El año 1 de Lenin que dibuja todo el siglo XX – Pasaje de “Memoria del comunismo” Federico Jiménez Losantos

En su prólogo a L’aveuglement (Jelen), embrión de sus dos obras mayores, El conocimiento inútil y Cómo terminan las democracias, Jean François Revel describe su experiencia al leer las actas del Informe sobre la situación en Rusia de la Liga de Derechos del Hombre, documento esencial para comprender la vida y supervivencia hasta la actualidad, o tomando el término de Oliverio Girondo, de la masvida del comunismo:

“He leído las actas estenográficas íntegras (…). Para mí, esta lectura ha rasgado un velo histórico, ya que permite darse cuenta de que en 1918 se podía saber, y de hecho se sabía: los más altos responsables políticos e intelectuales del socialismo de la época ya lo sabían absolutamente todo sobre el despotismo soviético, porque el sistema en su totalidad fue establecido desde el primer año de su existencia.

A quienes deseen analizar el camino recorrido por Francia durante los veinte años siguientes a través de los medios de izquierda no comunista, una anécdota les bastará: en 1937, La Liga de Derechos Humanos, cuya imparcialidad hemos comprobado al principio del régimen bolchevique, envió a la Unión Soviética a uno de sus miembros, un abogado, para examinar si los procesos de Moscú se desarrollaban respetando las reglas judiciales democráticas o los derechos humanos. De regreso a Francia, el abogado Raymond Rosenmark entregó su informe, en el que declaró no haber observado algo que fuese anormal.

¿Qué ocurrió en 1918 y 1919? (…). La izquierda inauguró brillantemente la tradición de censura que no deja de florecer hasta nuestros días (…), a favor de la URSS al principio, y luego de China, Cuba, Vietnam, Camboya, Angola, Guinea o Nicaragua, así como de diversos países denominados «socialistas» del Tercer Mundo

(…).

Las atrocidades que reveló la Liga de Derechos Humanos empezaron a ser objeto de un laminado cínico que las escamoteó, o de interpretaciones cínicas que las justificaban.”

Tras citar a los defensores del Terror jacobino —que ya hemos visto— Revel se refiere a un hecho esencial en la gran mentira para justificar el terror rojo, en todo tiempo y lugar, desde negar la intervención militar de las democracias para reponer la democracia militarmente derrocada en Rusia hasta el «bloqueo» que justificaría los infinitos crímenes de la dictadura castrista. El «cerco» es el elemento clave inventado en Francia y que cuenta con la ayuda impagable de Estados Unidos y Gran Bretaña:

“El cerco, real o mítico, del enemigo exterior legitima las proscripciones contra los enemigos interiores, es decir, contra todo el mundo excepto los bolcheviques. La responsabilidad de los crímenes del comunismo recae sobre sus adversarios, reales si es posible e imaginarios si es necesario. Los primeros fracasos de una larga y crónica serie, y sobre todo su persistencia, hallan su explicación en las «circunstancias excepcionales», la «herencia», el bloqueo de las potencias capitalistas; mientras que, por el contrario, el presidente norteamericano Wilson y el primer ministro Lloyd George hacían declaraciones llenas de simpatía y ofertas de ayuda económica al nuevo régimen.”

La contagiosa estupidez de Woodrow Wilson proviene de una idea, minuciosamente equivocada, sobre el tratado de Brest-Litovsk entre Lenin y su gran financiador, vía Parvus: el Imperio Alemán (Escohotado, 2016).

Todavía hoy sorprende que la evidente colaboración de los bolcheviques con Alemania, tras derrocar a Kérenski y proclamar la «paz sin anexiones» que permitía a Alemania liberar las tropas del frente oriental y volcarlas en el occidental, es decir, en Francia, fuera asumida de forma tan ingenua por los socialistas franceses, que salvo casos patológicos, no querían ver desfilar a las tropas del káiser por los Campos Elíseos, como en 1871.

Pero, embarcados ya en la nave de la trola sobre el régimen de Lenin, la mayoría de los socialistas de la SFIO (Sección Francesa de la Internacional Obrera), que había votado los créditos de guerra y participado en el gobierno con figuras como Jules Guesde (de notable influencia en el socialismo español) y Albert Thomas, no vieron cómo los cambios, volteretas e improvisaciones de Trotski, encargado por Lenin de negociar la paz con Alemania, obedecían exclusivamente al afán bolchevique de mantenerse en el poder.”

Pasaje de

“Memoria del comunismo” Federico Jiménez Losantos

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