Granada, 2 de enero de 1492.

Tras una guerra de diez años contra el último reducto musulmán en territorio español, el Emirato de Granada, Boabdil el Chico se humilla ante sus majestades y entrega las llaves del que deja de ser su reino a los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.

800 años de Reconquista han terminado.

La noticia corre y se celebra por Europa, desde Sicilia a Oslo. Es una nueva esperanza en la victoria contra el islam, que décadas antes había conquistado Constantinopla y volvía como una amenaza en forma de Imperio Otomano. Se culmina el proyecto común entre Castilla y Aragón, que selló definitivamente la consolidación de la unidad hispánica.

El Descubrimiento de América trae un Nuevo Mundo y el nacimiento de España como potencial mundial.

Las columnas de Hércules dejan de ser la Última Frontera. PLUS VLTRA (más allá) sustituye al NON PLUS VLTRA como lema.

EL PARALELO 38 IBÉRICO

Con la victoria en las Navas de Tolosa de 1212, el Imperio Almohade se desintegró en España dando lugar a varios reinos de taifas, uno de ellos el Emirato de Granada, bajo control de la dinastía nazarí. Sus barreras naturales, su red de fortalezas y su hábil diplomacia la dejaron como única entidad islámica peninsular a salvo de la conquista cristiana a lo largo del siglo XIII, no sin pagar un tributo anual a Castilla. Su situación geográfica como punto comercial entre Europa y el Magreb, así como refugio de los musulmanes que huían de tierras cristianas la convirtieron en una zona considerablemente rica y poblada. La Alhambra es el mejor ejemplo de la prosperidad de esa época.

Pese a lo que quieren hacernos creer, no era un Estado pacífico. En 1276 apoyaron militarmente la revuelta mudéjar en Aragón, en 1333 conquistaron Algeciras y Gibraltar y en 1340 se aliaron con los invasores benimerines. Además de estas campañas puntuales durante más de dos siglos de existencia se mantuvo una guerra de baja intensidad con escasas treguas, consistente en continuos ataques de pequeños grupos contra las fronteras cristianas, a menudo con apoyo quintacolumnista de los musulmanes residentes allí, con el objetivo de quemar y saquear propiedades, robar ganado y raptar cristianos para pedir un rescate por ellos o venderlos como esclavos. Esta zona limítrofe pronto se convirtió en una zona peligrosa para el asentamiento y se despobló: los campos de cultivo volvieron a ser frondosos bosques de encina y pino, la agricultura dejó paso a la ganadería y los escasos habitantes (apenas unos centenares) se concentraron en las faldas de los castillos.

Castillo de Otíñar, Jaén

La Frontera o Banda Morisca, nombre por el que se conocía, era uno de los lugares más militarizados del mundo con la mayor densidad de fortalezas por km2 de toda Europa, ciudades amuralladas y torres vigía. Un sitio peligroso donde acogiéndose al Privilegio de los Homicianos cualquier condenado por asesinato en España podía conmutar la pena de muerte a cambio de servir al menos un año en un castillo de allí.  Todo el que que se atreviese a instalarse tenía grandes beneficios fiscales y otros privilegios. Entre sus habitantes encontramos desde taberneros que permitían apuestas ilegales aprovechándose del escaso control de la autoridad a comerciantes que compraban productos exóticos orientales para revenderlos después, además de los siempre presentes almogávares que veían en estas tierras un lugar en el que continuar su modo de vida (siendo a menudo fuente de tensiones, pues no solían respetar las treguas) y las órdenes militares, que mantuvieron vivo el espíritu de Cruzada en el lugar, ya desaparecido en Europa occidental.

Los raptos y ataques eran tan comunes que se creó una importante industria alrededor. Los municipios ofrecían elevadas recompensas al que arrestase o matase a atacantes moros, dando lugar a los llamados cazadores de cabezas, grupos autónomos dedicados en exclusiva a esos menesteres. Otra figura exclusiva del lugar fue la del ballestero de monte, una especie de primigenia Guardia Civil a sueldo de las localidades y especializada en trazar y perseguir a los salteadores moros, además de poner multas por hacer fuego, cortar ilegalmente madera o fabricar carbón en los montes comunales. Y por último, la del alfaqueque, persona encargada de negociar el rescate de cristianos cautivos.

GUERRA: LA PÉRDIDA DE ZAHARA Y LA TOMA DE ALHAMA

La mayor parte de la gente piensa que la Guerra de Granada se inició por los españoles.  La realidad es que fueron los musulmanes quienes dieron inicio a la misma en 1481 tomando la ciudad de Zahara. Todos sus habitantes fueron asesinados o reducidos a la esclavitud. Esto dio justificación para que los cristianos actuasen en represalia y el marqués de Cádiz, con aprobación real, decidió atacar al Emirato, no sin antes informarse mediante la amplia red de espionaje desplegada en territorio granadino: alfaqueques y comerciantes, porque hablaban árabe y tenían libertad de circulación incluso en tiempos de guerra, y almogávares, que además de hablar árabe conocían el terreno, a cambio de un sueldo se dedicaban a estas laborales e informaban de desavenenciencias internas a explotar, debilidades defensivas y preparación de ofensivas militares, entre otras cosas.

Su eficacia y rapidez era considerable; de lo que pasaba en Granada capital se enteraban en Valencia en apenas dos días, y un día antes ya había estado todo el territorio alertado. La inversión en ello era muy alta, hubo años en que todo lo recaudado por el quinto real se invertía en espionaje.

Juan Ortega de Prado en la Toma de Alhama

Se propuso que las tropas castellano-andaluzas atacasen Málaga, pero fue un adalid (capitán) de almogávares, Juan Ortega de Prado, quien,informando al marqués de Cádiz hizo que la fortaleza a tomar fuese la de Alhama. Esta ciudad estaba situada en el corazón del Emirato, a poca distancia de la capital, motivo por el que sus defensas estaban descuidadas. Nadie esperaba un ataque allí. Desde un punto de vista estratégico mantenerla era un disparate debido a su posición tan avanzada y aislada, pero su valor propagandístico era enorme: sería una flecha clavada en el corazón de Granada, símbolo de una determinación total a la conquista.

Fue el mismo Ortega de Prado, bien conocedor del terreno, quien señaló el itinerario más adecuado para llegar Alhama, moviéndose durante las noches hasta llegar a los muros de la fortelaza el 28 de febrero de 1482 y dar inicio a una arriesgada operación de comandos de la que tomó parte en persona: escalar la muralla, matar sigilosamente a los guardias y abrir las puertas al ejército. Después de una lucha calle a calle, la ciudad fue tomada, pero el ejército moro dirigido por el sultán Mulay Hacén la cercó. Seguidamente acudió a su auxilio el duque de Medina-Sidonia, rival del marqués de Cádiz, y el abrazo de ambos al acabar la batalla simbolizó la unión de la dividida nobleza frente al enemigo común.

Los adalides fronterizos fueron un factor muy decisivo en el transcurso de la guerra de Granada, y los grandes señores les daban un trato especial, manteniéndolos en sus propios palacios. Juan Ortega de Prado, el más destacado escalador de su época, fue reconocido y distinguido como un gran caballero más.

EL PRÍNCIPE MAQUIAVÉLICO. FIN DE LA GUERRA MEDIEVAL

Las siguientes operaciones en 1482 y 1483 fueron un desastre para los españoles. Los ataques a Loja, Málaga y Vélez Málaga fracasaron, En Loja murió el Maestre de la Orden de Calatrava. El nuevo sultán Boabdil, tras hacerse con el poder en Granada, busca una victoria sobre los cristianos que le de prestigio y ataca Lucena, en territorio cristiano, al estar mal defendida. A cargo de la defensa de la ciudad está un joven Gonzalo Fernández de Córdoba, para las páginas de la Historia, el Gran Capitán, que junto a los refuerzos del conde de Cabra derrota a los moros y apresa a Boabdil.

Es aquí cuando los Reyes Católicos toman una acción que resultará decisiva: dejar libre a Boabdil para que las divisiones internas en Granada consumiesen por sí mismo al Emirato, en una muestra más de la habilidad política, de Príncipe renacentista en palabras de Maquiavelo, de Fernando el Católico. Desde Almería luchó contra su padre, el sultán Mulay Hacén, y al poco tiempo, Zahara, la plaza que había originado el conflicto, volvió a manos cristianas gracias otra vez a la intervención de Ortega de Prado, que utilizó la misma táctica que en Alhama.

El Gran Capitán en el asalto a Montefrío

La campaña de 1484 permitió sacar a relucir otra virtud del rey más allá del príncipe renacentista: el estratega militar. Dispone de un nuevo instrumento, la artillería, que le permite forzar las rendiciones de la población civil harta de los bombardeos sin apenas bajas en el frente. Así se rinde la fortaleza de Álora, en la escarpada Serranía de Ronda (Málaga). La tala de la fértil Vega de Granada, con el objetivo de reducir los suministros y forzar las rendiciones, es otra de las novedosas tácticas utilizadas.

A partir de 1485, la guerra toma su cariz definitivo: la voluntad de la destrucción del Emirato de Granada. El ataque español adquiere una nueva intensidad y continuidad no vistas hasta entonces: milicias concejiles, órdenes militares, mesnadas de nobles, hidalgos del norte, voluntarios catalanes, almogávares, cazadores de cabezas, la Santa Hermandad, ballesteros de monte e incluso arqueros mercenarios ingleses se implican en masa en la guerra. La victoria de Ronda tiene por primera vez eco en Europa, donde se comenta la posibilidad cierta de que los musulmanes sean expulsados del último reino de Europa occidental justo en plena ofensiva de los turcos en el Mediterráneo. Marbella, Loja, gran parte de la Vega granadina, Vélez Málaga y Málaga son conquistadas, mientras el Emirato de Granada se desangraba en sus luchas intestinas por el poder.

El tipo de guerra medieval se estaba terminado, dando lugar al concepto de guerra moderna, renacentista. Los asedios con artillería, las maniobras políticas, la heterogénea composición del ejército y una nueva organización del mismo habían sustituído a la batalla antigua. Un símbolo más del cambio de los tiempos, y que sería fundamental para la creación de la organización en forma de Tercios, tan éxitosa para España, y aplicada años después por el Gran Capitán en sus campañas italianas.

EL FINAL: LA TOMA DE BAZA Y LA RENDICIÓN DE GRANADA

En 1488 solamente resistía la mitad oriental del Emirato por conquistar (la actual provincia de Almería), pero las campañas se frenaron ese año. Una epidemia de peste, convocatoria de Cortes en Aragón, cuestiones sucesorias y el cansancio de ocho largos años de guerra, significaron un parón que se reanudó al año siguiente con la conquista de varias plazas menores y la campaña más dura de la guerra: el asedio de Baza en 1489. Los Reyes Católicos, toda la nobleza y un gran ejército acampan a las afueras de la ciudad, consiguiendo al fin la rendición de la ciudad y con ello de Guadix y Almería, entregadas sin esperar el cerco dada la imposibilidad de ganar a los Reyes Católicos. Con la conquista de Almería el emirato nazarí se quedaba sin accesos al mar, quedándose imposibilitada Granada de recibir socorros o avituallamientos del norte de África.

La siguiente y última fase de la guerra se limitó al asedio de Granada, en cuyas afueras los Reyes Católicos ordenaron construir una ciudad-campamento llamada Santa Fe. En esta fase, donde las negociaciones fueron más comunes que las acciones militares. Destacan las acciones de Hernán Pérez del Pulgar, un capitán del ejército castellano que se destacó en la guerra tomando once plazas, matando a un comandante del ejército moro, resistiendo asedios y que dirigió la infiltración nocturna en la propia ciudad de Granada en 1490. Acompañado solo de 15 caballeros y su escudero Pedro, consiguió recorrer la ciudad sin ser descubierto hasta llegar a la mezquita principal y aunque no consiguió incendiarla clavó en su puerta un cartel e incendió la Alcaicería. Derrotó a la guardia granadina a pesar de su aplastante inferioridad numérica y consiguió escapar hasta el campamento.

Finalmente Boabdil se rindió el 2 de enero de 1492, culminando el final de la guerra iniciada casi ocho siglos antes. Un pequeño grupo de héroes acorralados en una cueva de las montañas de Asturias empezó una historia que de la que se escribía el final en ese mismo momento; la expulsión del Islam de España.

CAPITULACIONES DE GRANADA Y CAÍDA DE CONSTANTINOPLA

El 25 de noviembre se firmaron las Capitulaciones de Granada, por las que se ponía fin a la guerra renunciando el sultán Boabdil a la soberanía de Granada en favor de los Reyes Católicos a cambio de unas tierras en las Alpujarras y derechos y tolerancia hacia los musulmanes. Entre las concesiones del tratado estaba el derecho de los musulmanes a continuar practicando su religión libremente, regirse por sus normas y jueces, a llevar armas, a no llevar marcas distintivas, a la exención de impuestos durante 3 años, e incluso una amnistía general y un consejo municipal en el que los musulmanes podían elegir a sus propios representantes. Otros, como la familia Abén Humeya, se convirtieron al cristianismo y fueron recompensados con la conservación e incluso el incremento de su estatus social. Unas condiciones más que ventajosas si consideramos el contexto de la época y la posición de poder de los españoles. La ciudad no fue saqueada, ni sus habitantes esclavizados o expulsados de sus casas.

A pesar de las presiones del clero, Fernando escogió esta política de “lassez faire“, sin presiones a la conversión, esperando que la interacción con los católicos les haría entender lo equivocado de su fe y abandonarla. Con ese objetivo se eligió como arzobispo de Granada a Hernando de Talavera, un fraile de orígenes conversos conocido por su moderación y piedad, que prefería predicar basándose en el “razonamiento católico” y no en el castigo o la coerción. Cuando los Reyes Católicos visitaron la ciudad en 1499 fueron recibidos con alegría por la población musulmana. Pero ese mismo año el Cardenal Cisneros, arzobispo de Toledo, llegó a Granada para trabajar junto a Talavera. Cisneros no estaba de acuerdo con los métodos de éste y empezó a apresar a los musulmanes menos cooperativos, especialmente los nobles, donde se les trataba mal hasta que aceptaran convertirse. Esto aumentó el ritmo de las conversiones, aunque sus propios consejeros le advirtieron de que esos métodos podrían llevar a la ruptura del tratado, lo que al final ocurrió: un motín en el Albaicín, el barrio islámico de la ciudad, y una sublevación de las Alpujarras que fueron considerados como una ruptura del pacto y los reyes decretaron en 1502 la conversión o el exilio de todos los musulmanes.

Ahora comparemos qué ocurrió en la conquista de Constantinopla a manos de los turcos unas décadas antes, en 1453. Cuando consiguieron sobrepasar las hasta entonces inexpugnables murallas, mataron a todos los que encontraron en las calles, hombres, mujeres y niños, sin ningún tipo de distinción. Ríos de sangre corrieron hacia abajo por las,escarpadas calles desde las alturas de Petra hacia el Cuerno de Oro. Pero pronto la lujuria por la matanza se fue apaciguando. Los soldados se dieron cuenta de que los cautivos y los objetos de valor les podían aportar grandes beneficios“.

Los musulmanes asaltaron monasterios y conventos, sacando fuera a sus habitantes, y saquearon las casas. Cuando terminaron con la matanza y el saqueo en la Catedral de Santa Sofía, el sultán Mehmed II ordenó a un erudito islámico subir al elevado púlpito  y declarar que no había más Dios que Alá, y que Mahoma era su profeta. De los invadidos, murieron, aparte de los soldados defensores, un buen número de ciudadanos, y la mitad de sus habitantes fueron vendidos como esclavos. Como curiosidad, 300 hijos de nobles bizantinos fueron esclavizados y enviados a Granada por Mehmet II como regalo al rey nazarí.

Tanto en Granada como en Constantinopla hay dos puertas reales con un gran simbolismo, la de la Justicia y la de Blanquernas respectivamente. Por la primera salió Boabdil a su exilio y por la segunda salió en el emperador Constantino XI en una carga suicida contra los turcos que ya habían prácticamente tomado la ciudad, muriendo allí. La salida de los dos constituyó, respectivamente, el final de la Edad Media para Occidente y para Oriente. En cambio la entrada de Fernando e Isabel en la Alhambra supone el comienzo del Renacimiento, mientras que la entrada de Mehmed II creó una brecha entre Oriente y Occidente todavía mayor a la que existía entre el catolicismo y la ortodoxia, y la consolidación de un imperio atrasado que durante siglos fue una amenaza para la continuidad de Europa y cuyas consecuencias se sienten aún hoy en lugares como los Balcanes.

GRANADINOS

En los últimos 40 años se ha promocionado por parte del gobierno de Andalucía y varios grupúsculos izquierdistas una especie de corriente destinada a hacer creer a los andaluces y en el caso concreto aquí, a los granadinos, que descienden de la población islámica que habitaba allí antes de la conquista. Lo que significa que los castellanos eran unos invasores e imperialistas que sometieron a la población local, es decir sus antepasados, y acabaron con su cultura original musulmana. Esto lo podemos ver especialmente durante la celebración de la Toma de Granada cada 2 de enero, en el que grupos “antifascistas” y “andalucistas” filoislámicos salen a la calle a protestar y boicotear contra la celebración con consignas como “no eran moros, eran granaínos”. Este año el #noalatoma va a ser hashtag de moda en Twitter.

La realidad, como suele suceder en estos casos, es bien distinta a sus fábulas. Después de la Revuelta de las Alpujarras (1560-1570), las autoridades españolas decidieron expulsar a toda la población islámica y repoblar el Reino de Granada con cristianos. Entre junio de 1569 y noviembre de 1570 hubo dos deportaciones de moriscos, seguida por otra en 1571 que afectó a aquellos que habían regresado ilegalmente. En total, el número de expulsados representó a 140.000 de los 150.000 habitantes del Reino de Granada, siendo la mayor parte de los restantes 10.000 cristianos.

Anti-catabolizante plato alpujarreño poco halal.

En 1975, el historiador francés Bernard Vincent hizo un estudio sobre el declive del Reino de Granada después de la deportación de los moros, mencionando una despoblación catastrófica, desaparición de oficios tradicionales y una modificación radical de las estructuras económicas y de propiedad. En 1576, 12.250 familias españolas emigraron al Reino de Granada, un total de 47.657 personas, aunque el número real fue mucho mayor que el registrado. El origen de 8.535 familias está registrado: de ellas aproximadamente el 65% procedían de las provincias de Murcia, Jaén, Córdoba, Sevilla, Cádiz y las tierras al este del Guadalquivir, es decir 2/3 de los pobladores vinieron de lugares situados a no más de 200 km de distancia. La única región más lejana con una representación importante de repobladores fue Cuenca-Guadalajara. Del resto de España vinieron menos de 1/5, siendo un 5% de este 1/5 de Galicia. En la diócesis de Almería, cerca de la mitad procedían de Murcia, y otros muchos de Valencia.

Ellos, junto con los primeros pobladores cristianos en asentarse en esta zona (en su mayoría conquistadores del lugar y sus familias) son los verdaderos antepasados de los granadinos, así que no tiene sentido alguno tratar de identificarse con la población musulmana, que fue expulsada. Antepasados de religión cristiana, que en su mayoria procedían de lugares proximos al Emirato y que por tanto descendían de familias que mientras éste existía habían sufrido su existencia en forma de ataques, robos, secuestros, esclavitud de familiares cercanos. ¿Cómo se sentirían al ver que algunos de sus descendientes modernos reniegan de ellos y tratan de reivindicar una identidad falsa que además fue su enemiga ?

¿QUÉ HUBIERA PASADO SI NO SE HUBIESE CONQUISTADO EL EMIRATO DE GRANADA?

Está muy de moda juzgar acontecimientos pasados bajo la visión del presente, sin reparar además en las consecuencias que habría tenido actuar o no hacerlo en determinada forma. Como hemos visto, el Emirato de Granada no era un Estado interesado en la paz sino una entidad que ejercía de elemento desestabilizador en la Península Ibérica. Apoyaba y alentaba revueltas islámicas en territorio cristiano, colaboraba con norteafricanos en sus últimos intentos de invasión, destruía y saqueaba ciudades fronterizas y durante toda su época de existencia fue refugio y fomentador de bandidos, tanto moros como españoles conversos al islam, así como centro de secuestro y tráfico de esclavos españoles.

Degüello de cristianos en la Revuelta de las Alpujarras

Postergar su existencia no solamente habría significado que todos estos problemas continuasen, sino que con mucha probabilidad hubiera servido como punta de lanza a una invasión de España por parte del Imperio Otomano, invicto en el mar hasta la Batalla de Lepanto, y que estaba en condiciones de haber desembarcado en las costas españolas. ¿Qué habría pasado si los turcos hubiesen entrado en un lugar tan bien defendido como el Emirato de Granada, que aún sin ayuda externa consiguió resistir 10 años, y desde allí junto con sus aliados granadinos hubieran procedido a la invasión de España? Esto puede sonar a ucronía, pero no lo es: en febrero de 1568, el corsario Uluch Alí había conseguido reunir en Argel un ejército de 60.000 guerreros bereberes y 14.000 soldados turcos para apoyar la sublevación morisca en las Alpujarras y ocupar Orán, pero la operación fracasó porque fue descubierta a tiempo por el servido secreto de Felipe II, que era el mejor de la época.

En enero de 1569 los barcos argelinos consiguen desembarcar armas y municiones en Almería, pero el abastecimiento a los moriscos sufre un gran revés cuando una flota de 30 galeras y varios transportes es destruida por un temporal. En octubre de ese mismo año varios cargamentos de armas y munición consiguen llegar a manos de los sublevados, y varias compañías de jenízaros se unen a ellos. Sería la primera y única vez en la que tropas turcas combatieran en suelo peninsular español, aunque en escaso número.

El jefe corsario Uluch Alí prepara en abril de 1570 la invasión de España con apoyo turco, pero desiste cuando tiene noticia de los planes de la Santa Liga en el Mediterráneo orienta!. A partir de ahí los moriscos quedaron aislados y sin ayuda exterior. Su suerte estaba echada, y la rebelión fue sofocada.

Mantener un territorio musulmán en la Península Ibérica hubiera significado tener una fuente permanente de inestabilidad y conflicto, tal y como ocurre en los Balcanes donde los territorios de mayoría islámica (Bosnia, Kosovo, Albania) han sido causa de guerras, limpiezas étnicas y masacres, así como de plataformas para la influencia saudí y turca en Europa muy especialmente en el caso de Bosnia. En el Cáucaso, Macedonia y Crimea se da la misma situación, a pesar de que los musulmanes son minoría, y en un futuro próximo (presente en muchos casos) lo mismo va a ocurrir en extensas zonas de Europa occidental donde los musulmanes se hacen demográficamente fuertes. La Toma de Granada además de significar la recuperación de un territorio ocupado durante siglos por una religión y cultura ajena a la nuestra traída por invasores, también significó el ahorro de un sinfín de conflictos étnico-religiosos y división social que seguiríamos sufriendo hasta nuestros días.

Origen: La Toma de Granada. España destruye el Islam en Europa Occidental | Soul Guerrilla