La filosofía de Escohotado busca demostrar que no existe el paraíso en la tierra que prometen los comunistas

Ciento cincuenta años antes que en España emergieran unos agitadores profesionales disfrazados de jóvenes sin futuro y plantaran la semilla de Podemos, Mijail Bakunin llamó la atención sobre dos señoritos provincianos cuyo único fin era abolir la propiedad privada y el comercio.

Marx y Engels defendieron el sacrificio de miles personas en aras de la tierra prometida comunista. Exigían engendrar hombres nuevos satisfaciendo la venganza. El miedo cambiaría de bando y como el eslogan de Gorki, “por la fuerza será arrastrada la humanidad a ser feliz”.

Después de acompañar a Antonio Escohotado en ese viaje infinito por la civilización occidental narrado con brío en su obra ‘Los enemigos del comercio’ (Espasa), cuando uno entra en un supermercado sabe que está al frente de un milagro de la civilización.

Desmontado el tabú de que la riqueza y el comercio son impurezas del espíritu, Escohotado ha firmado el certificado de supervivencia del capitalismo.

“La historia del comunismo ejemplifica una evolución al miedo de los demás. La historia de las drogas compendia variantes de la historia del miedo a uno mismo. Son dos fenómenos aparentemente dispares pero marcados por la misma cosa: el miedo” (De su libro ‘Frente al miedo’, editado por Página Indómita).

Los tres tomos de ‘Los enemigos del comercio’, el resultado de una monumental aventura intelectual de 17 años de trabajo, son un tratado frente al miedo, y un recordatorio de cómo los totalitarismos sacrifican las libertades individuales en nombre de los derechos supuestamente sociales, implantando el Terror con la complicidad de bien pagados intelectuales, comisarios políticos comprometidos con la violencia en nombre de la igualdad.

“Desde el punto de vista logístico y táctico, su descubrimiento [el de los comunistas] más brillante está en el Sermón de la Montaña, y consiste en unificar a tres tipos de personas -los pobres de espíritu, los pobres materiales y los perseguidos-, que solo tienen en común el descontento. Dos mil años no menguado su atractivo, que probablemente continuará fascinando a un número incontable de personas”.

El tomo tres demuestra que Marx y Lenin quieren matar al rico como Hitler al judío, atendiendo al mismo plan eugenésico. Ya la Epístola de Santiago había advertido a los prósperos: «Habéis engordado para el día de la matanza».

Fuma sin parar tres paquetes diarios desde hace 55 años. El tabaco es para él, como el resto de psicofármacos, combustible para trabajar, inagotables como sus maestros Hegel y Freud. Como dijo alguna vez, la izquierda radical es el fruto de ignorar a Hegel, y suponer que la dialéctica amo-siervo caduca desterrando el derecho de propiedad.

Varias veces estuvo a punto de tirar la toalla y si no lo hizo fue gracias a los ánimos de sus amigos Jorge Iváñez y Manuel de la Concha.

“Estoy feliz de la vida. Soy un hombre libre. 2.200 páginas, que se leen en una tarde. Han sido 17 años de trabajo sin sábados ni domingos, sin vacaciones. Unas 8 horas de estudio en internet, básicamente en la pantalla, a base de los grandes repertorios. Y el resto reflexionándolo y poniéndolo por escrito, ha sido un gran placer. Ya estoy pensando en un buen infarto y una vida cumplida.”.

La filosofía de Escohotado huye de las utopías como de la peste y busca demostrar que no existe el paraíso en la tierra que prometen los comunistas, compuesto de reliquias truculentas que conllevan sacrificios estériles. “La eugenesia, tan útil para granjeros y criadores, resulta siempre genocida cuando se aplica a humanos”.

Escohotado no es un predicador, ni cree en nada que no sea el estudio y la experimentación. Su método es huir de los exégetas y beber siempre de las fuentes originales. La libertad como antídoto ante el miedo y los salvadores providenciales. “Que la realidad te vaya guiando, en vez de ir tú ahormándola a prejuicios”.

 

Origen: Antonio Escohotado: “Lenin y Marx recuerdan a los jóvenes de Podemos: fueron señoritos que no dieron palo al agua en toda su vida” | Periodista Digital