Fascismos, hijos del comunismo – Pasaje de “Memoria del comunismo” / Federico Jiménez Losantos

¿cómo se lucha contra el comunismo, que se basa en la mentira sobre el terror que busca imponer?

En mi opinión, solo recordando su realidad criminal, es decir, sus víctimas. Y eso significa combatir el mayor empeño en borrar su memoria, que es el de convertir el comunismo en la historia del comunismo. Como si el sufrimiento humano, el sacrificio de más de cien millones de personas, asesinadas con la excusa de una idea siniestra por los “sumos sacerdotes carniceros del Kremlin, pudiera reducirse a un relato y a una estadística consensuada de sus crímenes.

Pero eso exactamente es lo que está sucediendo hoy. En realidad, desde hace tres décadas, cuando la realidad comunista buscó ocultarse en la universidad.

La clave es la negación de la progenitura del comunismo, su carácter de modelo dictatorial absoluto sobre el que se forjaron el fascismo y el nazismo.

Para ello es preciso negar algo en lo que comunistas y anticomunistas rusos estuvieron siempre de acuerdo. Berdiaev, en sus Memorias del exilio, escribía:

“El surgimiento en Occidente del fascismo fue posible gracias al “comunismo ruso, que no habría existido sin Lenin (…). Toda la historia occidental entre las dos guerras fue determinada por el miedo al comunismo.”

Y Bujarin, cuando todavía era, en palabras de Lenin, el «niño bonito» del partido, lo confirmaba en el XII Congreso del Partido Comunista (bolchevique) en 1923:

“Característico de los métodos de la lucha fascista es que los fascistas, más que los de cualquier otro partido, han hecho suya y ponen en práctica la experiencia de la revolución rusa. Si lo vemos desde el punto de vista formal, es decir, desde el punto de vista de la técnica de sus procedimientos políticos, hay una perfecta aplicación de la táctica bolchevique y específicamente del bolchevismo ruso: en el sentido de una rápida concentración de fuerzas y una acción enérgica por parte de una organización sólida y compacta; y en el sentido de un sistema preciso de empleo de las propias fuerzas, de «comités logísticos», movilización, etc; sin dudar en la despiadada aniquilación del adversario cuando es necesario y lo determinen las circunstancias.”

Pues bien, esta evidencia histórica, que el bolchevismo llega al poder en 1917, el fascismo en 1924 y el nazismo en 1934, y que los tres fenómenos políticos provocaron la mayor pérdida de vidas humanas de la historia, no solo en el frente sino en la retaguardia, con millones de víctimas inocentes, se niega de forma deliberada, cruel, indiferente a la memoria de esas víctimas.

Yo creo, en cambio, que la única forma intelectualmente respetable de acercarse al “comunismo es a través de sus víctimas. Hay decenas, cientos de miles de libros sobre Rusia antes, durante y después del 1917. Tras el centenario de octubre de 1917 serán millones. Los historiadores, sin excepción, no dejan de decir que faltan muchos archivos por escrutar, muchos datos por conocer, muchos detalles por estudiar. Y no dejan de publicarse informes que, como en el grupo «Memorial» obedecen al principio moral de no dejar que caigan en el olvido tantos millones de víctimas a las que durante su vida y aún después de muertas se les ha borrado hasta la existencia.

Pero no es el caso de la mayoría de los historiadores de la parte del mundo que no ha “padecido el comunismo, a los que el Archipiélago Gulag de Soljenitsin les parece una referencia «poco profesional».

Sin embargo, la naturaleza del comunismo está grabada en la vida y la muerte de cada una de sus víctimas. El comunismo asesinó a millones de personas por considerarlas mera masa refractaria, reaccionaria o eliminable. Lo que no logró fue que cada persona no muriera sola, que cada una de esas vidas segadas por orden de Lenin, y tras él Trotski, Stalin, Mao, Ho Chi-Minh, Ceaucescu, Honecker, Andropov, Pol Pot, el Che, los Kim o los Castro, no tuviera su dolor particular, su terror intransferible, un pasado hecho cenizas.

Pasaje de

Memoria del comunismo

Federico Jiménez Losantos

Un comentario en “Fascismos, hijos del comunismo – Pasaje de “Memoria del comunismo” / Federico Jiménez Losantos

  1. esto tendría sentido en épocas feudales, donde se hacia lo que el “Señor” de turno mandaba, pero ahora, quizá si se quitan todas las universidades se solucione el problema, total para lo que sirven. Son un criadero de propaganda y populismo de la mas baja estofa, con el beneplácito de toda la sociedad podrida

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