La mentira del comunismo – Pasaje de Memoria del comunismo / Federico Jiménez Losantos

El comunista no es, no ha sido nunca, inocente de lo que los comunistas han hecho en cualquier otro lugar del mundo.

A la espera del poder material, disfrutando solo – y no es poco – del poder intelectual que procura la certeza en su superioridad moral, el militante del ideal comunista tiene ante las víctimas del comunismo real una disociación cognitiva: las ve y no las ve, lo sabe todo, pero nada sabe, disfruta cuanto ignora.

La diferencia esencial del líder y el militante es que el primero experimenta el placer directamente asociado al discurso; y el segundo, un goce silencioso, secreto e incluso inconsciente.

Cuando Pablo Iglesias Turrión amenaza en un mitin con su voz formateada a los capitalistas, liberales, socialtraidores, banqueros y poderosos del mundo, hijos de millonarios y empresarios de éxito, con la expropiación, el encarcelamiento o la aniquilación, siente y transmite el placer de atemorizar a sus enemigos, adelanto del que sentiría liquidándolos.

Ahora bien, no todo el mundo vota al que dice atrocidades que disfruta oyendo. Comparte la amenaza criminal, pero no desea que el crimen se convierta en realidad. Por eso, y es la clave de que Podemos tenga más del doble de los votos que tuvo el PCE con cualquier líder, es fundamental que Iglesias y su cuadrilla de reservoir dogs puedan, noche tras noche, en las cadenas de televisión puestas a su servicio por el gobierno del PP para quebrar al PSOE, asegurar a los votantes que, a través del mal, están haciendo el Bien. Y que activan un deseo, no un asesinato.

La diferencia de Pablo Iglesias con Carrillo, Anguita, Llamazares o Alberto Garzón, su «pitufo gruñón», está en que combina, porque le dejan, el mitin diurno y la confidencia nocturna, el gritito mitinero y ese susurrar suyo, ridículamente impostado, entre confesor y Landrú, que, pagado por Chávez, aprendió en los cursos de telegenia de María Casado.

Pero susurrando noche tras noche a las ovejitas sin luces va consiguiendo vender en la teletienda de las ideas que su violencia no es violencia, que su ferocidad es sensibilidad, que sus amigos etarras no matan, que Caracas no es Madrid, que él no quiere una dictadura comunista, solo que los niños pobres no tengan que buscar su comida entre la basura de los hoteles de cinco estrellas.

Naturalmente, el espectador de la tertulia política nocturna sabe que Iglesias miente, pero ¿quién no lo hace? Cuanto más feroz sea la mentira, es mayor como manifestación de poder.

Lo inconveniente activa el afán transgresor del ciudadano formal. En la penumbra del sofá y la televisión, cualquiera puede ponerse en la piel de los protagonistas de Portero de noche o de Belle de Jour, la novela de Joseph Kessel que Buñuel popularizó con Catherine Deneuve: esposa burguesa y formal de día, adicta a inconfesables placeres cuando nadie la ve. Lo que se dice una virtuosa de la Mentira. O una de aquellas «damas del Kremlin», soviet-escorts de Gorki o Romain Rolland.

La tarea del comunista del siglo XXI es acceder al cuarto trasero de la conciencia buenista, donde se alberga ese impulso homicida inconfesado o inconsciente del que habla “Besançon; facilitar al teleciudadano la contraseña para acceder al Big Data del poder imaginario sobre la vida, la propiedad y la libertad de los otros. Algo que solo el comunismo ha hecho realidad y volvería a hacerlo, porque desear es conseguir y lo que se quiere, se puede.

Mientras eso llega, a votar y esperar el Juicio Final, el Día de la Venganza, saboreándolo a oscuras, como el niño debilucho que sueña cada noche con ser Supermán.

El éxito de Podemos se basa justamente en eso: en haber ido más allá de lo que nadie, empezando por el PCE que hizo la Transición y que aceptó la democracia durante cuatro décadas, hubiera ido nunca.

Solo la ETA se acerco “en ferocidad a sus propuestas, y no todas y no siempre.

Recordemos algunas: sacar a Franco de la tumba, rechazar la ayuda de Amancio Ortega para los niños enfermos de cáncer, negar una calle a Miguel Ángel Blanco, asaltar una capilla, reírse de las víctimas del terrorismo y del Holocausto, burlarse de los jóvenes asesinados en Venezuela, defender las cárceles de Cuba, proclamar en una televisión pagada por Irán que la guillotina es el origen de la democracia, felicitar el 1 de enero de 2017 como aniversario de los cien años del régimen de los cien millones de muertos, y brindar por el Che, Chávez, Lenin y Stalin, que siempre serán mejor que Franco y sus “hijos del PP y Ciudadanos.

No hay norma cívica en que no se cisquen, ley que no vulneren ni delincuente que no defiendan, del terrorista Alfon al maltratador Bódalo. Pero sus delitos son en nombre de la justicia; sus robos, de la honradez; sus mentiras, de la Verdad.”

Pasaje de

“Memoria del comunismo”

Federico Jiménez Losantos

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