Guerra civil: balance de victimas y represion (de las mentiras de derechas e izquierdas a la realidad) – Francisco Alamán Castro

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Hablemos de la represión de los años treinta en España, que tiene su miga. Conviene antes de nada citar a dos personas inteligentes y honradas, uno comunista rabioso y otro no menos falangista rabioso

“Desarrollo sangriento de los acontecimientos. Unos por miedo comprensible ante el frenesí de las bandas armadas que no iban a tolerar ninguna oposición ni que se hablase de humanidad, de piedad y de compasión. Otros, que en ambos campos considerábamos con fatalismo este periodo como algo que no se podía impedir, como una etapa terrible pero necesaria, a través de la cual habría que pasar, para llegar al triunfo de los ideales que defendíamos, incluso como algo imprescindible para que la lucha en el frente no estuviera amenazada desde la retaguardia”. Tagüeña, químico, médico y general comunista. Testimonio de dos guerras, citado por Salas Rarrazabal, R., la represión en territorio republicano, Aportes, 8, 1.988, p.53.

“A pesar de todo esto queda el hecho concreto: conviví, toleré di mi aprobación al terror con mi silencio público y perseverancia militante”. D. Ridruejo, falangista desde la fundación de la Falange, se le deben dos versos de la letra del Cara al sol (Volverán banderas victoriosas / al paso alegre de la paz). abogado, poeta, político, Durante la Guerra Civil fue Director General de Propaganda del bando franquista, soldado raso voluntario en la División Azul rabioso antifranquista a partir del 42, encarcelado, desterrado, unido a la oposición democrática hasta su muerte, Escrito en España, Losada, 1962, p.92.

Dice el rojete Preston: “Durante la mayor parte de la Guerra Civil, aquellos prisioneros republicanos que no eran ejecutados inmediatamente ni asesinados en la retaguardia por la escuadras de terror falangistas, fueron sometidos a consejos de guerra sumarios”. P. Preston, Franco, p.286. Posteriormente en el mismo libro nos dice que 200.000.

En la guerra hubo pocos más de 300.000 muertos por cualquier causa incluyendo los de gripe.

Dice el también rojillo, pero más, G. Jakson: muertos por represalias rojas durante la guerra, 20.000; nacionales durante la guerra 200.000; después 200.000. La República española y la guerra civil, Orbis, Barcelona, 1985, p.445. En 1965 Jackson había dicho 500.000. Toma como represaliados el total de las muertes violentas que da el ministerio, incluidos: homicidios, envenenamientos, incendios, hambre, frío, etc., que fueron 213.834. Al ser requerido, por Salas Larrazábal, para que diese el documento del ministerio, no contestó.

Muchos autores dan esas cifras y mayores. Tamames, La República. La era de Franco, Madrid, Alianza, 1977, p.323.

R. Sender dice que hubo 750.000 ejecuciones de rojos en la guerra más 200.000 en la posguerra.

Vamos a la verdad:

Las víctimas de la guerra fueron, según los cálculos más fiables del demógrafo Villar Salinas: 255.000, para una población de 25.000.000; de ellas 145.000 en combate o bombardeos, incluyendo 25.000 extranjeros, 110.000 por represión en la retaguardia. J. Rubio, La emigración española a Francia, p.425 y ss, cita en R. Salas, Pérdidas de la guerra, Barcelona, Planeta, 1.997, p.82 y ss.

El primer estudio serio de las víctimas de la guerra lo hace R. Salas en 1977, en su libro Pérdidas de la guerra. Según las diferencias registrales de población las víctimas como mucho serían 625.000, incluyendo muertos por causa de la guerra, enfermedades y ejecuciones en la posguerra, maquis y guerra mundial. Si quitamos las de posguerra y las de enfermedad. Las muertes violentas serían 268.000, caídos en combate hubo 160.000, quedan como víctimas de la represión 108.000.

En cuanto a las ejecuciones, legales o no, Salas estima en 72.500 por los rojos y 58.000 por los nacionales, incluyendo las 23.000 de la posguerra. Apostilla Larrazabal: “Desgraciadamente después de la victoria la represión de los vencedores acortó distancias con unos 20.000 fusilamientos por razones que no parecen demasiado convincentes”.

Represión en la Guerra Civil, fuente el Instituto nacional de Estadística, se aproximan a las de autores serios. Represión Republicana en guerra: unas 60.000 víctimas; Nacional: unas 60.000 en guerra; unas 20.000 después.

Últimamente el estudioso Martín Rubio analiza provincia por provincia y se aproxima a las cifras de Salas al estimar en más de 60.000 los muertos por represión en la zona republicana. La represión en zona nacional que los apologistas republicanos han llegado a cifrar en 200.000 personas sin prueba alguna, Martín Rubio las establece en torno a las 80.000 personas, más de 50.000 en el curso de la guerra.

Afirman los apologistas rojos que los millares de asesinatos no fueron ordenados ni consentidos, difíciles de creer, cito matanzas de Paracuellos del Jarama organizadas por el Comité oficial que alentaba Carrillo, las sacas de las cárceles madrileñas autorizadas por los servicios penitenciarios, el oficialista funcionamiento público de las chekas en Madrid, Barcelona y otras ciudades de la zona republicana, el caso de Santander, donde las matanzas fueron dirigidas por el Comisario de Policía, el socialista Manuel Neila, las 270 personas en Barbastro presididas por las autoridades y muchas más.
Esta investigación es una pieza importante en la historiografía de la guerra de España que no pretende exculpar a nadie, sino restablecer los hechos en su realidad local. Los datos españoles comparados con los de otras guerras civiles,
como los finales de la II guerra mundial en Francia e Italia son muy similares., con una diferencia, la gran mayoría de  las víctimas lo fueron de simples asesinatos, con pocas ejecuciones legales, mientras que en España la gran mayoría fueron ejecuciones judiciales.

Lo cual permitiría situar el coste humano de nuestro conflicto en el contexto histórico universal.

Los autores rojos pintan un cuadro irreal, de armonía entre los republicanos, y no citan el terror desatado entre ellos mismos, terror dejó una trágica carga de torturas y muertes. Por ejemplo, el SIM (Servicio de Información Militar), fundado por Prieto y dominado por los comunistas, como una maquinaria cruel y mortífera, según testimonios anarquistas y socialistas. Véase como lo enfocan los rojetes Solé y Villarroya: “El SIM, sus éxitos se deben a las técnicas rusas, a la utilización de elementos tecnológicos innovadores, a la adecuada selección de personal policial y, lo más importante, al uso del terror. En conclusión, técnica y terror al servicio judicial». Al rojerío, a lo que se ve, no les parecía demasiado mal el método.

El anarquista Peirats las describía con más detalle: “Las mazmorras del SIM. eran tenebrosas instaladas en antiguas casas y conventos. El régimen de torturas que se aplicaba era el procedimiento brutal: palizas con vergajos de caucho, seguidas de duchas muy frías, simulacros de fusilamiento y otros tormentos horrorosos y sangrientos. Los consejeros rusos modernizaron esta vieja técnica. Las celdas eran más reducidas, pintadas de colores muy vivos y pavimentadas con aristas de ladrillo muy salientes. Los detenidos tenían que permanecer en pie continuamente, bajo una potente iluminación roja o verde. Otras eran estrechos sepulcros de suelo desnivelado, en declive. Los recalcitrantes eran encerrados en la “cámara frigorífica” o en la “caja de los ruidos” o atados a la silla eléctrica. La primera era una celda de dos metros de altura, en forma redondeada; al preso se la sumergía allí en agua helada, horas y horas, hasta que tuviese a bien declarar lo que se deseaba. La “caja de los ruidos” era una especie de armario, dentro del cual se oía batahola de timbres y campanas. La “silla eléctrica” variaba de la empleada en las penitenciarías norteamericanas en que no mataba físicamente.” Peirats, La CNT en la revolución española, Ruedo Ibérico, París, 1971, p.726.

El SIM, señala Jesús Hernández (comunista, ministro en la guerra) “En días sin noche, sin comienzo ni fin, en jornadas de diez y veinte y cuarenta horas interrumpidas, tuvieron lugar los interrogatorios. Quien de ello me informó tenía sobrados motivos para estar enterado. Era uno de los ayudantes de más confianza de Orlov (…) Con Nin empezó empleando Orlov el procedimiento “seco”. Un acoso implacable de horas y horas con el “confiese”, “declare”, “reconozca”, “le conviene”, “puede salvarse”, “es mejor para usted”, alternando los “consejos” con las amenazas y los insultos. Es un procedimiento científico que tiende a agotar las energías mentales, a desmoralizar al detenido. La fatiga física le va venciendo, la ausencia del sueño embotándole los sentidos y la tensión nerviosa destruyéndole. Así se le va minando la voluntad, rompiéndole la entereza. Al principio se le tienen horas enteras de pie, sin permitirle sentarse hasta que se desploma tronchado por el insoportable dolor de los riñones. Alcanzado este punto, el cuerpo se hace espantosamente pesado y las vértebras cervicales se niegan a sostener la cabeza. Toda la espina dorsal duele como si la partieran a pedazos. Los pies se hinchan y un cansancio mortal se apodera del prisionero, que ya no tiene otro afán que el de lograr un momento de reposo, de cerrar los ojos un instante, de olvidarse de que existe él y de que existe el mundo. Cuando materialmente es imposible proseguir el “interrogatorio”, se suspende. El prisionero es arrastrado a su celda. Se le deja tranquilo unos minutos, los suficientes para que recobre un poco su equilibrio mental y comience a adquirir conciencia del espanto de la prolongación del “interrogatorio” monótono, siempre igual en las preguntas e insensible a las respuestas que no sean de plena inculpación. Veinte o treinta minutos de descanso son suficientes. No se le conceden más. Y nuevamente se reanuda la sesión. Vuelven los “consejos”, vuelve el tiempo sin medida en que cada minuto es una eternidad de sufrimiento y de fatiga, de cansancio moral y físico. El prisionero acaba desplomándose con el cuerpo invertebrado. Ya no discute ni se defiende, no reflexiona, sólo quiere que le dejen dormir, descansar, sentarse. Y se suceden los días y las noches en implacable detención del tiempo. Del prisionero se va apoderando el desaliento, produciendo un desmayo en la voluntad. Sabe que es imposible salir con vida de las garras de sus martirizadores y su anhelo se va concentrando en un irrefrenable deseo de que le dejen vivir en paz sus últimas horas o de que lo acaben cuanto antes. “¿Quieren que diga que sí? Quizá admitiendo la culpabilidad me maten de una vez.” Y esta idea comienza a devorar la entereza del hombre”. Yo fui ministro de Stalin, G. del Toro, 1974, Madrid, p.22 .

Victimas de estos métodos fueron cientos de anarquistas y plumistas

Paralelamente, la disciplina fue asegurada mediante un endurecimiento del código militar hasta extremos de terror. Señala el mismo Azaña, “las deserciones se hicieron pronto muy abundantes”.

Por una deserción podían recibir graves castigo (trabajos forzados, por ejemplo) no sólo los padres y hermanos del desertor, sino hasta familiares en tercer grado.

Aparte de estas represiones, parecidas en ambos bandos, existen otras dos, peculiares de uno u otro: la que se produjo entre los propios miembros del Frente Popular,  y la practicada por los vencedores al terminar la contienda.

Abad de Santillán (líder anarquista), nos cuenta en Por qué perdimos la guerra: “Un buen día se recibe en las brigadas pertenecientes al XXIII Cuerpo de Ejército (mando comunista) una orden de éste para que cada Brigada mandase un pelotón o escuadra de gente probada como antifascista. Así se hace y se le dan instrucciones completas para que marchen a Turón, pueblecito de la Alpujarra granadina. Se les dice que hay que eliminar a fascistas para el bien de la causa. Llegan a Turón los designados y matan a 80 personas, entre las cuales la mayoría no tenían absolutamente por qué sufrir esa pena, pues no era desafecta, dándose el caso de que los elementos de la CNT, del partido socialista y de otros sectores mataron a compañeros de sus propias organizaciones, como les habían indicado sus superiores. También hay casos de violación de las hijas (que se ofrecían) para evitar que sus padres fuesen asesinados. Y lo más repugnante fue la forma de llevar a cabo dichos actos, en pleno día y ante todo el mundo, pasando una ola de terror trágico por toda aquella comarca. Este tipo de terror está por estudiar a fondo, y valdría la pena que  alguien lo hiciera.”

El otro tipo de represión única fue el de posguerra. Se trató de una represión sangrienta (unos 23.000 muertos), aunque, parece claro, unas izquierdas capaces de tratarse entre ellas como hemos visto, habrían desatado una represión no menor y muy probablemente mayor.

Cabe señalar que las derechas han condenado el asesinato de García Lorca y se han sumado a sus homenajes, mientras que nada semejante han hecho las izquierdas con Maeztu, Muñoz Seca  o tantos otros intelectuales asesinados por el Frente Popular. Y no solo eso sino que los ridiculizan y disculpan sus asesinatos. Las víctimas republicanas reciben constante encomio, mientras las otras llegan a ser tratadas con verdadero escarnio. Así, Maeztu es “el intelectual de mayor prestigio que pudieron pasear como mártir los franquistas”.

La diferencia de postura de unos y otros es clara, el rojerío disculpa la represión propia y escarnece la otra. Salas Larrazabal: “Todos tenemos mucho que avergonzarnos y muy poco que reprocharnos”. R. Salas, Perdidas de la guerra, Barcelona, Planeta, 1977, p.442.

Un dato importante a tener en cuenta es que de 24 millones de habitantes 13, al iniciarse la guerra, estaban en zona republicana, a los republicanos se les fue reduciendo su territorio y población. Los nacionales tuvieron ocasión de exigir responsabilidades a toda la población, hubo 11 millones de habitantes a los que la República no pudo exigir ninguna responsabilidad y no tuvo por tanto ocasión de matarlos, otro 6 millones sobre los que tuvo muy poco tiempo para actuar y en el resto (7 millones) causó tantos muertos con los azules en 24 y en ningún caso pudo pedir responsabilidades después de la guerra, por las barbaridades que en ella se había hecho. Por lo tanto, aunque la cifra de muertos fue similar en ambas zonas, proporcionalmente fue inmensamente superior en zona roja. Otro punto fundamental a tener en cuenta, es que los nacionales juzgaban y condenaban, en las zonas que conquistaban, en buen numero de casos por delitos concretos que se habían cometido contra sus seguidores o gente neutral.

Como el afán de encontrar muertos leales no cesa, los haya o no los haya, de la memoria histórica de inefable ZP y su abuelito,  viene a cuento recordar, al respecto, el caso del gran osario descubierto en un barranco de Órgiva (Granada, agosto, 2003), durante unas obras. Se difundió en la prensa la noticia sensacional de una especie de Paracuellos franquista ¡Ahí estaba el Pracuellos azul! ¡Aleluya! Una enorme fosa común “perfectamente documentada”, “fusilamientos masivos”, “exterminio de rojos”. Un catedrático de la universidad de Granada, Rafael Gil Brasero, describió el barranco como “lugar de crímenes”, “río de sangre”, testigos recordaban los camiones cargados de “hombres, mujeres y niños”, a quienes mataban y hacían caer a la zanja, echándoles cal viva, “y así un día y otro”. El pollo calculó en 6.000 fueron ajusticiados por los sublevados, “ante la indiferencia del gobierno Aznar”, “hablando del “miedo” de los obreros a perder el trabajo si hablaban de los huesos”.

Los de la “memoria” clamaban piadosamente que sólo buscaban “el respeto a las familias” de los fusilados. El ayuntamiento acordó erigir un gran monumento. El dinero vendría de una institución oficial andaluza que subvencionaba a los ayuntamientos para “coordinar actuaciones de recuperación de la memoria histórica”, en el mientras tanto la Asociación Granadina  para la Recuperación de la Memoria Histórica ha recibido su primera subvención: 55.000 euros (9 millones de Pts,),que para empezar no está mal, de la Consejería de Justicia para elaborar un mapa provincial de enterramientos. Eso da para mucho marisco y hasta sobrará para repartir.

El diario El País les dedicó una página entera el 1-9-2003,  ofreciendo las siguientes cifras: “Según datos de los socialistas, más de 500.000 personas sufrieron prisión y otras 150.000 murieron fusiladas”. Y para hincar más el aguijón en el gobierno Aznar,

Pero al día siguiente El País informaba en el lugar menos visible de una página muy interior: “Los restos óseos hallados el pasado sábado son, según los forenses, de origen animal de cabras y perros”.NO SOMOS NADIE.

Francisco Alamán Castro.

3 pensamientos en “Guerra civil: balance de victimas y represion (de las mentiras de derechas e izquierdas a la realidad) – Francisco Alamán Castro”

  1. Todos estos datos son muy útiles. Pero, en esta España dividida, unos hablan y otros callan. De ahí que lo que se transmite a las generaciones muy lejanas a estos acontecimientos es sólo una versión … la de la izquierda. Hay complejo y miedo a ser catalogado. A ver quien es el valiente que empieza a divulgar las atrocidades cometidas por las tropas republicanas y sus dirigentes.

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