Se refiere a lo que, tras la derrota, pensaban muchos izquierdistas.

“Muy pocos de los antiguos partidarios del Frente Popular se sintieron vencidos después de la guerra, a pesar de las depuraciones y los juicios que hicieron los vencedores. 

Habían sido testigos de la enorme corrupción, el terror, los asesinatos, las luchas civiles y el odio que hubo entre las propias izquierdas y para colmo contemplaron la huida de sus jefes cargados de tesoros. 

Así que a la mayoría no les quedaban fuerzas como para seguir creyendo en aquel Himalaya de mentiras  que el Psoe, ese partido que fue de radicales de extrema izquierda, de criminales de guerra, de golpistas, de chequistas y de ladrones, gobierne hoy en España, es una afrenta a lo poco bueno y honesto que pueda haber en este mundo.