Eppur si muove – ¿Respeta la Iglesia católica los Derechos Humanos? – Eleuterio Fernández Guzmán

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Hace unos días un lector me envió un correo electrónico en el que manifestaba una serie de realidades que, en verdad, le preocupaban.

Por ejemplo, una de ellas era que la Iglesia católica no había firmado, no se había adherido, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Eso, en verdad, le parecía algo extraño porque no es comprensible que una institución que defiende al ser humano no estuviera con los que lo apoyan.

En principio, a alguien desavisado sobre el asunto profundo de tal razón, le puede parecer extraña tal tipo de actuación de parte de la Esposa de Cristo porque siendo el Amor la primera ley del Reino de Dios no puede hacer otra cosa quien tiene la misión que transmitir tal doctrina que respetar los derechos de los seres humanos, creación del Padre.

Y así es, en efecto. Y por eso mismo pasa lo que pasa.

Por ejemplo, cuando se cumplieron 60 años desde que la ONU aprobara la Declaración Universal de los Derechos Humanos Benedicto XVI, recordando tal fecha, dijo (el mismo día, 10 diciembre de 2008) que “La ley natural, escrita por Dios en la conciencia humana, es un denominador común a todos los hombres y a todos los pueblos; es una guía universal que todos pueden conocer en virtud de la cual todos pueden comprenderse“.

Y es que, en realidad, lo que ha de importar a un cristiano, y de ahí se ha de derivar el resto de realidades relacionadas con él y con la humanidad, es la citada ley natural. Por eso, bien podemos decir que la Ley Natural, por ser de Dios, ha de iluminar la norma que, el ser humano, semejanza del Padre y criatura suya, se dé para su vida en la Tierra, porque si las personas que no conocen a Dios cumplen su Ley (como dice san Pablo en su Epístola a los Romanos 2, 14) qué no será de parte de las personas que sí la conocemos.

Sin embargo, muchos tratan de hacer que la Ley natural no tenga, ni por asomo, aplicación en la ley humana porque, en realidad, no conviene su contenido.

Así lo recordó el P. Iraburu en un artículo (“Católicos y política –XII. doctrina de la Iglesia. 10”) publicado el 24 de septiembre de 2011 en su blog de InfoCatólica, cuando dijo que:

El Humanismo naturalista, basándose en ‘los derechos del hombre’, pretende ser una Religión mundial, que sustituya la universalidad de la Iglesia Católica. Es, pues, un movimiento histórico patentemente anti-Cristo, mucho más organizado y eficaz que en el pasado. Es verdad que también la Iglesia fundamenta la ética política en ‘los derechos del hombre’, pero los entiende según la ley natural dada por la autoridad creadora de Dios. Y esto lo viene haciendo no sólo a partir del Vaticano II, sino también en documentos bastante anteriores”.

Y, así, cita unos cuantos documentos en los que se deja, con claridad, el mensaje según el cual sin la ley natural lo que se pretenda hacer en relación a los derechos humanos no es más que aplicación de una doctrina claramente anticristiana.

Pero sigue José María Iraburu con la defensa de su tesis diciendo que:

Por el contrario, el humanismo anti-Cristo fundamenta en la persona, invocando su autonomía absoluta y soberana, toda la ética y todos los derechos humanos. Ésa es la proclamación de los Derechos Humanos de 1789 –reeditada por la ONU en 1948–, que Jacques Maritain rechazaba, porque no se fundamenta en la ley natural y en Dios, sino sólo en el hombre, en la persona humana (Los derechos del hombre y la ley natural: Cristianismo y democracia, Palabra, Madrid 2001). El humanismo naturalista pone precisamente buen cuidado en distanciarse de su origen cristiano. La Unión Europea, por ejemplo, se niega cerradamente a reconocer en su Constitución ‘las raíces cristianas de Europa.”

Y, la conclusión a tal presentación de la realidad de las cosas es evidente:

La nueva religión mundial de los derechos humanos, así entendidos, ha ido implantándose profundamente en las democracias liberales de los Estados laicistas. Es una religión natural que se contrapone a la religión sobrenatural del cristianismo. Las ONG son hoy muchas veces ‘asociaciones de fieles’ En algunos lugares se celebran ‘bautismos civiles’, y las ‘bodas civiles’ van sustituyendo al matrimonio cristiano, aunque conserven en buena parte su forma externa tradicional. Mijail Gorbachov, apoyando la Carta de la Tierra (1994), pretendía que esa nueva ética mundial, ecologista e interreligiosa, sustituyera los diez mandamientos. Una religión superior y única debe sustituir todas las religiones de la tierra, depurándolas de todo fanatismo y de aquel dogmatismo que pretende poseer ‘la verdad’”.

Nadie, pues, debería extrañarse del hecho, que parece imposible de entender, de que la Iglesia católica no suscriba tal Declaración de Derechos Humanos de 1948. Y no lo puede hacer porque es un intento de sentar la vida de la humanidad sobre bases alejadas de Dios y, así, crearla a imagen y semejanza del hombre, relativismos y nihilismos incluidos.

Pongo, sólo, un ejemplo.

El artículo 1 de la tal Declaración dice que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Esto, que está muy bien y es digno de alabar, no contiene, sin embargo, referencia alguna a los derechos de los no nacidos. Entonces, lo que sería extraño es que la Iglesia católica se adhiriera a la tan conocida declaración de derechos. Sería, además, difícil de entender cuando defiende que la protección de la vida del ser humano ha de ocupar desde el instante de la concepción al de la muerte natural.

Y es que las cosas no son tan simples como pudiera parecer y, en el fondo de la realidad, está el conocimiento a lo que aquí pasa. Además, no hay que confundir el respeto a los derechos humanos, del ser humano creación de Dios y otra, muy distinta, el que lo es hacia declaraciones parciales que buscan, en realidad, cosas muy distintas a las que se suponen deben buscar.

Y es que cuando la voluntad es descristianizadora no puede ser apoyada, precisamente, por la Esposa de Cristo. Y eso es fácil de entender.

Eleuterio Fernández Guzmán

Origen: Eppur si muove – ¿Respeta la Iglesia católica los Derechos Humanos?

Un pensamiento en “Eppur si muove – ¿Respeta la Iglesia católica los Derechos Humanos? – Eleuterio Fernández Guzmán”

  1. Está bien que se aclare por qué la Iglesia no firmó la Declaración de los Derechos Humanos.
    Pero aquellas instituciones que sí los firmaron deberían respetarlos.
    También deberían respetar la Constitución y las leyes los poderes públicos que las aprueban y las juran.

    Pero aquí hay un ENORME error: si la Iglesia no está del todo de acuerdo con lo jurado, ¿es aceptable no respetar el juramento?

    Lo que no se debe hacer, NO SE DEBE JURAR.
    No es respetuoso ni correcto jurar que haremos lo que no se debe hacer y, con ello, considerar correcto no respetar nuestro juramento.

    Esto es HIPOCRESÍA, lo que más condenó Jesús.

    Por ejemplo: nuestros dirigentes JURAN no discriminar por razón de sexo. Y llevan este juramento hasta las últimas consecuencias, con los cupos de mujeres, la no discriminación ni por fuerza física, las leyes LGTBI, etc.

    Pero esto sí: NO “DEBEN” TENERSE EN CUENTA LAS DESIGUALDADES CONTRA LOS VARONES:
    menor esperanza de vida, mayor fracaso escolar, 3 veces más muertes por suicidio y asesinato, casi 30 veces más por accidente laboral, 13 veces más presos varones, etc.

    Todas estas diferencias NO SE MENCIONAN. Pero repetir y repetir las que sufre la mujer crea una visión errónea del mundo que hace perder derechos a los varones. Por ejemplo, el derecho a exigir el derecho a la Ley, a la presunción de inocencia y a la igualdad…

    Y el perjurio de nuestros dirigentes no es “libre”, opcional: es OBLIGATORIO: la sociedad no comprendería que alguno de ellos tuviera escrúpulos por perjurar.

    Un engaño CONSENSUADO POR TODOS, INCLUSO POR LA IGLESIA, crea censura, pues si todos aceptamos el engaño, NADIE está dispuesto a dejar que se descubra. De esta manera, nuestra civilización se hunde, desaparecemos, por ser hipócritas y no hacer caso de Jesús.

    Recordemos: quienes procuraron la muerte de Jesús no fueron las prostitutas, ni los salteadores de caminos, ni los comunistas: fueron los sacerdotes y los fariseos: aquellos que menos querían ser descubiertos en su falsedad. Es preciso INVESTIGAR lo que ocurre, investigar la verdad.
    Podéis ver http://edipais.wordpress.com

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