Hace meses, mi amigo Frank Darijo me remitió la comedia ‘Madrid, Barcelona y Valencia’, donde  los protagonistas hablan valenciano, castellano y catalán. Estrenada el 6 de octubre 1900 en Barcelona,  el autor era Joaquín Montero (Valencia, 1869; Santiago de Chile, 1942). Se sabe poco de este  dramaturgo  que vivió la mayor parte de su vida en Cataluña, y donde en 1893 ya publicaba una adaptación de Los Miserables de Víctor Hugo, aunque la popularidad la alcanzó con producciones para el Paralelo barcelonés  y comedias en catalán.

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Bajo la apariencia de enredo amoroso, el autor dejaba claro que consideraba idiomas distintos a los hablados por los protagonistas: Pepico (valenciano), Juanito (catalán), Ricardo (castellano). En análisis superficial (pues el bibliófilo Darijo prepara un buen libro sobre el asunto) observaríamos las diferencias.  Veamos unas pocas:

                                              valenciano:

“y vullc” (p. 7)

“olivetes del cuquillo, com yo les se confitar”  (p. 7)

“Ché, no penses” (p.7)

“¡Ay sinyor, quína fatiga!” (p.7)

“¡Oy, ché! ¡no me digues res! (p.8)

“yo li pegue una furgá” (p.8)

“qui mos la fa, mos la paga (p.9)

“y vosatros” (p. 9)

“en Alfafar” (p.12)

“formache” (p. 16)

“la mare de Deu dels Desamparats” (p.18) “ha enredrat” (p. 24)

 catalán:

“ab un crim” (p.8)

“Puc tallá dos rals” (p.8)

“hi ha malas ideas” (p.9)

“del jeure dir (el valenciá) chitar” (p.9)

“No puc veure als valencians” (p.9)

“doncs, no vuy callá” (p.9)

“No’us parli” (p.15)

“Després de parla tots dos” (p.18)

“Ja’s queda la milló!” (p.23)

“Nosaltres ho fem aixis” (p.26)

Deliberadamente, el autor enfrenta pronombres y morfologías verbales en los dos idiomas:

val. “yo” (p.10)          cat.  “jo”  (p.10)

val. “¡m’agrá!” (p.22)         cat. “¡m’agrada!” (p.22)

Al final de la comedia, por si algún espectador no se había percatado, el autor ponía en boca del valenciano Pepico el trilingüe dilema sobre en qué idioma se redactaría el compromiso:

“…el compromís. / Vosté’l vol en castellano; / yo’n valenciá, así l’amic / en catalá…” (p.27)

Esta normal y aceptada independencia del valenciano era aplaudida en un teatro barcelonés el 6 de octubre de 1900; y se publicó el mismo año en la imprenta del carrer Tallers.

La ‘València’ de la AVL de ‘Mentirola y el tío Lepa’

Tanto ‘mentirola’ como ‘lepa’ son palabras exclusivas del idioma valenciano. Ambas aparecen como motes de dos mentirosos incorregibles en ‘Mentirola y el tío Lepa’ (a.1876) de Escalante. El segundo vocablo, según Corominas, sería por Don Pedro de Lepe (Sanlúcar de Barrameda, a.1641) obispo de Calahorra; pero contra esta suposición infundada tenemos que el citado religioso era conocido por su seriedad y sabiduría, aparte de que  antes que ‘lepa’ se documenta ‘lipe’ con igual semantismo: “en mentires y en lipes” (Rahonament entre el Raspós de Rusafa y…, 1814)

“el tío Lepa” (Escalante: Mentirola y el tío Lepa, 1876)

“¡Quina lepa!” (Arnal, F. de P.: L’agüelo del colomet, 1877. p. 13)

“el valenciano lepa, mentira, voz jocosa y familiar” (DCECH, III, 632)

Con la impuesta lengua de Mentirola y el tío Lepa, el proyecto de fagocitar al desvertebrado Reino avanza triunfalmente. El dadaista alcalde catalán de Valencia, ante la nula oposición de mis blandos e indolentes compatriotas, aprueba la grafía catalana del topónimo ‘València’, con  -e- abierta (pronunciado Valansia, como en catalán). Ningún político abrirá el pico. Callarán  mientras sigan cobrando y gozando de privilegios. Esta ignominia no es novedad. El PP de  Rita Barberá envileció la capital con rótulos e impresos de grafía sardanera como ‘València’.  Además, la llamada ‘normalització‘ ha falseado  la realidad documental  desde  que nació en la cuna del fascismo más repulsivo.

En plena posguerra, mientras el pueblo padecía hambre y miseria, los catalanistas maquinaban cómo fulminar el valenciano e introducir el catalán. El colaboracionista Sanchis Guarner copiaba de textos catalanes su falsa Gramática Valenciana (a.1949). En ella se defendía la acentuación catalana del topónimo. Así lo razonaban, en catalán,  Josep Giner y Sanchis Guarner:

«La e de Valèncià   és etimològicament tancada en valencià. La grafía i pronunciació del mot València requerix una remarca. En primer lloc, és evident que cal pronunciar-lo amb e tancada en valencià. En segon lloc, es pot acceptar la grafia del Diccionari Ortogràfic (de Pompeu Fabra) amb l’us de l’accent greu (València), ja que es tracta d’un mot propi i per motius d’unitat ortogràfica amb els catalans” (S.G.: Gramàtica valenciana, 1949, ed.  Barcelona, 1993, L)

A lo que apostillaba Sanchis Guarner:

“Això és exactament el que jo dic; no cal repetir-ho” (ib.)

Recordaba Francesc de B. Moll que, en 1943 y en Mallorca, contrató a Sanchis Guarner  como ‘redactor auxiliar’ del ‘Diccionari català-valencià-balear’.   La labor catalanizadora de Guarner en el citado DCVB   era pagada desde Barcelona por  el industrial Enric Pérez i Capdevila; y es en este período cuando catalanizó en el DCVB el topónimo Valencia en ‘València’. Fruto de su remunerado colaboracionismo son las manipulaciones  de las fuentes documentales. Así, mintiendo, afirmaba que la grafía ‘Valencia’ era castellana; y que ‘València’ ya aparecía, por ejemplo, en textos del año 1249:

«cast. Valencia. Sporta de figa de València, Leuda Coll. Any 1249» (DCVB)

Todo mentira. Ningún colaboracionista de la AVL podrá exhibir un documento valenciano con la grafía ‘València’ anterior a la irrupción del  fascismo expansionista del 1900. Ahora, en 2016,  la inmersión  en catalán está  institucionalizada por la AVL, herencia del PP, pues Chimo Puig y el alcalde Canut sólo aplican lo que implantó el partido de Camps y Rita Barberá, el de la corrupción más atroz.

La morgue idiomática de Ramón Ferrer

Hay de todo en la AVL, incluso grandes actores que adoptan expresión adusta, de sacrificio sublime, de patriotas torturados, de mártires que sacrifican su vida desinteresadamente por la dignidad de la lengua valenciana. Metafóricamente, son empleados de una morgue-prisión  donde se ha asesinado o encarcelado la morfología, sintaxis y léxico del idioma valenciano. Veamos alguno de estos cadáveres que, para disgusto de la AVL, están vivos y muy saludables en el valenciano moderno:

DESPACHAR Una de las añagazas que más éxito proporciona a estos millonarios de la AVL es la supuesta defensa de la sagrada etimología. No obstante, ellos son los primeros que la obvian… siempre que lo ordene el IEC de Cataluña. Así, el Diccionari Normatiu Valencià de la AVL manda escribir ‘despatxar’, ¡y pobre del alumno o funcionario que escriba ‘despachar’!. En un texto de la ciudad de Valencia de hace más de tres siglos leemos:

«Que lliurats y despachats los dits sachs de forment, en la forma dita, als dits forners…» (Informe que la insigne civdad de Valencia a pvesto en manos del Rey… Por Vicente Cabrera, Impressor de la Ciudad. Año 1677, p.6)

Derivado del antiguo fr. despeechier y occitano despachar, en valenciano conservó la -chetimológica; pero este dato permanece invisible para los de la AVL de Mentirola y el tío Lepa. Tampoco el escrupuloso Corominas, ciego sectario, vio testimonios de ‘despachar’ en valenciano, y tenemos miles. En el DHIVAM en línea, no el impreso (ricartgarciamoya.com), pueden comprobar el  arraigo de esta morfología en todos los estratos sociales, sea la lengua de la Cancillería Real, la de los juristas, la de la Universitat de Valencia,  prosistas, etc.:

“despachar les llicencies” (Real Prag. de la S. C. R. Magestat, Imp. Patrici Mey, 1600)

“poden despachar albarans” (Ginart: Reportori dels Furs, 1608)

“lo escrivá puga despachar” (Const. Univ. de Valencia, 1611)

“a la nit despacharen un…” (BRAH, ms. Porcar, a.1619)

“despachar” (Matheu y Sanz: Tractatus regimine, 1654)

Los de la AVL intentan atribuir estas morfologías al lenguaje de ‘rústics’, como decía Sanchis Guarner. Son miserables falsedades de los que viven opíparamente de la catalanización. Por cierto, también Escalante

usaba la grafía correcta: “dirli que hui despache a Tomás” (Escalante: Mentirola y el tío Lepa, 1876, p.7) El  Ayuntamiento del So Canut, en 2016, sólo tolera el catalán ‘despatxar‘ y, en consecuencia, el indolente ciudadano que observe la grafía ‘despachar’, circunspecto y despreciativo, pensará que ‘Aixó es castellá, no valenciá’. El prejuicio de que una palabra valenciana no debe ser homógrafa a otra castellana (salvo que tambíen lo sea en catalán) está arraigado. Es fruto de los largos años de inmersión que el corrupto PP  impuso a los que hoy, sin saberlo, son inconscientes transmisores de la catalanización.

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FORMACHE Es otro de los muertos vivientes de la morgue de la AVL. En la trilingüe comedia de 1900, el valenciano Pepico pronuncia enfáticamente la voz “¡Formache!” (p.16), y los espectadores catalanes sabían que era vocablo valenciano, hoy  prohibido por  los enterradores idiomáticos de la AVL.

El proceso de formación de palabras responde a un sinfín de factores que, no siempre, siguen las reglas habituales. Generalmente, en cada idioma, los lingüistas blindan los neologismos que suponen singularidad respecto a las  lenguas limítrofes, especialmente si hay  amenaza expansionista, como es el

caso del invasivo catalán respecto al agredido valenciano. Si la AVL no estuviera creada para la implantación del catalán, sus miembros lucharían por cada vocablo que creara trinchera frente al IEC y la Generalitat catalana; pero tenemos al enemigo en la cocina. Muy bien pagado con nuestros impuestos, el viejo Ramonet Ferrer de los valencianistas es hoy el exultante furriel de los que cercenan  singularidades idiomáticas creadas por nuestros antepasados. Y, en el caso de la morfología ‘formache’, observamos siglos de uso por nuestros literatos:

formache” (Vilarig, Bernat: Memorial de les mercaderíes, any 1607)

“vi del tonellet, / el formache de troncho, / y les panses de Carlet” (BSM, Ms. 6781,

Morlá: Hipocresíes de les ames dels capellans, c. 1650)

formache” (Bib. Nac. Mulet: Ms. Infanta Tellina, c. 1660)

“dos dinés de formache” (Mercader: V. f. Pere Esteve de Denia, 1677)

“llonganisetes, formache de troncho” (Bib. S. Morales, Ms. 6563, 1745)

El latín  forma, junto al vulgar *formatĭcus, originaron múltiples  derivados en las neolatinas, incluido el mozárabe castellano ‘formaje’ (DCECH, IV, p.721), y  ‘formage’ del 1100 (DECLLC, IV, 126). Progresivamente, cada románica adoptó su particular corrupción: it. ‘formaggio’, cat. ‘formatge’, fr. ‘fromage’, val. antiguo ‘formage’ y moderno ‘formache’, etc. Los filólogos de cada idioma aceptaron y defendieron con uñas y dientes su vocablo, menos en la tierra  de los sanc d’horchata. Por cierto, en el Mercat de Valencia (a.1859), otro  vendedor ofrecía los exquisitos “formachets” (viñeta 24).

PALABRAS CADUCAS

No siempre las palabras son acogotadas por la AVL, siniestra y costosa institución política que jamás existiría en otro lugar. Generalmente, las voces convivían con sus sinónimas o desaparecían por simple bloqueo del usuario; es decir, por la existencia de otra voz arraigada que convertía en inútil su uso.  En el auca del Mercat de Valencia (a.1859) un vendedor ofrece  ‘terra yolé, terreta yoleta‘. Todo indica que  se trataría de tierra usada para fregar (m’anrecorde que ma mare, en la botigueta del cantó, mercava ‘terra d’escurar’ a Matietes Borja y sa mare, la sinyora Peransa).

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Respecto a ‘yolé’, sería un neologismo generado por la pronunciación descuidada y rápida del vendedor; es decir, por aglutinamiento de la copulativa ‘y’  con la interjección ‘olé’ (y + olé = yolé, yoleta). Posiblemente, el terrer no tuvo imitadores y el neologismo murió con su creador. Al no registrarse en otro documento, tendríamos un interesante hápax valenciano.

LOS QUE FALSIFICAN FUENTES

Siguiendo con el auca del Mercat de Valencia (a.1859), hemos visto que se ofrecía el producto en valenciano. Así, en la viñeta 38 un labrador vende ‘Melóns deyos‘. El topónimo, salvo la acentuación, respetaba la morfología del mozárabe valenciano que encontraron los cruzados de Jaime I. El erudito Huici Miranda, hacia 1922, dio a conocer las primeras documentaciones de Foyos en el siglo XIII; así, en 1237: «alqueriam que dicitur Foyos» en donación de Jaume I. En consecuencia, la grafía Foyos es valenciana y anterior a 1238, realidad que la AVL no puede tolerar. Por algo son mascota del IEC, que les ordena escribir Foios.

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En este submundo sórdido del neocolonialismo idiomático, que nos incluye en la Gran Cataluña, hay pícaros que falsean documentación incómoda; y el topónimo mozárabe  Foyos no conviene que se divulgue. Por internet, una ‘prestigiosa‘ librería de antiguo de Barcelona ofrece  a buen precio  y como auténtico  ‘El Mercat de Valencia, any 1859’; pero, en realidad, sólo es una falsificación de la pezuña inmersora: los ‘Melons de Foyos’  han mutado en ‘Melons de Foios’.

El delincuente altera casi todo el texto; p.ej.,  la viñeta 45 muestra a una vendedora preguntando en valenciano:  «¿Vol una panolla?». Y el  falsificador lo catalaniza en ‘panotxes‘.

Valenciano hia, castellano hay, catalán hi ha:

Observando el grabado de 1859, el auténtico, leemos ‘Nostrama’ (nostra + ama); voz de cortesía  dirigido a una señora desconocida. Era usual en valenciano:

“¡Vinga eixa jota, nostrama…!” (Liern: La mona de Pascua, 1862, p. 23)

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Más interés ofrece la pregunta “¿hia fem?” (¿hay basura?) Aquí tenemos una construcción morfosintáctica singular respecto al castellano y catalán, algo muy perseguido por la AVL de Ramón Ferrer  y los que viven de la inmersión. En este caso, el tendencioso Corominas volvió a padecer ceguera  y, sin ofrecer un solo ejemplo de hia valenciano, trataba de ahogar su importancia al equiparlo a vulgarismo de analfabetos. Puro fascismo filológico, pues el citado etimólogo silencia que, en el 1500, ya era un hecho la fusión gráfica del adverbial ‘hi’ y verbo ‘haver’. El catalán de

Tortosa Jeroni Amiguet, que regentó cátedra de Gramática en la Univ. de Valencia,   confirmaba la patrimonialidad de esta construcción:

“molts hia que reprenen” (Amiguetum, Hieronimum: Sinonima… in valentinum,

Valencia, 1502, f. 53)

Y la propia Generalitat del Reino:

“que hia en dites dos parets” (ARV. Actes Generalitat. Prov. any 1564, Sg. 3028)

Los mejores poetas y prosistas del Barroco valenciano:

“y mire… que hia peix” (Morlá: Del torn de les Monches, c. 1650)

hia alguns sabis” (Ballester, I. Batiste: Ramellet del bateig, 1667)

El gramático Carlos Ros lo recordaba así:

“siendo verbo se dize en valenciano hiáexemplos: En el mundo hay mucho que andar: en lo mon hiá molt que anar” (Ros, Carlos: Cartillas valencianas, 1750, p. 22)

En el valenciano moderno observamos la consolidación:

“no hiá” (Mas, F.: Sermón Cof. S. Vicent, 1755, P. 6)

“en son ofici faena / no hiá pera treballar” (Ros: Romanç… treballs de la gent pobra, 1763)

“no hiá idioma en tot lo mon…” (Galiana: Rondalla, 1768, p. 9)

El lexicógrafo Escrig, en 1851, recogía la voz:

hiá: hay” (Escrig: Dicc. 1851)

El gramático Nebot también especificaba las características:

“El verbo haver cuando se usa como impersonal adopta la forma hia (…) entre nosotros no existe el adverbio catalán hi (…) Adviértase que en valenciano esta forma tiene plural; no hia tinta, ni hian plomes; no hay tinta ni hay plumas” (Nebot: Gram. valenciana,  1894, p.100)

La AVL, estrangulando las instituciones, ha conseguido que hasta los valencianistas tengan temor de usar estas particularidades del idioma; no obstante, desde el Catecismo  hasta los llibrets de Fogueres nos recuerdan los años en que no éramos  acomplejados sanc d’horchata:

“casi no n’hian” (BV, ms.255, Planells, 1760)

“…naturalees hian en” (Vives, F. Pere: Catecisme valenciá, 1907)

hian colocats alguns…” (Baidal Llosá, F.: Amor torna, Castelló, 1917)

“¿No hian dinés en la caixa?” (Llibret Foguera Alfonso el Sabio, Alacant, 1952)

BILLET, galicismo para la morgue de Mentirola

El enriquecido idioma valenciano de 1859, muy diferenciado del caótico romance del siglo XIII, ofrecía léxico incorporado de otros idiomas a través de los siglos. En la viñeta 40 un lotero ofrece un ‘billet de loto’. La morgue de la AVL, en su Dicc. Normatiu, rechaza la voz ‘billet’ por ser similar al castellano ‘billete’, imponiendo la grafía con -t- epentética  ‘bitllet’, tal como manda el IEC de Cataluña.

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Ramón Ferrer, capataz de sepultureros idiomáticos de la AVL, se cisca en la etimológía, pues el galicismo valenciano derivaba del fr. ‘billet’. El etimólogo Corominas ya diferenciaba entre el catalán ‘bitllet’ y el valenciano ‘billet’ (DECLLC, 1, p. 815). El mismo erudito ofrecía la 1ª doc. en catalán en el año 1629. En valenciano lo hallamos arraigado hacia el 1600, desde Castellón a Oriola:

“feu un billet als Justicia y Jurats del forment y…” (Archiu Mun. Oriola, llib.2236, proc.

contra Pasqual Almodóver, 1603)

“un billet scrit” (Archiu Municipal d’Elig, Leg. H. 49, nº 16, 5 de febrer de 1617)

“se falsifiquen els billets de banc” (El Canari, volá 2., Castelló, 1883, p.14)

La grafía, salvo alguna errata, es la que usaban los gramáticos y juristas valencianos como Matheu y Sanz, caballero de Montesa y regente del Consell de la Corona d’Aragó:

“més de trenta villets (sic)” (BNM, Ms. 3743, Mateu y Sanç, 1666)

El sustantivo, mediante sufijación, ofrece los matices semánticos aumentativos y diminutivos:

“te uns billetots” (Escalante: Mil duros y tartaneta, 1897, p. 21)

“un grapat de billetets” (Llibret Foguera Alfonso el Sabio, Alacant, 1952)

 

CANSALÁ, enemiga de Mahoma y la AVL de Mentirola

En el grabado de 1859 una mujer ofrece tocino con la voz exclusiva del valenciano moderno, ´cansalá`. Todos  usaban el sustantivo en cualquier lugar del territorio:

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Alcoy “la botifarra… la cansalá” (La nit que venen els músics. Alcoy, 1855)

Aixátiva “omplit el pap de cansalá y llonganisa” (Bellver: La creu del matrimoni,  1866)

Valencia “una cona de ransia cansalá” (Llombart: La sombra de

Carracuca, 1876, p.13)

Monóver «que tinguen molta cansalá (…) y vorás si la cansalá es de borrego (…) la cansalá es de a chavo (…) oli de cansalá» (Martínez Ruiz, A.: Canyisaes, Monóver, 1906, 1910) Castelló “y la pura cansalá” (Peris, J.: La matansa del serdo, Castelló, 1911, p. 38)

Alacant “van traent tot el greix… y la cansalá” (El Tio Cuc, nº 128, Alacant, 1917, p.2)

Al no existir organismos como la AVL, destinados a ahogar el idioma, los republicanos de Elche no consideraban fascista ni grotesca nuestra morfología, y la usaban en plena Guerra Civil:

Elig “pensen fer cansalá, botifarres…” (Semanari “El Obrero” d´Elig, 30 de giner 1938)

Siguiendo la secular tradición, los catalanes atesoraban manuscritos en valenciano, respetanto las características del idioma:

Barcelona “…si la cansalá es de pollastre” (Ateneu de Barcelona, ms. 87, García Capilla:  La orella de Chordi, c.1875)

De ‘cansalá’ nacieron derivados como cansalaer,  el que vende cansalá, botifarres, cona, choriso…:

cansalaer “la filla de Cona el cansalaer” (Casajuana: La oroneta de plata, 1914) cansalaera “la cansalaera me te aborrit” (Escalante: Valencia a la matiná, 1888)

Era léxico que sorprendía al forastero. En carta supuestamente redactada por una aragonesa,  cuenta a su amiga de Teruel que,  en valenciano, “llaman cansalá al tocino” (El Bou solt, 1877, p. 247). En el Medievo, las referencias a ‘carn salada’ en los arcaicos romances de la Corona de Aragón  eran ambiguas, al poder ser carne salada de caballo, oveja,  vaca, cerdo, etc. El rey valenciano Jaime II (Valencia, 1267), en escrito al tesorero Pere Boyl, en aragonés, decía:

“Fidele thesaurario suo Petro Boyl… qué ha feyto de los cien perniles de carnesalada que…” (M. Ferrando: Docs. Jaume II, 1948; carta de Jaume II, 16 de joliol 1304)

Poco a poco, la caída de  la vibrante -r-  produciría el nacimiento de ‘cansalada’ hacia el 1600. La nueva voz alteraba el consonantismo originario, siendo aceptada sin remilgos en el 1900 por Pompeu Fabra y el IEC. Independientemente del aragonés, castellano y catalán, el idioma valenciano seguía con su proceso de singularización y, por economía morfológica, creó ‘cansalá’ mediante apócope o supresión de la silaba final –da. El sustantivo arraigó en el idioma, desde Vinaroz a Elche. Hasta el DCVB reconocía que ‘cansalá’ es propio de todo el Reino.

El  valenciano ‘pollastre’, que pasó al catalán

La tétrica AVL, además de masacrar lo que ordena el IEC, silencia las voces que nacieron en el  mozárabe valenciano, como ‘pollastre’. En el grabado de 1859, una gallinera pregunta: “¿Vólen pollastres y gallines”. Sin saberlo, la vendedora está usando un posible mozarabismo derivado del latín  pullaster. Documentado por primera vez en  1321, pasaría más tarde al catalán y castellano:

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“Oriola… pollastres que tenien en la dita alqueria”

(Cabezuelo, J.: El negocio del rapto en la frontera de Orihuela a principios del XIV. ACA. C, proc. en cuarto, nº . 1621, f. 2, any 1321)

“gallines, pollastres, rayms” (Ginart, N.: Rep. dels Furs de Valencia, 1608, p.275;

Ginart reproduix un antic Fur de Valencia, del sigle XIII o XIV)

pollastre” (Esteve: Liber, 1472)

pollastre” (Pou: Thesaurus, Valencia, 1575)

El enigma del valenciano ‘granera’ en tiempos de Jaime I

En 1859, el vendedor de escobas del Mercat de Valencia pregonaba: “Ama, ¿vol graneres?”. Era una de las voces patrimoniales del valenciano. Los de la AVL, siempre destructivos, ofrecen el cat. ‘escombra’ en el Diccionari Normatiu para que los maestros inmersores confundan a los niños. Curiosamente, la división entre uno y otro vocablo existió, que sepamos, desde el siglo XIII; es decir, en tiempos de Jaume I ya teníamos en Valencia

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(nombre de todo el territorio, además de su capital) al  ‘granerer’ que fabricaba ‘graneres’, frente al   ‘escombraire’ catalán.

Este hecho era incómodo para el expansionismo. Así, Corominas  trató  de ocultar que ‘granera’ podía ser vocablo usado antes de 1238 por los mozárabes, es decir, por descendientes de ibero-romanos valencianos, que quizá dejaron el cristianismo, pero mantuvieron el bilingüismo árabe y romance. Corominas ofrecía la 1ª doc. del sustantivo en un supuesto escrito rosellonés del siglo XIII;  pero, en realidad, era una ‘memoria’ de la ciudad de Barcelona enviada al Rey de Mallorca, suplicando que rebajara los peajes que tenían que pagar en Cogliure (Cotlliure) y Volo (Le Boulou) las mercancias de los súbditos del Rey de Aragón:

“Memoria sia al molt alt senyor Rey… de les oppressions que a les gens del molt alt senyor Rey dArago son fetes…” (Memoria de la ciutat de Barssalona al molt alt senyor Rey de Mallorches… per lo fet de les leudes de Cogliure, a. 1317)

Reproducido en la Revue des Langues Romanes (Montpellier, 1887), muestra la realidad geopolítica y lingüística de los habitantes de la ‘ciutat de  Barssalona’ (también escrito Bartssalona) hacia el 1300 (los barceloneses del 1317, curiosamente, no conocían ni citaban a ningún rey o príncipe de Cataluña, lo contrario que hacen los asquerosos inmersores actuales). En la petición al ‘Rey de Mallorches’ se enumeran algunas de las mercancías que estaban exentas de peaje o lo pagaban ventajosamente en el pasado, y aquí encontramos el sust. ‘granera’ que, maliciosamente, Corominas supuso voz rosellonesa:

«ross. S. XIII: ‘graneres, la dotzena’» (DECLLC, IV, p.597)

El texto era barcelonés, y las mercancías que llegaban al puerto de Cogliure o al cruce de caminos de Volo  no siempre eran citadas por su lugar de origen. En  el manuscrito, caótico y lleno de dudas sintácticas y morfológicas, se especifica la procedencia si hay dudas; p.ej., si era cerámica o ‘terra’ de Barcelona o de Málaga:

“terra de Bartssalona” (Memoria al Rey de Mallorches, Barssalona, 1317) “terra de Maliqa” (ib.)

Al existir varias “liasses de buacels, liasses de cabasses migans…”, se especifica a las valencianas:

“liasses de cabasses de Valencia” (ib.)

Los productos que eran de una sola procedencia  no hacía falta puntualizar origen, como era el caso de las ‘graneres’, al ser palabra valenciana. En el siglo XIII, los productos del Reino llegaban al Rosellón (Volo, Cogliure y Perpinyá) y, generalmente, aparecen escritos con su morfología en las leudas:

“sporta de figa de Valencia” (Lleuda de Cotlliure, 1249)

“astores blanches primes de Valencia” (Lleuda de Perpinyá, 1284)

Lo que demandaba  Barcelona era que los productos tributaran como antiguamente, según lo acordado en la “leuda de Cogliure”, medida dispuesta por  Jaime I en Valencia en 1249   (o 1248, según el cómputo medieval):

«Noverint universi quod nos Iacobus dei gracia rex Aragonum Maioricarum et Valencie comesque Barchinone et Vrgelli… inter mercatores transeuntes cum navibus suis… quod omnes homines regni Valencie… in Coq libero, et nullus lezdarius… Dat Valencie XIIII kalendes marcii anno domini MCCXLVIII»

En la leuda de Cogliure también figuraba la 1ª doc. de ‘sucre’ (del árabe sukkar), que se exportaba del Reino de Valencia: “carga de sucre” (Lleuda de Cotlliure, 1249) y, por obvio, no se especificaba el origen, de igual modo que las docenas de ‘graneres’. Ambas palabras no eran de las lenguas de los cruzados de Jaime I, sino del romance valenciano. Las dos, por la exportación del producto llegaron a otros territorios e idiomas; aunque ‘granera’ no tuvo el éxito de ‘sucre’.

Resumiendo: en el escrito del año 1317 se hace memoria al Rey de  Mallorca de lo ordenado en la «leude de Cogliure (…) la qual ordinacio nouella fo daquestes coses ques seguexen, que dabans antigament passaven franques» (Memoria al Rey de Mallorches, Barssalona, 1317). Y, entre esas ‘cosas’ que antiguamente pasaban francas de peaje, estaban las  ‘graneres’; voz que no vino con los cruzados de Jaime I.

El valenciano CHÓFER y el catalán XÒFER

La norma del IEC de Cataluña de que el léxico valenciano homógrafo al castellano debe prohibirse  (salvo que coincida con el catalán), es cumplida a rajatabla por la AVL. A esta arbitrariedad corresponde la imposición del catalán xòfer.

Los derivados del fr. chauffeur  no surgieron en la península hasta bien entrado el siglo XX. Según Corominas, la 1ª doc.  del catalán ‘xofer’ la encuentra en el dicc. Pompeu Fabra, en 1934. En castellano aparece  en la prosa de Blasco Ibáñez “él y su chófer” (Mare Nostrum, 1918); y un año antes, en 1917, en el valenciano de Alicante con morfología típica de los titubeos propios y paródicos de una voz nueva (los vascos, por ejemplo, inventaron el derivado txoferra):

chofles de eixos… que son més brutos que una rella (…) y cuant un automóvil pase corrent de eixa manera…” (El tío Cuc, Alacant 5 de maig 1917)

Voz  arraigada en el 1920, la hallamos con su morfología etimológica:

“el chófer del auto que anem a agarrar” (Barchino: La barraqueta del Nano, 1921) “Ningú, es el chófer” (Alberola: Terres secanes, Valencia, 1924)

chófer, que la pols mos rosega” (El Tío Cuc, 2ª ep., nº 52, Alacant, 1924)

“¡Chófer, al Novetats!” (Juan, J. Mª: ¡Chófer, al Novetats!, 1925)

“entra al ratet seguida de Ramón, el chófer” (Esteve: Els Magos del chiquet, 19289)

“s´ha retrasat el chófer” (Puig Espert: Pantomima, 1928)

“y Fidel vestit de chófer” (Sallés Rocabert: Els castigaors,1931)

chófer que s´ha tornat loco” (García, J: El O´95, botiga del Tot a norantasinc, 1931)

“¿Per qué no busquem a un chofer…?” (Beltrán, E.: Ratolins de casa rica, 1934)

“y el chófer… eixe estará conforme” (Badenes: Tápat sego, 1945)

Muchos de los neologismos catalanes como ‘xòfer’ se introducen  con la llegada de falangistas y requetes tras la victoria de Franco en 1939, cuando los fascistas controlaron la producción oficial en falso valenciano desde organismos oficiales como la Diputación de Valencia y su Revista Valenciana de Filología, donde  Joan Fuster, Martí de Riquer, Gulsoy o Veres d’Ocón introducen el catalán con aplauso y subvención del Regimen. Así, el catalán Joan Amades escribía en este ‘valenciano’:

“Sant Vicenç va fer tornar jove la seva mare… de la seva vellesa i de les seves xacres”

(Amades: Revista Valenciana de Filología, Dip. de Valencia, abril 1954, p.191)

La -t del valenciano moderno

En gran medida, las lenguas fueron alejándose entre ellas por medio de añadidos epentéticos; es decir, no etimológicos. Sucedió en todos los idiomas. En castellano, por ejemplo, tienen ‘ponzoña’, del latín potionea, y los miembros de la RAE no pierden tiempo y dinero del contribuyente en  eliminar consonantes epentéticas ¿Por que no lo hacen? Porque defienden su idioma.

En la viñeta 5 del grabado de 1859 un ‘cartoner’ grita ‘cartó’, voz distinta al catalán ‘cartró’, con vibrante epentética -r-. Derivado del italiano ‘cartone’, en valenciano aparece en el siglo XVI, “cartó” (Pou: Thesaurus, Valencia, 1575) y siempre conservó esta morfología hasta la contamimación de los floralistas de fines del XIX. En 1851, en el Escrig leemos “cartó, cartoner, cartonet” (Escrig: Dicc.1851) pero en la edición de los prostitutos floralistas de Llombart (muerto Escrig), aparece el catalán “cartró” (1887). El filólogo Fullana, pese a copiar a Escrig, no se dejó engañar y sólo admitió como valenciano  ‘cartó” (Fullana: Voc. Valenciá, 1921)

La permisividad de la AVL de Mentirola con morfologías epentéticas catalanas  contrasta con el desprecio a las valencianas. Así, nuestros antepasados del siglo XIX incrementaron la singularidad del idioma con una terminación de -t epentética (ampliando este semantismo a consonantización final de palabra, no sólo interior) en palabras como ‘cámbit’, posverbal de ‘cambiar’:

“en cámbit, tinc bona…” (Mollá: Colahuet y sa  cosina,  Alacant, 1897, p.10)

“en cámbit yo la vullc” (Román: Tots de la mateixa familia, Alcoy, 1937, p. 28)

 “y en cámbit no pot resoldre…” (Llibret Foguera Alfonso el Sabio, Alacant, 1954)

Los ejemplos son múltiples. Del latín praemĭum, en valenciano moderno muestra la  –t  que lo alejaba del cast. premio y cat. premi. Hay que tener en cuenta que el valenciano, desde el 1300 al 1900, se propagaba por Cataluña, y no sólo por la ruta valenciana a Lérida:

“posarla en la llista del Concurs al prémit” (Gómez: Cremaes sinse foc, Tarragona, 1917)

Era morfología arraigada, fuera en el valenciano de Gandía, Alacant o Monóver::

“el día que ixca d’Alacant, en el prémit que…”  (Roig: El barber de carreró, Gandía, 1887)

“prémits” (Canyisaes, Monóver, 1912)

“donen corones / com a prémit” (El Liberal, Alacant, 23 d’agost 1897)

“hau tengut un prémit” (Sanjuan: Carta al meu amic, Llibre Arrabal Roig, Alacant, 1965)

“hui el prémit has…” (Barreda: Honor valensiá, 1896)

 “els mocaors en prémit” (BNM, Ms. 14480: Els sufriments de Toneta, 1864)

“alcansar per eixe camí el prémit que …” (El Bou Solt, 1877)

“en prémit de fortalea” (Ovara: Males llengües, 1879)

“obtant al prémit” (Palanca, F.: Lo Romancer valenciá, 1888, p. 7)

“tindre’l seu prémit” (Moliner Valls: ¡Ciutadans, odieu la guerra!, 1936, p. 32)

“segón prémit del concurs” (Salvador, C.: Un negosi com un atre,1921, p.1)

Los republicanos, en arengas de la fase más encarnizada de la Guerra Civil, respetaban la grafía:

“en prémit al sacrifisi, en honor al seu treball…” (¡Alacant!, Ofensiva, Boletín de la 18 Brigada Mixta, 27 marzo de 1938)

En valenciano moderno también tenemos ‘agrávit’, aunque la inmersión emplea el arcaismo y catalán vivo ‘greuge’:

val. moderno “sinse agrávits” (Meliá: Tots a Nova York, 1921, p.14) val. moderno: “¿tú vengares este agrávit?”   (Gadea: Ensisam, 1891, p.271)

También, con el prefijo des-, tenemos el compuesto valenciano:

val. moderno “de desagrávit, podent tíndrer…” (El Bou solt, 1877, p.144) cat. ‘de desgreuge, podent tenir…

Para darnos cuenta de la destrucción idiomática practicada por los millonarios de la AVL, basta observar alguna de las obras en valenciano que publicó L’Avenç en la Barcelona del 1900. El pronombre ‘mosatros’, hoy totalmente prohibido por Mentirola y el tío Lepa, así como la pluralización valenciana en -ns, eran respetadas hasta por Jaume Massó, el mismo que confeccionaría las falsas ‘Regles d’esquivar vocables’ por el año 1930:

mosatros estem conformes; vostens també” (Morales San Martín: Noveletes, Bib. Pop. L’Avenç, de Jaume Massó, imp. Rambla de Catalunya 34, Barcelona, 1910, p.30)

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Volviendo al ‘Mercat de Valencia’ de 1859, es patente la salvaje persecución al idioma valenciano. Si una vendedora preguntaba: ¿Qui compra freses?’ (viñeta 22) hoy se vende ‘maduixa’, en puro catalán, cuando en valenciano también tenemos el mozarabismo ‘fraula’. En  la viñeta 29, una labradora vende “estes carchofes”, que la inmersión catalanizaría en ‘aquestes carxofes’. En fin, nada se puede hacer contra un integrismo que excluye de la sociedad a quien no se humilla a la pezuña del fascismo catalanista.

El lavado de cerebro de los colaboracionistas

Los totalitarismos siempre han intentado lavar el cerebro al indefenso pueblo, especialmente desde la infancia. Así se practicaba en la China Popular de la Gran Hambruna y del genocidio de recién nacidas. Mientras millones de chinos morían de hambre, los líderes gozaban de comida y placeres burgueses. Eran tiempos  en que nada llegaba  a España del lejano país, salvo la propaganda de las bondades del comunismo. El pueblo no tenía ni pan, pero  sobraban recursos para ‘Ediciones en lenguas extranjeras’ en Pekín.

Yo no me creía nada de la dramática situación en China. Sospechába que eran fabulaciones del franquismo y, en mi ignorancia, conseguí el Libro Rojo de  Mao y algún ejemplar de literatura gráfica o cómic  ‘impreso en la República Popular China’. Conservo uno que es auténtica obra de arte por sus ilustraciones, obra del ‘Grupo de dibujos del Instituto de Bellas Artes de Chechiang’ en 1973.

Titulado “Guerra de túneles”, la finalidad del cómic comunista era inculcar el dogma sobre la infinita sabiduría e infabilidad de Mao  Tse-tung que, en aquellos años, era una especie de sátiro grasiento dedicado a su haren de menores de edad, según testimonio de su médico personal Li Zhisui. En el cómic, el mando comunista Lao-chung lee el Libro Rojo de  Mao, pues la obra, “cuando más la estudia, más se aclaran las ideas”.

Aquí, en 2016 y en Valencia, el cometido del Libro Rojo de Mao lo cumplen los textos inmersores en catalán aprobados por la AVL de Mentirola y el tío Lepa. El castigo social o marginación al disidente y el control del alimento intelectual se ejerce con total impunidad por el actual fascismo expansionista catalán en territorio valenciano. Los colaboracionistas, con el control de las instituciones, estrangulan laboral y económicamente a quienes no se catalanizan, sean  empresas, comisiones de fallas, funcionarios o estudiantes. ¡Y  los políticos valencianos disimulando o, aún peor,  arrastrándose por los túneles de la ignominia tras los miserables colaboracionistas que viven de los impuestos!.

Origen: RICART GARCIA MOYA – Página 2 de 5 – Blog oficial