Catalán en la sanidad balear – Juan Jesús Fernández Requena

Armengol y su socia nacionalista en el Govern Bel Busquets.

JUAN JESÚS FERNÁNDEZ REQUENA

18/02/2018 17:30

Llegué a Baleares en 1997, con un contrato de verano para trabajar como enfermero en la UCI Pediátrica de Son Dureta. A aquel primer contrato le sucederían otros hasta obtener plaza por oposición en el antiguo INSALUD. En 2012 dejé Mallorca. Durante los 15 años que trabajé en la sanidad balear, desde Son Dureta hasta Son Espases, jamás tuve el más mínimo problema con las lenguas.

Como castellanoparlante nunca pedí a un catalanoparlante que se expresase en castellano para hablar conmigo, con lo que su derecho quedaba garantizado y el mío también. Esta premisa, aderezada con un poco de respeto, comprensión y empatía, funcionó siempre.

En su artículo 3 la Constitución establece la obligación de conocer el castellano y el derecho de usar las demás lenguas. Límites y garantías que los nacionalistas, excluyentes y supremacistas en su esencia, no aceptarán jamás. Por ello, a partir de 1978, aprovechando los complejos de una España noqueada por 40 años de dictadura, fueron introduciendo en los distintos Estatutos de Autonomía que se aprobaban el concepto de lengua propia para llevar a cabo un plan de lenguas tan excluyente como el de la dictadura, pero esta vez en sentido inverso. El concepto de lengua propia de un territorio (¡como si el cabo de Formentor hablara catalán o el de Finisterre gallego!) permitió después proyectos educativos que normalizaron la inmersión en catalán o su exigencia para acceder al funcionariado de las administraciones autonómicas.

Sobre la premisa de lengua propia, la lengua, consagrada como riqueza y patrimonio cultural, se convirtió en el principal instrumento para hacer país, un país por supuesto ajeno a España y que odia lo español. Al proyecto contribuyó toda una maquiavélica ingeniería nacionalista guiada por los goebbelianos principios de victimismo, demagogia, cinismo y manipulación.

Pues bien, sólo teniendo en cuenta esta evolución de los acontencimientos se puede entender lo que implica la imposición del catalán como requisito para los profesionales de la sanidad balear.

Para evitar confusiones conviene desbrozar el asunto de falacias abonadas por el actual gobierno ultranacionalista de Baleares, presidido por Armengol. Es decir, es totalmente falso que esta imposición persiga facilitar el ejercicio del derecho de los usuarios de la sanidad a expresarse en catalán. No existe el problema. La medida es sólo un paso más en el camino hacia el ideal nacionalista, al igual que lo es la inmersión en catalán en la educación, las subvenciones a quien sólo rotule en esta lengua, o regalar camisetas a los niños animándolos a que sólo jueguen en catalán en los recreos del colegio (I tu, jugues en català?)… Pero, como decía, al plantear esta imposición a los profesionales maquillándola como una defensa del derecho de los usuarios a ser atendidos en catalán, se consigue que quien rechace dicha imposición, automáticamente se convierta en enemigo de la lengua catalana, del pueblo indígena catalanoparlante colonizado por el imperio y, de paso, en un facha redomado, heredero del franquismo más rancio con olor a naftalina.

Lamentablemente esta ceremonia de la manipulación y del victimismo surte efecto. Ciertamente la oposición al catalán como requisito por parte de los pocos que han mantenido sus principios, es decir, el Sindicato Médico de Baleares, ha pecado en mi opinión de excesiva prudencia, al emplear sólo el argumento de la falta de profesionales en las Islas como razón fundamental para rechazar el requisito de conocer la lengua catalana. ¿Se ha de entender entonces que si hubiera médicos o enfermeros suficientes el requisito estaría justificado? ¿Estaría justificado usar la lengua para cerrar las puertas a futuros profesionales y favorecer los fines nacionalistas?… Sólo el conocimiento del tremendo esfuerzo y desgaste que supone defender ciertos postulados en una sociedad, que calla y mira para otro lado para no ser señalada por el nacionalismo extremo, permite entender el planteamiento.

Finalmente, la imposición del catalán en la sanidad balear es un buen ejemplo de cómo el nacionalismo es capaz de engatusar cediendo en lo pequeño para lograr lo importante. La generosa colaboración del Sindicato de Enfermería, y su giro copernicano respecto a su posicionamiento de 2009, ha permitido al Gobierno nacionalista alardear de «aprobación por consenso», refiriéndose a lo que ha sido una imposición en toda regla. El Sindicato de Enfermería acepta que a las enfermeras que hoy trabajan en Baleares se les exija el requisito de catalán un poco descafeinado y se les permita presentarse a la próxima OPE, es decir, pan para hoy… y el nacionalismo logra que transcurridos dos años, ninguna enfermera sin certificado de catalán pueda obtener una plaza en Baleares, ni acceder a la carrera profesional. Para entoces nadie se acordará de la traición. El futuro será más limpio, ni diésel, ni castellanoparlantes en la Administración.

Juan Jesús Fernández Requena es un ex enfermero de la sanidad balear.

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