(Espaces) Salvador Allende
Cuando hablamos de Salvador Allende, siempre hablamos lo que sucedió del 11 de septiembre de 1973 en adelante, pero nunca hablamos de los casi 3 años que Allende estuvo en el poder y cómo es que Allende llegó a la presidencia de Chile. (Espaces)

El pasado 11 de septiembre fue el aniversario número 43 del golpe militar que derrocó al presidente socialista de Chile Salvador Allende. Como todos los años, siempre que llega esta fecha, la izquierda utiliza esta oportunidad para “recordarnos” las “atrocidades” y “violaciones de derechos humanos” cometidos durante el régimen de la junta militar liderada por el General del Ejército Augusto Pinochet Ugarte.

Cuando hablamos de Salvador Allende, siempre hablamos lo que sucedió del 11 de septiembre de 1973 en adelante, pero nunca hablamos de los casi 3 años que Allende estuvo en el poder y cómo es que Allende llegó a la presidencia de Chile.

Para ello tenemos que viajar al pasado, específicamente al año 1970, año en el que se celebraron las elecciones presidenciales que Allende gana, no por mayoría plural amplia del voto sino por decisión del Congreso Nacional de la república.

En aquella elección se postulaban a la presidencia de la república: Salvador Allende de la coalición marxista llamada Unidad Popular, el candidato independiente respaldado por la coalición de centro-derecha del Partido Nacional y la Democracia Radical Jorge Alessandri y Rodomiro Tomic del Partido Demócrata-Cristiano, un partido de centro-izquierda.

El resultado de los votos de aquella elección fueron los siguientes: Allende con 1,070,334 votos para un 36.61%, Alessandri con 1,031,159 votos para un 35.27% y Tomic con 821,801 votos para un 28.11%.

La ventaja de Allende sobre Alessandri fue de apenas 39,175 votos o 1.34% lo que significaba que la elección fue una cerrada y que Allende no obtuvo el apoyo del pueblo necesario para evitar que la elección pasara a decidirse en los hemiciclos del Congreso Nacional.

Tomic, sin duda alguna, jugó un papel fundamental que benefició a Allende, ya que dividió los votos de los anti-Marxistas que no querían a Allende, pero que tampoco eran electores de derecha. Sin Tomic en la papeleta, esos anti-Marxistas hubieran votado por la coalición de centro de Alessandri y el resultado de las elecciones hubiera sido otro.

La candidatura de Tomic dividió los votos, lo que sin duda alguna llevó a Allende a aquella victoria por escaso margen, pero fue Tomic en persona quien le entregó la presidencia en bandeja de plata a Allende al pedirle a los parlamentarios de su partido que votaran por Allende cuando la elección se decidiera en el Congreso Nacional, lo que eventualmente ocurrió.

Al mismo tiempo que Tomic le pedía a los parlamentarios de su partido que votaran por Allende, Allende por su parte amenazaba a los parlamentarios con violencia política masiva si los parlamentarios no votaban por él, llamando a los colectivos y a los trabajadores a tomar por la fuerza los medios de producción del país si el Congreso terminaba escogiendo a Alessandri.

Aquí vemos la primera prueba del verdadero rostro de Allende, el hombre hecho mártir por la izquierda internacional.

Eventualmente los parlamentarios Demócratas-Cristianos decidieron hacer caso al llamado de Tomic, un candidato que 71.88% del electorado no apoyó, y le obsequiaron la presidencia a Allende sin consultarle al 34.9% de los chilenos que ellos representaban en ese Congreso Nacional.

Allende obtuvo el voto de 153 parlamentarios, entre los cuales habían parlamentarios del Partido Demócrata-Cristiano, Alessandri obtuvo el voto de 35 parlamentarios y 7 abstenciones.

Con ese resultado, la presidencia de Allende fue ratificada después que Allende mismo accedió a firmar un “Estatuto de Garantías Constitucionales” prometiendo con su firma nunca alterar ni violar la Constitución de Chile, promesa que eventualmente rompió.

Inmediatamente Allende llegó a la presidencia, Chile cayó en un caos económico y social que llevó al país al borde de una guerra civil con su imposición radical del Marxismo-Leninismo a través de la nacionalización y colectivización forzosa de industrias y tierras.

“Nuestra tarea es definir en la práctica la vía chilena al socialismo, un nuevo modelo para el Estado, para la economía, para la sociedad, centrado en el hombre, sus necesidades y aspiraciones”, decía Allende en sus discursos.

Con sus palabras de “vía chilena al socialismo”, Allende justificaba las expropiaciones de tierras a los campesinos, la devaluación de la moneda nacional, el control de precios y salarios, el desfalco de las arcas del estado, la rampante inflación, la escasez y el aumento sin límite de la deuda pública que llevó al país a la quiebra.

“Les doy el ejemplo de Cuba, donde la organización del pueblo es ejemplar”, le decía Allende a los chilenos para justificar sus métodos.

“Han tenido que sufrir racionamiento incluso del azúcar, pero Cuba, en ocho o diez años más, será el pueblo con el más alto nivel social en América Latina”, decía el presidente Allende para justificar la escasez y el racionamiento de alimentos en Chile durante su mandato.

Allende hablaba maravillas del régimen cubano sin mencionar que Cuba era dependiente de otro régimen en decadencia, el régimen Soviético.

Sinceramente veo el Chile de Allende hace más de 40 años en el pasado y no veo ninguna diferencia con la Venezuela chavista del presente. Creo que Chávez logró en Venezuela lo que Allende comenzó en Chile, pero que gracias a Dios para los chilenos, no pudo terminar.

Allende que se comprometió con el pueblo a nunca violar la Constitución, pasó a llamar la carta magna chilena, una “constitución burguesa” lo que provocó que se enfrentara con las ramas judiciales y legislativas del país, enemistándose con los Demócratas-Cristianos, los mismos que le entregaron la presidencia en bandeja de plata.

“No soy el presidente de todos los chilenos, soy el presidente de la Unidad Popular”, decía Allende, mostrando a su vez sus tácticas divisorias y conflictivas para defender sus decisiones anti-constitucionales.

“Yo entiendo que Mao Tse-tung, como revolucionario ha buscado destruir los elementos que estaban paralizando y neutralizando la revolución”, decía Allende enviando un mensaje de alerta a quienes se opusieran a su mandato, citando a un líder que silenciaba a la fuerza a todo el que se opusiera a su “revolución”.

“Estos elementos deben ser señalados y eliminados.”, decía Allende mientras presionaba para establecer una “constitución del pueblo” y un “gobierno del pueblo”, evitando ilegalmente los plebiscitos y referendos que exigía la que él llamaba la “constitución burguesa” para realizar esos cambios.

Con la llegada de guerrillas marxistas a Chile, Allende amenazaba con violencia a todo el que se opusiera a él y a su Unidad Popular.

“El pueblo está preparado para quemar y hacer explotar este país desde Arica hasta Magallanes en una ofensiva heroica, liberadora y patriótica”, amenazaba Allende, haciendo alarde de como podía imponer la fuerza a través de guerrillas clandestinas.

No cabe duda que Allende no es el gran patriota latinoamericano que la izquierda intenta vender. Allende era todo un dictador disfrazado de un carismático líder populista el cual las fuerzas armadas removieron del poder antes que fuera imposible por vía electoral como ha ocurrido en Venezuela por tantos años gracias a la corrupción y el control tiránico de las instituciones del estado.

Nelson Albino Jr.Nelson Albino Jr.

Nelson Albino Jr. es Encargado de Traducciones para PanAm Post, periodista independiente, investigador y bloguero puertorriqueño. Síguelo @nalbinojr.

Origen: El verdadero Chile bajo Salvador Allende