el Colegio Internacional de la orden. Ambos fueron detenidos por milicianos que registraban la casa donde se encontraban el mismo día 25.

El mayor de los lasalianos asesinados ese día en Montcada era el hermano Arnoldo Julián. Profesó en 1918 y estaba desde 1933 en la comunidad de Montcada, en el Convento de Nuestra Señora del Castell. El 19 de julio tuvo que dispersarse la comunidad y, con otros tres, se escondió en Masrampinyo, propiedad de Pedro Garau, en una parte alejada, sin hablar con extraños y yendo a casa de su bienhechor solo para comer. Al presentarse milicianos a buscarlos, se libraron escondiéndose en una elevada plantación de alubias. El día 25 reclamaron al dueño -según su hermano-:
Sabemos que guardas aquí a cuatro curas.
– No. Yo tengo aquí a cuatro profesores.
– Para nosotros es lo mismo. Traelos.
Una vez detenidos, dijeron a los hermanos:
– No tienen que temer, los vamos a llevar a Francia.
Pero fueron al cementerio hoy llamado de Collserola -por la sierra del mismo nombre-, y entonces de Sardañola, por estar parte de él en el término municipal de Cerdanyola del Vallès (el Torrent del Cargoll, divisoria entre ambos municipios, pasa por medio del camposanto). Cuando llegaron al cementerio uno que debía conocerlo, le quiso poner aparte para salvarle. Pero el hermano le preguntó qué pasaría con los otros. “Los vamos a fusilar”, fue la respuesta. “Pues entonces, quiero seguir la suerte de mis hermanos”. Se puso con ellos ante la fosa abierta y juntos gritaron “¡Viva Cristo Rey!” antes de morir.

Algo más joven que Otero era José Bardalet Compte (hermano Benedicto José), de 33 años. Profesó en 1919. Al dispersarse la comunidad de Montcada, se escondió y pasó la noche en una cabaña abandonada. El día 21 fue acogido por la familia Arranza. “No quiero morir, dijo. Pero si tengo que morir en esta tormenta, lo acepto, porque así podré servir a la causa de Dios”. A media tarde del 25, mientras daba clase de francés a uno de los niños de la familia, ocho milicianos fueron a buscarle. Se entregó sin resistencia. Cuando le llevaban maniatado, algunas gentes gritaban: “¡Muerte, muerte!”. Hicieron un simulacro de juicio y le condenaron por ser religioso. Y aquella misma tarde lo fusilaron en el cauce del río Besós.

Santos López Martínez (hermano Mariano León), era el siguiente en edad, con 25 años. Profesó en 1927, en 1930 comenzó su apostolado en Horta y de ahí pasó a Montcada, con breves estancias en Palamós y Salt. Sufrió la misma suerte que el hermano Arnoldo Julián. Vicente Fernández Castrillo (hermano Vicente Justino), de 23 años, también sufrió la misma suerte. Había profesado en 1929 y llegó a Montcada en 1934. José Mas Pujolras (hermano José Benito), de 22 años, murió como los anteriores. También profesó en 1929 y trabajó en Horta, Salt y desde 1934 en Montcada.

Contrastando estos datos con el estado 1 de Montcada i Reixac, en el legajo 1596, expediente 5, de la Causa General, referido a los residentes asesinados en ese pueblo, a diferencia de otras personas para las que especifica que fueron asesinadas en el cementerio, para los hermanos de La Salle se anota “en esta” (en la localidad) y como fecha de la muerte el día 26.

El estado 2 documenta 1.155 asesinatos de personas no residentes en la localidad, y supuestamente cometidos también por partidas forasteras (de Barcelona). Los que van con fecha empiezan en noviembre de 1937, y van en aumento en 1938, hasta marzo, cuando de nuevo se dejan de fechar. El 19 de julio llevaron a asesinar allí a unos militares del cuartel de San Carlos, inaugurando así la función de paredón-mataderodesde Barcelona.

Tanto este dato como el de que los lasalianos no murieron en el cementerio, los confirmó el 22 de marzo de 1941 Felipe López Rufete, ayudante del sepulturero, quien supone que los individuos que colocaron un control en la carretera frente al cementerio -entre los que cita a uno llamado Francisco y otro apodado el Mula- “detuvieron atravesando unos maderos en la carretera el automóvil en que huían de Barcelona unos cinco oficiales de la Maestranza de Artillería de San Andrés que fueron asesinados la noche del 19 de julio de 1936, en la carretera de Santa Coloma y a los cuales dio sepultura el declarante en el cementerio”.

En el caso de los hermanos de las Escuelas Cristianas, recordaba López Rufete “que los cadáveres ya los habían llevado al cementerio desde el lugar en que tuviera efecto la muerte, pero ignorando quién hiciera tal traslado”. El sepulturero concluía que la frecuencia de asesinatos obligó a que el ayuntamiento y el comité ordenaran “abrir una gran zanja en el cementerio para allí ir enterrando a los que todas las noches aparecían asesinados junto a las tapias del cementerio”.

Juan Luis Deu, sacristán de la iglesia y albañil del ayuntamiento que trabajaba en el cementerio, declaró por su parte que en torno a Montcada había cuatro controles y que “todos ellos eran de la sindical C.N.T.”, que personalmente había “enterrado a numerosísimos cadáveres de los asesinados por los rojos hasta mayo de 1937, en que desaparecieron tales asesinatos, habiendo llegado a enterrar el que declara hasta 32 cadáveres por día, los cuales aparecieron en la parte de afuera del cementerio, junto a la pared”. Para construir la fosa grande empezaron “los trabajos en el mes de agosto de 1936”, antes “enterraban a las víctimas de los rojos en la fosa común, donde continuaron los restos sin ser removidos” hasta el final de la guerra; “por el contrario en la fosa grande se exhumaron unos 450 cadáveres por orden de un juez especial que nombraron los rojos después de los sucesos de mayo de 1937”, nueva señal de que las matanzas de Montcada se atribuían en exclusiva a los anarquistas. Deu terminaba su declaración recordando cómo escondió al párroco y su vicario cuando su madre le avisó, “el día en que estalló la revolución” de que “las turbas querían matar a los curas”.

De igual modo el alguacil José Dou Clave declaró que después de haberse levantado acta de defunción de los militares del 19 de julio “no se practicaban tales inscripciones de defunción por haberle manifestado el entonces secretario del juzgado municipal, don Jaime Vidal del Valle, hoy fallecido, que los de la F.A.I. prohibían que se hiciera, continuándose sin practicarse las inscripciones de muerte que no fueran naturales, hasta que fue liberada la población, si bien ha de hacer constar que a partir de la revolución de mayo de 1937 no se practicaron más asesinatos en el término de Moncada”.

El comité revolucionario local -que tras un mes quedó en el ayuntamiento como comité central, desgajándose dos de guerra y abastos- estaba formado en mayoría por la CNT-FAI y en minoría por la UGT. El sacerdote Domingo Colomer Turell, que vivía en la capilla de Reixac, se refugió en casa de Francisco Trias Aymerich, pero allí fueron a buscarlo y lo mataron el 22 de julio.

Un testigo, Esteban Riera Pubill, concretó respecto a los militares del cuartel de San Andrés que “fueron asesinados en la carretera de la Roca, en el punto denominado debajo de la bóvila de Moncada”, y que sobre el asunto sabría algo un tal Serrano, que estaba en libertad, a pesar de “que alardeó de haber asesinado a dichos militares y al cura de Reixach”. Según Riera, también estaba en libertad “la mujer de Herranz, encargado de la eletricidad en el pueblo”, a pesar de haber sido “la que denunció el lugar donde se encontraban escondidos los cinco Hermanos de las Escuelas Cristianas”.

Como sabemos, en realidad solo cuatro estaba en la misma masía, cuyo propietario, el peón Pedro Grau Badía, declaró que el 25 de julio “se presentaron unos 15 individuos armados buscando a los curas que tenía ocultos y por más que el declarante negó que allí tuviera nadie escondido dieron con don Jesús Juan Otero y los otros tres religiosos y se los llevaron detenidos apareciendo asesinados en la madrugada siguiente en el cementerio de Moncada”. Grau identificó entre los captores a Francisco García Primavera, otro Francisco García o Rodríguez apodado el pequeño y a uno llamado Juan. El hermano del citado religioso, Atanasio Juan Otero, también lasaliano y probablemente residente en Montcada, declaró por su parte que su hermano “fue detenido por un tal Primavera, Pedro Norte y Cándido Reches”, suponiendo que el asesinato se cometió en el cementerio.

Los folios 352 a 364 de este expediente incluyen un informe de Falange sellado en Barcelona el 15 de enero de 1942, que completa la versión según la cual una mujer delató a los lasalianos, refiriéndose al director de la comunidad, también fallecido, pero cuyo nombre se desconoce:

“El director de los Hnos. De la Doctrina Cristiana que estaba escondido en casa de la vecina de esta, Dña. Ramona Ribet, tuvo la fatal desgracia de que la vecina de la casa de enfrente, llamada Antonia Suau Alsina, fuese al comité de guerra a denunciar que la referida vecina tenía escondido en su casa al director de los Hnos,.- Acto seguido se personaron varios dirigentes del comité de guerra en casa de la vecina Ramona Ribet, que practicaron la detención del referido director, que fue conducido en donde estaba instalado el comité de guerra. Primero usando amenazas contra el director y luego diciéndole que si decía donde se hallaban escondidos los demás Hnos. de la Comunión a él lo dejarían en libertad, y al cabo de un rato y después de tanto maltratarle dijo que se hallaban escondidos en casa del vecino de la barriada de Masrampinyo, llamado Pedro Grau Badía, y acto seguido varios dirigentes y patrulleros del comité de guerra se dirigieron en casa del referido vecino para proceder a la detención de los referidos Hnos. cosa que lograron. El director de los Hnos. de la Doctrina Cristiana se sabe con fundamento que fue asesinado no habiéndose encontrado hasta la fecha su cadáver. Los restantes Hnos. de la referida Comunidad fueron vilmente asesinados en el cementerio clandestino de esta localidad”.

De la impresión que en los habitantes de Montcada causaban las ejecuciones da idea el testimonio de un miembro de Esquerra, Juan Prat Taulet, que antes de la guerra era concejal suplente y cumplía 30 años de condena en la posguerra, asegurando “que como es natural se comentaban en el Ayuntamiento los asesinatos de los vecinos del pueblo, en un sentido de censura, habiendo oído el que declara que la muerte de Mosen Domingo, Cura de Reixach, tuvo lugar matándolo a tiros debajo de la cama. […] Con respecto a los numerosos asesinatos cometidos en el Cementerio de Moncada, el declarante le comunicó a Boix [alcalde al estallar la guerra, de Esquerra Republicana] que el pueblo estaba horrorizado y que si no había manera de terminar con aquella situación, contestándole que había hecho una gestión en la Generalidad de Cataluña, donde le habían dicho que era imposible porque en aquel entonces estaban dominados por los elementos que asesinaban y que eran incapaces de acabar con tales asesinatos, siendo opinión del testigo, por ser voz pública en Moncada, que la mayor parte de tales asesinatos los cometían individuos que iban de Barcelona con los mismos detenidos, pero que tomaban parte de vez en cuando, como ejecutores, individuos que vivían en Moncada, sin que pueda determinar sus nombres por no saberlos, pero sí que debían ser anexos al Comité”.

Uno de esos sospechosos será V. Villaverde, quien escribe desde la cárcel al citado Esteban Rieradeclarándose inocente en una emotiva carta plagada de erratas. En otra carta, un miembro del comité (que parece firmar con sus iniciales R.C.), insiste en la inocencia de un tercer personaje, José Mañosas. La carta de Villaverde está fechada en Sabadell el 7 de marzo de 1940:

“Amigo Esteban. Desearía que al rrecibir esa des frutes de un prefecto estado de salud en conpañia de tu hesposa y demás familia; la mía es buena G.D.- Un perdon te pido ati y alos emas camaradas y amigos del Padronato por todo lo que os aya ofendido- En estos momentos mas tristes de mi vida según peticion Fiscal y sin el calor de mi Ojar que es la perdida mas grande por un padre dejar los seres mas queridos del Mundo- Amigos míos me doy cuenta del orror que ecometido al separarme de bosotros amigos mios- Fue satanas que en jerto mis benas con ese beneno que bomitó Espinasa en todo el Pueblo y el sea probechao y hanosotros nos atirao ala miseria y ala muerte- Ati me dirijo y como amigo de la infancia un perdon tepido si noes pormi aslo por me Hesposa y Hijas que noson culpabres ellas del beneno que esta Vivora le en beneno con su doctrina- Tu y los demas amigos del Patronales y con la ayuda Dios esta mi suerte porque sois personas de corazon y podeis haberiguar mi in nocencia de los crimenes que me a cusan rresponsable donde sabeis bosotros y todas las pobres biudas que lo pueden justificar; donde abia amigos muy queridos de profundo a mistat como Capella Farjas Lorés Moran y Anton el cuñao de nuestro amigo Alcalde Y Magas personas todas queridas mias- Piensa amigo que si mi conciencia no estoviera limpia de estas criminal barbarida te pediria que icieras todo lo que es verdad y a ningun amigo como tu que de este momento estoy atu lado y lo estare mientras tenga bida- Telo juro por la salud de mis hijos quees lo que quiero mas en el Mundo ten en cuenta lo que digo que no son palabras lo que digo son letras que afirma y ojala Dios me de fuerzas para poder rresistir el peso de la justicia para podertelo demostrar- Un perdon os rrepito a todos los amigos del Padronato por todas mis ofensas y un saludo y muy agradecido del el nuestro amigo Alcalde- Y Megas que rrecuerdo unas palabras que me dijo al Puente de Besos- Se despide a Dios- V. Villaverde”.

El tenor de la segunda carta, fechada en Barcelona el 30 de marzo de 1941, es:

“Sr. Riera: Sin duda le estrañará la firma de esta carta pero después de leida V. ya comprenderá que no puedo hacerlo de otra manera porque de lo contrario yo mismo me pondría al alcance de la Justicia- Bien Sr. Riera yo soy uno de los del Comité Rojo de Moncada, y para el asunto que voy a exponerle, mi gusto sería hacerlo personalmente, pero no puedo, y menos en su casa de V., pues su señora y su cuñada de V. me reconocerían en el acto, pues soy uno de los que actué en su casa de V., todavía me acuerdo de cuando las teníamos encerradas en su despacho de V. fue en una de las casas que me supe muy mal, de intervenir, pues la verdad, no creía yo que estas dos señoras sobrevibieran a tan terrible golpe pero Sr, yo también tenía a mis superiores que me mandaban, ahunque fuese contra mi voluntad- Bien Sr. Riera voy a explicarme a V. de un asunto que seguramente tendrá interés en que se esclarezca, se trata de los hermanos Mañosa- Habiendo estado yo ausente desde la Aliveración, hasta ahora que he regresado en Barcelona, y por mis familiares, me he enterado, de tal asunto, y según me han dicho la acusacion es de la detención de los Sres. Gamisans- De manera que si es que hay culpabilidad en esto, de los dos habia solamente uno, y este hera Adjutorio, y me estraña mucho que un hombre como el, no lo haya esclarecido antes, y de su padre también me estraña mucho, pues el sabe también que su hijo José no estuvo nunca en el Comité ni en ningún trabajo de los nuestros- Pues en algunas ocasiones habiamos hablado de sus maneras por no intervenir con nosotros y decian, el Pep ya empieza a volverse fascista, e influido por su tio Vicente que V. ya sabra quien es- Bien Sr. Riera una vez mas le repito que si existe algo de culpabilidad sobre este asunto es a Adjutorio el que nosotros mandávamos para dicha detención; pero también le digo que como a hijo de Moncada lo defiendan, pues nunca se ha teñido las manos de sangre ni a muerto a nadie, solamente que tenia que estar a las ordenes del Comité como yo tambien tenia a mis Superiores- Pues si hubiese sido malo cuando dijimos de detener Juan Vilar no hubiera dicho que no, e incluso se escapo por una ventana para darle aviso- Eso Sr. Riera se lo dice un hombre que ahunque Rojo, mi conciencia, me roeria siempre de pensar que por no decir la verdad tiene que perderse un hombre, y eso es lo que tenia que haber hecho Adjutorio decir la verdad de todo lo que sabe- Pues yo Sr. Riera si algun dia caigo en poder de la Justicia no me callaré nada de lo que sé y quiza algunos de los que corren los detendran y algunos encerrados saldran y entonces V. sabrá quien es que ha escrito estas letras pues me quedo copia, como también de unas letras que dirijo a sus padres- Bien se despide de V. uno del Comité- R.C.”.

Un hospitalario catalán en Madrid
Miguel Roca Huguet (Padre Cristino), de 37 años y oriundo de Molins de Rei (Barcelona), fue uno de los 12 hospitalarios del instituto-asilo San José de Carabanchel Alto asesinados el 1 de septiembre en Boadilla del Monte (Madrid) y beatificados en 1992.

Norberto Cembranos de la Verdura, de 45 años y natural de Villalquite (León), era oblato (donado) capuchino en el convento de El Pardo, donde llevaba seis años de servicio humilde y silencioso, después de sufrir el asalto al convento -en el que quisieron colgar a los frailes de los pinos-, refugiado en una pensión, fue detenido junto con otro religioso. Se le creyó fraile y por ello fue fusilado el 24 de septiembre de 1936 en un lugar desconocido de Madrid. Fue beatificado en 2013.

Hermanos sacerdotes y mártires
Juan Bautista Carbonell Mollá, de 62 años y natural de Cocentaina (Alicante), era coadjutor en la parroquia de su pueblo, al igual que su hermano Elías, de 66 años.

Elías Carbonell Mollá se ordenó en 1893, y ejerció siempre en su pueblo natal como confesor de monjas y administrador del Hospital y Asilo de Ancianos Desamparados. Juan se ordenó en 1898 y también ejerció siempre en Concentaina; era organista. Al estallar la revolución, los dos hermanos no disimularon su condición, ni buscaron recomendaciones para salvar su vida: Juan en concreto rechazó trasladarse a una casa que tenía fácil salida, pues dijo que no había hecho mal a nadie y permanecería en su sitio. Fueron detenidos por unos milicianos el 1 de octubre por la mañana. Los metieron en el Convento de Santa Clara convertido en cárcel. Don Elías mandó pedir el breviario y un escapulario de la Virgen del Carmen. Animaba a todos los que estaban en la cárcel, recomendándoles que se preparasen a morir por la fe. Cuando los sacaron de la cárcel para morir, iban rezando las letanías. En la madrugada del 2 de octubre de 1936 los sacaron en un coche hasta el término municipal de Sax (Alicante) y allí, en la carretera, los mataron. Fueron beatificados en 2001.

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Origen: Montcada i Reixac, matadero de mártires de Barcelona – Forum Libertas