Agosto de 1936: Los sucesos de Badajoz

El 18 de mayo de 1936, el diputado comunista Antonio Mije pronunció en la ciudad de Badajoz unas palabras en las que aparecen con toda claridad cuáles eran los medios de que iban a servirse los partidos y sindicatos integrados en el Frente Popular para alcanzar sus objetivos al margen de la legalidad republicana:
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«Yo supongo que el corazón de la burguesía de Badajoz no palpitará normalmente desde esta mañana al ver cómo desfilan por las calles con el puño en alto las milicias uniformadas; al ver cómo desfilaban esta mañana millares y millares de jóvenes obreros y campesinos, que son los hombres del futuro Ejército Rojo […]. Este acto es una demostración de fuerza, es una demostración de energía, es una demostración de disciplina de las masas obreras y campesinas encuadradas en los partidos marxistas, que se preparan para muy pronto terminar con esa gente que todavía sigue en España dominando de forma cruel y explotadora» (Claridad, Madrid, 19-mayo-1936).
Lo que todos ignoraban es que, apenas tres meses después, en el mismo escenario se iba a forjar uno de los más tenaces alardes propagandísticos de la Guerra Civil Española, un mito —el de las “matanzas de Badajoz”— que setenta años después sigue siendo agitado por la izquierda radical que ocupa el poder. Afortunadamente, para poner al descubierto lo que hay detrás de la leyenda de Badajoz, basta recurrir a los objetivos y a los métodos de la investigación histórica que pasan por detectar las fuentes y someterlas a crítica para llegar a una reconstrucción coherente de los hechos del pasado 
El Alzamiento en Badajoz y los sucesos de Fuente de Cantos 
La pasividad de las fuerzas armadas y la ausencia de elementos civiles eficazmente coordinados, serían decisivas a la hora de inclinar definitivamente a favor de la República la capital pacense.
Lo ocurrido aquí iba a arrastrar al resto de la provincia aunque no por ello faltaron algunos núcleos sublevados, de los cuales únicamente podía tener alguna posibilidad de imponerse el que se formó en las localidades de Castuera y Villanueva de la Serena. Pero en la inmensa mayoría de los municipios fueron los frentepopulistas quienes protagonizaron una movilización que pasaba por la formación de un Comité compuesto por representantes de las organizaciones de izquierdas, la detención de los elementos derechistas y la destrucción de elementos de gran valor simbólico (como imágenes y objetos de culto), entre otras medidas que revelan la intención de desarticular el orden vigente.
Uno de los sucesos más relevantes tuvo lugar en Fuente de Cantos, una población del sur de la provincia trabajada sistemáticamente a lo largo de años de propaganda por especialistas en la revuelta. El mismo 18 de julio, los hombres más representativos del Frente Popular acordaron constituirse en Comité de Defensa de la República y en la madrugada del día 19 comenzaron las detenciones. Algunos fueron apaleados y maltratados antes de ser llevados al Ayuntamiento donde concentraron a cincuenta y siete personas, entre ellas tres mujeres, una de ellas junto con sus dos hijos de seis meses y cuatro años.
A media mañana los trasladaron a la sacristía de la Iglesia Parroquial y, hacia las tres de la tarde, los milicianos hicieron una descarga que incendió el templo previamente rociado de gasolina. Al ver entrar las llamas en esta dependencia, algunos presos consiguieron forzar las puertas de comunicación con el resto de la iglesia y se dividieron en dos grupos: unos subieron a una torrecilla con entrada desde el retablo mayor y que comunicaba con el tejado, y otros se refugiaron en un cuartito donde se defendían de la asfixia echándose aire con las pastas de algunos libros que allí se encontraban. Los que no lograron salir de la sacristía, se asomaban a las ventanas y recibían descargas. Como balance final quedaron doce muertos y nueve heridos de gravedad, los restantes sufrieron síntomas de asfixia y el padre de los dos niños, perdió la razón. Además, se incendió el Juzgado, la Notaría, el Registro de la Propiedad, un convento y otros edificios. 
Los primeros movimientos militares 
La táctica del terror que había comenzado el 19 de julio estaba dando resultados efectivos. A comienzos de agosto toda la provincia de Badajoz quedaba bajo el control de los revolucionarios y, lo que es muy importante, no se preveía ninguna amenaza sólida. Pero en pocos días este equilibrio se iba a ver irremediablemente alterado debido a la presencia de las tropas nacionales que hicieron de la provincia de Badajoz el escenario principal de la primera fase de su avance sobre Madrid desde el sur. Para comenzar las operaciones únicamente se podía contar con una pequeña Columna al frente de la cual iba el Teniente Coronel Carlos Asensio Cabanillas pero la manera en que se había concebido la marcha, obligaba a la formación de una segunda unidad que se puso a las órdenes del Comandante Antonio Castejón Espinosa.
La llegada a Algeciras del llamado Convoy de la Victoria permitió organizar una tercera Columna al mando del Teniente Coronel don Helí Rolando de Tella y Cantos y el mismo día de la ocupación de Mérida se incorporaba al mando conjunto de las tropas el Teniente Coronel Juan Yagüe Blanco. El 14 de agosto caía la capital pacense y apenas unos días después las tropas continuaban su avance por la provincia de Cáceres. 
Datos frente a la leyenda 
Los periodistas que informaron sobre la ocupación de Badajoz por las tropas nacionales el 14 de agosto, tuvieron parte principal en la difusión de una versión sobre lo ocurrido en esta ciudad que presenta al Teniente Coronel Yagüe como responsable de una matanza indiscriminada en la plaza de toros. Por el contrario, el periodista portugués Mario Neves, que estuvo en Badajoz varios días a partir del 15 de agosto, y que es autor del relato más ajustado a la realidad, afirma que hubo horas de duro combate en las calles y seguidamente algunas ejecuciones pero niega expresamente que tuviera lugar una matanza en la plaza de toros: «Este lugar ha sido bombardeado varias veces. Sobre la arena aún se ven algunos cadáveres, lo que da a la plaza un aspecto macabro de teatro anatómico. Todavía hay, aquí y allá, algunas bombas que no han explotado, lo que hace difícil y peligrosa una visita más pormenorizada» (Crónica del 15-agosto) «Ayer se decía en Elvas que en la plaza de toros, transformada en prisión, se han llevado a cabo numerosos fusilamientos. Por eso, nos dirigimos hacia allá, con el fin de verificar la exactitud del rumor.
Tras algunas dificultades, conseguimos entrar en la arena. Algunas docenas de prisioneros aguardan su destino. Pero la plaza no tiene un aspecto diferente del que observamos ayer, lo que nos lleva a suponer que el rumor es infundado. Los mismos automóviles destruidos y los mismos cadáveres que ayer tanto me impresionaron y que aún no han sido retirados» (Crónica del 16-agosto) Durante años, el mito de las matanzas de Badajoz se sostenía sobre la referencia a miles de muertos sin más soporte documental que la fantasía de los autores. Las cifras que se daban oscilaban entre las mil doscientas víctimas solamente para la primera noche y las nueve mil en total. Finalmente, trabajos de investigadores como los dirigidos por el Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura, Fernando Sánchez Marroyo, o los del propio autor de estas líneas, vinieron a demostrar que, en realidad, fueron fusiladas en Badajoz en torno a las mil personas, pero no en una matanza indiscriminada sino en los nueve años que van entre 1936 y 1945. De éstos, unos quinientos habían sido ejecutados entre agosto y diciembre de 1936 en aplicación de los preceptos del bando de guerra. Podemos comprobar cómo la exigencia de responsabilidades se dirige en una triple dirección: Militares y fuerzas de orden público que habían actuado a las órdenes de las autoridades; dirigentes políticos que se habían movido en terreno afín al Frente Popular (el alcalde y un diputado, concejales, cabecillas de partidos políticos…) y paisanos que habían intervenido en los sucesos de violencia ocurridos en los días anteriores a la ocupación por el Ejército Nacional.
No olvidemos que Badajoz había estado controlado por milicias que asesinaron a once vecinos, llevaban a cabo labores de vigilancia, detenciones y requisas y que, finalmente, protagonizaron buena parte del esfuerzo defensivo frente al Ejército Nacional. El resto se trata de personas que comparecieron ante los Consejos de Guerra constituidos a partir de 1937 para responder de comportamientos criminales llevados a cabo con anterioridad en las poblaciones de la provincia que habían sido duramente castigadas por los revolucionarios.
Escasa, por no decir nula, fue la participación del entonces Teniente Coronel Yagüe en estos sucesos, si tenemos en cuenta que abandonó la ciudad pacense el 19 de agosto para continuar su avance al mando de las columnas nacionales. Al igual que los artículos de Jay Allen, aunque presentados como redactados en Badajoz, hay que mirar con sospecha las conocidas declaraciones atribuidas por Whitaker a Yagüe en las que el propio militar se atribuye un elevado número de ejecuciones. En conclusión, el contexto histórico de la violencia revolucionaria desencadenada sobre Badajoz y su provincia desde 1931, las fuentes documentales y las crónicas del periodista portugués afín al Frente Popular Mario Neves, permiten poner en relación los sucesos ocurridos en Badajoz con lo que él llamó, con toda propiedad, «la inflexible justicia militar» pero nunca con una matanza indiscriminada y, menos aún, con un genocidio, algo que el Diccionario de la RAE define como el «exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad» y que sí se practicó en la retaguardia controlada por el Frente Popular.

Origen: Agosto de 1936: Los sucesos de Badajoz – ReL

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