El tiempo de Riego – Miriam Salinas

 –17 septiembre, 2017
Riego - Miriam Salinas

 

Un momento. Segundos, minutos, ya. Si dejamos un medidor de tiempo jugando solo,   -ausente, aislado-  a ordenar a millones de seres únicamente nos queda pensar en las posibles triquiñuelas que seríamos capaces de hacer si pudiéramos jugar también. Hay tiempos de sueño que querríamos hacer eternos, tiempos que deberían ser minúsculos, de dolor, de rabia, de ira, tiempos de ajetreo permanente que no encuentran descanso. Existen tiempos justos, concretos, precisos, kairos.

Hablo de Rafael del Riego. El general que se erigió líder con el acto de proclamar la Constitución el primero de enero de 1820.

De las idas y venidas de un tiempo, del siglo XIX: tiempo de eterno empuje, de cambio, a veces rancio, a veces con olor a libertad. Largo fue, con cien años, más que otros siglos; material fecundo. De entre todos esos trozos de la raída historia del mundo me voy a centrar en España, y más todavía, en tres años de movimiento que se gestaron antes. Hablo del Trienio Liberal y del hombre que fue su bandera. Una persona que no solo se hizo canción, himno de una etapa, sino que también se elevó como símbolo, como líder y como figura trascendental de la historia. Hablo de Rafael del Riego, el general que se erigió líder con el acto de proclamar la Constitución el primero de enero de 1820.

Inició una oleada revolucionaria que se extendió por todo el mundo, dio comienzo a la tradición golpista española y trató de inyectar en España la bandera de la libertad

Se ha dicho que Riego lo logró auspiciado por sociedades masónicas,  por la desgana de las tropas que no querían luchar en tierras lejanas, por la creciente inestabilidad del siglo XIX… pero lo cierto es que lo hizo. ¿Qué hizo? Inició una oleada revolucionaria que se extendió por todo el mundo, dio comienzo a la tradición golpista española y trató de inyectar en España la bandera de la libertad. Carnerero lo definía como una persona sencilla y modesta, sin deseo de ambición. En el año 1807 ingresó en la Compañía Americana de Guardias de la Real Persona. Ya durante la Guerra de la Independencia fue hecho prisionero, en abril de 1808, en El Escorial, pero se escapó rumbo a Asturias. Fue apresado, de nuevo, en León pero por el bando patriota que lo consideró partidario de Napoleón. Pudo resolver la situación y llegar a Asturias donde fue nombrado capitán en la división del general Vicente Acevedo. De nuevo fue apresado y llevado a Francia. Su salida en 1814 permitió un proceso de creación de un espíritu de lucha y de recuperación de las normas promulgadas en la Constitución de 1812. Él fue quien definitivamente comenzó la revolución de 1820 proclamando el 1 de enero en Cabezas de San Juan “La Pepa”.

El tiempo de Riego traspasó el Trienio, superó su momento y eso lo hizo más grande. Dijo Stanislaw Jerzy Lec: “Muchos que se adelantaron a su tiempo, tuvieron que esperar en sitios poco cómodos”. ¿Pudo Riego adelantarse? O, más bien, ¿valerse de su perfecto escenario?

Del liberalismo quedó en la personalidad de Riego la actitud de lucha por el cambio, del Romanticismo tomó el intenso patriotismo, la emocionalidad y la emotividad

Hubo dos compañeros de Riego que le hicieron líder. Compañeros que entendía desde sus albores. Eran compañeros patriotas, entusiastas, intensos, cargados de contradicciones y de ilusiones que guardaban la melancolía de haber nacido… ¿antes de tiempo? Eran el Romanticismo y el liberalismo. Surgieron cuando confluyeron los factores precisos, que, si bien no sacudieron con sus intenciones nobles el mundo como podrían haber hecho, alteraron la historia con su simple fulgir y conformaron un espíritu perenne que espera burbujeante a que reparen en él. El comienzo del siglo XIX español revistió la realidad nacional de interés político. Los vaivenes del Gobierno, las revoluciones vecinas y la invasión francesa alborotaron la vida de las gentes. El liberalismo y el Romanticismo recayeron en un terreno fértil y expectante. Del liberalismo quedó en la personalidad de Riego la actitud de lucha por el cambio, del Romanticismo tomó el intenso patriotismo, la emocionalidad y la emotividad.

Su popularidad volvió a resurgir, incluso con más fuerza, como héroe de la libertad en la segunda república

Riego alcanzó, de la noche a la mañana, una fama repetida por los autores.  Se enfocaba en sus seguidores como una suerte de redención de su carga de responsabilidad. Riego se valió de sus propias cualidades personales (que a su vez obedecían al espacio cultural) para hacer de su persona el líder que la sociedad demandaba. Y no pudo adelantarse para escuchar a algunos de los que le hicieron líder entonando el Trágala y El Himno de Riego, aquellos que rápidamente cambiaron la música por el “¡Viva las caenas!”. La revolución iniciada por Riego el primero de enero de 1820 no encontró prácticamente resistencia. La minoría liberal se hizo con el poder rápido, por la presión como rutina española, por la jura del rey, por el miedo a más conflictos, por la intensa incertidumbre de las almas apostilladas por tendencias exacerbadas… De su fuente de fuerza para encumbrar su liderazgo extrajo los puñales más dolorosos de su derrota definitiva frente al patíbulo. Se convirtió en un símbolo sagrado del liberalismo español, precisamente el término “símbolo” se usa para designar a un elemento que por asociación representa una idea, condición o entidad. Y no solamente fue Riego símbolo del liberalismo, también lo fue del Romanticismo que reinaba en su época. Pero, ¿hasta dónde llega el simbolismo? La figura de Riego se consolidó como un símbolo de libertad y de heroísmo romántico y fueron esos dos aspectos los que encumbraron, también, su liderazgo y su trascendencia. Durante el siglo XIX se fue consolidando “una leyenda liberal, izquierdista y aun izquierdosa, que encuentra en Riego su fetiche.” (Novales, 1976, p.18). Su popularidad volvió a resurgir, incluso con más fuerza, como héroe de la libertad en la segunda república (siglo XX), recuperada su leyenda por la autora Carmen de Burgos, entre otros.

Desde el levantamiento en Cabezas se erigió como símbolo de la idea de libertad que anhelaba el pueblo ungido por las nuevas corrientes (liberalismo y Romanticismo) y por el éxito del triunfo popular. El peso de su reconocimiento le causó en ocasiones querer refugiarse, pero su ahondado sentido de la responsabilidad le impedía dejar de seguir con su misión de libertad. En palabras del historiador Manuel Moreno “aquel militar hasta entonces desconocido de treinta y seis años, que pasó de comandante a capitán general, se convirtió en un mito de la lucha por la libertad y en símbolo del progreso y la democracia”. Un mito asumido por las generaciones posteriores con un fervor y militancia incomparables. Hasta el extremo de que, como escribió Unamuno, “un hombre que lo fue de carne y hueso, se convirtió en un himno”.

La percepción de un tiempo adelantado puede observarse con distancia, cuando un suceso se convierte en un motor generador de nuevas ideas

Era el tiempo de Riego y su circunstancia. Sobre sus cualidades se han escrito discordantes atributos, pero hay unanimidad sobre su conexión con sus seguidores. Daba largas charlas entre vítores y proclamas, cantaba su himno, hacía que el público vibrara, enaltecía los corazones románticos, inflamaba los sentimientos liberales y como la maldición del tiempo continuo, se quedó en una actitud. El ser romántico, el ser liberal, el ser de Riego. Safranski sentenciaba: “Lo romántico es una actitud del espíritu que no se circunscribe a una época” (2009, p.14). Y una actitud era una circunstancia que se enclavaba en su justo tiempo, en su kairos. La percepción de un tiempo adelantado puede observarse con distancia, cuando un suceso se convierte en un motor generador de nuevas ideas, y desde el hoy, recordando su tiempo podemos extraer con perspectiva la injerencia de personalidades que son productos de su tiempo, que son los resultados de sus movimientos.

La memoria del general Rafael del Riego no tardó en hacerse valedora de una leyenda que le permitió ser el motor simbólico de diferentes movimientos a lo largo de los siglos XIX y XX de la historia de España. Es entonces su momento, y lo fue, porque no podría ser de otra manera, porque no podemos jugar con el tiempo solos -ausentes, aislados-  a ordenar a millones de seres y sus consecuencias. De momento.

 

Origen: El tiempo de Riego – elasterisco.es – Opiniones y notas al margen

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