“AH, EL PRESTIGIO DE LA IDEA SOCIALISTA! – Pasaje de “Memoria del comunismo” – Federico Jiménez Losantos.

[..] La respuesta la da, involuntariamente, el mismísimo Kérenski, en el banquete de honor que le ofrecen los dirigentes socialistas de la SFIO. Ante los Cachin, Longuet, Blum, Renaudet, Albert Thomas e incluso Sembat, dice:

No estoy aquí para convenceros, sino para deciros que todos los socialistas, desde Plejánov hasta el internacionalista Mártov, consideran que este régimen —que bajo el nombre de socialista sigue los peores métodos del zarismo— es el peor peligro para el socialismo, porque la burguesía explota el ejemplo que brinda y lo utiliza para desacreditar nuestro ideal.

Esto es lo que va a salvar al comunismo, desde 1917 hasta hoy: que la izquierda pequeñoburguesa —hay que ver el banquete a Kérenski— no está preocupada por los crímenes del comunismo, de los que son víctimas los propios socialistas, sino por «el prestigio de su ideal», puesto en solfa por «la burguesía», es decir, por los partidos liberales y conservadores con los que ha formado gobierno durante la guerra, y por los sindicatos, que están radicalmente en contra de la prohibición de la libertad de huelga en Rusia. No importa el derrocamiento de un gobierno legítimo presidido por un socialista, la prohibición de todas las libertades, las masacres, los robos y el terror rojo, sino el deterioro del «ideal». ¿Y de qué «ideal habla Kérenski: del que ha entregado el poder a los bolcheviques o del que sufre su tiranía?

El sectarismo izquierdista y masónico de Kérenski no está halagando solo los oídos de los socialistas franceses que lo acogen, sino marcando la pauta que seguirá el socialismo francés y, con él, la izquierda internacional con respecto al régimen bolchevique y el camuflaje de sus atrocidades. Dice que destruye el «ideal socialista», pero, por cuidar ese «ideal», lo salva. Dice que desprestigia el socialismo, pero no puede admitir que la burguesía lo diga. En resumen: la izquierda puede decir lo que sea, la derecha, jamás.

¡Robespierre vive!

Solo un año después, en su nombre se absolverá a Lenin. Pero ni la izquierda dejará de proclamarse única defensora de los derechos humanos ni dejará de olvidarlos cuando su vulneración puede perjudicarla.

Sin embargo, en Rusia los socialistas no reciben banquetes, sino tiros en la nuca en la Lubianka. Y el 18 de agosto publican en L’Humanité un «Llamamiento de los socialistas rusos a los socialistas del mundo entero»:

“Una parte considerable de nuestros compañeros de Europa Occidental y de América recibe con gran desconfianza las acusaciones que imputamos a los bolcheviques. Muchos de ellos aprueban incluso las fechorías bolcheviques y otorgan su apoyo moral a un régimen fundamentado en arbitrariedades y opresiones ilimitadas, contra las cuales se sublevan las masas obreras y campesinas.

La vanguardia proletaria rusa se deja oír a través de los delegados de las fábricas: «Nuestra vida es un infierno. Nuestros hijos mueren de hambre. Y los hambrientos reciben plomo en vez de pan y los que se quejan en voz alta son declarados enemigos del pueblo. Persiguen nuestras organizaciones. Está prohibido hacer huelga. Ya no existe justicia más o menos regular y ya no existe el derecho. Nos gobiernan personas que reinan como autócratas, que no tienen ni fe, ni ley, ni honra; que tienen únicamente una sed tremenda de poder y que, para conservarlo, nos han traicionado y nos han vendido».

Y, sin embargo, todas estas acusaciones, todas estas protestas contra los horrores del régimen bolchevique son consideradas a menudo como puras invenciones en la prensa socialista del extranjero, y las expresiones más claras de indignación de nuestras masas populares son tachadas de «contrarrevolucionarias».

Por lo tanto, como creemos que es nuestro deber llamar seriamente la atención de nuestros camaradas de Occidente sobre este profundo error, les proponemos nombren una comisión internacional de la que formen parte representantes de todos los partidos socialistas.”

El compromiso y la responsabilidad moral eran evidentes. Y al dejar exclusivamente en manos de los socialistas la condena o no del régimen bolchevique se aseguraba que el juicio moral quedaría sujeto al criterio político, sin daño para el «ideal» socialista. Así que la Liga de Derechos del Hombre, copada por la izquierda, convocó un debate que iba a marcar la política de esos «socialistas del mundo entero» hacia el régimen de Lenin.”

Pasaje de

“Memoria del comunismo”

Federico Jiménez Losantos.

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