Guerra en Madrid: El militar que sobrevivió a un campo de concentración republicano

El comandante Martínez Friera de joven
El mes de enero de 1938 fue sin lugar a dudas el más frío de la Guerra Civil. Durante varios días las calles de Madrid estuvieron intransitables como consecuencia de las fuertes nevadas que habían caído en la capital, en la que tan solo circulaban unos pocos vehículos militares, ambulancias y algún camión de suministro. Aunque el mal tiempo frenó ligeramente los bombardeos sobre Madrid, en la ciudad no se respiraba el ambiente festivo y de euforia de 1937 cuando el Frente Popular y los madrileños consiguieron frenar el avance franquista.
En el número 21 de la calle Zurbano se levantaba un imponente palacete propiedad de la Condesa de Santa María de Silla pero que le había alquilado al gobierno de Turquía para que estableciera en Madrid su embajada. Desde casi el inicio de la guerra, la legación otomana practicó el asilo diplomático, refugiando en su interior a un centenar de personas de la nobleza, militares o simplemente simpatizantes de las derechas que se sentían perseguidos por el gobierno de la República.
Entre aquellos refugiados en la embajada de Turquía se encontraba Joaquín Martínez Friera, un conocido abogado de Madrid y comandante de caballería que había decidido esconderse allí por miedo a ser asesinado por las turbas descontroladas. Pese a haber sido nombrado en febrero de 1936 ayudante del mismísimo General Masquelet (héroe en el asedio de la capital en la guerra), tomó la decisión de dejar su casa en el número 3 de la calle Ayala por sentirse amenazado: antes de la contienda también había sido juez militar permanente de la Primera División Orgánica, lo que le había granjeado muchos enemigos.
Una carta inédita
La figura de Martínez Friera no hubiera centrado especialmente nuestra atención de no habernos encontrado con una carta escrita de su puño y letra en la que describe la pesadilla que vivió en sus propias carnes durante la guerra. En esta carta, narra en primera persona como fue su encierro en la embajada para hablar posteriormente como fue asaltada por la República esta legación turca la tarde del 28 de enero de 1938, su posterior detención, el traslado a Barcelona y su supervivencia en un campo de concentración comunista en la provincia de Lérida.
Embajada de Turquía en Madrid
Durante la tarde del 28 de enero de 1938, mientras se celebraba una boda entre dos refugiados en la embajada de Turquía, agentes del Servicio de Información Militar (SIM) de la República irrumpieron en el edificio violando de esta manera el derecho internacional de “asilo diplomático”. Con la excusa de que habían escuchado unos disparos en el interior de la legación, los agentes reventaron las dos puertas de acceso a la embajada y pistola en mano se adentraron por los salones y pasillos del edificio.De la siguiente manera Martínez Friera narró aquellos hechos:

“El 28 de enero de 1938, con el pretesto de que desde el interior se habían disparado unos tiros, fue asaltada la legación por un gran número de policías pertenecientes a la organización SIM, los cuáles pistola en mano nos hicieron detener”

Muchos lectores se preguntarán qué le había llevado a la República a asaltar una embajada, perfectamente identificada y que había sido neutral desde el inicio de la guerra. ¿Por qué quería el SIM atacar la soberanía de un país que interesaba a los republicanos por el hecho de que el Golfo del Bósforo era una importante línea de abastecimiento de material que llegaba de la Unión Soviética? La respuesta es muy clara. Por un lado pretendían arrestar a casi 60 oficiales del Ejército que estaban cerca de ser evacuados fuera de la España republicana para combatir, seguramente del bando franquista. Y por el otro, también buscaban arrestar a dos quintacolumnistas muy importantes que se encontraban alojados dentro de la embajada.
Más de cien personas fueron detenidas por el SIM y trasladadas hasta su sede en Madrid que estaba situada en el Ministerio de la Marina, cerca de Cibeles. Enn una declaración tras el conflicto de Ángel Pedrero, jefe del SIM del Ejército del Centro, Martínez Friera era “uno de los detenidos más interesantes”. Tras ser interrogados (sobre todo los militares), fueron trasladados hasta el Ministerio de la Guerra, en cuyos sótanos se habían habilitado un gran número de celdas provisionales. Allí algunos de los detenidos sufrieron maltrato físico y psicológico hasta que el 16 de febrero, en varios camiones, fueron trasladados primero hasta Valencia y luego hasta Barcelona.
Carta redactada por Martínez Friera
Los detenidos en el asalto a la embajada de Turquía, entre ellos Martínez Friera, pasaron unas semanas en el Buque Prisión Villa de Madrid, en pleno Puerto de la ciudad catalana. Nuestro abogado y militar recordaba con una angustia muy especial los bombardeos que realizaba la aviación italiana, a muy baja altura, a toda la zona portuaria. Ningún proyectil impactó contra el buque prisión, pero cada bomba “hacía retumbar” la nave”.
La vida en un campo de concentración republicano
El 13 de mayo, Martínez Friera y otros prisioneros que habían sido detenidos en el asalto a la embajada de Turquía fueron trasladados hasta Montjuic donde se había establecido, en el Pueblo Español, una especie de cárcel en la que se hacían trabajos forzados. Nuestro comandante de caballería permaneció allí hasta el 9 de junio de 1938, fecha en la que fue llevado junto a un grupo de presos al Campo Trabajo Nº 5 de la República, situado en Ogern (Lérida). Era una especie de campo de concentración al puro estilo soviético (gulag) en el que se encerraban a prisioneros “derechistas o del POUM” para aliviar de presos las cárceles y barcos-prisión de Barcelona.
El Campo de Trabajo de Ogern estaba situado en el pequeño pueblo de Lleida que lleva el mismo nombre y contaba por aquel entonces con 200 habitantes. Un escritor de la zona llamado Jordi Cardona escribió recientemente un libro llamado ‘Camí de l´infern’ en el que relataba las duras condiciones de vida de los presos que estaban recluidos al igual que Martínez Friera en Ogern:

“Su estructura se parecía mucho a la que más adelante tendrían los campos de concentración nazis. Los presos llegaron a Ogern en pésimas condiciones de salud, parecían cadáveres andantes y tuvieron que trabajar 18 horas seguidas para construir los barracones. Más adelante se creó otro barracón. En total había unos 3.000 presos”.

Con la excusa de construir una carretera entre La Bassella y la Seu d´Urgell, los guardianes del SIM obligaban a trabajar a los presos en pésimas condiciones y sin apenas alimentos. En la carta a la que hemos tenido acceso, Martínez Friera cuenta que los reclusos tenían que dormir en suelos de mármol, ladrillo o hierro y que pronto empezaron a causar “bajas de mortandad”. “Las continuas colitis hicieron estragos, la avitaminosis ingresaba apareciendo las llagas, ulceradas imposibles de curar, llenándose de gusanos. La sarna era corriente y lo que más hacía padecer era la hemeralopia o ceguera continua por las graves consecuencias que el individuo padecía”.
Imagen actual de Ogern en Lleida
Tras permanecer varios meses en el campo de concentración republicano, Martínez Friera y otros prisioneros regresaron a Barcelona para trabajar de manera forzada como carpinteros, pintores, mecánicos o albañiles. Nuestro protagonista fue trasladado al Seminario Conciliar, más adelante al Palacio de Justicia (donde se iba a celebrar el juicio que no se llevó a cabo finalmente) y por último a la checa de San Elías donde le sorprendió la entrada de las tropas de Franco en Barcelona el 26 de enero de 1939. Él consiguió sobrevivir, otros compañeros suyos de la checa barcelonesa no tuvieron tanta suerte y fueron ejecutados antes de que los últimos republicanos de Cataluña atravesaran la frontera francesa por Gerona.
Terminada la Guerra Civil, el comandante Joaquín Martínez Frieraregresó al Ejército y continuó ejerciendo como abogado en Madrid. Se retiró como Coronel y escribió varios libros relacionados con la historia militar de España. También se convirtió en todo un experto en rosas y rosales. Su libro ‘Rosas de España’ (1956) sigue siendo un referente para los apasionados de las rosas. Fue nombrado Conservador de la Rosaleda de Madrid, cargo que desempeñó hasta sus últimos días.
Fuentes consultadas
– Archivo Histórico Nacional
– Causa General (Embajadas)
– Hemeroteca Nacional
– Diplomacia, humanitarismo y espionaje en la Guerra Civil, de Antonio Manuel Moral Roncal
– Cami de´l infern, Jordi Cardona.
– Rosas de España, Joaquín Martínez Friera

Origen: Guerra en Madrid: El militar que sobrevivió a un campo de concentración republicano

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