La debilidad intelectual del franquismo | Dichos, Actos y Hechos

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En su libro Memoria del comunismo, de Jiménez Losantos se toca de pasada, porque tampoco es su  tema central, la actitud del franquismo ante el libro de El Campesino  sobre su experiencia en el GULAG  y otras peripecias:  Si la derecha no entendió bien la naturaleza del comunismo antes de la guerra, once años después de terminada seguía sin enterarse ¡Bastantes checas hemos tenido en España –se lee entre líneas como para que nos cuentes tú, precisamente tú, cómo son las de Rusia! Y sin embargo debió pasarse de lo particular a lo general. La consecuencia de no hacerlo fue, que, como vimos a propósito de Paracuellos y Fernández de la Mora, la guerra se convirtió en una peripecia familiar, sin alcance ideológico”.

   Ni la derecha, ni tampoco los republicanos de izquierda, como Azaña, tenían más que una idea muy vaga sobre el marxismo, que generalmente no iba más allá de lo anecdótico y personal. Y la cosa sigue más o menos parecida. El franquismo ha sido singularmente inepto en el terreno intelectual, como en el estético –excluyendo alguna obra tan realmente extraordinaria como el Valle de los Caídos– Y es una lástima, porque aquel régimen fue en casi todos los demás aspectos realmente espléndido, libre, además de la tremenda carga de la deuda moral, política y económica, del resto de Europa occidental hacia Usa. Ortega y Gasset hizo una observación general muy acertada al volver a España desde el exilio: “Mientras los demás pueblos se hallan enfermos el nuestro, lleno sin duda de defectos y pésimos hábitos, da la casualidad de que ha salido de esta turbia y turbulenta época con una sorprendente, casi indecente salud.Hoy no se podría decir lo mismo

Pero empecemos por aclarar que eso no tiene nada que ver con el cuento del “páramo cultural del franquismo”, inventado y explotado a fondo por los parameros del posfranquismo, fueran los comunistas o los venenosos cantamañanas de El País. El hecho es que en la cultura, como en la economía, el franquismo fue notablemente liberal, de modo que el grueso de la cultura producida en su época fue más bien a-franquista, es decir, ni franquista ni lo contrario.

   Para entender el franquismo hay que empezar por señalar que, contra lo que se dice habitualmente, no fue un régimen de partido único. Dentro de él había al menos cuatro tendencias, cada una de ellas con un sector minoritario antifranquista: carlistas, falangistas, monárquicos y católicos episcopales, por definirlos de algún modo.  Se las llamaba “familias” por no llamarlas partidos, pero todas tenían bastante de partido: órganos de expresión propios, organizaciones propias, incluso juveniles u obreras al margen del Sindicato Vertical. Lo único que tenían en común era el catolicismo, y el régimen se definió como tal. Ya sabemos que esto terminó siendo su suicidio, por mucho que las corrientes digamos menendezpelayistas siguieron y siguen empeñadas en identificar España con el catolicismo.

    Pues bien, las dos “familias” intelectualmente más inquietas y robustas fueron la falangista y la episcopal (la carlista simplemente seguía aferrada a ideas “tradicionales” (una parte evolucionó hacia el trostkismo) y los monárquicos siempre fueron muy “pragmáticos” a un nivel muy mediocre. Desde muy pronto hubo una fuerte tensión entre falangistas y episcopales, en la que solieron ganar los segundos, aunque Franco procuró cierto equilibrio.   Y precisamente entre ellas se dio la interesante polémica en torno a Ortega y otras cuestiones, a las que ha dedicado un estudio A. Martín Puerta. Polémica  que podríamos definir como “orteguistas” (falangistas, más Julián Marías) contra menendezpelayistas (episcopales, realmente Opus y jesuitas). La posición  de los primeros era intelectualmente más abierta, y la de los segundos más dogmática, reducida finalmente a demostrar que Ortega no solo no era católico, sino que era anticatólico, lo que en parte era cierto; y por tanto antiespañol o ajeno a España. La polémica, aunque muy interesante, no salió de ciertos carriles estrechos, llegó a un callejón sin salida con el Vaticano II, y se extinguió  sin dejar un rastro muy preciso.

 Hace poco comentaba en el blog: “Dos buenos motivos de reflexión: la jerarquía católica española, después de las durísimas pruebas de la guerra y de los privilegios que recibió en el franquismo, debía tener un peso moral e intelectual muy elevado en el conjunto de la Iglesia. Pero llegó el Vaticano II y demostró que su peso era mínimo. Y el diálogo (evidentemente intelectual) con los marxistas, salido del Vaticano II: muchísimos católicos se hicieron marxistas o marxistoides. Prácticamente ningún marxista de hizo católico. Esto debiera dar qué pensar, pero no da que pensar nada en el presente páramo cultural”. Debe reconocerse que aquel concilio fue el intento de salir de una crisis creciente y “aggiornarse”, como se decía.  Que la crisis se profundizase desde entonces es otra cuestión. La Iglesia en España pasó a colaborar o admitir la colaboración con separatistas, terroristas y comunistas, pensando que el futuro les pertenecía y había que adaptarse. El sector menos influyente que trató de guardar las esencias demostró el mismo vigor intelectual que la representación española en el Vaticano II, es decir, muy poco: creía que la solución era mantenerse en lo  anterior.

   En cuanto a los falangistas, su evolución no resultó menos patética: dejando aparte a alguna minoría aferrada a los viejos dogmas, esa familia resultó un venero de anarquistas, comunistas, socialdemócratas, liberales y finalmente su Movimiento sirvió de base para organizar una transición que trató de olvidar muy pronto de dónde procedía.

    Todo  esto, en particular las derivas eclesiásticas, resulta penoso, porque las  ideologías que han venido sustituyendo la religión tradicional están abocando a España, y no solo a España, a un callejón sin salida. Creo que el franquismo debería ser reestudiado y reenfocado de otro modo, porque en él es muy posible que se encuentren elemento utilizables ante la crisis de hoy.

Origen: La debilidad intelectual del franquismo | Dichos, Actos y Hechos

Un comentario en “La debilidad intelectual del franquismo | Dichos, Actos y Hechos

  1. La tesis de que la intelectualidad durante el régimen de Franco no entendía qué era el marxismo/comunismo es totalmente errónea. Personajes como Luis Díez del Corral o Jesús Fueyo, entre otros, catedráticos de universidad y que ocuparon múltiples cargos dentro del Estado de aquella época, sabían perfectamente lo que era el marxismo en profundidad. Sus colegas o contemporáneos que se postulaban marxistas, no pasaban de un marxismo de catecismo, ideológico, pero en su mayoría no entendían nada de nada.

    Jesús Fueyo, entre otros cargos procurador en Cortes por designación directa del Jefe del Estado durante varias legislaturas, era el mejor conocedor del marxismo que había en España y que hoy lo seguiría siendo si no es porque murió en 1993. Cualquiera hoy puede comprobar la profundidad de conocimiento sobre el marxismo por parte de Fueyo, leyendo sus libros “La mentalidad moderna”, “Estudios de teoría política” o su extraordinario ensayo “La vuelta de los Budas”. La crítica filosófica de Fueyo al marxismo es de gran nivel y estilo.

    Como Fueyo y Díez del Corral hubo muchos otros, sobre todo dentro del pensamiento jurídico. Por lo cual, podemos afirmar sin género de duda, que durante el régimen de Franco, se produjo una crítica de gran profundidad sobre el marxismo filosófico e ideológico.

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