¿Dejó de creer en Dios la dirección de Cáritas? – Ignacio Blanco / La Gaceta


Junto al monasterio de Santo domingo de la calzada. Rioja

Resulta hiriente que se hable, en términos generales, de pobreza en España o Europa, cuando la Unión Europea representa el 7% de la población mundial, el 25% de al riqueza y 50% del gasto social en el mundo.

Dios creó el cielo y el infierno, a sabiendas de que muchos se condenarían al fuego eterno. Dios expulsó al hombre y a la mujer del paraíso terrenal, hoy denominado Estado de Bienestar. Dios no impuso su voluntad, sino que creó a los hombres libres para que sus actos determinaran el destino de sus almas. Decidió que con independencia de tu origen, estado, sexo, raza o situación, puedas alcanzar la vida eterna en función de tus actos. Decidió que eres tú, el que debe hacer algo por salvarse espiritualmente, con independencia de lo que hagan los demás. Decidió que vivieras en un mundo injusto, desigual, con pobreza y sufrimiento, para que ante la adversidad seas capaz de lo mejor, pero no te impuso ser bueno.

Todo esto lo cuestiona Cáritas con su Justicia Social y con su proyecto de ingeniería social para lograr un mundo mejor. Un paraíso en la tierra en el que ya no habrá que esperar por el cielo de Dios. Los dirigentes de Cáritas saben que si el Estado les ayuda, y nos impone su visión social, podrán superar a Dios para darnos el cielo en la tierra sin necesidad de espera. Dios se les ha quedado pequeño. Lo que el creador no pudo o quiso hacer, lo conseguirá la actual dirección de Cáritas.

Cáritas realiza una labor asistencial descomunal, cuya ausencia sería terrible para la sociedad española. Cuenta con 84.000 Voluntarios, en 2015 invirtió en ayuda social 330 millones de euros, 55.000 millones de pesetas, de los que un 72,4% procedían de aportaciones privadas y sólo un 27,6% de fondos públicos. Cáritas es un gran operador en el “mercado” de las ONG en las que todas compiten por fondos y por dar un mejor servicio. Cáritas, es mercado, si no lo fuera, habría desaparecido hace tiempo, pues sólo dando un buen servicio puede seguir manteniendo donantes y sacando adelante proyectos. Pero si desaparece, el mercado, los demandantes y oferentes de caridad, encontrarán otro operador que ocupará su lugar.

La extraordinaria labor de Cáritas se está viendo ensombrecida por la deriva político comunista de la organización, a la que la caridad ya no le basta y pretende conseguir una “Sociedad mejor” por la vía de la Justicia Social. La pérdida generalizada de fe, está derivando en una Iglesia, aunque resulta más evidente en Cáritas, en la que la espiritualidad se sustituye por el activismo social. Se pierde fondo para ganar en forma.

Podemos constatar fácilmente esta deriva popular comunista, tras leer la declaración final de la LXXIV Asamblea General de Cáritas del 1 de julio y el deleznable editorial de José Lorenzo, redactor jede de Vida Nueva, del pasado 21 de julio[2], en el que gratuitamente ataca a los feligreses de misa de domingo. Probablemente el Sr. Lorenzo prefiera a los de la Internacional. Está claro que la dirección de Cáritas ha perdido definitivamente la cabeza.

El editorial es repugnante, pueril, falto de argumentación, más allá del pataleo contra quién no comparte la actual podemización de Cáritas, pues equipara a los críticos con la deriva político comunista de Cáritas, con quienes desean la humillación del pobre, los califica como adoradores de Madoff o ser unos ignorantes sobre el cambio climático. Ciertamente Pablo Iglesias o Alberto Garzón, los mismos que acabarían con la Iglesia Católica y Cáritas nada más llegar al poder, no podrían ser más demagogos que el Sr. Lorenzo. Pero lleva razón en una cosa, a muchos no nos gusta la deriva política de Cáritas.

En estos dos artículos, se hace referencia a la gran desigualdad social que exponen los amarillistas informes FOESSA. Una desigualdad entendida como riqueza relativa, en la que el pobre no lo es en términos absolutos, sino que la pobreza se mide en términos de riqueza relativa. Pobre es quien percibe una renta inferior a un 60% de mediana de la sociedad en la que vive, según la European Antipoverty Network. Según esto, la encuesta de condiciones de vida, recoge que el umbral de riesgo de pobreza para los hogares de una persona se situó en 8.011 euros y en hogares compuestos por dos adultos y dos menores de 14 años, dicho umbral fue de 16.823 euros, para 2015. Es a estos pobres a los que se refieren los informes.

Resulta hiriente que se hable, en términos generales, de pobreza en España o Europa, cuando la Unión Europea representa el 7% de la población mundial, el 25% de al riqueza y 50% del gasto social en el mundo. La trivialización de la pobreza, que caracteriza estos informes, perjudica a los más necesitados.

La vía que pretende Cáritas para logar la Justicia Social es la imposición de su visión a través de los órganos coactivos del estado cuando dice su asamblea que “Frente al debilitamiento de las políticas públicas, nuestra propuesta es la de que sean fortalecidas, porque las Administraciones son las garantes de los derechos fundamentales”.

La organización ansía un gran programa de ingeniería social cuando dice “[…] La nuestra es una invitación a involucrarse en la construcción de un modelo social acogedor, auténticamente fraterno, accesible para todos y basado en un crecimiento económico respetuoso con la Creación, sin excluidos ni empobrecidos. […] invitamos, una vez más, a replantearnos el modelo de sociedad que queremos construir y las oportunidades por las que estamos dispuestos a trabajar para transformar la realidad […]”. Transformar la realidad social, puede amparar cualquier aberración. Muchos quisieron alterar la realidad social con resultados funestos a lo largo de la historia.

Repudia el mercado, del que es parte, pues más del 70% de sus recursos son privados, como repudia los acuerdos voluntarios entre las partes, cuando dice que “[…] Frente a un modelo de sociedad de consumo donde el mercado se concibe como el único espacio donde satisfacer toda necesidad, nuestra propuesta es la lógica del don y la caridad dentro de una Iglesia en salida, en las periferias y comprometida en el servicio a los últimos.”. Cáritas denuncia el mercado del que vive, un mercado con demanda y oferta, con demandantes de ayuda y con personas que satisfacen sus necesidades ayudando.

Cáritas es contraria a la Libertad Individual y así dice que “Frente a la tentación de un discurso centrado en el individualismo, en el que cada uno debe ser el único garante de su propio bienestar, nuestra propuesta es la comunidad”. Una comunidad a la que otros llaman la gente, el pueblo y en cuyo nombre todo es posible, cuando se suprime al individuo.

Cáritas ha perdido la confía en la naturaleza del ser humano, ha perdido la confianza en el criterio de Dios. Un Dios que crea de la nada y nada impone o pide a cambio. Cáritas se ha vuelto arrogante, sabe mejor que nosotros y mejor de Dios la sociedad que ha de venir. El Nuevo Hombre que denominaron otros.

Esta desnortada visión de Cáritas en lo político y la falta de criterio en lo económico, la impide constatar que la desigualdad y la pobreza se ha reducido, no gracias a las ONG, a los Estados o a religión alguna, sino al libre mercado. En 2015, 702 millones de personas viven en condición de extrema pobreza en el mundo, 300 millones menos que en 2011, y ya representan sólo el 9,6% de la población mundial, según el Global Monitoring Report 2015 del Banco Mundial. Este informe, considera que se encuentran en la situación más vulnerable quienes subsisten con menos de 1,90 dólares al día (1,6 euros) o 60 dólares mensuales. En 1990 esta situación afectaba al 37,1% de la población mundial, en 1999 al 29,1%, reduciéndose al 14,1% en 2011 y al 9,6% en 2015. Es la primera vez en la historia de la humanidad que menos del 10% de la población del mundo se encuentra en situación de extrema pobreza. Esto es, el 90% de la población (6.600 millones) habría escapado de la extrema pobreza, situación que en cercano siglo XIX era la habitual. Y todo esto no ha sido gracias a Cáritas, ni a las ONG, ni a los Estados, que apenas han contribuido a reducir la pobreza con sus políticas redistributivas, ha sido gracias a la libertad económica que se ha otorgado a los desfavorecidos. Unos desfavorecidos que necesitan más libertad y menos caridad.

El 1.820 la renta percápita mundial era de 1.130 dólares anuales, frente a los 12.400 en 2010, mientras que la población era entonces de 1.050 millones de personas para rebasar hoy los 7.000 millones. Si en 1.820 se hubiera atendido la Justicia Social de Cáritas y se hubiera decidido repartir lo que había, en lugar de crear las condiciones para generar más riqueza, hoy estaríamos viviendo con 161,43 dólares al año. Y todo ello en un escenario de grandes innovaciones técnicas, que en lugar de destruir trabajo, otro mantra de la nueva izquierda, ha posibilitado un crecimiento sin precedente de la riqueza y el empleo en el mundo. Los robots no acabarán con el empleo, permitirán explorar campos de actividad impensables hoy en día y que darán ocupación a muchas más personas de las que podemos imaginar. Y todo ello unido a que los países más libres en lo económico son aquéllos con mayor nivel de bienestar para sus ciudadanos y que más protegen su medio ambiente. El excluido social se preocupa más por su subsistencia que por el medio ambiente.

Organizaciones como Cáritas, Intermon Oxfan, o el propio Papa Francisco (“el liberalismo mata”), hacen un flaco favor a los pobres del mundo, atacando la libertad económica, el liberalismo, o vinculándolo con la desigualdad, que enarbolan como el mal del siglo XXI. Vivimos en el planeta menos desigual que ha existido, precisamente gracias a la Libertad y no a las Administraciones Públicas. Como bien apuntó Barak Obama, enmendando al Papa Francisco, “lo que demuestra la historia y la estadística es que el capitalismo ha reducido el hambre y la pobreza a través del salto tecnológico iniciado en la revolución industrial”.

En este punto me interesa recordar las palabras de Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI, cuando alerta de que la principal amenaza de nuestro tiempo es el endiosamiento de la razón humana, que mediante la pseudociencia pretende construirse hoy el nirvana, convirtiendo al estado en el becerro de oro facilitador de un estado de bienestar que todo lo da. Benedicto XVI en su encíclica Spe salvi (30) dice que “[…] la época moderna ha desarrollado la esperanza de la instauración de un mundo perfecto que parecía poder lograrse gracias a los conocimientos de la ciencia y a una política fundada científicamente. Así, la esperanza bíblica del reino de Dios ha sido reemplazada por la esperanza del reino del hombre, por la esperanza de un mundo mejor que sería el verdadero « reino de Dios ». […] También resultó evidente que ésta era una esperanza contra la libertad, porque la situación de las realidades humanas depende en cada generación de la libre decisión de los hombres que pertenecen a ella. Si, debido a las condiciones y a las estructuras, se les privara de esta libertad, el mundo, a fin de cuentas, no sería bueno, porque un mundo sin libertad no sería en absoluto un mundo bueno.”

Cáritas, en contra de lo que apunta Benedicto XVI, pretende cercenar nuestra libertad, acabar con la libertad de muchos para dar satisfacción a su anhelo de reino del hombre, a su anhelo del cielo en la tierra. Cáritas ha perdido la fe en Dios y en el ser humano, abrazando al becerro de oro del estado de bienestar, que hasta Jesucristo rechazó. Dios hecho hombre, con todo su poder, nunca quiso ejercerlo. Jesucristo multiplicó los panes y los peces una sola vez, renunció, en su omnímodo poder, a crear el estado de bienestar mediante la multiplicación milagrosa de alimentos.

Juan Pablo II refería necesario evitar la injerencia del Estado de Bienestar, como estructura superior en una estructura social inferior. Consideraba el mercado la mejor cadena de solidaridad que existe, pues se extiende indefinidamente. Consideraba que los beneficios empresariales son positivos, pues cuando se producen significa que la empresa se ha gestionado correctamente y se han satisfecho las necesidades que pretendía cubrir. Juan Pablo II conoció los rigores del comunismo, a diferencia de los dirigentes de Cáritas que sin haberlos sufrido parecen anhelarlos.

Confunde Cáritas la dignidad con la ausencia de carencias económicas. Confunde la Libertad entendida como ausencia de coacción, con la libertad como ausencia de necesidades. Pero la ausencia de necesidades sólo puede conseguirse mediante la coacción, obligando a unos a atender las necesidades de otros. La organización pretende obligar a quien no es caritativo a que lo sea con la ayuda de las administraciones pública, pero eso no será entonces caridad, será esclavitud.

El acercamiento de Cáritas a las Administraciones Públicas, al Estado, que no es el garante de unos derechos humanos que ya existían mucho antes de su aparición, su anhelo por acercarse y valerse del poder del hombre es un error. Deberían leer, los dirigentes de Cáritas, a San Lucas 4, versículos 1 al 13, cuando el demonio subió a Jesucristo a una montaña, tras los 40 días en el desierto, le mostró todos los reinos del mundo y le ofreció todo el poder y la gloria de esos reinos, porque eran suyos. Estos mismos Reinos, Estados, Administraciones Públicas, que Jesucristo rechazó, son de las que Cáritas quiere servirse para imponernos su Justicia Social, su visión del mundo. Una Justicia Social, que se equipara a igualdad forzada. Una igualdad que sólo podría lograrse mediante la imposición y que agravaría la situación de los más desfavorecidos, pues a lo largo de la historia los experimentos igualitaristas han resultado siempre en miseria y muerte.

Esperemos que Cáritas no llegue nunca a gobernar, porque su deriva político comunista o podemita, conllevaría a que nos impusiera su visión social, un mundo sin libertad y usando palabras de Benedicto XVI la esperanza del reino del hombre, en sustitución del reino de Dios, es una esperanza contra la libertad, y un mundo sin libertad no sería en absoluto un mundo bueno.

Fuente: La Gaceta

Un comentario en “¿Dejó de creer en Dios la dirección de Cáritas? – Ignacio Blanco / La Gaceta

  1. Este artículo es lo mejor que he leído hace mucho, yo ha dejado de ayudar a Caritas, que lo hagan desde los correligionarios procomunistas que ahora dirigen Caritas. Me alegré porque lo importante es ayudar a los necesitados (lo que pasa es que ahora me fio menos de que lleguen las ayudas por el tipo de gente que dirige Caritas. Y voy a hacer lo mismo con M.U. porque me parece que van por el mismo camino.
    Hay que ayudar a la Iglesia misionera y a la Iglesia necesitada.
    De todas formas que gran culpa de esto la tiene la nueva dirección del Vaticano.
    Soy cristiano y católico pero no digo Amen a todo lo que ha hecho el Vaticano en la historia y por lo que veo, ahora menos que con los anteriores dos o tres papas.

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