La profecía de Tarradellas (1 y 2) – Julio Merino

 Julio Merino 

06/030/2018

Conocí al Honorable Tarradellas en su primer viaje oficial a Madrid y en la comida que le ofreció el entonces presidente de la Agencia EFE, Luis María Ansón, en la sede de Espronceda…Y de aquella velada periodística recuerdo en especial una anécdota curiosa. A la hora de las preguntas uno de los asistentes (creo que mi admirado Pepe Oneto) le interpeló muy en directo de este modo:

Honorable president: ¿Y no cree usted que el tema de las transferencias va muy lento.

Entonces Tarradellas, un hombre casi gigante y vestido elegantísimamente, se volvió un poco al anfitrión, Luis María Ansón, y dijo:

–Señor presidente de la Agencia EFE, con su permiso le voy a responder al señor Oneto a la gallega (y dejó escapar una ligera sonrisa)… Mi querido amigo ¿a que no sabe usted lo primero que hace mi señora cuando se levanta? ¡No!, no se rían ustedes. Mi mujer se levanta, se va hacia las ventanas, corre las cortinas, se asoma a ver la calle, se vuelve y me dice: «Joseph, es verdad, estamos aquí». Señor Oneto, si durante 40 años hemos estado soñando con estar aquí no quieran ahora hacer en tres días lo que no fuimos capaces de hacer en todos esos años.

Luego, y después de la anécdota, expuso con más detalle su teoría del ritmo político y cómo los españoles de un color u otro habían perdido siempre el tren por llegar demasiado pronto o demasiado tarde.

Un año después yo desembarqué en Cataluña, como director del Diario de Barcelona, y no solo fui a saludarle sino que le puse el periódico a su disposición, gracias a lo cual nació entre nosotros como una cierta amistad y complicidad político-histórica. Tuve con él varias y largas conversaciones en su despacho presidencial que algún día publicaré. Pero hoy, y ante lo que ha pasado y colea del «Caso Rovira», no me resisto a reproducir las palabras que me dijo en aquellas entrevistas (aquel 19 de enero de 1980 Tarradellas cumplía precisamente 81 años y me invitó a un aperitivo).

–Mire usted, amigo Merino, no insista más (aquella mañana habíamos publicado en portada con grandes caracteres tipográficos un titular que decía: «Tarradellas no puede abandonar. Cataluña le necesita»)… Mi decisión es firme. Me voy. Esto no me gusta… Y usted, que conoce bien lo que pasó durante la República y lo que viví aquellos años, lo tiene que entender. Entonces viví, vivimos todos, como una locura incalificable, con violencia y muertes salvajes, con fusilamientos, con paseos… ¿Qué quiere que le diga? ¡Un horror! Luego, tuve que salir por pies y me he pasado casi 40 años en el exilio. ¿Y qué me encuentro a la vuelta?… (aquí guardó un silencio pronunciado)… pues me encuentro unos jóvenes ambiciosos que no conocieron aquello y algunos viejos resentidos que quieren empezar de nuevo lo de entonces. ¡No!, amigo mío, no estoy dispuesto a repetir, ¡aquello terminó en tragedia y esto lleva el mismo camino!… ¡Pobre Companys!… Cataluña es un gran barco, pero mire como terminó el Titanic…».

Entonces se puso de pie y con las manos apoyadas en la mesa del despacho dijo:

–No, amigo mío, no estoy dispuesto a tropezar en la misma piedra, y le aseguro que esto no terminará ¿cómo dicen en su tierra?… Como el Rosario de la Aurora… ¡Que se maten ellos!

El resto, todo lo que hablamos en aquellos meses, a caballo entre 1979 y 1980, sus opiniones sobre Barrera, Raventós y Pujol lo escribiré en otro momento ¡Dios, si el Honorable Tarradellas levantase la cabeza y viese lo que está pasando con el procés, el huido Puigdemont y el 155!

En política las cosas no se producen porque sí y de la noche a la mañana, pues todo tiene antecedentes (ni siquiera aquello del almirante Aznar del 14 de abril de 1931: «Aquí no pasa nada, solo que anoche España se acostó monárquica y hoy se ha levantado republicana», ya que antes estuvieron los errores del Rey y la Dictadura de Primo de Rivera)… También el «problema catalán» de hoy. Los nacionalistas y los independentistas no han surgido de la nada. El «desastre» actual viene de muy lejos, tal vez desde el mismo día que el señor Pujol fue elegido presidente de la Generalitat.

Pero volvamos a la conversación que mantuve con el honorable Tarradellas el 19 de enero de 1980 y que sea él quien nos hable de los orígenes del actual procés que ha dislocado a Cataluña.

— Presidente, bien –le pregunté cuando ya me había convencido de su retirada y del por qué no se presentaba a las elecciones, las primeras autonómicas que iban a celebrarse–, pues si usted no se presenta dígame a quién debo apoyar desde mi periódico (como ya he dicho en el artículo anterior, yo era en ese momento director del Diario de Barcelona).

— Ah, pregúnteme usted –dijo con cierta ironía.

— ¿Qué opinión le merece el señor Echevarría, el candidato de Solidaridad Catalana?

— Nada, no tiene nada que hacer. «Solidaridad» es la AP de Fraga y la derecha españolista y además tiene detrás al discutido banquero Santacreu. No merece la pena hablar de él. (Curiosamente, el Honorable acertó de lleno, pues Solidaridad Catalana no sacó ni un diputado en las elecciones y desapareció).

— Bien. ¿Y el señor Reventós?

— Es un chico majo, me visitó en Francia varias veces y además es el PSOE catalán… Pero, de aquí (y con los dedos midió su frente) poco. No es un líder.

— ¿Y qué me dice del veterano Heribert Barrera, el republicano?

–Que es un resentido –dijo cortándome– y como tal un peligro. Los resentidos no tienen límites en su ambición, siempre piensan que la sociedad no les da lo que se merecen.

— ¿El señor Benet, el señor Cañellas?

— Joseph Benet es el PSUC y el PCE, y Cataluña tardará siglos en olvidar lo que hicieron aquí los comunistas en el pasado… Y el señor Cañellas aquí es Suárez… Bueno, algo sacarán, pero van a contar poco en el futuro.

— Bueno, presidente, como ve, le he dejado para el final a quien según dicen todos va a ganar si usted no se presenta, me refiero al señor Pujol ¿qué opina usted de don Jordi? Al llegar aquí, el Honorable, muy serio, se puso de pie y apoyando las manos sobre la mesa dijo: «Señor Merino, yo de enanos y corruptos no hablo» (y sin más volvió a sentarse, sonriente de ver la cara que a mí se me había quedado).

— Presidente, me ha dejado usted de piedra. ¿Corrupto?

— ¿Ha oído hablar, amigo Merino, de Banca Catalana?

— Algo, hay muchos rumores. (Entonces abrió un cajón de su mesa y sacó una carpeta verde, y con ella en la mano dijo: «Esto no son rumores, esto son hechos… Esa banca será la tumba política del señor Pujol… Y puede que algo más el día que las cosas lleguen a mano de los jueces. 20.000 millones desaparecidos son muchos millones y los primeros responsables son la familia Pujol. Este asunto traerá cola, mucha cola, porque además ya está en ello la Fiscalía anticorrupción».

— ¿Y qué puede pasar?

— Conociendo al personaje, yo lo tengo claro. Luchará y pactará hasta con el diablo para ser president, porque ahí espera tener su mejor escudo. Mire, amigo mío, este hombre en cuanto estalle el escándalo de su banco se liará la estelada a su cuerpo y se hará víctima del centralismo de Madrid… Ya lo estoy viendo: «Catalans, España nos roba… No nos dan ni la mitad de lo que nosotros les damos y además pisotean nuestra lengua… Catalans, ¡Visca Catalunya!». Sí, esa será su política en cuanto llegue a la Presidencia, el victimismo y el nacionalismo a ultranza. ¡Dios, así empezó Companys!… Nunca he podido olvidar el enfrentamiento que tuve con él el mismo día del disparate de octubre del 34, cuando se sublevó y quiso proclamar el Estat Catalá y la República independiente sabiendo, como sabíamos todos, que el Estado español no lo iba a permitir… Y así fue. Me temo que el señor Pujol jugará esa baza para salvarse de lo de Banca Catalana. Pero por hoy ya hemos hablado bastante.

— Pues, presidente, me voy preocupado.

— ¿Y cómo cree usted que estoy yo? Porque veo que mis deseos de mantener unidos a todos, los nacidos aquí y los que han llegado de fuera, se van a ir conmigo, y eso será malo, muy malo, para Cataluña. ¿Recuerda usted las palabras que pronuncié cuando volví después de casi 40 años?

— Sí, «Ja sóc aquí».

— Sí, pero antes dije «ciutadans de Catalunya», lo que ese señor del que hemos hablado me criticó, porque, según él, tenía que haber dicho «catalans» y no «ciutadans». Y eso porque yo entendía que el president tenía que serlo de todos, los de dentro y fuese cual fue su ideología, y los de fuera, viniesen de donde viniesen.

Y así terminó aquel día nuestra entrevista. El Honorable me despidió con afecto y me emplazó para seguir hablando del «ritmo político». Desgraciadamente, los vaticinios del Honorable Tarradellas se han cumplido y la unión de todos los catalanes por la que él luchó ha saltado por los aires y hoy Cataluña está más dividida que nunca. ¡Ay,pero el menos Honorable president Pujol consiguió escapar ileso del «escándalo Banca Catalana», porque cuando estalló la bomba él ya se había parapetado con la UCD de Suárez primero, a quien hizo presidente del Gobierno con los 8 diputados de su CiU, y luego con el PSOE de Felipe González! Y había iniciado el procés que ahora tiene paralizada a Cataluña. El victimismo, la bandera de las barras y la lengua impuesta consiguieron su objetivo: salvar a Pujol, aún a costa de los miles de catalanes y los cientos de accionistas que perdieron sus ahorros. Pero a pesar de ello aquellos barros trajeron estos lodos y no hay «crimen perfecto».

* Periodista y miembro de la Real Academia de Córdoba

Fuente2: http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/profecia-tarradellas_1210475.html

2 comentarios en “La profecía de Tarradellas (1 y 2) – Julio Merino

  1. Pues bien , jamas entendere ,que sabiendo todo esto ,y que en sesion parlamentaria el Sr. Maragal , ya dijese lo del 3 % , que el tal Puyol , siga en libertad , por mucho que haya amenazado de “tirar de la manta “. o lo del arbol y las ramas . ¿No dicen que la justicia es independiente de la politica ?¿Todos los jueces son corruptos ? ¿Porque retiraron del caso de los ERES a la juez Mercedes Alaya? ¿Porque estan en la carcel los de Manos Limpias y libres a los que acusaron ?

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