EL HONORABLE SEÑOR ORLOV

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No podía yo explicarme por qué entre los cooperadores, que Rusia nos mandara a España en 1936 figurasen policías. Estaba justificado enviar aviadores, técnicos industriales, marinos y mili tares, pero policías ¿para qué? ¿Qué utilidad la de éstos en país que desconocían y cuyo idioma ignoraban? Esto último suponía obstáculo mínimo, pues ruso llegado a España se expresaba en castellano al cabo de seis meses. Pero el conocimiento de gentes y costumbres, tan indispensable en los servicios policíacos, les resultaba infinitamente más difícil.

Luego me expliqué lo inexplicable. Stalin había mandado agentes secretos para exterminar a los trotskystas españoles. De dirigir esta cacería hallábase encargado Orlov. significadísimo jefe de la policía soviética. Él dispuso que fuera detenido en Barcelona, sin conocimiento del Gobierno, Andrés Nin, dirigente del Partido Obrero de Unificación Marxista, a quien, tras terribles martirios, hizo asesinar en los alrededores de Madrid. Apenas el Gobierno supo la desaparición de Nin, el ministro de la Gobernación, Julián Zugazagoitia, dispuso que se investigaran las causas; ya estaba a punto de descubrirse la bochornosa verdad, cuando Negrín ordenó suspender las averiguaciones. Lo supe, no siendo yo ya ministro, por el propio Zugazagoitia. Ahora sé, a través del libro de Jesús Hernández, que Orlov decidió acabar también conmigo.

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“Tiene Prieto -escribe Hernández- pocos motivos para guardarme consideraciones ni en lo personal ni en lo político, pero lo que ignora es que yo mismo, el terrorista que en otros tiempos empuñaba impaciente la culata de la pistola para arrancarle la existencia, cosa que hubiera ejecutado· sin pestañear, considerando que hacía un bien a la revolución, puedo hoy congratularme de haber sido en el verano de 1937 el factor interpuesto para la detención del brazo que iba a asesinarlo.”Sintetizo la narración de Hernández. El comunista bilbaino Antonio Zubiaurre, “educado” en la Escuela Leninista de Moscú y hombre de confianza de Orlov en España, comunicó a Mena, secretario particular de Hernández: “Orlov ha resuelto liquidar a Prieto.

Está en relación con alguien de la escolta personal del ministro. Se pretende simular un, accidente desgraciado: alguno de sus acompañantes deja por “descuido” en la cajuela del automóvil unas bombas de mano que, por la trepidación del coche, hacen explosión. Se proyecta el atentado para el primer viaje que haga por carretera”.Jesús Hernández se puso en campaña para impedirlo comunicando a Gaikins, Embajador de Rusia, y a Codovila comunista argentino delegado del Kremlin, los propósitos de Orlov al que, por lo visto, se hizo desistir. Quienes mediaron para obtener el desistimiento no lo hicieron, seguramente, por simpatía hacia mí, ni por sentimientos humanitarios, sino por darse cuenta de las enormes repercusiones que hubiera tenido mi asesinato.

Uno de los correligionarios -todos de la Juventud Socialista Madrileña y del Sindicato de Artes Blancas- que formaban mi escolta, juzga inverosímil que el atentado se tramara a base de la traición de uno de ellos. “Cuantos constituíamos la escolta estábamos dispuestos a dar la vida por Prieto -afirma-y creo que aún lo estén todos al menos, yo por mi parte.” Lo sé y lo agradezco. Pero que Orlov pensara matarme en cualquier forma, no me sorprende. Era muy bestia.Hernández parece considerar compensada su tentativa de asesinarme él mismo en 1923, en Bilbao, con su interposición para que Orlov no me asesinara en Valencia en 1931. ¿Debo incluirle entre mis hados protectores? Bien, que pase. Será un hado con gafas. No sé si a tales divinidades se les permite usar anteojos. En todo caso, estaría justificada la excepción.

Jesús Hernández no puede valerse sin cristales. Ahora ha cambiado el color de los suyos y ve las cosas de distinta manera, porque, conforme nos enseñó el poeta, “todo es según el color del cristal con que se mira”.

Indalecio Prieto. Entresijos de la guerra de España: (intrigas de nazis, fascistas y comunistas).

Origen: Orlov y la CNT | La biblioteca fantasma