Agresiones – Antonio Escohotado

Lo hilarante del momento es que la sedición sea políticamente correcta, la violencia se finja, y quienes proponen una verdad distinta de la realidad de las cosas crezcan en número

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Pensaba escribir sobre el derecho de secesión, que años atrás me tuvo debatiendo con Fernando Savater, a quien acabé dando toda la razón en el caso vasco, cuando parece mucho más urgente empezar sopesando la metamorfosis del término ‘violencia’. Compruebo que expresiones como abuso de fuerza y brutalidad desmedida se emplean para describir la actuación policial en Barcelona desde la Semana Trágica (1909) a las Jornadas de Mayo (1937) y al 1-O de 2017 —sin ir más lejos, este lunes la alcaldesa apareció “horrorizada ante tanta violencia”—, aunque los muertos fueron pasando de miles a cientos, y de cientos a dos heridos leves por arma blanca, con un caballero comprensiblemente molesto por un pelotazo de goma en uno de sus ojos.

¡Qué inmenso progreso, no matar a mansalva, sacando de sus féretros a las odiadas monjas, y tampoco tomarla con los trotskistas y los anarquistas! Pero ¿por qué no reconocerlo? Tuvimos cuatro guerras civiles en un siglo, dos de ellas disfrazadas como carlistas, y en 1937 la pendencia entre PC y POUM suscitó salvajadas tan peregrinas como situar un cañón a tres metros de un cine lleno y dispararlo. No obstante, es hoy cuando Podemos habla de “800 heridos, orden de apalear ancianos y reino de la represión”. En paralelo, y suponiendo que nadie amenaza ni tira objetos a los antidisturbios, Pedro Sánchez desautoriza las “cargas policiales”: en vez de ello permanecerán estoicamente donde están, o irán despacito de aquí para allá. En otro caso, los oráculos del buenismo —’NY Times’, ‘Washington Post’, ‘Le Monde’— denunciarán la “desproporcionalidad”.

Los hermanos Gasol se preguntan “¿era la violencia necesaria?”, y me pregunto qué término emplearían para describir lo habitual aquí durante los sesenta

Los hermanos Gasol se preguntan “¿era la violencia necesaria?”, y me pregunto qué término emplearían para describir lo habitual aquí durante los años sesenta, cuando los universitarios provocábamos con manifestaciones a una policía normalmente montada, y el Tribunal de Orden Público dictaba todavía sentencias de muerte. Para entonces, la dictablanda franquista sustituía la ferocidad del periodo previo, por más que en España nunca hubo un reino remotamente tan largo y atroz de represión como en la URSS y sus émulos. Por ejemplo, juraría que Manuela Carmena y yo corrimos al menos una vez dentro del mismo grupo, sin sentirnos mártires ni héroes, aunque cada uno de aquellos manifestantes se jugase infinitamente más que quien rompe hoy los cristales de una furgoneta policial, para llenarla con basura de contenedores.

¿Valdrá ‘violencia’ para circunstancias tan distintas? Oigo decir que la RAE está a punto de reconocer el término ‘posverdad’, atribuyéndole el sentido de algo no vinculado con el estado real de cosas sino con sentimientos momentáneos particulares, según propone el llamado relativismo posmoderno. Quizá recuerden que la biblia de este movimiento fue ‘Mil mesetas’, de Deleuze y Guattari (1980), que propuso dinamitar el capitalismo sustituyendo al indeciso proletariado por la actitud esquizofrénica, e inspira hoy al profesor Negri.

La posverdad abre camino a portentos, como que dos horas después de concluir la consulta, el portavoz del Govern, Jordi Turull, disponga de los respectivos porcentajes: más del 90% apoya la independencia, y un 7,8% lo contrario. Entretanto, vimos a una señora de mi edad cubierta de sangre, y a un adolescente en la misma tesitura, aunque las imágenes sean al parecer de 2012, una tomada en Austria y otra en Italia. Bastante más claro es ver cómo se cae una urna camino del colegio electoral, esparciendo muchas papeletas metidas ya en sus sobres, o los repetidos ejemplos de personas que votan varias veces; pero es perder el tiempo insistir en lo absurdo de comicios obstaculizados.

Lo hilarante del momento es que la sedición sea políticamente correcta, la violencia se finja, y quienes proponen una verdad distinta de la realidad de las cosas crezcan en número o se mantengan estables. Siete décadas sin guerras en el occidente europeo, y otro tanto de crecer la opulencia, promueven un crecimiento exponencial de la cobardía a ambos lados del espectro político. Para culminar la pantomima, un leninista declarado como Iglesias pide “una mayoría restauradora de la democracia”. La agresión no necesita consumarse, basta con que sea posverdadera.

*Antonio Escohotado es un pensador, ensayista y profesor universitario español

Origen: Referéndum Cataluña 1-O: Agresiones. Blogs de Tribuna

4 comentarios en “Agresiones – Antonio Escohotado

  1. El 3 de octubre, día de huelga general decretada desde las estructuras administrativas del Estado de la Generalitat, oía en la radio una entrevista a un comerciante de Barcelona. Se quejaba de que los radicales sediciosos, al cerrar Mercabarna le habían impedido abastecerse para abrir su tienda, así como de que le habían estado coaccionando para que no abriera. Al mismo tiempo estaba en contra de que la Policía Nacional y la Guardia Civil utilizasen la fuerza para restablecer el orden y la ley. Su argumento era que los políticos deben de ponerse de acuerdo para terminar con estos desórdenes.
    El mundo de Heidi de este comerciante de Barcelona representa muy bien la mentalidad española actual, poseída por el mito pacifista. Un mito destructivo y suicida, que considera que en cualquier caso y situación el empleo de la fuerza es condenable. De ahí que hoy la violencia se disfrace de pacifismo.
    El Gobierno de España, poseído por el mito pacifista como el resto de la población, ha devaluado a las fuerzas de orden público mediante su operativo para desbaratar la ilegalidad del referéndum pero sin utilización de la fuerza. La humillación a las fuerzas de orden público que ha ocurrido en Cataluña, sin que éstas pudieran emplearse a fondo, ha reducido el riesgo y el coste de desafiar la Ley, propiciando el estallido de una situación revolucionaria. Las consecuencias de esta irresponsabilidad política del Gobierno son imprevisibles. El ciclo revolucionario se retroalimenta sin cesar.

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  2. Un referendum no es más que una consulta previa que pueda dar base a una deliberación política que termine en una decisión. El gobierno de Rajoy debía haber permitido el desarrollo normal del referendum para concentrarse en un recuento auténtico de votos, fijando la mayoría verdadera ex-presada. Lo cual, en una cuestión tan importante y decisiva como la independización de Cataluña, no puede reducirse a una mayoría de la mitad más uno de los votos registrados como SÍ y NO. Pues la independencia de Cataluña no es asunto exclusivo de los que han acudido a votar, sino también de los que se han abstenido y de aquellos que, por otras razones, no se les ha dado la oportunidad de votar. La escisión de un país no la puede determinar una minoría de ciudadanos que ha asistido a la votación, sino una mayoría auténtica de ciudadanos a los cuales afecta directamente el asunto. Yo personalmente no daría ni siquiera al estado español el poder de impedir un referendum, que es una mera consulta cuya realidad (que los promotores del separatismo quieren ocultar y tergiversar). Eö gobierno debe, no obstante, exigir que el referendum se lleve a cabo de forma totalmente correcta que revele cual es la mayoría exacta y cual es la mayoría exigible para una decisión de tal envergadura (en todo país democrático existe una “mayoría aceptable” de las 2/3 partes para asuntos de gran envergadura como la separación nacional. Lo que el gobierno debía haber hecho es, sencillamente, aceptar la propuesta de un referéndum por parte del parlamento catalán, asumiendo la responsabilidad de organizarlo con todas las garantías requeridas. Y solamente si el referendum daba una mayoría absoluta a quien deseaba la escisión, en contraste con la suma todos los demás ciudadanos con derecho a opinar y votar (lo hubieran hecho o no) debería llevarse el asunto a nivel nacional, realizando un referendum de todos los españoles.

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    1. unos cuantos corruptos desquiciados y huyendo d ela Justicia por sus latrocinios no pueden poner patas arriba un pais cuando les pete. Que es esto, Cataluña tambien es mia, mas mia que un 30(% de los que se dice catalanes, he financiado a Cataluña y a otras comunidades 40 años , como es que “ellos” se quieren separar?? que s ebusquen un pais o el desierto del sahara y se monten su republica. Que democracia es esto, sin consenso, rigor ni anuencia, porque les divierte y estan aburridos o por salir corriendo antes de que les pillen con los miles d emillones robados. Ya esta bien. en la carcel los golpistas y sus complices como Tejero fue

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    2. Su argumentación acepta que una parte sediciosa del parlamento de Cataluña convoque ilegalmente un referéndum para decidir sobre una competencia que no tienen. Si Ud. acepta esto, apaga y vámonos.

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