gramática-de-gravio


L
a actual inmersión catalana, con el consiguiente  aniquilamiento del valenciano, no sería posible sin la cooperación de políticos, periodistas y filólogos castellanos ajenos al conflicto, pero proclives a emitir guiños y tender puentes con la potente estructura mediática y económica que irradia Cataluña. En este artículo nos vamos a interesar por la divulgación que hace el citado colectivo  de un texto tardo-renacentista que, de un modo u otro, erosiona a los idiomas valenciano y  español.

En las antípodas del humanista aragonés Palmireno o del catalán Bonllabi —que distinguían entre valenciano, castellano y catalán—, existieron escribanos de gramáticas que ofrecían burdos conceptos idiomáticos generados por intereses metalingüísticos. El mejor exponente de este submundo intelectual sería el anónimo autor de la elogiada Gramática de Gravio (Lovaina, a.1559); aunque para Amado Alonso sólo era un  «reflejo de material industrial», conjunto de párrafos mal copiados de otras gramáticas:

«es un mosaico de piezas de diversas procedencias. El resultado era un texto sin base teórica, sin unidad conceptual, y con capítulos de excesiva simplificación»

La mediocridad de la Gramática de Gravio no impidió que múltiples  autores la plagiaran en parte. Así hizo, por ejemplo, el inglés John Minsheu (Londres, 1560) al tratar de la fonética española en  Pleasant and Delightfull Dialogues in Spanish and English (a.1599).

La Gramática de Gravio es usada actualmente como argumento contra la singularidad del valenciano y, respecto al español, para hacerse perdonar los publicistas castellanos que quieren vender y que les contraten conferencias en el País Vasco y Cataluña. Esta gente de pluma amable la considera la más científica en su análisis de la situación idiomática peninsular en el 1550; y, por supuesto, por afirmar que el catalán se hablaba en Valencia. En realidad, lo que dice es más difuso y menos científico:

«la lengua catalana; esta es verdaderamente francesa, i trahe su origen de la provincia de Gascoña, de la mui antigua ciudad de Limojes» (Gramática de la Lengua Vulgar de España, imp. Bartholomé Gravio, Lovaina, 1559, f.1r)

Es decir, repite el tópico de la noble cuna francesa y de la ciudad de ‘Limojes’,  atribución ajena a la realidad, pero arraigada entre los tratadistas que mezclaban  mitos carolingios, artúricos y babélicos en el Renacimiento hispánico.

El autor, por su descuidada redacción, se anticipa al siglo XXI al sugerir que ‘Iviça’ o ‘Menorca’ eran entidades geopolíticas independientes o iguales al Regne de Mallorques, al que pertenecían. De igual modo, arbitrariamente, eleva a categoría de reino a Cataluña, territorio carente de tal título, y al que los reyes de Aragón ni siquiera  le permitieron acuñar moneda con ese topónimo. Dice el misterioso y enredante anónimo:

«hablase en ella en los reinos de Cataluña, de Valencia, Mallorca, Menorca, Iviça, Cerdeña, i aun en Napoles» (ib. f.1v.)

En los siglos forales, los monarcas enumeraban sus posesiones anteponiendo los reinos de Aragón y Valencia al condado de Barcelona, protocolo que no respeta en absoluto el anónimo de Lovaina en su exaltado alegato:

«como en esta lengua Catalana, tanto que los italianos a un boz (sic)  dizen i confiessan haver sido los provençales inventores de sus trobas, de que hoy dia tanto se precia la ingeniosa i prudente Italia; i la lengua Proençal, de que ellos hablan, es la mesma Catalana» (ib.)

En el mismo párrafo  insiste en que la lengua de Limoges, el provenzal y el catalán eran la misma, por lo que el valenciano también sería limosín:

«en lengua de Limojes o Proençal, do se vee claramente que la Proençal i Catalana son una mesma lengua» (ib.)

La conclusión, según la Gramática de Lovaina, es que el valenciano sería  catalán; y éste, provenzal; que también sería limosín. En consecuencia, la extensión del catalán   abarcaría del Atlántico al Mediterráneo, de Burdeos a Orihuela: la Gascuña, Périgueux, Macizo Central francés, Marsella, Valencia, etc. Es comprensible la alta calificación que otorgan a esta obra entidades como el IEC y filólogas como Irene Lozano.

Mientras que todo son halagos al  vasco, árabe y catalán, el anónimo de Lovaina destila un  inexplicable  desprecio cercano al odio contra el español.  ¿Quién fue el autor y qué heridas sin cicatrizar le causó España?. Puede que fuera un sefardita o un  converso,  descendiente de  los que la barbarie inquisitorial expulsó de la península y encontraron inestable refugio en Flandes. O quizá fuera algún discípulo de  Vives, muerto en Brujas en 1540. El humanista, viviendo entre  Lovaina y Brujas, seguiría el  drama familiar en Valencia, donde el padre acabaría en la hoguera en 1526.  Su madre, muerta en 1508, fue desenterrada  y quemada públicamente en 1529 por su  pasado criptojudío.

Vives era respetuoso con otras creencias. Amigo  de Erasmo de Rotterdan en  Lovaina, no renunciaría al diálogo con conversos,  luteranos (ya en 1520, la Univ. de Lovaina enviaba un informe sobre Lutero a Roma), alumbrados, eramistas, calvinistas, sefarditas y criptojudíos que habitaban la ciudad flamenca. La tragedia familiar de Vives consternaría a su círculo intelectual, donde abundaban conversos como  el profesor de hebreo Matheo Adriani.

En el XVI, en la inquieta ciudad universitaria de Lovaina surgieron grupos clandestinos de pensadores que discutían sobre lo divino y humano, como el dirigido entre 1551 al 1558 por Pedro Jiménez. La Inquisición  seguía de cerca sus actividades, acusando a varios miembros de protestantes. Uno de ellos, Agustín Cabeza de Vaca, fue condenado a cinco años de prisión en el Auto de Fe de 1562.

En la misma portada de la Gramática de Lovaina se  manifiesta visceral animadversión hacia la lengua española que, para el autor, sólo era la más vulgar y moderna de las peninsulares (alejada, por tanto, de la hebrea adánica y las 72 babélicas). Su inquina llega al  título, donde se niega a usar el nombre de castellana o española:

«Gramática de la Lengua Vulgar de España. Impresso en Lovaina por Bartholomé Gravio. M.D.LIX»

Lo normal era que estas obras se titularan Gramática Francesa, Española, Italiana o Inglesa; pero el autor, que oculta su nombre, reafirma el desprecio al alardear que vuelve a considerarla la más moderna y vulgar de las lenguas de España. Así, después de elogiar ditirámbicamente a las lenguas vasca, árabe y catalana, insiste en la vulgaridad de la española:

«El quarto lenguaje, es aquel, que io (sic) nuevamente llamo Lengua Vulgar de España» (ib.f.1)

La sui generis rigurosidad del autor hace que sitúe a la vasca como la más privilegiada de España:

«Al primer lenguaje llaman Vazquense, que es la lengua de Viscaia, de la Provincia, i de Navarra; tiene su origen esta lengua, i reconosse por madre a la lengua Caldea» (Gram. 1559, f.1r)

El mismo que se niega a llamar española o castellana a la lengua, exalta la arábiga,  algo  inconcebible en un gramático español del 1550:

«Síguese tras esta (la vasca)  la Aráviga, que es verdaderamente Hebrea; la qual tiene el lugar segundo, no solo por su antigua i noble descendencia, como tambien por haver escrito en ella muchos Españoles bien, i agudamente diversas obras en todas las artes liberales: esta se habla en el reino de Granada, i en parte de los reinos del Andaluzia, de Valencia, i Aragón»

Encasilla como  genuinos ‘españoles’ a  los árabes y, a su lengua, de noble y culta.  Por el contrario,  la  de los cristianos sólo sería  la “Vulgar” de España, sustituyendo el adjetivo ‘vulgar’ a ‘española’ que, tácitament, da a entender que sería la árabe.

Obsérvese que las elogiosas cualidades  que atribuye al árabe estarían indirectamente dirigidas  al  hebreo, por su afirmación de que  «la arábiga es verdaderamente hebrea». Aquí se vislumbra, quizá,  la mano de un precavido sefardita o criptojudío que defendía en la maraña prosística su lengua sagrada. La precaución era vital en un Imperio donde los lebreles inquisitoriales olfateaban herejes hasta en las tumbas. El músico y matemático José Martínez de Espinosa (Sigüenza, 1544) había observado que los inquisidores,  «en viendo que saben dos letras de la lengua hebrea, sospechan de ellos que son judíos».

Después de la lengua vasca (o caldea, según el anónimo) y la árabe (o hebrea), la tercera en importancia sería la catalana (o valenciana):

«La tercera es la lengua Catalana, esta es verdaderamente Francesa… después de los Araves (sic), no se han escrito en toda España tantos, tan buenos y tan sotiles libros en prosa i metro, como en esta lengua Catalana, tanto que todos lo Italianos a una boz dizen i confiessan haver sido los Provençales inventores de su trobas, de qu hoi dia tanto se precia la ingeniosa i prudente Italia; i la lengua Poençal, de que ellos hablan, es la mesma Catalana, lo qual ninguno duda»

El anónimo de Lovaina ofrece como argumento de la unidad de provenzal y catalán la poesía del trovador  Arnaut Daniel, nacido en la atlántica Aquitania (Dordoña, h.1150). Pero lo insólito de esta obra es la descalificación y desprecio hacia el español:

«A esta, que io nombro Vulgar, algunos la llamaron lengua Española, en lo qual, a mi parescer, erraron, pues vemos que en España hai mas de una lengua; i otras mas antiguas, que no es esta, i de mas lustre, por los mas escritores que han tenido. Otros la llamaron Castellana, dandole el nombre de la provincia de Castilla; lo qual, aunque no paresce desaforado, todavia es nombre ambicioso y lleno de imbidia (sic), pues es mas claro que la luz del sol , que los reinos de León y Aragón tienen maior y mejor derecho en la lengua Vulgar, que no el reino de Castilla»

El anónimo de Lovaina no era castellano, como da a entender el uso de tercera persona en el comentario sobre la lengua que  «ellos quieren nombrar Castellana». Para el viperino e ignorante gramático (que finge desconocer la existencia idiomática e histórica de Galicia, Valencia y Navarra en los siglos XIII y XIV),  sería más adecuado llamarla aragonesa o leonesa, al hablarse en aquellos reinos cuando en Castilla sólo se usaba el árabe:

«razones. la primera, porque estando Castilla debaxo la sujecion de reies Moros, do no se hablava sino en Aravigo,  en Aragón i León reinavan reies Cristianos, en cuio(s) reino(s) entonces ia se hablava en la lengua que ellos quieren nombrar Castellana; la segunda, porque toda Castilla fue conquistada i reducida… por la industria, emparo i favor de los reies de León y Aragón, echando della los Moros» (f.2r)

Siguiendo su ardorosa cruzada contra la denominación de español o castellano, aún añade otra razón: la de “los ceptros i real coronas de León i Aragón”, de más categoría que los de Castilla. Respecto a  otras causas que apoyarían su tesis, no las conocemos por su deseo de silenciarlas:

«por las quales causas, i otras que adrede callo, me parescio nombrarla no Española, ni Castellana, sino Vulgar, como siempre la llamaré en toda esta obra»

¿Qué motivaciones eran peligrosas para su divulgación, a juicio del anónimo de Lovaina? En 1559, en el Imperio Español, lo más probable serían las connotaciones heréticas del idioma.

La Gramática de Gravio en la Selectividad de Extremadura

No es menester rebatir la infantil mendacidad y pedestrismo diacrónico que rezuma la argumentación idiomática del anónimo de Lovaina. La obra, no obstante,  ofrece interés por su enigmática militancia contra el español y desprecio al valenciano; de ahí que, actualmente,  se haya convertido en Biblia de la tropa filológica de conferencia por aquí, premio literario por allá y subvención por acullá.

Perezosamente, los fabricantes de ensayos sobre idiomas peninsulares se copian unos de otros; y, por igual debilidad, sus productos son modelo para el profesorado indolente. Así, en la Prueba de Acceso a la Universidad de Extremadura (Curso 2010-11), se escogieron  párrafos de ‘Lenguas en guerra’, de la diputada de UPyD  y filóloga Irene Lozano. El alumno tenía que razonar, basándose «en el tema del texto, la situación linguistica de España: lenguas y dialectos» (Selectividad Univ. Extremaduta, 2011). En una 1h. y 30 min. debía dilucidar la situación idiomática de la España actual con el texto de Irene Lozano que, a su vez,  basaba su tesís en la Gramática de Lovaina de 1559:

«Especialmente singular es el testimonio del autor de una obra anónima publicada en Lovaina en 1559 y citado por López García  En él se enumeran y describen cinco hablas peninsulares: vascuence, arábigo, catalán, portugués y ‘el que yo nuevamente llamo Lengua Vulgar de España» (Selectividad Univ. Extremadura, 2010-11, texto de Irene Lozano)

Esta  página de Irene Lozano era refrito de un texto del filólogo buenista López García (Zaragoza, 1955), autor que en ‘La lengua común en la España plurilingüe’ habla de una Cataluña e idioma catalán en el 1200, lamentable ficción que señala sectarismo. También significativo es el diseño de la portada del libro de López, donde el mapa de España aparece fragmentado y sin el  País Vasco, Galicia y la Gran Cataluña que engulle al Reino de Valencia. El simbolismo se completa con estos territorios que aparecen, simbólicamente, mal cosidos o zurcidos al resto de España.

El estudiante extremeño de Selectividad desconoce que Irene Lozano ni siquiera se leyó la elemental Gramática de Lovaina, limitándose a seguir al citado López García. Nadie, por supuesto, informó a los alumnos de que el anónimo de Lovaina confundía el vasco con el caldeo, el árabe con el hebreo, el castellano con el portugués, el catalán con el aquitano y  valenciano, etc.

La Gramática de Lovaina estaba destinada a enseñar español  a flamencos y franceses, enemigos en potencia del Imperio Español en 1559; ofreciendo al lector la visión de un idioma español de pueblo inculto, inferior a los demás, sin autores en prosa y verso; de ahí que sólo mereciera el apelativo común de lengua vulgar.

Los investigadores han tratado de identificar al gramático, sonando  nombres como el de  Francisco de Villapalos, pero fueron descartados por la carencia de datos. ¿Pudo, quizá, ser Juan María Cordero el anónimo de Lovaina?. Nacido casualmente en Valencia (a.1531), no tenía vínculos culturales ni de sangre con los valencianos, al ser hijo de leonés y judía mallorquina. De dudosas creencias, se le acusó de criptojudío y eramista. En 1550 estudiaba en París, trasladándose en 1554 a Lovaina y Amberes, donde acabaría sus estudios. Por sus Memorias (Gustaaf Janssens, 1992, p.20),  sabemos que Cordero  tenía poca relación con los españoles; no sólo por dominar el neerlandés, sino por el temor a “los cazadores de herejes”.

Hijo de criptojudíos, Cordero  pasó dificultades económicas en Lovaina hacia 1554, época en que huía del contacto con los españoles. Cabe la posibilidad de que el impresor Gravio le encargara al agobiado estudiante  que pespuntara los párrafos de diversa procedencia para elaborar lo que sería la  ‘industrial’ Gramática. Sólo los escasos folios proemiales serían realmente cosecha de Cordero.

¿No existía mejor autoridad que la Gramática de Gravio para conocer las lenguas hispánicas del 1550?

Es chocante que los filólogos del ‘buenismo’ interesado no ofrezcan mejor visión sobre la lenguas peninsulares del Renacimiento y Manierismo que la Gramática de Gravio. En la misma Lovaina  tenían el testimonio del intelectual más aventajado del semiclandestino grupo de Pedro Jiménez. En 1556, tres años antes de editarse la Gramatica de Gravio,  el humanista Frederic Furió Ceriol (Valencia, 1532), reivindicaba la lengua valenciana como una de las cultas europeas, recordando la traducción a la citada lengua de la Sagrada Escritura que, años después,  fue impresa de nuevo en caracteres más elegantes:

«Fuit centum et triginta ab hinc annis, plus minus, uersa Sacra Scriptura in valentinam linguam;  et quatraginta aut circiter ab hinc annis iterum ijsdem literis elegantius multo impressa» (Furii, Friderici: Bononia, sive de libris sacris in vernaculam linguam convertendis, 1556)

También recordaba Furió la traducción de las Epistolas de San Pablo, que él había leído:

«Similiter extant et D. Pauli epistolae, a quodam pio viro versuum mensuris constrictae atque illigatae. Sunt valentina lingua omnia Evangelicae historiae capita, quaecunque in ordem toto anno ad populum decantatur, eleganter et fideler versa … Vidi etiam ac legi epistolas Pauli carmine interpretatas, tum mea, tum castellanica, ut vocant lingua» (ib.)

Furió Cerol era valenciano, pero podríamos escoger a castellanos o catalanes de categoría y formación intelectual muy superior a la del visceral anónimo de Lovaina; por ejemplo, el conocido Andreu Bosch de la Univ. de Perpinyá, que constataba que la lengua catalana se había valencianizado a finales del 1500; o, por citar a un castellano,  a Miguel de Cervantes, novelista que anduvo entre valencianos y catalanes en sus aventuras mediterráneas y en las mazmorras de Argel. Sumando adjetivos del Persiles y La Gran Sultana, así consideraba a nuestra lengua el agudo Cervantes: “graciosa lengua, con quien sola la portuguesa puede competir en ser dulce y agrabable (…) las melosas valenciana y portuguesa”; por el contrario, a la “gascona y catalana” (Cervantes dixit) no dedica una sola alabanza y, paródica o simbólicamente, sólo hace referencia a ella como lengua de los bandoleros de Roque Guinart (Cervantes y la melosa lengua valenciana, Diario de Valencia, 19 enero 2003).

Pero, qué casualidad, los filólogos como Irene Lozano o los que elaboran el examen de Selectividad de la Univ. de Extremadura son ciegos hacia los testimonios citados. Prefieren  la autoridad de la Gramática de Gravio. Hay otra cuestión que ocultan Irene Lozano y López García: los  que confeccionaban estas mediocres gramáticas para flamencos y franceses, tenían una perspectiva globalizada del bosque idiomático. Para estos humanistas que habían residido en Londres, Brujas, Amsterdam o Amberes, era lógico que establecieran lazos de hermandad léxica y sintáctica entre valenciano, catalán,  portugués y castellano; algo imposible entre esos idiomas peninsulares respecto al inglés, gaélico, bretón, alemán y neerlandés.

En la Selectividad de Extremadura (2010-11) no se clarificaba esta cuestión, pues tanto Irene Lozano como López García siguieron el juego al sistema establecido por el poder mediático y el expansionismo catalán. Lean detenidamente esta consideración contenida en los mismos  folios proemiales de la Gramática de Gravio:

«La lengua Vulgar de España tiene su assiento en los reinos de Aragón… León i Portugal; aunque la lengua Portoguesa tiene tantas i tales variedades en algunas palabras i pronunciaciones, que bien se puede llamar lengua por si; todavia  no es apartada realmente de aquella que io llamo Vulgar, antes son una mesma cosa»  (Gramática de Gravio, Lovaina, 1559, f.3v)

O sea, que el portugués y el español (Vulgar de España) «son una mesma cosa». No hay para el anónimo de Lovaina diferencias sintácticas, sino sólo léxicas y morfológicas. Pero este juicio de la Gramática —que califican de idónea para conocer las lenguas peninsulares— se lo callarán Irene Lozano y López García. Otra cosa sería si en España triunfara una política expansionista que quisiera extender el territorio hasta Lisboa. Entonces, con generosa ayuda institucional, proliferarían  tratadistas buscadores de citas para poder normalizar e imponer el español o “Vulgar de España” hasta en la isla de Madeira, «por ser una mesma cosa» el español que el portugués (según la Gramática de Gravio).

Origen: La Gramática de Gravio (Lovaina, a. 1559), el español y el valenciano