Blas infante: el converso enterrador y desprestigiador de la raíz castellana y católica de Andalucía

Blas Infante Pérez de Vargas (Casares, Málaga, 1885-Sevilla, 1936), de apellidos inequívocamente suecos, notario de profesión y político de vocación, fue el principal ideólogo del andalucismo, unas veces de matiz regionalista, otras federalista y no pocas nacionalista de tipo islamófilo. Anarcoide e izquierdista radical siempre pese a su origen aburguesado, es el gran enterrador y desprestigiador de la raíz castellana y católica de Andalucía, estando además considerado oficialmente, cágate el lorito, tanto por el Congreso de los Diputados como por el Parlamento de Andalucía como el “Padre de la Patria Andaluza”, como el creador de Andalucía cuando no pasó de ser un pintoresco intelectual más, bastante malo a poco que se analice su obra.
Como todo izquierdista con sueños revolucionarios que se precie, primero ha de nacer y vivir en una casa acomodada. Hijo de licenciado en Derecho (¡en el siglo XIX!) secretario de juzgado, ergo funcionario del Estado, y madre labradora de clase media con tierras en propiedad, fue a la Universidad de Granada, como los señoritos entonces, donde se licenció en Derecho sin más. No fue hasta la década de 1920, siendo ya notario, profesión típicamente obrera, cuando descubrió el mundo jornalero andaluz y sus penurias, algo que le era ajeno, aunque no indiferente: “Yo tengo clavada en la conciencia desde la infancia la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo” escribió.
Creador-inventor-soñador de una identidad e historia andaluzas, nunca mejor dicho, muy personal, no se arrendó y se consideró elegido para reinventar a su gusto para Andalucía (el gran sur del reino de Castilla), toda suerte de cuentos más o menos filoislamistas que se le ocurrió entre vino y vino. Entre sus inventos al más puro estilo Sabino Arana, un día vio la luz y encontró una bandera, un escudo y un himno para Andalucía como si la cuartelada castellana nunca hubiese existido. Así diseñó la infame bandera verdiblanca: inspirándose en el verde, color del islam (y de los Omeyas), y el blanco (color de los Almohades), esto es, adulando al enemigo secular de los castellanos que allí llamamos andaluces. Jamás entendió que si “andalusí” y “andaluz” se parecen, no es más que una coincidencia fonética (hablamos de pueblos étnica, cultural, religiosa y políticamente distintos y enfrentados), que Al-Ándalus no es Andalucía, sino la España musulmana, cualquiera que fuese su extensión, que como todo el mundo leído sabe, fue variando su territorio según la reconquista avanzaba y que en su máximo apogeo cruzó los Pirineos. Reconquista, no conquista, nótese el matiz.
Durante algún tiempo, el llamado Pendón de Castilla con el que se conquistó Sevilla en 1248 y que se conserva en su catedral, se pensó, al no encontrar explicación a los tres cuarteles a uno, que era un paso previo al diseño definitivo del reino unificado de Castilla y León, que llevaba unido apenas 18 años. Hoy se sabe, gracias al Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico que lo restauró, que hubo dos restauraciones en siglos anteriores de las que no se tenían noticia donde se recosió con retales de otros pendones. Eso explica que el león esté girado hacia la derecha y que hay un castillo de más y un león de menos.

Foto de Blas Infante vestido con chilaba marroquí que nos ocultan. Si este señor hubiese hablado una sola vez con cualquier gitano andaluz (éstos si de otra raza aunque tan andaluces como el que más, conste), se habría percatado que todos ellos llaman castellanos a los andaluces blancos. Esa costumbre de llamar castellanos a quienes en otras partes llamarían simplemente payos no es casual. Los gitanos no se han visto influenciados por el botarate de Blas Farsante, viven pegados a la tradición. Tampoco es difícil oír a andaluces que dicen “los castellanos y los guiris somos diferentes”, en relación a los turistas. Yo lo he oído en la Costa del Sol, probablemente la zona más cosmopolita de Andalucía.

El propio Blas Infante dejó escrito que la primera idea de la bandera andaluza se la sugirió una manifestación de mujeres en Casares, su pueblo, que portaban una “bandera” de solo dos franjas horizontales, una verde y la otra blanca. Quiso ver en esos trapos para protegerse del sol un origen histórico. De hecho, él mismo dejó claro que la elección de los colores tenía su origen en su admirado mundo musulmán. Observó que en 1195, tras la victoria mora sobre las tropas cristianas de Alfonso VIII de Castilla, en la Batalla de Alarcos, sobre el alminar de la mezquita mayor de Sevilla, entonces Isbiliya (árabe أشبيليّة), ondeó una enseña verde (color del islam, no lo olvidemos) junto a otra blanca (de los Omeyas). Otra fuente de inspiración del tarambanas de Blas Infante, parece ser una vieja leyenda mora según la cual a un iluminado que predicaba en los pueblos del Atlas marroquí se le apareció una especie de ángel que le revelaba un fabuloso Imperio que unía las dos orillas del estrecho de Gibraltar, con el verde paraíso de Al-Ándalus (los moros siempre consideraron a Hispania su paraíso terrenal) y el blanco Magreb de los almohades. Así pues, el verde-blanco-verde sería algo así como Al-Ándalus-Magreb-África subsahariana, también musulmana, claro. Por si eso no fuese suficiente inspiración, existe un poema de Abu Asbag Ibn Argam, natural de Guadix y visir del emir Almotacín de la entonces taifa de Almería, que cita una enseña verdiblanca (normal si son moros) que ondeaba en la Alcazaba de Almería en 1051 antes de que los castellanos les dieran matarile y se limpiaran los zapatos con ella. Normal si son moros que usen el verdiblanco, pero anormal y subnormal si son cristianos, huelga decir.

No solo la desnortada izquierda andaluza anda sin brújula. La derecha garbancera no le anda a la zaga, le hace seguidismo. Especialmente llamativo es que el alcalde de Sevilla, el juez Juan Ignacio Zoido, del PP, homenajee y reivindique al cretino separatista y converso de Blas Farsante, un tipo fascinado por el Islam y la España musulmana (Ál-Ándalus) no desde una óptica cultural o meramente histórica, sino política. Para Zoido “el 4 de diciembre es el día que los partidos y organizaciones del ámbito del nacionalismo andaluz reivindicamos como el Día Nacional de Andalucía. Es por tanto una fecha que deben recordar todos los andaluces, junto al nacimiento de Blas Infante, el 5 de julio de 1885 […] hay que mantener vivo el legado del padre de la patria andaluza, que incluso llegó a dar su vida por ella. Formar parte de Andalucía es también saber transmitir este legado” (EFE/Diario de Sevilla, 05/12/2011). Blas Infante propuso, en “El ideal andaluz”, un Estado andaluz separado del resto de Castilla y España y hermanado con Marruecos, llegando a asegurar que “el idioma andaluz (sic) debía escribirse con caracteres árabes y no latinos”. Blas Infante, padre de la patria andaluza, también para el PP como vemos, solicitó su entrada en la masonería (sociedades secretas anticatólicas que buscan el poder absoluto mediante subterfugios) en 1923, en una logia reunificada llamada Isis  y Osiris (perteneciente a la Gran Logia de Oriente de España). Sr. Zoido, ¿cómo pretenden gobernar alguna vez en Andalucía? La gente siempre prefiere el original a la copia, aún cuando el original sea estiércol.

No acaban ahí las banderas moras verdiblancas conocidas en las que este tuercebotas se pudo inspirar. Aunque el estandarte nazarí del emirato de Granada era rojo, de los veintidós estandartes tomados por el conde de Cabra (¡maldito castellano!) a Boabdil en 1483, dieciocho ostentaban los colores verde y blanco. Es cierto que verde fue también el estandarte que los Reyes Católicos dieron en Granada a las Guardias Viejas de Castilla (el ejército castellano para entendernos) para su defensa, pero no parece que sea este el origen de la inspiración de don Blas, vista la alergia y la urticaria que lo castellano y lo católico le producían a partes iguales.

 

El 8 de mayo de 1521, año comunero en toda Castilla, el pueblo hace tiempo castellano de Sevilla (desde 1248), vio como en uno de sus barrios, el de Feria, auténtico gueto donde se amontonaban los descendientes de moriscos y andalusíes aún no expulsados, se alzan y recorren la ciudad dirigiéndose hacia el Ayuntamiento, al que lanzan piedras y todo tipo de objetos, diciendo dame pan. El asistente (alcalde) de la ciudad calmó a la muchedumbre ofreciéndole vino, o sea, alcohol, detalle no menor. Pero el 9 de mayo seguían teniendo hambre en la morería (nunca hubo buena convivencia entre las tres culturas, eso son mitos, la realidad es que vivían en barrios separados), se apoderan de armas y piezas de artillería y liberan a los presos. Sevilla, que siempre estuvo del lado realista durante las revueltas comuneras, quizás para asegurarse la protección del Rey contra el latente problema étnico-religioso interior, temió una revuelta similar a ésta por lo que llamó rauda al ejército castellano que aplastó la rebelión y ajustició, según costumbre de la época, a los cabecillas cortándoles la cabeza y colgándolas en la ventana principal de palacio de los marqueses de la Algaba. En la mayoría de ciudades andaluzas, el problema gordo no eran tanto los altivos flamencos europeos que manoseaban el reino, como los moritos. Eso explicaría que la mayoría de ciudades andaluzas apoyasen la causa realista frente a la comunera (que sí prendió en la meseta). De hecho, la causa comunera si tuvo apoyo en las zonas altas primeramente reconquistadas del gran valle del Guadalquivir, donde la limpieza étnica ya estaba avanzada o terminada (Baeza, Úbeda, Jaén), donde los moros había sido empujados hacia Granada. Aquel amotinamiento de la moruna sevillana contra la carestía de los alimentos que se decía antes, o de la vida que decimos ahora, se hizo recorriendo las calles precedido por un estandarte verde tomado a los moros por Alfonso X y que se custodiaba en la iglesia del Ómnium Sanctorum. El episodio es conocido como el Motín del Pendón Verde (Ramos, 1987).
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Perroflautismo Er Llano (sic) o cómo no saber quién era tu padre ni tu madre. Gustará más o menos, pero la preocupación por la pureza y la limpieza de sangre fue una constante de la historia de España durante siglos, lo que acababa en expulsiones y deportaciones masivas y constantes de los moros por toda la península, hasta no dejar ni uno. También para evitar continuas revueltas sociales y políticas. Estudios recientes genéticos confirman que el rastro étnico musulmán es inapreciable y que incluso es menor en Andalucía que en Galicia, Léon o Zamora, por ejemplo. Otro mito, como el de la presunta idílica convivencia de las tres culturas, que cae. Aquí hubo una cruenta guerra que duró 800 años, un choque de civilizaciones.

Durante la Conspiración del duque de Medina Sidonia en 1641 (un episodio oscuro cuya veracidad genera controversia y que se sitúa en el contexto de la crisis de 1640, simultáneo a la revuelta de los catalanes y la independencia de Portugal, donde el IX duque de Medina Sidonia y el VI marqués de Ayamonte planearon una simple conjura nobiliaria de carácter estamental o particularista según unos, o un intento secesionista o independentista, al modo catalán y portugués según otros, por el que se pretendía sublevar Andalucía contra el rey de Castilla para instaurar en ella una Monarquía en la persona del citado duque), una bandera partida verticalmente de verde y blanco fue la enseña de la alianza sediciosa entre el duque de Medina-Sidonia con los moriscos de Tahir Al-Horr, que se alzarían en Andalucía oriental (Ramos, 1987). El IX duque de Medina Sidonia, recordémoslo, era el jefe de la casa de Medina-Sidonia, depositaria del ducado más antiguo de la nobleza castellana, poseedora de vastos señoríos en el antiguo emirato de Sevilla y otros más pequeños en el de Granada, la mayor fortuna de la región castellana de Andalucía y una de las mayores de España. Repárese cómo verde, islam, enemigo, traición y sedición van muy unidos siempre.

Otra idea-ocurrencia de don Blas el farsante fue la de crear un himno andaluz. Bueno, crear, lo que se dice crear, es mucho decir. En realidad lo falsificó. Cogió una cancioncilla popular andaluza y le quitó la letra sustituyéndola por otra de su invención. Eso hoy sería un fraude imposible de comercializar. Pero ahí está viva la ocurrencia.

¿Acabamos con Granada o con los moros invasores?, ¿lo hicieron mis antepasados o los tuyos que vives en Andalucía? O acabábamos con ellos, o ellos lo hacían con nosotros. Tan fácil de entender como eso. Pero no es que no lo entiendan, es que ocultan sus verdaderas intenciones: el andalucismo no es tal cosa, es una máscara del islamismo. El andalucismo, para ser auténtico y creíble, debería ser una parte del castellanismo. Contraponer lo andaluz a lo castellano, simplemente es del género estúpido porque son lo mismo.

 

Tras presentarse varias veces a las elecciones, y nunca obtener representación, decidió viajar a Marruecos en 1924. Antes, en 1919, redactó el Manifiesto de Córdoba, donde se acuña por primera vez lo de “nacionalidad histórica” para Andalucía, así, con un par, ninguneando implícitamente su pertenencia histórica al reino de Castilla, y que entre otras lindezas decía:

“Sentimos llegar la hora suprema en que habrá de consumarse definitivamente el acabamiento de la vieja España […] Declarémonos separatistas de este Estado que, con relación a individuos y pueblos, conculca sin freno los fueros de la justicia y del interés y, sobre todo, los sagrados fueros de la Libertad; de este Estado que nos descalifica ante nuestra propia conciencia y ante la conciencia de los pueblos extranjeros […]. Ya no vale resguardar sus miserables intereses con el escudo de la solidaridad o la unidad, que dicen nacional”

En Marruecos, donde visitó la tumba de Motamid en Agmhat y conoció a los supuestos descendientes de éste, se convirtió al Islam mediante la Shahada (ceremonia pública de su reconocimiento como musulmán), en una pequeña mezquita de Agmhat, adoptando el nombre de Ahmad. Los testigos del acto por el que Blas Infante se convertía/reconocía musulmán fueron dos presuntos “andalusíes” nacidos en Marruecos (ergo no son ya andalusíes pues estos eran los musulmanes nacidos en Hispania o Al-Ándalus) y descendientes de moriscos: Omar Dukali y otro de la Kabila de Beni-Al-Ahmar.
Como se ve, primero renunció a sus apellidos y orígenes castellanos (como los de todos los andaluces por otra parte) y luego a su cultura católica. También aprendió árabe, dicen. Sin embargo, su familia no aceptó jamás esa conversión al Islam. En una entrevista publicada por los diarios del Grupo Joly, su hija, María de los Ángeles Infante (nombre de pila cuanto menos significativo), desmiente su filiación islámica y afirma que era un gran admirador de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, además de benefactor del convento de Madres Dominicas ubicado en la calle San Vicente de Sevilla. Lo que da idea de la empanada mental y de identidad de este hombre abducido por la huella árabe en su tierra, no así de la romana, la visigoda o la castellana, la más evidente de todas. Y es que una cosa es la admiración por las cosas buenas que el islam nos dejó y otra muy distinta confundir el culo con las témporas, los cojones con comer trigo.

Blas Infante en Agmhat, peregrinó a la tumba de Motamid, conoció a Omar Dukali, descendiente teórico del último Emir (equivalente a Rey) de Sevilla y testigo de su Shahada (ceremonia pública de su conversión), el 15 de septiembre de 1924, ante dos testigos que le regalaron una chilaba y una daga bereber. Buscando al descendiente del enemigo para arrodillarse ante él, así podría calificarse su viaje y su vida.

Pocos saben que cuando se diseñó la bandera andaluza, los nacionalistas islamófilos andaluces, tan castellanófobos ellos, incluyeron como territorio andaluz a Badajoz y Murcia. Ese ramalazo expansionista es, junto a su carácter islamófilo, motivo suficiente para ser rechazada. Actualmente, el nacionalismo andaluz, ahondando más en su ignorancia y delirios, promueve cambiar el lema del escudo que reza “Andalucía por sí, para España y la Humanidad”, una de las pocas cosas dignas de esa ideología, por “Andalucía por sí, por los pueblos y la Humanidad”. De momento, no se les ha ocurrido eliminar los leones hispánicos del mismo, debido sin duda, a que no conocen el significado de los mismos, cosa que ya le pasaba a Blas Farsante.

Blas Farsante no hizo otra cosa en toda su vida que falsear la historia de Andalucía, deformarla hasta la náusea, algo muy frecuente en la historiografía romántica de finales del siglo XIX y principios del XX. Y la farsa continúa, esta vez con la colaboración de las instituciones. Todo ello en aras de favorecer un localismo alicorto, de vuelo gallináceo.

En 1928 viajó a Galicia para reunirse con los ideólogos del galleguismo, que también se apuntaban al deporte de vilipendiar a Castilla y lo castellano (muy extendido desde 1898), llegando a participar en la revista galleguista Nós (Nosotros). En esa época también conoció Portugal. Viajar no estaba al alcance de cualquiera, solo de los señoritos con posibles. En 1931 participó en la candidatura del Partido Republicano Revolucionario a las elecciones generales. Resultado desastroso, queda fuera. Tras pasar por el Partido Republicano Federal, también fracasa en su intento de conseguir representación; en 1931 publica “La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía”, donde critica con dureza la manera de actuar de la República y relata el boicot al que fue sometida su candidatura andalucista en las elecciones. En esta obra, su postura se radicaliza al definir como Estado Libre a Andalucía. A pesar del boicot anterior se presentó de nuevo en las elecciones de 1933 por Málaga, dentro de una coalición llamada Izquierda Republicana Andaluza formada por el Partido Republicano Radical Socialista (PRRS) y por la Izquierda Radical Socialista. Todo “moderación”, como se ve. Nuevo fracaso electoral del neo-morito. Fue ese año, en 1933, cuando propuso que la melodía del canto religioso Santo Dios, un himno que cantaban los segadores de algunos pueblos andaluces a la salida o a la puesta del sol, fuera el Himno de Andalucía, cambiándole la letra por un texto suyo, no sea que sonase demasiado castellano o católico, es decir, andaluz auténtico.

 

Bandera de Ál-Andalus, es decir, de la España musulmana, cualquiera que fuese su cambiante extensión, y no de Andalucía. Su parecido a la inventada por Blas Farsante no es casualidad. El andalucismo creó, y coló, la bandera del enemigo siglos después de haber desaparecido. Esa bandera,
Un falsificador nato este hombre, que sin embargo sí tuvo cierto grado de compromiso social con la causa de los “descamisados” del campo. Esto último, unido tal vez al hermoso lema grabado en el escudo andaluz (“Andalucía por sí, para España y la Humanidad”), de inequívoca universalidad, pero otra falsificación heráldica más pues procede del escudo de Cádiz, han servido para blanquear su ideario, para adoptarlo y acomodarlo sin rascar demasiado en el mismo. Y lo ha hecho tanto la indocumentada izquierda pijoprogre como la ramplona y acomplejada derecha seguidista andaluza. Cosas de las élites políticas andaluzas posTransición, que no de Andalucía, que necesitaban un progenitor de la patria para justificar sus cargos de nueva creación y chupar del bote (erario).

 

 En La Junta de Andalucía no cabe un tonto más.

De alguna manera, toda la izquierda andaluza bebe del ideario blasinfantista que hace posible que hoy, partidos como Podemos, IU o el PSOE (y sus brazos sindicales) reivindiquen sin despeinarse expropiar la Catedral de Córdoba o la Giralda de Sevilla, antes mezquitas, y más antiguamente aún iglesias visigodas. Monumentos que si han sobrevivido arquitectónicamente ha sido precisamente porque los cristianos católicos castellanos no eran tan salvajes e insensibles como los pintaba el islamófilo Blas Infante. No podemos decir lo mismo de las iglesias visigodas, arrasadas por los moros. No verán jamás a ningún partido andaluz (tampoco de la acomplejada derecha, todos ellos unos cagarrias), reivindicar la bandera castellana. Incluso es difícil verles ondear una rojigualda española, no así una de la II República. La subliminal alianza izquierdista-andalucista (en sentido islamista) domina el panorama andaluz.
Este himno, junto con la bandera y el escudo elegidos en la Asamblea de Ronda de 1918, son actualmente los símbolos oficiales de Andalucía, según el artículo 6.2 del Estatuto de autonomía de Andalucía de 1981, reformado en 2007, y con el visto bueno de los cantamañanas del PSOE y PP, que dieron así rango de oficialidad a tanto disparate. Tras las elecciones de 1936, con la victoria del Frente Popular, el movimiento andalucista recobró fuerzas (la izquierda española y el andalucismo filoislamista tenían en el anticlericalismo católico un punto en común). Durante la Asamblea de Sevilla celebrada el 5 de julio de 1936 se aclamó a Blas Infante como presidente de honor de la futura Junta Regional de Andalucía. Como lo oyen, presidente de honor a quién jamás consiguió un triste escaño y además “de la futura Junta”. Para qué esperar. El 18 de julio se inicia la Guerra Civil según unos (según otros la verdadera Guerra Civil se inició en 1934), desatándose la barbarie que todos conocemos. Detenido en su casa de Coria del Río, fue fusilado, sin juicio ni sentencia (éstos tampoco esperaban), junto a otros dos detenidos en la carretera de Sevilla a Carmona. Cuatro años más tarde el Tribunal de Responsabilidades Políticas, creado después de la guerra, le condenó a muerte y a sus herederos a una multa económica, según un documento de 4 de mayo de 1940 fechado en Sevilla, no por traición, no por troyano de la causa mora, sino “porque formó parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los años sucesivos hasta 1936 se significó como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz”.

Que nadie lo dude. Si este majadero viviese hoy, es altamente probable que sería uno de esos yihadistas occidentales del Estado Islámico que quema vivos en jaulas expuestas al público a los católicos, rebana con sus cimitarras el cuello de los occidentales que secuestran o despeña desde la azotea de los edificios a los gays que osan ser libres. Todo grabado y retransmitido por internet. Un auténtico tontolhaba con chilaba este caballo de Troya. ¿Creen que exagero? Lean lo que decía el personaje en una entrevista el 11/06/1931 concedida al periodista sevillano Fco. Lucientes en el diario El Sol:

“Los liberalistas [próximos a la anarquista CNT], suprimido ese valladar de esclavitud, vamos más lejos: a unir un latido común por Andalucía a 300 millones de seres a quienes destruyó su cultura la tiranía eclesiástica. Pregunta: ¿Ve ese instante inmediato? Un ‘crack’ en Europa, por ejemplo una nueva guerra, lo produciría automáticamente. Entonces, el 1.200.000 andaluces que viven sus nostalgias de Tánger a Damasco y los 300 millones de hombres de Afro-Asia que sueñan por nuestra cultura, intervendrán para destruir de una vez la influencia del Norte”

Sí, del Norte, de Castilla, de la Cristiandad, de España entera, de Occidente. Lo dice bien claro. Que semejante botarate converso defensor del enemigo secular y gran falsificador de la historia andaluza tenga docenas de estatuas, placas y reconocimiento oficial en Andalucía (cada 28 de febrero es homenajeado en el Día de Andalucía), y aún en España, es un oprobio para la auténtica, católica y castellana Andalucía, la que un día se supo Castilla la Novísima, a la que se mancilla. Más ignominia aún si se tiene en cuenta que el pueblo andaluz, siempre le dio la espalda elección tras elección. Ni un acta de concejal de pueblo, oigan. ¿Se necesita o no la tercera vía, a Castilla la Novísima? Hoy Andalucía vota en elecciones al Parlamento regional. Más que votar, lo que deberían hacer es botar y vomitar al blasinfantismo, al trapo verdiblanco, a cuanto recuerde a esa Andalucía folclórica de charanga y pandereta, flamenco y trajes de gitana incluidos. Eso o acabarán nuestras mujeres vistiendo como cucarachas. Eso o tasas de paro crónicas del 35% (59% entre los jóvenes, cuya tasa de abandono escolar del 33% simplemente sonroja).


¿No a la celebración-conmemoración-homenaje de la Toma de Granada? Naturalmente que sí.

Extremadura leonesa, Extremadura castellana
No quiero terminar sin antes hacer referencia a la bandera de esa otra región española, Extremadura, mitad leonesa, mitad castellana, que también ha caído, aunque en menor medida, en la mitificación de lo árabe o moro como identificativo de lo andaluz-extremeño, pese a que es un hecho probado la desaparición física por expulsión de la totalidad de la población árabe-musulmana y de la disolución de la poca cultura que quedó de éstos en la católico-castellana, cultura que básicamente se reduce a la arquitectura, no así al idioma árabe ni a la religión musulmana. En Extremadura, también se cayó en el pozo ciego de diseñar con aires morunos su bandera autonómica al usar los colores del enemigo, caso menos conocido que el andaluz. ¿Casualidad? En esta España botijera que tenemos, lo dudo.

Toda la basurilla al completo oponiéndose a la celebración de la Toma de Granada por parte de sus ancestros. Vivir para ver. El cubo marxista que todo lo recoge.

Creada en 1977, la bandera-trapo extremeña tampoco escapa a la fascinación islamista posTransición vivida en toda España: en este caso la banda negra, única diferencia respecto de la andaluza, hace referencia a la dinastía aftásida de los emires de Badajoz. Claro que otras versiones aseguran con orgullo que hace referencia al paro, la marginación y el atraso además de a los almohades. ¿Pero cómo se puede sentir orgullo de eso? Tampoco falta quien hace un potaje histórico, sin duda tras fumarse diez porros, mezclando la Orden de Alcántara cristiana con el reino de Léon, el romano Estrabón y la taifa aftasí. Demencial es poco.

Según cuenta la Wikanda, “el negro, el verde, el blanco y el rojo, son los denominados colores “panárabes” (que tanto nos recuerdan a las banderas palestina y saharaui) por ser los usados por el Emir de Hiyaz (actualmente parte de Arabia Saudita) en su revuelta contra el dominio turco en 1917. Cada uno de los colores se identifica con una de las familias descendientes de Mahoma que ocuparon el poder a lo largo de la historia d ela conquista islámica (Lux-Wurm, 2001)”.

“El blanco sería el color del estandarte de Qusay, antepasado de Mahoma, y se considera el color de los Omeyas de Damasco, bajo los cuales se llevó a cabo la conquista de Al-Ándalus [o sea, de Hispania]. Blas Infante, en realidad identificó a los Omeyas con el verde, color también usado por los almohades.

El rojo fue usado por el segundo sucesor y suegro de Mahoma, Omar (634-644), y posteriormente se identificó con la rama religiosa de los ‘puros’ o jariyitas, separados de la ortodoxia y predominantes en los estados del golfo Pérsico. también ha sido siempre el color de los guardianes de La Meca, los hachemitas, actualmente la dinastía reinante en Jordania. Desde el siglo XII fue adoptado por los turcos otomanos.

El negro es el color que cubre la Kaaba, la Piedra Negra objeto de veneración y peregrinación en La Meca. Fue la insignia de la dinastía Califato Abasida y de los almorávides que dominaron Al-Ándalus [Hispania] entre los siglos XI y XII.

El verde está considerado el color propio de Mahoma, por ser el de su turbante, que agitaba en el combate para animar a los suyos, y es el que comúnmente se identifica con el Islam en su conjunto. Más propiamente, es el color con que se identifica a la dinastía Califato Fatimida, que llegó a gobernar sobre todo el Norte de África”.

Todo esto pone de manifiesto el desastre monumental que supuso crear un Estado autonómico basado en regiones, y no en los antiguos reinos hispánicos peninsulares. El desastre está servido, no sabemos ni dónde pisamos ni adónde vamos. Tenemos más CC.AA. que reinos autónomos en el siglo XV.

No todo es carcunda en Andalucía. Hay esperanza. En la foto, I Antorchada Memorial Fernando III Sevilla 1248, de la Asociación Cultural Fernando III, el 22 de noviembre de 2014.


Pendón histórico de la Ciudad de Sevilla, también llamado Pendón de San Fernando, en vigor hasta 1995, cuando Juan Carlos I cambia y entrega a la ciudad la nueva enseña, la del NO-DO, con una excusa tan burda como que “la dificultad de su reproducción impide su popularización”. En la actualidad solo se usa, y no es poco, para tomas de posesión de la alcaldía, entregas de medallas de la ciudad, recepción de jefes de Estado y asistencia con la corporación municipal a la procesión del Santo Entierro. Como bandera histórica de España cuenta con los máximos honores militares. Se procesiona en dos ocasiones al año: en la procesión del Corpus Christi (60 días después del Domingo de resurrección, hacia junio) y en la Procesión de la Espada, cada 23 de noviembre, día de la Toma de Sevilla, por las naves de la catedral. Durante la II República, fue el único período histórico en siglos en que los munícipes se negaron a procesionarla.

El pendón de Fernando III, o de Sevilla, ondeando ante la Catedral de Sevilla.

Origen: Reunificación de Castilla: marzo 2015

 

3 comentarios en “Blas infante: el converso enterrador y desprestigiador de la raíz castellana y católica de Andalucía

  1. Que los apellidos de Blas Infante Pérez de Vargas sean suecos e incluso “inequívocamente” suecos me parece tan absurdo que me pregunto si hay que dejar de tomar en serio esta página. Quieren hacer el favor de explicar de dónde han sacado esa aberración?

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  2. Los exabuptos y demás demagogias están de sobra. A ver, Blas Infante era básicamente un liberal, lo que pasa es que la palabra liberal ahora se entiende por “derechas”, pero el liberalismo es el germen del que surge la democracia y sus secuelas como marxismo, materialismo, anarquismo, etc.

    Como liberal era anticlerical, pero deísta. Su hija, María de los Ángeles Infante, niega su filiación islámica y afirma que habría sido admirador de santa Teresa y de san Juan de la Cruz además de benefactor del convento de Madres Dominicas ubicado en la calle San Vicente de Sevilla.

    Lo de “señorito” es para hacérselo mirar:

    Los Infante sufrieron la crisis económica derivada del desastre de 1898. Por ello, Blas tuvo que dejar el colegio y el último curso de bachillerato lo hizo por libre.

    Desde 1900 trabajó como escribiente en el juzgado de Casares, al tiempo que estudiaba por libre en la facultad de Derecho de la Universidad de Granada, a la que viajaba en los meses de junio y septiembre para examinarse, finalizando la carrera en 1906.

    Así que eso de que “fue a la Universidad de Granada, como los señoritos entonces”, pues ni por asomo, hizo el bachillerato por libre y trabajó de escribiente mientras estudiaba por libre en la Universidad de Granada, todo lo contrario de lo que hacían los señoritos.

    En la época en que los nacionalismo estaban de moda, le tocó a este liberal el conformar el ideario nacionalista andaluz. Que la idea de federalizar o secesionar España es peligroso incluso preoucpante, es cierto, pero era el movimiento de moda entonces. El progresismo liberal de Infante no era muy diferente del de otros liberales como el aragonés Joaquín Costa, que querían romper con lo que consideraban “España Medieval” para dar paso a la “modernidad”. Su “racionalismo”, su anticlericalismo son ideas discutibles, pero no algo abyecto y personal, y tampoco fue un hombre que aparte de escribir, mandara, impusiera o mandara matar, solo un ideólogo andalucista que como tal, vió las raíces islamicas de Andalucía como lo más precioso y el periodo más fructífero de esa región, equivocado o no. No se trataba de un delito.

    Ahora bien, lo de las raíces castellanas y católicas del autor de este artículo es otro dislate igual o superior al de Blas Infante. El pasado cultural, político y arquitectónico más brillante de Andalucía es el de su periodo islámico, no sin razón el monumento más visitado de España es la Alhambra de Granada, pero el catolicismo no está en las raíces de Andalucía, se trata más bien de un injerto, ya que Andalucía estuvo durante la dominación visigoda del centro de la Península, adscrito religiosamente ya fuera a Bizancio, ya fuera al arrianismo, pero nunca a Roma, como bien pudieron comprobar Hermegildo y Recaredo cuando se sublevaron contra su padre arriano Leovigildo e intentaron que los andaluces de entonces se sumaran a su sublevación católica… Lo de las raíces castellanas, bueno, son como las raíces “catalanas” de los valencianos: el hecho de que un rey, aragonés o castellano, te invada y coloque a unos cuantos nobles vizcaínos y leoneses; aragoneses o barcelonís a poner a trabajar al pueblo y a pagar impuestos no se suele recordar con alegría, al menos no tanta como para que se constituyan en raíces de pueblos que tienen antigúedades de miles de años. Precisamente una de las causas del empobrecimiento de regiones como Andalucía, o como en su momento fue el caso de las Baleares, Valencia o Murcia, fue el abuso que de las gentes y riquezas de las poblaciones conquistadas hicieron los “zeñoritos” latifundistas mal llamados “castellanos” o “catalanes”, en cierto modo también la Iglesia, si bien no se debe olvidar que a la vez estabilizaban y hacían sus particulares aportaciones al bien común, como no podía ser de otro modo.

    Menos insultos, menos fomentar el esperpento, la demonización del adversario y más ecuanimidad, seriedad en los datos históricos y en su interpretación, serían de agradecer.

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  3. Y sobre el exquisito trato que dieron los católicos a las mezquitas andaluzas, recordemos que la mezquita de Cordoba se intentó demoler en su totalidad por parte de la Iglesia, fueron las autoridades civiles las que lo impidieron y finalmente se destruyó en parte para edificar una catedral en el interior de la Mezquita. Las iglesias que había en Andalucía era bizantinas, no visigodas, de ello puede informarse estudiando la Iglesia bizantina de Marbella, construida poco antes de la llegada de la religión islámica a la Península pero destruida no por los musulmanes sino por los católicos. Cualquiera que se moleste en estudiar la historia de la llegada al poder visigodo de los obispos católicos sabe que las Iglesias arrianas, asi como sus obispos, fueron pasados por la piedra en un auténtico genocidio del arrianismo, muy similar al que sufrieron los cátaros, los ortodoxos y finalmente los musulmanes de Oriente Medio. La crisitandad católica, ergo “romana”, en el caso de la España medieval de la mal llamada “reconquista” cristiandad franca, ergo feudal, ergo catalana y navarro-vascongada no tuvo el menor respeto por la arquitectura visigoda, porque los visigodos fueron los creadores del arco de herradura que fue precisamente el Islam quien lo enalteció, generalizó y expandió por todo el planeta, mientras que los católicos importaron los estilos arquitectónicos francos, no los autóctonos….

    Por cierto, a ver que día reconocen los datos históricos de la Mezquita de Cordoba, que en esencia son: la Iglesia cristiana, probablemente de planta bizantina fue compartida durante más de 70 años entre cristianos y musulmanes. Posteriormente, al aumentar exponencialmente la población de Cordoba por ser la capital de Al-Andalus y ser cada vez más los musulmanes y mantenerse en minoría los cristianos, estos vendieron a los musulmanes la Iglesia y construyeron con los dineros (aún existen los documentos en los archivos) recibidos una Iglesia aún mayor en terrenos no tan céntricos, Iglesia que sigue en pie. Los musulmanes derribaron el edificio anterior y construyeron una mezquita de nueva planta, Comparemos la supuesta “elegancia” y la supuesta “tolerancia” de las autoridades católicas en comparación con la de las autoridades islámicas de las que nos hace parte el autor de éste artículos e intentemos ser más ecuánimes….

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