Salvar a Machado – José María Rondón @josemariarondon

Juan Ramón Jiménez intentó sin éxito sacar al poeta de España a comienzos de 1938 como invitado de la Universidad de La Habana

Salvar a Machado

“Murió y fue enterrado en Font Romeu, Francia, el 18 de julio de 1936 a los 48 años”. Juan Ramón Jiménez anunció en estas pocas líneas su propia muerte, a imitación de la de Antonio Machado, el día del estallido de la Guerra Civil en un pueblo del Pirineo francés, situado a poco más de cien kilómetros de Colliure. “Su viuda Zenobia Camprubí Aymar comunica la desgracia sus amistades”, remata la nota necrológica recogida en Guerra en España, prosa y verso (1936-1954), un libro extraño a medio camino entre el diario y el archivo donde el poeta onubense reconstruyó sus actividades, sus preocupaciones y sus padecimientos durante la contienda bélica y el exilio.

El fallecimiento de Machado fue, sin duda, uno de los sucesos de más fuerte impacto en todos aquellos años para Juan Ramón. Con él tenía lazos de afecto y respeto inquebrantables, a pesar de que en los últimos años en Madrid su desacuerdo estético con la evolución del autor de Campos de Castilla los había distanciado sensiblemente. Cinco días después de la muerte del sevillano, Zenobia escribe en sus diarios: “Dejó caer la cabeza con pena al enterarse de la muerte. Con lo que había intentado que lo invitaran a la Universidad de La Habana. […] Ahora es más grande su dolor por no haber podido ayudarle. Quizás se hubiera salvado”.

OPERACIÓN FRACASADA

Esta enigmática anotación final alude a las gestiones emprendidas por el poeta de Moguer a lo largo de 1938 ante el ministro representante de la República en Cuba, Carlos Montilla, con el fin de lograr un contrato o una invitación de la Universidad de La Habana –ciudad en la que residía entonces el matrimonio– para que Antonio Machado pudiera salir de España y, en consecuencia, salvar la vida. En su argumentación, Juan Ramón expone, con convencimiento, que este tipo de “actividades científicas y estéticas, imperio del espíritu, serán el verdadero camino de la realidad futura”.

Sin embargo, Zenobia arroja luz al fracaso de la iniciativa. La esposa del poeta anota el 20 de julio de 1938: “Llamó a Montilla enseguida tratando una vez más de que invitaran a Machado a la universidad. Ni Montilla ni [José] Gaos parecen querer que venga Machado y ponen tropiezos”. Entre los motivos, al parecer, la frágil salud del sevillano, quien, además, tenía entonces a su cargo a su madre, su hermano y a toda la familia de éste. No obstante, nunca se le dio la oportunidad de negarse a aceptar oferta alguna para viajar a Cuba y, quién sabe, quizás salvar la vida.

MANIPULACIÓN HISTÓRICA

Tal como puede rastrearse en Guerra en España, la muerte de Machado también provocó en Juan Ramón una especie de reacción airada contra una parte de los exilados que lo encumbraron como símbolo de las ideologías de izquierda y que, según el poeta, tergiversaron su imagen en beneficio propio. En el texto titulado A propósito de la muerte de Machado, el onubense se muestra indignado por la manipulación histórica que, ya desde 1939, dio en oponer su figura a la del sevillano, viendo en éste el adalid del compromiso social y en Juan Ramón un esteta completamente ajeno a los problemas del siglo.

Esta deriva obligó al autor de Diario de un poeta de recién casado a componer un libro como Guerra en Españacuyo contenido agrupó en tres sobres que se conservaron en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. “En este libro, mi intervención de hombre y poeta en la política de España, unida a mi trabajo normal. Eso es lo que yo creo que debe hacer un hombre en la guerra si no puede pelear con los puños: realizar su trabajo como hombre vocativo y ayudar a su idea social como hombre de la realidad cotidiana”, justifica Juan Ramón en una nota autobiográfica.

juan ramon jimenez

Juan Ramón Jiménez y Zenobia Campubrí, fotografiados en San Juan de Puerto Rico el 17 de octubre de 1956

LA INFLUENCIA DE LA GUERRA

Hace unos años, Soledad González Ródenas completó para el sello Point de Lunettes el trabajo iniciado tiempo atrás por Ángel Crespo, quien publicó algunos textos, documentos e imágenes de Guerra en España en Seix Barral. Pero aquella primera edición fue algo así como “una versión abreviada” del libro que ideó Juan Ramón, al descartarse por motivos económicos muchas de las fotografías y suprimir los detalles de los episodios más polémicos –entre ellos, el asalto que sufrieron los bienes del poeta onubense en su piso madrileño de la calle de Padilla en abril de 1939– por temor a represalias legales.

“En definitiva, el libro muestra cómo afectó la Guerra Civil y el largo exilio al desarrollo de su vida y de su obra, que no es otra que la de uno de los intelectuales más reseñables de la República, y la del poeta que mayor influencia ha ejercido en la lírica contemporánea en lengua hispana, ya sea por adhesión o por rechazo de su estética”, ha afirmado González Ródenas. Así, Guerra en España desborda el concepto de libro para convertirse en un archivo misceláneo y, en ocasiones, insólito que ofrece la imagen más completa y menos convencional de la vida de Juan Ramón a partir de 1936.

ANTIFRANQUISTA

A ojos del poeta, el libro está lleno de muertos. Murió Machado. Y murió asesinado Lorca, cuyo crimen promete aclarar “con datos esclarecedores”. También lo hizo su sobrino y ahijado, Juan Ramón Jiménez Bayo, en el frente de Alfambra (Teruel), y su hermano Eustaquio, padre de áquel. A estos episodios se unen entrevistas, conferencias y artículos inéditos o publicados una sola vez de manera dispersa en revistas o periódicos. Otras veces, recortes de prensa a los que Juan Ramón añadía los pies de foto: “Los defensores de la ‘Civilización cristiana occidental’. Chulería y taberna. La chulapona y los bajos. Coro”, escribe bajo una foto de Franco y sus generales.

En esta línea, sabemos que el poeta tachó los nombres de los firmantes de un manifiesto a favor de la República que regresaron a España antes de 1945 (Menéndez PidalMarañón y Pérez de Ayala, entre ellos). Y que nunca le perdonó a Jorge Guillén que pronunciara el 12 de octubre de 1936 el discurso en la Universidad de Sevilla ante el general Queipo de Llano. Igualmente, el poeta rompió un jugoso acuerdo con Espasa-Calpe Argentina al saber que la editorial estaba siendo forzada desde España a rescindir contratos con autores leales a la causa republicana. Y prometió, y así lo hizo, que nunca regresaría a España mientras Franco estuviera en el poder

Origen: Salvar a Machado

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