El PCE ante la alianza Stalin-Hitler que inicia la II Guerra Mundial – Moran, Gregorio.

Moran, Gregorio. “Miseria y Grandeza Del Partido Comunista De España.” 


El PCE y la alianza Stalin-Hitler que inicia la II Guerra Mundial

Los meses que preceden al pacto germano-soviético son una evidencia precursora. Los ataques a Francia y a Gran Bretaña en el órgano de la Internacional Comunista se convierten en mordaces y de trascendencia histórica, como si pretendiesen demostrar algo más que lo obvio, pues se insiste en la falta de reciprocidad de las propuestas soviéticas de un tratado de paz con Gran Bretaña y Francia, al tiempo que se crean esperanzas sobre el lado positivo para la URSS de una nueva gran guerra. Si estallara una guerra mundial —dice el editorial de L.I.C. de junio de 1939— la revolución se desencadenaría más rápidamente. Nadie sería capaz de seguir conteniendo por mucho tiempo la riada arrolladora de la revolución que se agita bajo la capa de hielo de la dictadura fascista en Alemania, Italia y el Japón. Es decir, el fascismo como antesala del comunismo, la misma estrategia que llevó a la catástrofe al PC alemán en los comienzos de Hitler.

Esta posición no es lineal, sino que está llena de pequeños matices que no ocultan el aspecto general del giro. Así, por ejemplo, se mantienen rigurosamente los lazos con la “intelectualidad burguesa”, muy útiles en el terreno propagandístico como globos sondas de los giros de la IC a lo largo de sus casi veinte años de historia. El objetivo seleccionado en esta ocasión será Thomas Mann, el escritor alemán, a quien se dirige una carta “editorial” de L.I.C. en agosto de 1939, vísperas del pacto. La misiva tiene dos sentidos: uno desautorizar a la agencia RUNA, del PC alemán, que le había llamado ignorante reaccionario y vendido al capitalismo norteamericano a causa de su panfleto Achtung Europa!

Y el otro ángulo de esta carta es la necesaria alianza con estos hombres de la cultura burguesa frente al fascismo alemán y en favor de la paz con la URSS, principio ideológico, práctico, diplomático y militar que regirá la política de Stalin, quien veía a los “intelectuales burgueses” como idóneos aliados. 

El humanismo que florece en la URSS —escribe L.I.C— no es un humanismo “anémico y enfermizo, sino un humanismo combativo, “militante”, un humanismo al que puede aplicarse las palabras de Thomas Mann: lo que necesitamos es un humanismo de la voluntad y de la decisión combativa al servicio de la propia conservación. La “propia conservación” lo justificaba todo y nada mejor para ampararlo que el “humanismo”. 

Todo este encaje de bolillos con basto cordel se volverá innecesario tras el pacto firmado la noche del 23 de agosto de 1939 entre Molotov y Von Ribbentrop. Después que se consumaron los aspectos físicos del pacto —la invasión y repartición de Polonia, entre otras lindezas—, llegó el momento para los comunistas de explicar las nuevas realidades fronterizas. 

Los soviéticos ocupan en septiembre su zona pactada con los nazis sobre Polonia y entramos en las justificaciones, en las que los comunistas españoles adquirirán notoriedad por su dedicación y su audacia.

La invasión polaca obliga a la Internacional Comunista a apoyarla con la artillería ideológica. La IC empieza a justificar lo injustificable de la única manera posible; es decir, considerando, “arbitraria” la frontera entre la URSS y Polonia. A partir de ahí ya será fácil mostrar la invasión de la mitad del país para liberar a once millones de ucranianos y de rusos blancos indescriptiblemente oprimidos (L.I.C., enero de 1940), mientras se sacaban del archivo poético los versos de Heine contra Gran Bretaña, “para que dieran la nota política y radical del “más canalla eres tú”: ¡Inglaterra! Tú dominas el mar, pero el mar no tiene agua bastante para lavar tu vergüenza. 

Perfecto prólogo al planteamiento burdo y unilateral de la guerra recién comenzada: los imperialistas ingleses —escribe el órgano de la IC—, están preparando una prolongada guerra de grandes proporciones contra “Alemania”, puesto que Inglaterra es el pilar más fuerte de la reacción mundial (L.I.C., marzo de 1940).

La invasión nazi de Francia introduce un aire surrealista a la verborrea de la Komintern, pues al romper las líneas fronterizas y avanzar inconteniblemente hacia París, en ese mismo momento el imperialismo ya no será inglés solamente, sino” “anglofrancés”, y ese pérfido imperialismo anglofrancés está tratando de erigir nuevas barreras contra Alemania y de suprimirle a Alemania las fuentes de abastecimiento de materias primas y alimentos. 

Esto escribía el órgano de la Internacional Comunista en el mes de mayo de 1940, cuando los alemanes habían invadido ya Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica y Francia. No hay ejemplo de mayor vileza ideológica en toda la historia de la Internacional Comunista que estas paginas.

Es lógico que los comunistas españoles, al igual que los de todo el mundo, oculten con pudor los documentos de aquellos meses, más siniestros aún y más injustificables que los promovidos durante la guerra fría y los juicios estalinistas fáciles de enmascarar tras el “no sabíamos nada”. Después del pacto germano-soviético y la invasión rusa el 17 de septiembre de la Polonia oriental, anexionando sus territorios, el PCE no sólo sigue la tónica general de la IC, sino que introduce aportaciones dignas de su bagaje intelectual, llegando más lejos que otros. En febrero de 1940 escribe Dolores Ibárruri un pedestre artículo en España Popular, donde plantea la obviedad de disolver Polonia porque se trata de un estado creado artificialmente por el Tratado de Versalles, y (…) un conglomerado de pueblos donde los polacos no estaban más que en un 60 por ciento. 

Este artículo de Pasionaria, titulado “La socialdemocracia y la actual guerra imperialista”, publicado el 18 de “febrero de 1940, después de describir el país de modo tan peculiar, ya puede justificar la invasión trasmutándola en liberación: ¡La Polonia de ayer, cárcel de pueblos, república de campos de concentración, de gobernantes traidores a su pueblo, que estaba constituida a la imagen de la democracia de los Blum y Citrine! La socialdemocracia llora sobre la pérdida de Polonia, porque el imperialismo ha perdido un punto de apoyo contra la Unión Soviética, contra la patria del proletariado. Llora la pérdida de Polonia, porque los ucranianos, bielorrusos, trece millones de seres humanos han conquistado su libertad. 

Esta perla de la geopolítica no necesita comentarios.

Sin entrar en la “liberación” forzada de ucranianos y bielorrusos, lo “que dice mucho de los conocimientos de geografía humana de Dolores, la curiosa ejemplificación de la opresión de una minoría sobre el 60 por ciento de los polacos ya de por sí es llamativo. 

En el fondo y sin sacar el tema de quicio, estos meses se caracterizan por un lenguaje desvergonzado del que quizá sea paradigma el comunicado de la Internacional Comunista el día 1 de mayo de 1940, donde se afirma que, respondiendo a la brutal violación de la neutralidad de los países escandinavos por parte de Inglaterra y Francia, Alemania envió sus tropas a Dinamarca y ocupó posiciones estratégicas en Noruega. 

Aunque la comparación pueda resultar demagógica, esos mismos contenidos de las informaciones aparecían en la prensa fran“quista de 1940. En las cárceles estaban convencidos de que se trataba de una manipulación de la Dictadura.

En el fondo y en la forma el objetivo consistía en apuntar y descargar todas las baterías contra el imperialismo inglés y la gran burguesía francesa y sus agentes, la socialdemocracia internacional. La gran burguesía alemana no existe, desaparece. El escamoteo es tan escandaloso que en algunos artículos ni siquiera aparece la Alemania nazi como estado beligerante: la nueva matanza organizada por el imperialismo inglés y por la burguesía francesa, escribe Dolores Ibárruri en su artículo “Contra la guerra imperialista y por la paz”, refiriéndose a la guerra mundial recién comenzada. Los únicos artículos que tratan de la conflagración llevan la firma de Dolores, y los recoge puntualmente el órgano del PCE en México, España Popular.

A los otros dirigentes les quedaba el recurso de atacar a la socialdemocracia nacional e internacional, en lo que se distinguió tanto por su celo como por su zafiedad Vicente Uribe, ministro de Agricultura del gobierno de Largo Caballero y cuya obsesión se centraba en el que había sido su compañero de gabinete durante la guerra, Indalecio Prieto. 

Después de aparecer el panfleto de Prieto Por que salí del Ministerio de la Guerra, Uribe publica en mayo de 1940 una semblanza de Indalecio que titula El cadáver insepulto y que merece figurar en las antologías de panfletos deleznables, superando “con creces el de su oponente Prieto, también de ínfimo nivel. Empieza así: como todo buen cadáver que se estima (sic), el señor Prieto, convertido en una miasma, no puede hacer otra cosa que apestar. 

No se sabe qué llama más la atención si la audacia en el juego de los tiempos verbales, el carácter fantasmal de los “cadáveres” que consiguen estimarse “a sí mismos” o sencillamente la espantosa penuria ideológica. Prieto describió con exactitud, en el prefacio de una de sus obras, los esfuerzos literarios de su adversario Uribe: luego de entablar heroica y desigual batalla con la sintaxis y el sentido común, abriéndose paso entre ellos a machetazo limpio…

Nadie se salvaba de aquellos artículos perrunos e inquisitoriales; “el mismo Checa, que era todo lo contrario de un exaltado, explicaba por entonces el final de la guerra y la derrota republicana achacándola exclusivamente a los socialistas por encima incluso de la participación del ejército de Franco. Da la impresión, leyendo hoy estos monumentos a la intransigencia, que esta guerra cuchillera se dirime exclusivamente entre socialistas y comunistas, y que el enemigo nazi o fascista no es sino una máscara del otro. 


Los líderes socialistas tampoco esquivaron la charca, sino que aportaron su caudal de insultos variados del que fue promotor y principal inspirador Indalecio Prieto, a quien alguien había descrito como de pluma “fácil y suelta” y él había creído oír “buena y afilada”

“La ráfaga de sectarismo a ultranza obligaba a una radicalización verbal que a su vez introdujo un corolario estratégico que aparecerán en el llamamiento del Comité Central del PCE del 1 de mayo de “1940: la superación de la República. Puestos a estar aislados y a insultar a sus aliados de ayer, había que ir más lejos. Nada mejor entonces que hacer también una República Española “por abajo”, que se traducirá en la reivindicación de una República Popular Española. 

En esta carrera hacia el fondo del saco hay algún respiro al lograr que algunos grupos, tan aislados como ellos y muy minoritarios en sus propias formaciones, firmen en México un documento, en abril de 1941, para la formación de un nuevo Frente Popular. Pero el comportamiento hacia los aliados lo definía el citado documento del CC de mayo de 1940, donde se consideraba que los dirigentes de los partidos republicanos, del Partido Socialista y de la FAI están dispuestos a pactar con las fuerzas reaccionarias que hoy dominan el país, es decir, Franco. 

Estos traidores han dado la señal de cese de la lucha contra Franco, bajo el pretexto de que la unión nacional es necesaria para la reconstrucción del país.

Esta línea no se variará hasta la entrada de la URSS en la guerra y el comienzo de la “Unión Nacional”, tan detestada meses antes. 

La invasión nazi a la URSS el 21 de junio de 1941 significó para los comunistas españoles que la historia volvía al mismo punto en el que se encontraba en julio de 1936, en el momento de la sublevación militar, cuando el único agresivo era el fascismo mundial. 


El 21 de junio de 1941 los comunistas del mundo entero dieron una vuelta a la página de los meses recientes y “miraron hacia delante como si nada hubiera sucedido. Sería una ingenuidad decir que recuperaron la buena conciencia porque la mala conciencia no existe cuando uno cree tener siempre la razón. La nueva situación se reducía a considerar que a partir de ahora la lucha en Europa sería más fácil.

El período que va del final de la guerra civil española a la entrada de la URSS en la guerra (junio del 41) marca un momento particularmente siniestro de la Komintem. Durante los dos años que duró esa etapa, sus efectos incidieron especialmente en minorías más o menos egregias; hubo en el mundo filocomunista deserciones sonadas, pero en el conjunto del movimiento no tuvo consecuencias desastrosas sobre la moral “combatiente. Sin embargo, a largo plazo, los efectos serían irreversibles; con sólo estudiar este breve lapso de dos años se puede obtener una radiografía de los objetivos y las limitaciones de la III Internacional. 

Nunca nada tan claro para marcar la diferencia entre lo que proclamaban y la realidad, entre los planes y los métodos, entre el entusiasmo de los primeros años de su fundación (1921-1924) y la sordidez y brutalidad que se condensaban en los dos años ominosos (1939-1941).

Da la impresión de que el comunismo español estaba cauterizado a los efectos del pacto germano-soviético. Se suele decir que los comunistas españoles estaban tan indignados por la actitud de las democracias occidentales y la socialdemocracia durante la guerra civil que hasta se felicitaron de la puñalada que les asestaba Stalin. 

Es difícil medir esto en términos históricos, pero el argumento puede también interpretarse como una falacia, muy repetida, pero falacia al fin y al cabo. Nadie en principio podía ser más sensible que los españoles y que los comunistas en especial para comprender la brutalidad que suponía para sus convicciones el que los nazis, que les habían derrotado y masacrado, como no se cansaba de repetir la prensa del partido, eran ahora aliados de sus hermanos, los soviéticos. 

Sin embargo, no hubo reacciones destempladas y no hay que buscar las razones tanto en el resentimiento histórico hacia los aliados socialdemócratas como en la “configuración del movimiento comunista español, fiel, luchador y limitado.

La letra de la ley ya la había marcado Togliatti en su intervención ante el VII Congreso de la IC (1935): Nosotros no defendemos a la Unión Soviética sólo en general, defendemos en concreto toda su política y cada uno de sus actos, y esta afirmación estaba situada en el contexto de la nueva política del Frente Popular, como si Togliatti quisiera con su lema abarcar todo un largo ciclo, por encima de los giros tácticos, que obligaban en un momento dado a acercarse a unos aliados y otro a marginarlos, porque en definitiva lo que marcaba la orientación era la política de la URSS y cada uno de sus actos.” [..]

“El 1 de agosto de 1940, el poderoso Molotov explicaba ante el Soviet Supremo de la URSS el genuino alcance del pacto: las relaciones de buena vecindad y de amistad soviético- alemanas se basan en intereses estatales básicos, y estos intereses eran tan rentables para la URSS como la anexión de Besarabia (44.500 km² y 3.200.000 habitantes),”

“Bucovina del Norte (6.000 km² y 500.000 habitantes), Lituania, Estonia y Letonia (2.800.000 habitantes), de resultas de lo cual, afirma Molotov, la Unión Soviética ha aumentado en el último año en más de 23.000.000 de habitantes.

Y esto era saludado como un éxito del movimiento comunista internacional, que a falta de victorias fuera de la URSS, consideraban la creación de un imperio ruso cual si se tratara de la liberación de los pueblos de sus diferentes yugos, como escribía Dolores Ibárruri. 

Entretanto los pequeños países tenían que escoger entre Chamberlain, Ribbentrop o Molotov, lo que visto con ojos de hoy se reducía a elegir entre ser devorado por un lobo o por un tigre. Desde el punto de vista del Estado soviético, el pacto fue un éxito sin igual, superior incluso a las negociaciones de Yalta de 1944; obtuvo más sin poner tanto. 

Es verdad que trituró el conjunto de los principios ideológicos que animaban al movimiento, pero eso curiosamente sólo afectó a una minoría que sufrió una crisis de identidad. El Estado soviético salió fortalecido, y si no lo fue más se debió exclusivamente a los errores del grupo dirigente soviético que fió en el pacto más de lo que la situación permitía.”

Gregorio Moran; comunista e historiador Español. 

Extractos de su esencial libro “Miseria Y Grandeza Del Partido Comunista De España.”

Un pensamiento en “El PCE ante la alianza Stalin-Hitler que inicia la II Guerra Mundial – Moran, Gregorio.”

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