El dia en que “La Pasionaria” señalo y condeno a Calvo Sotelo

La portavoz del grupo parlamentario del PCE, Dolores IbarruriLa Pasionaria” arremetió en el congreso de los diputados contra los principales líderes de la derecha, el jefe de la CEDA, José Maria Gil Robles y el del bloque Nacional, José Calvo Sotelo, considerado como el jefe de la oposición. La Pasionaria Les culpo personalmente de los ataques violentos de Los falangistas:

“Señores de Las derechas, vosotros venís aquí a rasgar vuestras vestiduras escandalizados y a cubrir vuestras frentes de ceniza, mientras, alguien que vosotros conocéis y que nosotros no desconocemos tampoco, manda elaborar uniformes de la Guardia Civil con intenciones que vosotros sabéis y que nosotros no ignoramos”

-A Gil Robles: “Fueron tan miserables los hombres a los que usted encargo aplastar el movimiento (la revolución de Octubre), y llegaron a extremos de ferocidad tan terribles que no son conocidos en la historia de la represión en ningún país”.

-A Calvo Sotelo: “Cómplice de miserables asesinos de ahora y de antes, para vergüenza de la Republica aún no se ha echo justicia con él. Y si hay generalatos reaccionarios que, en un momenta determinado azuzados par Calvo Sotelo pueden levantarse contra el Poder del Estado, habrá soldados del pueblo que sabrán meterlos en cintura”

Tras la arrogante contestación del Sr. Calvo Sotelo, que fue considerada por los diputados de la izquierda como un ataque directo al sistema parlamentario y un manifestó a favor de la dictadura (Calvo Sotelo llega ha asegurar que no Le molesta que le considerasen “fascista”) se produjeron fuertes abucheos.

Varios diputados de la derecha aseguraron que “La Pasionaria” comento desde su escaño “este hombre ha pronunciado su ultimo discurso”. Salvador de Madariaga (Ministro de la Republica, diplomático y candidato a nobel de la paz) y el diputado de ERC Jose Tarradellas, presentes en el hemiciclo aquel día, así lo cuentan en sus memorias.

“Me acuerdo del día que Dolores Ibarruri le dijo a Calvo Sotelo aquello de «has hablado por última vez», porque yo me sentaba en un escaño muy cercano al de Calvo Sotelo”.

 Josep Tarradellas (entrevista por Pilar Urbano); Revista “Época“, nº 33; 1985; p. 26.)

“Dolores Ibarruri, la Pasionaria, del partido comunista de las Cortes, le gritó: «Este es tu último discurso» Y así fue”Salvador de Madariaga, diputado republicano en cortes; España: ensayo de historia contemporánea; 1979, pg. 384.


El día 5 de octubre,  la UGT havbia declarado la huelga general. Lerroux reaccionó proclamando el estado de guerra. Así pues, comenzó el movimiento huelguístico e insurreccional decretado por el Comité Revolucionario socialista presidido por Francisco Largo Caballero, aunque en la mayor parte del país fracasó. En Madrid destacó la inactividad, al igual que ocurrió en Extremadura, Andalucía y Aragón. En las Provincias vascongadas hubo alguna otra actividad destacada que fue rápidamente sofocada, como también ocurrió en Barcelona y el resto de Cataluña, pero en Asturias la alianza obrera triunfó.

A lo largo de la noche del 4 se suceden los ataques a los cuarteles de la Guardia Civil y de Asalto de Olloniego, Mieres, Ujo, Santullano, Turón, Sama, Ciaño, El Entrego, Barredos, Pola de Laviana y otros. Fueron enviados refuerzos urgentes a Mieres y a Sama, pero los primeros no pudieron pasar de Manzaneda, donde los de Asalto primero, y unidades del Ejército después, fueron incapaces de vencer la resistencia que varios grupos de mineros ofrecieron a su avance, y regresaron a Oviedo temiéndose lo peor. El manifiesto firmado por el Comité de Alianzas Obreras y Campesinas de Asturias lo dejaba claro:

«Tras nosotros el enemigo sólo encontrará un montón de ruinas. Por cada uno de nosotros que caiga por la metralla de los aviones, haremos un escarmiento con los centenares de rehenes que tenemos prisioneros”. Así fue. Oviedo quedó destrozado, pero hubo  insurrecciones también en el concejo de Pola de Siero, donde los comités revolucionarios de mayoría socialista atacaron y rindieron los cuarteles de la Guardia Civil, y a continuación se distribuyeron armas y se organizó la defensa. En Trubia, los obreros de la fábrica de armas actuaron con rapidez y contundencia rindiendo a la Guardia Civil y a la guarnición militar que custodiaba la factoría; en Grado, el comité de mayoría comunista dominó la población e izó la bandera roja en el Ayuntamiento; en Avilés, los insurrectos consiguieron hundir el buque Agadir en la bocana del puerto para impedir la arribada de unidades de la flota. En Luarca la localidad más poblada del oeste de Asturias, no hubo insurrección porque la Guardia Civil detuvo al comité revolucionario antes de iniciarse el movimiento.

A los tres días de iniciada la insurrección buena parte de Asturias ya se encontraba en manos de los mineros, incluidas las fábricas de armas de Trubia y La Vega que se pusieron a trabajar día y noche. En toda la provincia se organizó un Ejército Rojo, que al cabo de diez días llegó a alcanzar unos 30.000 efectivos, en su mayoría obreros y mineros. Además de los principales líderes sindicales y obreros, destacó Francisco Martínez Dutor, antiguo sargento que había participado en la Guerra de África y estaba afiliado a la UGT, el cual se convirtió en el asesor militar de la dirección revolucionaria, aunque su participación no es tan recordada como la de otros líderes.

Desde el gobierno consideraron que la revuelta asturiana es una guerra civil en toda regla, −aún desconociendo que los mineros empiezan a considerar en Mieres la posibilidad de una marcha sobre Madrid−, por lo que el gobierno adopta una serie de medidas enérgicas. Ante la comunicación de Gil-Robles a Lerroux exponiéndole que no se fíaba del jefe de Estado Mayor, general Masquelet, los generales Goded y Franco (que tenían experiencia al haber participado en la represión de la huelga general de 1917 en Asturias) son llamados para que dirijan la represión de la rebelión desde el Estado Mayor en Madrid. Estos recomiendan que se traigan tropas de la Legión y de Regulares desde Marruecos.

El gobierno acepta la propuesta de los generales Franco y Goded y el radical Diego Hidalgo, ministro de la Guerra, justifica formalmente el empleo de estas fuerzas profesionales porque eran las únicas fuerzas militares españolas experimentadas por sus combates en África, (aprovechaban con ello el pánico que causaban los soldados marroquíes). Lo cierto también es que con la utilización de esas tropas, evitaban el problema que podían crearle las posibles muertes de jóvenes peninsulares.

Pero para entender bien esta época, y en especial el tumultuario periodo que transcurre desde el 16 de febrero al 15 de junio de 1936, remitimos a la sesión parlamentaria celebrada el 16 de junio de 1936 en el Congreso de los Diputados, cuyo tema de discusión, precisamente, fue una propuesta defendida por el grupo de Gil Robles con el expresivo título de «El estado subversivo de España». Se encabezaba con las siguientes palabras: «Las Cortes esperan del Gobierno la rápida adopción de las medidas necesarias para poner fin al estado de subversión en que vive España». En su discurso enumeró, entre otros, los siguientes sucesos: «Iglesias totalmente destrozadas, 160; asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos, intentos de asalto, 251; muertos, 269; heridos de diferente gravedad, 1.287: agresiones personales frustradas o cuyas consecuencias no constan, 215; atracos consumados, 138; tentativas de atraco, 23; centros particulares y políticos destruidos, 69; idem. asaltados, 312; huelgas generales, 113; huelgas parciales, 228; periódicos totalmente destruidos, 10; asaltos a periódicos, intentos de asalto y destrozos, 33; bombas y petardos explotados, 146; recogidas sin explotar, 78»[2].

En el Acta de la Sesión quedaron reflejadas estas cifras. No existió discrepancia alguna acerca de ellas, ni ese día ni en las siguientes sesiones, por tanto, se pueden considerar como exactas las cifras aportadas, aunque ahora, como siempre,  se quiera convencer de lo contrario.

Gil Robles era consciente de que el plan de actuación del Frente Popular estaba totalmente supeditado a las órdenes dictadas por la  Internacional Comunista. Por ellas, el Frente Popular debería suspender durante el periodo electoral la violencia contra la Iglesia, la burguesía y los políticos de la derecha, para una vez lograda la asociación con los partidos republicanos que no se habían adherido previamente al Frente Popular creado el año anterior, cumplir con el programa pensado y aprobado, regresando a las agresiones, aumentándolas, para así obtener “el dominio total del poder, al cual hay que llegar utilizando todos los medios” Al Frente Popular, en esas fechas sólo le faltaba controlar al ejército, de ahí que en la Sesión de Cortes del 16 de junio la institución castrense estuviese en “el ojo del huracán”.

El programa oficial estalinista del Frente Popular incluíala independencia del Marruecos español; la liberación de las “naciones oprimidas”: Cataluña, Vascongadas y Galicia; la confiscación de todas las tierras de la Iglesia y de los terratenientesarmar a obreros y paisanos del Frente Popularla confiscación o control de bienes y empresas y anular todas las deudas adquiridas por campesinos y pequeños comerciantes con la banca, que, en siguientes etapas, sería nacionalizada[3]. Valiéndose de los Sindicatos, movilizaban las masas adictas para lograr los fines proyectados, creando el clima propicio para dar paso a paso el último giro a la izquierda, consistente en llegar a regirse por un régimen estalinista, como bien se expresó ese deseo en el Parlamento el día de proclamación del triunfo del Frente Popular. En ese momento la Internacional fue cantada en él, puño en alto, mientras  Dolores Ibárruri, “Pasionaria“, diputada por el Partido Comunista de España, PCE, arengaba: “Hay que comenzar por encarcelar a los patronos que se niegan a aceptar los laudos del gobierno, hay que encarcelar a los que con cinismo sin igual, llenos de sangre de la represión de octubre, vienen a exigir responsabilidades (…)“.

Por si fuera poco, definió la revolución de octubre de 1934  como romántica (1500-2000 muertos y 15 000-30 000 detenidos) y acusó  a Calvo Sotelo de “azuzar a los generalitos para levantarse contra el Poder del Estado (…) el estallido de octubre, octubre glorioso, significó la defensa instintiva del pueblo frente al peligro fascista… miserables los hombres encargados de aplastar el movimiento“. (De ahí que al general Eduardo López Ochoa, no le perdonaran su misión de pacificar dicha revolución y aprovechando que, indefenso, estaba hospitalizado en el Hospital Gómez Ulla,le cortaran la cabeza, y la pasearan por el barrio). Cerró su discurso Ibárruri refiriéndose a los componentes de la oposición, con la frase “nosotros no debiéramos tolerar que se sentasen ahí”.

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Por su parte, el pontevedrés José Calvo Sotelo (fundador del Bloque Nacional, grupo parlamentario que englobaba a varios pequeños partidos, y que había obtenido la plaza de diputado en Cortes siendo miembro de Renovación Española), expresó que “España vive sobrecogida (…) por todas partes, desorden, pillaje, saqueo, destrucción” y denunció que : “Se está desatando en España una furia antimilitarista que tiene su arranque y origen en Rusia y que tiende a minar el prestigio y la eficacia del Ejército español” y continua defendiéndole:  en Asturias se ha asesinado y torturado por cientos a hombres indefensos. Se ha robado, se ha incendiado”.

“La Pasionaria” entonces, gritando sin tener turno oratorio, advirtió a Calvo Sotelo que era la última vez que hablaba en el Congreso: “Este es tu último discurso”. Calvo Sotelo, respondió, dirigiéndose al presidente que acababa de recriminarle por su percepción acerca del significado del ejército, solicitando que rectificase“Yo tengoseñor Casares Quiroga, anchas espaldas (…) Lo repito: mis espaldas son anchas; yo acepto con gusto y no desdeño ninguna de las responsabilidades que se puedan derivar de actos que yo realice, y las responsabilidades ajenas, si son para bien de mi patria y para gloria de España, las acepto también (…) Señor mi vida podéis quitarme, pero más no podéis. Es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio”.

En la sesión parlamentaria del 1 de julio de 1936, el diputado socialista Ángel Galarza Gago ratificó la amenaza de la Pasionaria, legitimando el empleo de la violencia contra Calvo Sotelo por “erigirse en jefe del fascismo y querer terminar con el Parlamento y los partidos”. Galarza continuó su discurso dirigiéndose a Calvo Sotelo:  Pensando en Su Señoría, encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida”. Los diputados de centro y derecha protestaron con fuerza. En el tumulto originado se oyó a la Pasionaria gritar “hay que arrastrarlos”[4] Fieles discípulos de sus maestros, Galarza, el creador del cuerpo de  Guardias de Asalto, imitó a Pablo Iglesias Posse, quien, en el mismo lugar el 7 de julio de 1910, se había dirigido a Antonio Maura,  líder de los conservadores, con estas palabras: “Hemos llegado al extremo de considerar que antes que su Señoría suba al poder debemos llegar al atentado personal“. Y cumplidores de su palabra, 15 días más tarde el militante socialista Manuel Posa Roca hirió con dos disparos a Antonio Maura. No se encontró, o no se quiso encontrar, relación directa entre Pablo Iglesias y el frustrado magnicida. Así pasará con el de Calvo Sotelo hasta que muchos años después los historiadores saquen a la luz los hechos.

De los motivos iniciales, Núñez Morgado refiere lo siguiente: «En Madrid, como en toda España, ya lo hemos repetido, todos los días tenían lugar atentados y crímenes. En el entierro de un Guardia Civil, en los primeros días de julio, cayeron heridos a bala varios jóvenes derechistas que acompañaban el féretro. Entre otros, el joven Andrés Sáinz de Heredia, a quien se supuso, con fundamento, que había caído derribado por bala disparada por el Teniente de los Guardias de Asalto, señor Castillo ardoroso militante marxista e instructor de las milicias social comunistas. Amigos de aquél buscaron compensación en la venganza. Y en nueva réplica de odio y venganza el capitán Femado Condés creyó el momento de vengar a su colega Castillo.

El 14 de julio estaba convocada otra sesión en las Cortes. En ella, Calvo Sotelo seguiría defendiendo tanto la necesidad como la aptitud de las fuerzas armadas españolas, pero no le dejaron. En la madrugada del 13 de julio, José Calvo Sotelo  fue obligado a salir de su domicilio, siendo asesinado, a continuación, por un grupo de milicianos socialistas gubernamentales, miembros de “La Motorizada” vinculados al político Indalecio Prieto. Entre ellos, su escolta, el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés y quien fue su guardaespaldas Luis Cuenca Estevas, autor material del asesinato y con anterioridad del de Matías Montero.

La importancia de este hecho la reflejó el propio Indalecio Prieto en “El Liberal” de ese mismo día: “La trágica muerte del Sr. Calvo Sotelo servirá para provocar el alzamiento (…) Será una batalla a muerte, porque cada uno de los dos bandos sabe que el adversario si triunfa no la dará cuartel.”

Fuente: La tradicion viva

3 comentarios en “El dia en que “La Pasionaria” señalo y condeno a Calvo Sotelo

  1. Pues está señora goza de una estatua de bronce frente al ayuntto de Leganés Casa del Reloj servicios administrativos. Y el Ché Guevara otra frente al teatro abierto Egaleo…entre otras cosas.

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