(Los crimenes de ERC) Condenados por el Comité Revolucionario Antifascista

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MARTIRIZADOS LOS BEATOS CLAUDIO JOSÉ, ÁNGEL AMADO Y BUENAVENTURA PÍO

Los Beatos Claudio José, Ángel Amado y Buenaventura Pío fueron martirizados juntos en Tortosa, por orden del Comité Revolucionario Antifascista local. El emocionante relato del señor Casanova de su prisión y muerte puede leerse al final del texto. Fueron beatificados en Tarragona el 13 de octubre de 2013, junto a los 147 de la Archidiócesis y 522 del resto de España. Fue la beatificación más numerosa realizada en la historia de la Iglesia católica.

BEATO CLAUDIO JOSÉ MATEO CALVO, F.S.C.

Religioso de las Escuelas Cristianas

Nombre: Mateo Calvo, Manuel

Natural de: Aliaga (Teruel)

Ejerció su apostolado: en Cambrils, Barcelona, Tarragona y Tortosa

Bautizado: 5 de octubre de 1902

Tomó el hábito: 1.º de noviembre de 1918

Martirizado el día 1.º de septiembre de 1936 en Tortosa

Tenía 35 años de edad y llevaba 19 de vida religiosa

De seglar, Manuel Mateo Calvo, hijo legítimo y natural de Mateo y Encarnación Calvo; nacido a las cinco de la mañana del 5 de octubre de 1902, en la villa de Aliaga, provincia de Teruel y arzobispado de Zaragoza; bautizado el mismo día en la iglesia parroquial de San Juan Bautista, de la misma población. Es el tercer hijo del matrimonio. Durante la persecución religiosa, fueron destruidos los libros de confirmados del archivo parroquial. Manuel Mateo Calvo fue confirmado en la parroquia mencionada el día 9 de mayo del año 1904, por el arzobispo de Zaragoza monseñor Soldevila Romero, con motivo de su visita pastoral. Recibió la primera comunión en la iglesia parroquial de esa población de manos del cura párroco. Lo testifica el día 3 de marzo de 1951.

Ingresó en el Noviciado Menor de Cambrils el 8 de marzo de 1915 y en el Noviciado Mayor de Hostalets de Llers (Girona), el 28 de julio de 1918. Siempre el primero de clase, estaba especialmente dotado para las Matemáticas y para las Letras; pero nunca tuvo la tentación de jactarse de ello. Tomó el hábito religioso el primero de noviembre de 1918 e ingresó en el Escolasticado de Bujedo el primero de marzo de 1920. En septiembre de 1920 comenzó su apostolado en el Noviciado Menor de Cambrils.

Para favorecer su desarrollo pedagógico, sus superiores en 1926 lo enviaron al internado de Ntra. Sra. de la Bonanova (Barcelona), donde se dedicó a cultivar las Matemáticas, pues era la ciencia que atraía sus predilecciones. Sin embargo, tenía que impartir la clase de Letras en el tercer nivel.

Años más tarde fue destinado a Tarragona para organizar las clases de Bachillerato. Cumplida su misión en Tarragona, en 1931 regresó de nuevo a Barcelona, donde reanudó sus anteriores ocupaciones. El internado de la Bonanova consiguió en 1933 más de cuarenta títulos académicos, con algunas

menciones honoríficas. Claudio José fue uno de los que contribuyeron a tan noble empresa. Decía que el profesor debe ser un ejemplo en todo para sus alumnos. En sólo tres años de exámenes, consiguió el diploma de Catequista, el título de Bachillerato Superior y se lanzó resueltamente a la Licenciatura, pero la muerte segó para siempre su brillante carrera intelectual.

Tomó votos anuales en Cambrils, trienales en Pont d’Inca y perpetuos en Barcelona, el 25 de agosto de 1927. Ejerció el apostolado en Cambrils (1921 y 1924, Noviciado), Barcelona (Bonanova, 1926 y 1931), Tarragona (1928) y Tortosa (1935). Fue martirizado en Tortosa el primero de noviembre de 1936.

 CERTIFICADO DE DEFUNCIÓN.- El juez municipal de Tortosa, Francisco Remolí Terrens, encargado del Registro civil, certifica, el día 21 de marzo de 1950, que a las diez y veinte minutos del día 2 de septiembre de 1936, ante don José Mª Cartes Castellá, Juez municipal actuante, y don Luis Emperador García, secretario, se procede a inscribir la defunción de don Manuel Mateo Calvo, (Hermano Claudio José), religioso de las Escuelas Cristianas, de 34 años de edad, de profesión maestro, que falleció en el km. 199 de la carretera de Barcelona a Valencia, en el término municipal de Tortosa, el día ayer (primero de septiembre), a las siete, a consecuencia de heridas por arma de fuego, según la carta-orden del Juzgado de Instrucción y el reconocimiento practicado. Su cadáver habrá de recibir sepultura en el cementerio de la ciudad. La inscripción se practica en virtud del sumario 240 del actual año, sobre muertes. Presenciaron los hechos y actuaron como testigos Juan Barberá y José Huguet, ambos vecinos de la ciudad. Es traducción del acta escrita en catalán.

TESTIGOS DE SU VIDA Y MARTIRIO.- Francisco Bou Roca (Fr. Ambrosio Rafael), José Tarragó y Salvadó, Alfredo Serrano Aldell, Giacomo Casanova Piñana, Manuel Martínez Solá, Justo Pérez Fernández, (Fr. Felice Juan), Carlos Ripollés Llovera, Josefina Bel Doménech, José Gasulla Cortés, Ireneo Contreras Contreras (Fr. Cesáreo Joaquín), José Antonio Echevarría Odiozola (Fr. Wenceslao Juan).

BEATO ANGEL AMADO FIERRO PÉREZ, F.S.C.

Religioso de las Escuelas Cristianas

Nombre: Fierro Pérez, Maximiano

Natural de: Alfamén (Zaragoza)

Ejerció su apostolado: en Barcelona, Cambrils, Manlleu, Cuba y Tortosa

Bautizado: 24 de agosto de 1905

Tomó el hábito: 14 de agosto de 1921

Martirizado el día 1.º de septiembre de 1936 en Tortosa

Tenía 32 años de edad y llevaba 15 de vida religiosa

De seglar, Maximiano Fierro Pérez, hijo legítimo y natural de Laureano Fierro y de Pilar Pérez; nacido el 21 de agosto de 1905, a las doce de la noche, en Alfamén, archidiócesis y provincia de Zaragoza; bautizado el 24 del mismo mes y año en la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, de la misma población, a quien se impuso el nombre de Maximiano. Recibió los sacramentos de la Confirmación, el día 29 de agosto de 1913, y la primera Comunión, el 17 de mayo de 1917, fiesta de la Ascensión, en la iglesia parroquial de Calamocha (provincia de Teruel y arzobispado de Zaragoza), junto con otros niños y niñas de la misma parroquia. Maximiano creció en un ambiente de piedad y de trabajo. Su padre dirigía un taller de carpintería y ejercía el oficio de sacristán en la iglesia parroquial.

Ingresó en el Noviciado Menor de Montreal del Campo, desde donde pasó al Noviciado Menor de Cambrils el 8 de julio de 1918 y al Noviciado Mayor de Fortianell el 16 de febrero de 1921. Tomó el hábito el 14 de agosto de 1921, con el nombre de Ángel Amado. En el Escolasticado de Cambrils alcanzó una notable preparación pedagógica; con ella fue integrado en 1922 en el grupo de profesores del Colegio Condal, de Barcelona. Después de haberse iniciado en la enseñanza, se convirtió en un profesor de gran porvenir. Su salud, algo débil, tuvo que fortalecerse en la casa de Cambrils, adonde fue destinado. En Manlleu estuvo cuatro años impartiendo clase en la escuela gratuita, adonde acudían unos 500 alumnos de familias obreras. Tomó mucho interés por la obra de las Misiones; para cumplir el servicio militar se fue a enseñar durante tres años a Cuba. Estuvo en la casa de Marianao; después de trasladó a Cuba. Su apostolado en las Antillas fue una prolongación del que había realizado en España.

Realizó votos perpetuos en Tarragona el 30 de agosto de 1930. Hizo votos anuales en Fortianell, trienales en Barcelona y perpetuos en Tarragona, el día 30 de agosto de 1930. Ejerció su apostolado en Barcelona (Condal, 1922, Bonanova, 1930), Cambrils (1925), Manlleu (1926), Cuba (Marianao, San José, 1931), Vedado (Ecole, 1932) y Tortosa (1934). Fue martirizado el primero de septiembre de 1936, en Tortosa.

Regresó de Cuba en 1934 a su distrito de origen, Tarragona. Aquí le sorprendió la persecución religiosa desatada a causa de la guerra civil.

DECLARACIÓN ANTE EL FISCAL DE LA CAUSA.- El 7 de enero de 1941, don Joaquín Donato Picó, religioso de las Escuelas Cristianas, declaró bajo juramento que su hermano en religión, don Maximiano Fierro Pérez, de 32 años de edad, domiciliado en Tortosa, calle Genoveses, “fue detenido por los rojos incontrolados en Tortosa (Tarragona) el 21 de julio de 1936, siendo conducido a la cárcel habilitada en el colegio San Luis de Tortosa. El 31 de agosto, a media noche, fue violentamente sacado de la cárcel con otros compañeros mártires y fusilado a las tres de la madrugada del 1.º de septiembre de 1936, en un lugar desconocido. Su cadáver fue recogido y sepultado en la fosa común del cementerio de Tortosa. Su defunción fue inscrita en el Registro Civil de Tortosa. El interfecto era natural de Alfamén (Zaragoza). (AHN, Causa General de Tarragona).

 CERTIFICADO DE DEFUNCIÓN.- El juez municipal de Tortosa, Francisco Remolí Terrens, encargado del Registro Civil, certifica que el día 2 de septiembre de 1936, se procede a inscribir la defunción del Hermano Ángel Amado, religioso de las Escuelas Cristianas, de 31 años de edad, natural de Alfamén, de profesión maestro, vecino de Tortosa. Falleció en Tortosa, en el km 199 de la carretera de Barcelona a Valencia, el día primero de septiembre de 1936, a las siete de la tarde, a consecuencia de heridas por arma de fuego, según resulta de la carta-orden del Juzgado de Instrucción y el reconocimiento practicado. Su cadáver habrá de recibir sepultura en el cementerio de la ciudad. Es el sumario 240 del año en curso sobre muertes. Presenciaron su muerte y actuaron como testigos Juan Barberá y José Huguet, vecinos de Tortosa. Es traducción del acta, que fue extendida en idioma catalán.

TESTIGOS DE SU VIDA Y MARTIRIO.- José Tarragó Salvadó, Alfredo Serrano Aldell, G. Casanova Piñana, Manuel Martínez Solá, Justo Pérez Fernández (Fr. Felice Juan), José Otero Bahima, José Gasulla y Cortés, Irineo Contreras Contreras (Fr. Cesáreo Joaquín), José Antonio Echevarría Odriozola (Fr. Wenceslao Juan), Fr. Paciano Vicenzo, Andrés Foix Villarroja (Fr. Eusebio Felice).

BEATO BUENAVENTURA PÍO RUÍZ DE LA TORRE, F.S.C.

Religioso de las Escuelas Cristianas

Nombre: Ruiz de la Torre, Pío

Natural de: Fresno de Rodilla (Burgos)

Ejerció su apostolado: en Manlleu, Barcelona y Tortosa

Bautizado: 11 de julio de 1909

Tomó el hábito: 1.º de febrero de 1926

Martirizado el día 1.º de septiembre de 1936 en Tortosa

Tenía 28 años de edad y llevaba 10 de vida religiosa

De seglar, Pío Ruiz de la Torre, hijo de Manuel Ruiz García, de profesión labrador, y de Francisca de la Torre; nacido el día 9 de julio de 1909 en la villa de Fresno de Rodilla, provincia y diócesis de Burgos; bautizado el día 11 del mismo mes y año en la iglesia parroquial de San Román mártir, de la misma población, donde se le impuso el nombre de Pío.

Recibió el sacramento de la Confirmación el día 5 de noviembre de 1909, en la misma iglesia parroquial. Su niñez la pasó en la inocencia, como todos los niños. A los seis años ingresó en la escuela pública de la localidad. Se hacía querer de su maestro por su aprovechamiento, y de sus compañeros de clase, por su simpatía. Como los demás niños, asistía a la misa parroquial y demás actos religiosos. En el año 1919 hizo su primera comunión con gran contento de sus padres. Ya mayorcito, al irse su hermano José de religioso, su padre le encargó la guarda del rebaño familiar, hasta que, siguiendo los impulsos de su corazón y el ejemplo de su hermano mayor, quiso ser religioso. De esta declaración fueron testigos sus hermanos Fortunato y Francisco Ruiz de la Torre. Da fe el párroco Rdo. Andrés Mena Ruiz.

Ingresó en el Noviciado Menor de Cambrils el 11 de octubre de 1922 y en el Noviciado Mayor de Fortianell, el 15 de agosto de 1925. Tomó el hábito religioso el primero de febrero de 1926 en Fortianell, e ingresó en el Escolasticado de Cambrils el 3 de febrero de 1927. Hizo votos anuales en Fortianell y trienales en Cambrils. Ejerció su apostolado en Manlleu (1928), Barcelona (Condal, 1933) y en Tortosa (1935). Fue martirizado el primero de septiembre de 1936, en Tortosa.

Una fiebre maligna vino a interrumpir su trabajo y le puso en serio peligro de muerte. Los cuidados recibidos no lograron devolverle plenamente la salud. En 1935 fue enviado a Tortosa, donde recuperó sus energías físicas y su habitual vivacidad. Allí conquistó la estima de sus nuevos alumnos y de los padres de los niños. Pero estalló la persecución religiosa y fue asesinado en Tortosa el primero de septiembre de 1936.

DECLARACIÓN ANTE EL FISCAL DE LA CAUSA.- El 7 de enero de 1941, don Félix de la Torre Jiménez, religioso de las Escuelas Cristianas, de 35 años de edad, natural de Estella (Navarra), declaró bajo juramento ante el Fiscal delegado para la instrucción de la Causa General de Tarragona, que su hermano en religión, don Pío Ruíz de la Torre, de 28 años de edad, domiciliado en Tortosa (Tarragona), el 21 de julio de 1936 fue conducido a la cárcel, habilitada en el colegio San Luis de Tortosa. El 31 de agosto, a medianoche, fue vilmente sacado de la cárcel con otros compañeros y fusilado a las tres de la madrugada, en lugar desconocido, el 1.º de septiembre de 1936. Su cadáver fue recogido y sepultado en la fosa común del cementerio de Tortosa. Su defunción fue inscrita en el Registro Civil de Tortosa.

 CERTIFICADO DE DEFUNCIÓN.- El juez municipal de Tortosa, Francisco Remolí Terrens, encargado del Registro Civil, certifica que el día 2 de septiembre de 1936, se procede a inscribir la defunción del Hermano Buenaventura Pío, religioso de las Escuelas Cristianas, de 27 años de edad, de profesión maestro, que falleció en el km. 199 de la carretera de Barcelona a Valencia, término municipal de Tortosa, el día primero de septiembre del mismo año, a consecuencia de heridas por arma de fuego, según resulta de la carta-orden del Juzgado de Instrucción y del reconocimiento practicado. Su cadáver habrá de recibir sepultura en el cementerio de esta ciudad. La inscripción se practica de acuerdo con el sumario 240 del año actual, sobre muertes. Presenciaron la muerte del religioso y actuaron como testigos Juan Barberá y José Huguet, menores de edad y vecinos de Tortosa. El acta estaba extendida en idioma catalán.

TESTIGOS DE SU VIDA Y MARTIRIO.- José Tarragó y Salvadó, Alfredo Serrano Adell, G. Casanova Piñana, Manuel Martínez Solá, Justo Pérez Fernández (Fr. Felice Juan), José Otero Bahima, Carlos Ripollés Llovera, Ireneo Contreras Contreras (Fr. Cesáreo Joaquín), Martín Egaña Urbieta (Fr. Pedro Fabra).

EN EL COLEGIO DE TORTOSA

En Tortosa más que en otras partes, los Hermanos se encontraban en el punto de mira de Marcelino Domingo, nombrado Ministro de Instrucción Pública al día siguiente de proclamarse la República, el 14 de abril de 1931. Era un ministro sectario, que había jurado la desaparición de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Los triunfos pedagógicos del Instituto lasaliano provocaban, en lugar de admiración, un odio fanático, irrefrenable. Siendo profesor, Marcelino Domingo, tuvo que competir con el éxito de las Escuelas Cristianas, y no había olvidado la derrota. En 1935, en plena batalla política para cerrar los centros docentes de la Iglesia católica en España, Claudio José tuvo que dejar Barcelona para regentar la clase superior del Colegio en Tortosa. Allí le sorprendió el comienzo de la persecución religiosa y la muerte por amor a Cristo.

MARTIRIO DE LOS BEATOS CLAUDIO JOSÉ,

ÁNGEL AMADO Y BUENAVENTURA PÍO

El día 20 de julio de 1936 estos tres hermanos se escondieron en la casa de Manuel Mussó, amigo de la Comunidad tortosina; pero, al día siguiente, fueron detenidos por un grupo de milicianos. Alguien vio entrar en la casa varias maletas y denunció el hecho al Comité local antifascista, el cual abrió una investigación y procedió a su detención. Para evitar que fueran profanados, los Hermanos habían trasladado a la casa de los Mussó los objetos religiosos de la capilla colegial. Esto fue considerado por el Comité como un delito de robo, motivo de identificación y detención.

Fueron conducidos a la prisión del colegio San Luis, y estuvieron allí seis semanas. Un antiguo alumno, José Otero, proveía su mantenimiento y vestido; sus maletas y objetos personales habían sido confiscados. De estos días en la cárcel existe un testimonio impresionante de Jaime Casanova, presidente de los Antiguo Alumnos de Tortosa – preso que logró salvar la vida –, suscrito el 7 de febrero de 1941 ante el Fiscal instructor de la Causa General de la provincia de Tarragona, con certificado de conformidad del hermano Casimiro Félix (AHN, Causa General).

Resumimos su impresionante relato: Cuando él ingresó en la misma prisión, se encontró allí con los hermanos que tanto conocía. Formaron una piadosa comunidad, presidida por Claudio José. Juntos rezaban el rosario ante una imagen de la Virgen. Para no ser descubiertos hacía de vigilante un hermano de la Comunidad de Tarragona, que era sordo. Con frecuencia cantaban himnos a la Virgen de la Cinta, patrona de Tortosa.

La prisión tenía un patio cerrado y se les obligaba a permanecer allí durante muchas horas, a pleno sol canicular durante el verano. Los hermanos se las ingeniaron para aliviar el sufrimiento moral del resto de los reclusos por medio de ejercicios piadosos, conversaciones y juegos. Uno de ellos les daba lecciones de inglés.

Cada atardecer les atenazaba una angustia terrible, al ver cómo se llevaban a algunos compañeros de reclusión para ser inmolados como víctimas. “Aunque estas escenas nos hacían temblar –escribe el señor Casanova–, tenían también el poder de fortalecer nuestra resignación y de hacernos elevar nuestra oración al cielo, para que nos diera fuerza en aquel tremendo momento, esperando una muerte gloriosa, que haría sublimes nuestros espíritus”.

El día 31 de agosto de 1936, a la caída de la tarde, se habían retirado a una habitación cercana para concluir el rosario y cantar el himno a la Virgen de la Cinta. Reinaba cierta confianza porque desde hacía dos días no aparecía el pelotón de la muerte. Aquella tarde, el hermano Claudio José, que se había granjeado la amistad de los carceleros por su buen humor, comenzó una partida con el oficial de guardia, sin sospechar que su compañero de juego le anunciaría horas después su postrero destino.

Mientras, Ángel Amado y Buevantura Pío conversaban con el señor Casanova y con dos agricultores de Arnés (Terra Alta), también presos. Contaban que, al ser detenidos y llevados a la Comisaría de Tortosa, les habían encontrado un rosario, lo cual le costó a uno de ellos la fractura de dos costillas y diversas heridas al otro, a causa de los golpes propiciados por los milicianos. Se acababan de acostar y oyeron las campanadas de medianoche en el reloj de la Catedral de Tortosa. Instantes después, un automóvil se detenía ante la puerta de la cárcel. La angustia se apoderó del espíritu de los presos. Sonó el timbre. Momentos después, los pasos del oficial de la prisión se acercaban para darles alguna mala noticia.

Los dos jóvenes agricultores de Arnés (Terra Alta) fueron obligados a vestirse, mientras José Prats, dominico, recitaba un “De profundis”. Uno de los jóvenes reos, decía: “Dios mío, ¿por qué me van a matar? ¿Qué he hecho yo para merecer la muerte?” Se puso de rodillas, con los brazos en cruz; el dominico puso sus manos sobre la cabeza del joven, que le dijo: “Padre, pido perdón a Dios por todos mis pecados de la vida entera. Quiero ir al cielo”. El sacerdote, de pie, bendijo a la víctima, y le dijo: “Adelante, hijo; yo te perdono en nombre del Señor”.

Entretanto, el otro joven de Arnés acabó de vestirse, mientras decía: “¿Qué será de mi esposa y de mis hijos? ¡Pobres hijos míos! ¡Me van a matar!” Su compañero le tomó del brazo y le acercó al sacerdote, diciendo: “No te preocupes, hermano. Mi esposa y mis hijos están en el mismo caso. Dios lo quiere así. El velará por ellos. Arregla ahora tu pasaporte para el cielo”. La absolución sacerdotal descendió sobre su alma.

Antes de partir, uno de ellos gritó: “Hermanos, dentro de unos momentos habré muerto. No quiero que el retrato de mis hijos sea profanado. Os lo dejo con mi cartera y mi camisa. Cuando venga mi esposa, hacédselo llegar y decidle que, desde el cielo, yo cuidaré de ella y de mis hijos”. Los reclusos que presenciaron estas escenas estaban sumidos en una intensa emoción. Se oyó el ruido de un segundo coche, que paró e hizo sonar el claxon. Los verdugos se acercaron al dominico, que cayó de rodillas apoyando su rostro en la pared. El guardia le mandó prepararse. Los tres hermanos, Claudio José, Ángel Amado y Buenaventura Pío, estaban frente a él compartiendo su dolor. Entonces, el guardia les hizo un gesto de que también ellos le siguieran; y se retiró. Después de haberse vestido, los tres se arrodillaron cerca de sus camastros, juntando las manos e inclinando la cabeza.

Escribe Casanova que “La emoción del momento era indescriptible. El ministro de Dios se acercó y pronunció las palabras de la absolución. Yo me encontraba cerca del grupo de los elegidos del Señor”. Mientras, el Hermano de Tarragona se lamentaba, diciendo: “¿Por qué les toca a ellos y no a mi? Yo también soy hermano como ellos, y estoy sordo y ya soy inútil…”

Buenaventura Pío se acercó a Jaime Casanova, y le dijo: “No llores, Jaime. Es Dios que lo quiere así. Aquí está mi cartera. Hazla llegar al director y dile que muero contento y orgulloso de ser Hermano de las Escuelas Cristianas. Que escriba a mis padres y les diga que he muerto por la fe y como hijo del Instituto. Quédate para ti, como recuerdo, este lápiz y el rosario”. Ambos se fundieron en un fuerte abrazo. Según cuenta Casanova, el lápiz se lo regaló a su hijo, alumno del donante. Siempre lo conservó como la herencia de un mártir. El rosario lo dio a David Catalá, que se lo pedía insistentemente, y que fue fusilado más tarde. Los otros dos hermanos le dejaron también algunos encargos para sus familias y para los superiores; pero le sería imposible cumplirlos porque la intensa emoción del momento, le impidió recordar con detalle lo que le dijeron.

Antes de partir, Claudio José les dirigió las siguientes palabras: “No lloréis por nosotros, hermanos. Más bien rogad al Señor que nos conceda ser fuertes hasta el último momento y dignos de morir por Cristo. Al fin de cuentas, somos consagrados a Dios y hacia El nos encaminamos. Hasta que nos veamos en el cielo”. Los cuatro religiosos se dejaban atar mientras rezaban. “El aspecto de la prisión se ensombreció desde este momento –escribe Casanova–, de manera que casi todos hubiéramos deseado partir con ellos, para no prolongar aquellas horas terribles”.

Sus cadáveres fueron enterrados en la fosa común del cementerio de Tortosa. Ha sido imposible conseguir su identificación. Quienes dirigían las persecución religiosa hicieron lo imposible por impedir los honores póstumos de los mártires. Vano esfuerzo, pues “Ellos juzgaran a las naciones y regirán a los pueblos. Y el Señor reinará con ellos por toda la eternidad”. (Sab. 3,8).

En febrero de 1941, los Hermanos de las Escuelas Cristianas recibieron un documento oficial, que precisa el lugar y la fecha de la inmolación de Claudio José. Es prueba, también, de la muerte de los Hnos. Ángel Amado y Buenaventura Pío.

Dice así:

“Por conocer con certeza el hecho, os comunico que en el Registro civil del Tribunal municipal de Tortosa, con fecha del 2 de septiembre de 1936, se encuentra escrita el acta de defunción de D. Manuel Mateo Calvo, de 34 años, nacido en Aliaga, hijo de Mateo y de Encarnación, habitante de Tortosa y que ejerció el empleo de profesor. Murió en Tortosa, en el kilómetro 197 de la carretera de Barcelona a Valencia, el 1.º de septiembre de 1936, a las 7 horas, a consecuencia de heridas de arma de fuego. Esta víctima no es otra que el miembro de la Comunidad de Tortosa, conocido en religión con el nombre de Claudio José”.

Un reportaje del periodista Francesc Basco Graciá, basado en los datos que obran en el Archivo Privado de La Salle de Cambrils, en el Archivo Archidiocesano de Tarragona y en el Archivo Histórico Nacional. (El relato se puede leer en el libro del mismo autor “BEATIFICAN 522 MÁRTIRES”.)

Origen: Condenados por el Comité Revolucionario Antifascista – Memorias y Palabras

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