No se lo van a creer – Jesús Laínz 

Los golpistas catalanes están recogiendo los frutos de la propaganda exterior que han sembrado a lo largo de cuatro décadas.

No le quepa ninguna duda, lector sorprendido por las simpatías que están recibiendo los delincuentes separatistas en algunos medios de comunicación extranjeros: nuestros separatistas siempre han gozado de buena prensa más allá de nuestras fronteras. ¿Sabe usted por qué? Por lo bien que funcionó y sigue funcionando el mito antifranquista.

¿Recuerda la fama de justicieros demócratas contra la dictadura franquista de la que disfrutaron los criminales etarras durante décadas, incluidas las tres posteriores a la muerte de Franco, cuando cometieron la inmensa mayoría de sus crímenes? ¿Recuerda el refugio y la ayuda que recibieron de Francia? ¿Recuerda las manifestaciones de apoyo a ETA en todo el mundo? ¿Recuerda la hucha de Olof Palme? Pues lo mismo sucede ahora con los golpistas catalanes, que están recogiendo los frutos de la propaganda exterior que han sembrado a lo largo de cuatro décadas. Las mismas décadas durante las que el Estado no ha movido un dedo. Cuando no ha colaborado directamente.

El daño provocado por la inexistencia del Estado de Derecho durante cuatro décadas es difícil de subsanar con calma y sin violencia. Los instrumentos del ordenamiento jurídico para impedir los desmanes separatistas no han sido utilizados por ningún gobernante desde el nefasto duque de sí mismo hasta hoy. El incumplimiento sistemático e insolente de leyes y sentencias por parte de los separatistas, sabedores de que se encontraban por encima de la ley debido a la complicidad izquierdista y el complejo derechista, ha dado sus frutos. Y cuando no ha quedado más remedio que hacer cumplir la ley, ya se han encargado los agitadores separatistas de convencer a sus hinchas, y a todo el mundo, de que se trata de un nuevo pisoteo a los derechos de Cataluña por parte del “Estado postfranquista español”, en palabras textuales de estos últimos días.

Ahora, tras décadas de inutilidad y perjurio, los paralíticos de la Moncloa confían en que los jueces resolverán el problema. Pero, muy al contrario, el resultado de todo ello está siendo el aumento, o por lo menos el enquistamiento, del voto separatista. Podrán interponerse obstáculos legales a la secesión, pero la batalla de las ideas, y por lo tanto de los votos, está ganada por los separatistas hace mucho, pues nunca se entabló. Ya hemos visto la reacción de un electorado catalán convencido de que ha sido víctima otra vez de la opresión española que le impide tomar decisiones libremente. Por no hablar de la reacción de una comunidad internacional más desinformada todavía.

Y con esto volvemos al comienzo de estas líneas. Porque si el Gobierno pretende ahora –¡a buenas horas, mangas verdes!– explicar a los extranjeros que lo que sucede en Cataluña es consecuencia de la inaplicación del ordenamiento jurídico por parte de los Gobiernos españoles durante cuarenta años, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que las sentencias dictadas contra los corruptos y totalitarios gobernantes separatistas no se han ejecutado por voluntad de los propios Gobiernos españoles, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que los hablantes discriminados en España no son los de ninguna lengua regional, sino los de la española, única oficial en todo el territorio, hablada por todos los españoles y mayoritaria en las regiones bilingües, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que los únicos partidos que han gobernado España ininterrumpidamente durante cuarenta años han sido los separatistas vascos y catalanes gracias a los acuerdos de legislatura con el PP y el PSOE, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que el PP y el PSOE han permitido durante cuarenta años el paulatino vaciamiento del Estado en beneficio de los separatistas, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que el que impidió la presentación del recurso del Defensor del Pueblo contra la Ley de Política Lingüística catalana en 1998 fue José María Aznar para poder gobernar con el apoyo del Gran Timonel separatista Jordi Pujol, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que el PSOE de Zapatero Maragall estuvo encantado de gobernar en coalición con la separatista Esquerra Republicana, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que cientos de miles de vascos y catalanes han tenido que irse de su tierra a otras provincias de España para escapar del terrorismo, el ahogamiento lingüístico, el adoctrinamiento de los niños y la asfixia social, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que los políticos que han tenido que llevar escolta durante muchos años en el País Vasco no han sido los gobernantes separatistas, sino los de la oposición antiseparatista, y que cuando los criminales etarras salen de la cárcel se les hace homenajes públicos, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que los ciudadanos que están siendo oprimidos, perseguidos, insultados, acosados, atemorizados y agredidos en Cataluña no son los separatistas sino los que desean seguir siendo españoles, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que los Gobiernos de un Estado democrático han permitido durante cuarenta años la construcción de sendos regímenes totalitarios en dos regiones españolas, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que las emisorias públicas de radio y televisión del País Vasco y Cataluña, pagadas con los impuestos de todos los españoles, sirven a intereses de partido y llevan décadas inoculando el odio contra el resto de España, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que la escuela en Cataluña y el País Vasco es una máquina adoctrinadora y que los libros de texto de los escolares están repletos de odio y mentiras contra España, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que los separatistas, tras cuatro décadas de impunidad e ingeniería ideológica totalitaria, se han visto capaces de dar un golpe contra un Estado democrático, golpe al que han presentado como una acción pacífica y democrática contra el fascista Estado español, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que la causa de España es la de la democracia, la libertad, el imperio de la ley y la defensa de la soberanía nacional, y que la de los separatistas es la del totalitarismo, la desigualdad, la discriminación, la arbitrariedad, el rechazo a la democracia y la destrucción de la soberanía nacional, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que el Gobierno de la nación, en medio del golpe, imploró a los golpistas que dejaran de darlo porque, de lo contrario, se vería obligado “a hacer lo que no queremos”, es decir, aplicar la ley, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que el Gobierno de la nación prohibió a la Policía mostrar vídeos de las agresiones sufridas durante el golpe de Estado del 1 de octubre para no perjudicar a los golpistas, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que la televisión autonómica, en estos momentos dirigida por el Gobierno de la nación en virtud del artículo 155, sigue en manos de unos separatistas que la utilizan para seguir agitando el odio y organizando el golpe de Estado, no se lo van a creer.

Si pretende explicar que la policía autonómica fue pieza clave del golpe y que, en estos momentos dirigida por el gobierno de la nación, sigue vulnerando la ley y protegiendo a los golpistas y terroristas callejeros, no se lo van a creer.

Ésta es la situación a la que nos ha conducido la tremenda incapacidad –cuando no la complicidad– de nuestros gobernantes desde hace cuarenta años. Muchas gracias, Suárez. Muchas gracias, Calvo-Sotelo. Muchas gracias, González. Muchas gracias, Aznar. Muchas gracias, Zapatero. Muchas gracias, Rajoy. El pueblo español os llevará siempre en el corazón.

Origen: Libertad Digital

2 comentarios en “No se lo van a creer – Jesús Laínz 

  1. ¿¿Y quien tiene la culpa de todo esto ? , me contestaran que los politicos ., pero…¿A los politicos quien les vota ?, Pues bien , esos politicos y sus votantes , son los “bomberos piromanos “, con el agravante de que han ido dejando que el incendio prosperase y ahora ya es imposible extinguirlo .En la transicion , hubo un buen partido con un gran hombre Blas Piñar , pero la gente prefirio al traidor , demagogo de ni fu ni fa de Adolfo Suarez

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