Balmes y Donoso Cortés ante la política española en el siglo XIX – Joaquín Macías López

Joaquín Macías López

Reelaboración de la intervención en el Ateneo de Madrid, el 29 de septiembre de 2010, en el ciclo dedicado al bicentenario del nacimiento de Balmes

Introducción

El pasado 28 de agosto pasado se conmemoraba el bicentenario del nacimiento de Jaime Balmes Urpía. El filósofo catalán, nacido poco más de un año después que Juan Donoso Cortés, murió casi cinco años antes que aquél, un 9 de julio de 1848. El tres de mayo de 1853 fallecía Donoso en París.

Se trata, por tanto, de dos figuras que ocupan la primera mitad del XIX, dos «filósofos» sin los cuales no es posible tener una plena comprensión de la situación política de la España decimonónica, y ello, debido a que ambos fueron no solamente «espectadores» de los acontecimientos de la convulsa época que les tocó vivir, sino también «actores», y «actores» influyentes, que intervinieron, decidida y firmemente, en algunos de los sucesos políticamente más relevantes de entonces.

Si queremos aproximarnos al pensamiento político de Donoso Cortés, tendremos que remitirnos a las Actas del Libro de Sesiones del Congreso de los Diputados, a la prensa periódica de la época (El Piloto, El Porvenir,…) a los despachos que Donoso enviaba desde las embajadas de España en París o Berlín durante su época como embajador en el extranjero, a «informes» o «memorias» que redactó a lo largo de su exitosa carrera política, &c. Por supuesto, también al Ensayo sobre el Catolicismo el Liberalismo y el Socialismo, que le dio fama mundial dos años antes de su muerte. La teoría y la práctica políticas están aquí íntimamente unidas, y lo están de forma coherente y consecuente.

En el caso de Balmes, su titánico trabajo como periodista, en La Civilización, La Sociedad o El Pensamiento de la Nación, además de sus obras filosóficas de carácter «dogmático», determina toda una forma de entender la política, que al igual que sucede con Donoso, supone justamente que la acción política no debe dejarse llevar por la inercia de los acontecimientos, o la improvisación (circunstancia lamentablemente harto frecuente en su época y, quizá, también en la nuestra) sino que requiere de una reflexión crítico -»filosófica» que la guíe.

En ese sentido, una de las grandes enseñanzas de ambos autores es que no tiene sentido la praxis política al margen de una «filosofía política», y ello a pesar de lo señalado por un contemporáneo suyo, don Carlos Marx, quien sentenció equivocadamente en su conocidísima tesis XI sobre Feuerbach que «hasta ahora, los filósofos no han hecho más que interpretar la realidad, pero de lo que se trata es de transformarla».

1. El «caso» Donoso en la historiografía

a) «El problema»

El problema-Donoso» comienza cuando constatamos que ha habido un claro intento por parte de una cierta izquierda (¿indefinida?, ¿divagante?), de silenciar su obra, de ocultar su figura, de no concederle la importancia debida, por considerar que se trataba, sin más, de un católico ultramontano, visionario, apocalíptico y fundamentalista, que rayano en la locura previno a la Humanidad contra los males que engendran el liberalismo, el socialismo y las «revoluciones» en general. Quizá esto pueda parecer una exageración caricaturesca, pero veamos la versión que del pensamiento de Donoso nos da un reputado liberal-progresista como don Modesto Lafuente, quien en su monumental Historia de España dice lo siguiente:

«Y aun en medio de la lucha y hasta en el engreimiento de la victoria, siguió Narváez consecuente con sus primeras opiniones y no renegó nunca de sus doctrinas liberales ni cayó nunca en exageraciones reaccionarias , como tantos hombres del partido conservador, entre los cuales sobresalía Donoso Cortés, en quienes el miedo de la revolución rayó en la locura. Por él pensaron y dijeron que eran llegados los tiempos apocalípticos; que el Anticristo andaba ya por el mundo, cuyo profetizado fin se venía encima a más tardar; y otros disparates no menos impropios de políticos serios, por más que, puestos en verso o en prosa poética y sublime, dieran asunto a bonitos discursos y preciosos libros de entretenimiento, como el Ensayo sobre el Catolicismo.»{1}

«Guizotín» o «quiriquirí de Extremadura», fueron algunos de los epítetos que lanzaron contra Donoso sus adversarios políticos.

En cualquier caso, los ecos de la obra de su obra resuenan en la segunda mitad del XIX en el pensamiento político de los tradicionalistas españoles{2} (Navarro Villoslada, Tejado, Valentín Gómez, Manterola, los Nocedales, Gil Robles, Vázquez de Mella, hasta llegar a «el maestro» D. Marcelino Menéndez y Pelayo, que verá tanto en Balmes como en Donoso la «resistencia ortodoxa» del catolicismo frente a krausistas y liberales).

Sin embargo, la gran reinterpretación del pensamiento de Donoso la va a realizar en los años 20 del siglo pasado el jurista alemán Carl Schmitt, quien en sucesivos trabajos a partir de 1922, considerará que Donoso fue capaz de anticipar las claves de la situación política europea del siglo XX (auge de los totalitarismos, hegemonía rusa, &c.) a partir de un genuino pensamiento contrarrevolucionario{3} planteado en una perspectiva «paneuropea», tomando como base el estudio de las revoluciones (desde la burguesa de 1789 y sus consecuencias, hasta la proletaria del 48).

Ya en los años 30, desde las páginas de la revista católico-monárquica Acción Española (Eugenio Vegas Latapié, Ernesto Giménez Caballero, José Corts Grau, José Pemartín, Ramiro Ledesma Ramos, &c.), con el propósito de constituirse como movimiento de choque frente a la República, y con la misión de «salvar a España», se recupera a Donoso como el inspirador del resurgir de la «vieja España» y sus tradiciones.

Posteriormente, a partir de la publicación de la importantísima biografía de Schramm{4} y de sus estudios sobre Donoso, pasa a convertirse en un tópico de la historiografía el hablar de «dos Donosos»: uno «liberal», y otro defensor del autoritarismo y la dictadura. La separación entre estos «dos Donosos» vendría dada por una evolución relativamente lenta (Schramm), interpretada más tarde por estudiosos del peso de Federico Suárez Verdeguer en términos de auténtica «conversión» (primero religiosa, en torno a 1847 y posteriormente «política» en 1948). El conocidísimo y controvertido Discurso de la dictadura pronunciado por Valdegamas el 4 de enero de 1849 en el Congreso de los Diputados de España, sería la mas rotunda expresión de este «segundo Donoso».

Tenemos, por tanto, no «uno», sino «dos» Donosos, a los que en 1949{5} Francisco Elías de Tejada añade un «tercero»: después de repasar «los Donosos que se han visto», considera que hay ¡tres Donosos!: un Donoso liberal exaltado, otro tradicionalista y «pleno de sinceridad», y un tercero «intermedio, falso e insincero, en el que el eclecticismo es la pantalla de la duda, encubridora de las vacilaciones que llenan los instantes de cambio y transición».{6}

En 1938, en plena guerra civil, el gran Antonio Tovar publica en los «breviarios del pensamiento español» una selección de textos de Donoso Cortés. Amigo personal de Dionisio Ridruejo y vinculado en aquellos años a Falange, el que fuera rector de la Universidad de Salamanca, así como catedrático en las Universidades de Illinois y Tubinga, justifica, en el Prólogo a esta Selección, el significado de Donoso para el presente de los años 30:

«Su pensamiento ya completo, con la trabazón lógica y de una pieza que muestra el Ensayo, queda destrozado aquí desde luego en una serie de fragmentos así. Pero téngase en cuenta que es esta una antología hecha mientras dura el diluvio, como para entender un poco las cosas desde el arca y mientras dura la navegación de esta España nacional, donde se lucha con cabeza y corazón contra las aguas desbordadas desde las nubes negras de la Revolución mundial, de lo que Donoso, estremecido, llamó socialismo.»{7}

A raíz de los trabajos de Carl Schmitt y de Schramm, hay que sumar, en 1940, la publicación, en alemán, de Donoso Cortés, Hombre de Estado y Teólogo{8}, del padre franciscano Dietmar Westemeyer.

Resurge, entre los españoles, en interés por la obra de Donoso. Son los años de la posguerra española, y se encuentra en Donoso un pilar ideológico del catolicismo conservador (en su versión «neocatólica» tal como se denominó). Sin embargo, José Álvarez Junco considera que la idea de «nación», no tiene aún cabida aquí:

«En el planteamiento de este gran representante del conservadurismo español de mediados del XIX sigue sin caber la nación. La nación es tan sospechosa para él como lo había sido para los teóricos del absolutismo fernandino, una sospecha que se reforzó sin duda ante los fervores nacionalistas que le tocó presenciar durante las revoluciones de 1848.»{9}

Donoso no enfrenta a la idea de España una «anti-España» –tal es la tesis defendida por Álvarez Junco–, sino al Catolicismo (a la «civilización católica») contra la Modernidad. De hecho, su planteamiento influye sobre el Syllabus de Pío IX, que sigue esa línea «antimoderna». Schmitt había señalado que Donoso piensa desde una perspectiva «paneuropea» –¿»nacional-socialista»? en la conceptualización de Schmitt–, si bien no «nacional-católica» –diremos ahora nosotros– ya que para el desarrollo de esta idea del «nacional-catolicismo» habría que seguir los pasos –siguiendo la tesis de profesor Álvarez Junco– y posterior reelaboración y enfoque, que dieron al romanticismo español, los Böhl de Faber (padres e hija, «Fernán Caballero», «que había leído a fondo a los Barruel, De Maistre, el padre Vélez y Donoso Cortés»{10}) y su idea de una «esencia católica de España», hasta llegar al anteriormente citado Menéndez y Pelayo, que en su Historia de los heterodoxos españoles, culmina el posicionamiento «nacional-católico» cuando habla de la «raza española»:

«como una manera de ser y pensar que le era propia y en la que figuraba de manera inexcusable la religión, en este caso el catolicismo. […] De esta manera, Menéndez Pelayo no sólo coronaba la construcción intelectual del nacional-catolicismo, sino que lanzaba la idea de la anti-España. Identificaba al enemigo interno. Y con ello no le faltaba nada al nacional-catolicismo.»{11}

b) La significación del centenario de la muerte de Donoso Cortés

Al cumplirse un siglo de la muerte del marqués de Valdegamas, 1953 va a ser declarado en España «año donosiano». Los 50, y especialmente en las fechas próximas a la conmemoración del centenario, son años en los que proliferan los estudios sobre su figura. La cátedra «Donoso Cortés» de Badajoz, el Instituto de Estudios Africanos, El Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Ateneo de Madrid y el Instituto de España organizan y promueven ciclos de conferencias y publicaciones conmemorativas.

De nuevo, Schramm

En el Ateneo de Madrid se da a conocer el 9 de abril de 1951 el opúsculo de Edmund Schramm Donoso Cortés, ejemplo del pensamiento de la tradición{12}, que aparecerá publicado al año siguiente en la Colección «O crece o muere». Terminada ahora la Segunda Gran Guerra, Schramm parte de una reflexión sobre las enseñanzas y la interpretación de la Historia reciente de Alemania y su posible paralelismo con la Historia de España. Desde el afecto que siente por el pueblo español, Schramm formula la pregunta por el significado de la tradición para ambos pueblos desde una perspectiva europea. Acababa de ser publicado en Colonia, en 1950 el libro de Carl Schmitt Donoso Cortés desde una perspectiva paneuropea{13}, y también en 1950 se publicó en Alemania un volumen con cartas, despachos y discursos del marqués de Valdegamas de los años 1849 hasta su muerte, recopilados por otro alemán interesado por el estudio de la obra del extremeño, Albert Maier{14}. Schramm se opone a la idea de que Donoso sea un «tradicionalista»:

«Donoso defiende la tradición de su pueblo, aunque yo creo que no se le debe tildar de tradicionalista (en el sentido que se da corrientemente a este término en España).»{15}

El concepto de «tradición» es, según Schramm, en todo caso, complejo: con las Cortes de Cádiz se da un enfrentamiento en la primera mitad del XIX entre liberales exaltados, reformistas y partidarios del absolutismo del Antiguo Régimen. La forma de entender «la tradición» es diversa. Schramm señala seis notas distintivas. Por «tradición» se entiende, en la España de la primera mitad del XIX: 1. Tomar partido por la monarquía; 2. Oponerse a la soberanía popular; 3. Oponerse a la revolución; 4. Defender la religión heredada y las relaciones entre el Estado y la Iglesia; 5. Defender en general el peculiar «estilo de vida» español, menos secularizado que los demás países de la Europa occidental; y 6. Defender, por último, los antiguos derechos forales «como matiz anticentralista de este pensamiento tradicionalista»{16}.

Schramm concede especial importancia a los planteamientos liberales de «el joven Donoso» formado en los principios de la Ilustración y proclive a la Revolución Francesa. Posteriormente, recibe la influencia de los doctrinarios franceses lo que le lleva a abordar las cuestiones políticas desde una óptica netamente racionalista. La idea de un Estado sustentado en las «clases medias» que formula Donoso en esta etapa de su evolución intelectual, puede resultar confusa: cuando Donoso elogia a las «clases medias» como soporte de la estructura del Estado, habría que matizar lo siguiente: Donoso «piensa en francés», pero en ¿qué tipo de «clases medias» piensa exactamente Donoso? Las «clases medias» francesa y española de la época no son equiparables. La «alta burguesía» de provincias durante la primera mitad del XIX, en una España fundamentalmente rural, era mucho más conservadora que la francesa, más netamente urbana y «progresista».

En cualquier caso, Schramm considera que la ruptura de Donoso con el «racionalismo» se hace patente en el artículo «Sobre el estado de las relaciones políticas entre Francia y España».{17} Sería ahí donde Donoso, sirviéndose de un «método tradicionalista» que divide la Historia en períodos{18} oponga frontalmente la Edad Media a la Edad Moderna. La Edad Moderna es el momento en el que la razón se emancipa definitivamente de la fe y de la Historia «hasta llegar a adorarse a sí misma» destruyendo todas las estructuras políticas, religiosas de la vieja sociedad. En lo referido a la teoría política, Donoso se aleja paulatinamente de los doctrinarios franceses{19} (Rollerd Collard, Cousin, Guizot), así como del liberalismo, a la vez que defiende una forma de Estado fuerte.

Los acontecimientos históricos van condicionando la evolución política de Donoso que culmina en el Discurso sobre la Dictadura{20} que Schramm resume así:

«La tesis política de Donoso, sostenida en su discurso del 4 de enero de 1849, puede resumirse en una sola frase: puesto que la restauración de al monarquía ya no es posible, puesto que los Gobiernos constitucionales no pueden hacer frente a la Revolución, como la Sociedad está expuesta al inminente peligro de caer en la anarquía, aquel Gobierno será legítimo aquel gobierno que se oponga a la Revolución y asegure la existencia del Estado.»{21}

Considera Schramm que donoso «dedujo la necesidad de la dictadura»{22} pero considerándola desde la perspectiva de la «excepcionalidad».

En cuanto a la crítica a Donoso, Schramm considera inaceptables, desde una perspectiva católica, su visión absolutamente negativa de la naturaleza humana de Valdegamas, su imprecisión en el concepto de «civilización católica», así como su pesimismo existencial que le lleva a pronosticar el triunfo del mal en el mundo.

Autoafirmación de las tesis de Carl Schmitt

En 1944 Schmitt publica Interpretación europea de Donoso Cortés{23}. Amplía, con este trabajo, su comprensión de la figura de Donoso como pieza clave para poder entender el pensamiento europeo desde la revolución de 1948 hasta la Segunda Guerra Mundial. La Historia de la vieja Europa ha venido a dar la razón a Valdegamas: primero, en cuanto a su predicción sobre la evolución de la política exterior (predicción en la que coincidió, por cierto con Niebhur y Bruno Bauer). En segundo lugar, en cuanto a la política interior, Donoso previó cuál sería el desarrollo futuro del Estado, con una creciente burocratización, centralización y mecanización. Donoso se anticipó a la formulación del decisionismo, entendido como la esencia del poder político, y defendió una «teología política», en el sentido de que es en la teología en donde se encuentra la fundamentación del poder, cuando esta fundamentación no existe, el poder político se desintegra.

A juicio de Schmitt Donoso se equivocó al centrar sus críticas en Proudhon y no en el socialismo marxista, aunque sobre esto, deberíamos decir que Donoso muere 13 años antes de la aparición de El Capital.

Terminada la Segunda Gran Guerra, Carl Schmitt continua manteniendo su influencia (en una situación comparable a la de Heidegger o Jünger) sobre una gran parte del mundo jurídico-académico español, y se reafirma, en esos años, en sus tesis acerca de Donoso. En 1952 la editorial Rialp publica el libro de Carl Schmitt Interpretación europea de Donoso Cortés, que ya hemos referenciado en este Trabajo de Investigación, y comentado anteriormente, y que, como hemos visto, reúne estudios de distintas épocas.

Gabriel de Armas, el Donoso «ibérico»

Gabriel de Armas publica en 1953 Donoso Cortés. Su sentido trascendente de la vida{24}. Elabora una biografía «a la española» (tal como se nos anuncia en la carátula del libro) del extremeño, muy elogiada en círculos católicos. Se nos ofrece una visión genuinamente «nacional» del marqués de Valdegamas, en la que el autor se lamenta de que hayan sido más los extranjeros que estudiaron a Donoso que los españoles{25}. Desautoriza las teorías de la «conversión» de Donoso, dado que no cabe poner en duda que «Donoso fue siempre creyente»{26}. A partir de aquí, emprende la reconstrucción de una «biografía mística» del marqués de Valdegamas, su anticipación al Syllabus, estudiando también el «intuicionismo cristiano», la «problemática de la espiritualidad», y la fundamentación de la trascendencia (en el orden antropológico, cognoscitivo y político) en la obra de Valdegamas, destacando la vertiente «social» («¿socialista?») del pensamiento de Donoso, en la que, como veremos más adelante, insisten otros autores en los años 50, ya que a juicio de Gabriel de Armas:

«Los postulados de igualdad, fraternidad y libertad, tan explotados por el socialismo revolucionario, sólo encuentran su razón de existir en la entraña misma del catolicismo.»{27}

Lejos de ser un defensor de la dictadura, como pretendía Schmitt, Donoso, fiel a los postulados del catolicismo patrio, defendió el libre albedrío y rechazó la idea calvinista de predestinación:

«Rechaza también Donoso toda idea de predestinación al estilo calvinista. Y afirma el libre albedrío, al que califica de «obra maestra de la creación». Predestinación contra la que España luchó sus mejores batallas aun literarias. Todavía hoy, cuando esta cuestión ha sido relegada a un segundo plano por la verdad teológica triunfante, nos llena de admiración la trama maravillosa de El condenado por desconfiado. […] Esta obra maestra de nuestra literatura clásica, salida de la pluma de un poeta teólogo como lo era Tirso de Molina, obedeció, por lo visto, a una polémica que se suscitara entre teólogos: el jesuita P. Molina y el dominico P. Báñez, sobre el problema de la predestinación del hombre.»{28}

En la «carta-prólogo» –que aparece al final del libro– Eugenio Vegas Latapié avala el enfoque de Gabriel de Armas, y sobre Carl Schmitt, se manifiesta con rotundidad, señalando que el jurista de Plettenbeg:

«…falsea categóricamente el pensamiento del gran extremeño atribuyéndole doctrinas contrarias a las que realmente sustentó y en oposición absoluta con la conducta que observó desde sus primeros pasos en la vida pública hasta el día 3 de mayo de 1853, en que murió en París siendo embajador de la reina Isabel II.»{29}

Donoso Cortes, «profeta de la Hispanidad»

En torno a 1953 aparecen numerosas publicaciones que evocan la figura del marqués de Valdegamas. Así, por ejemplo, en ese mismo año, aparece en la colección «Temas españoles» y pequeño folleto sobre su vida y obra, cuyo autor es Santiago Galindo Herrero{30}. La cita Donoso de la que se sirve Galindo Herrero para comenzar su trabajo es bien significativa:

«Yo represento la tradición, por la cual son lo que son las naciones en toda la dilatación de los siglos. Si mi voz tiene alguna autoridad, no es, señores, porque es la mía; la tiene porque es la voz de nuestros padres.» (pág. 3)

Nuevamente el Tradicionalismo, en esta exégesis de Galindo Herrero, acorde con la imagen más divulgada en los años 50, de Donoso Cortés como defensor de la catolicismo patrio, y profeta del «resurgir espiritual de España».

En esta línea, aparece en 1953 Donoso Cortés, el profeta de la Hispanidad{31}, de Francisco Gutiérrez Lasanta{32}. Gutiérrez Lasanta –que ya había publicado en 1946 una obra sobre los Pensadores políticos del siglo XIX–{33} «abre fuego», en el capítulo primero de esta obra de 1953, dejando clara su visión de España:

«Así pues, España, como personalidad colectiva y moral, perfectamente definida en el espacio y en el tiempo por sus características propias y peculiares, estuvo predestinada eternamente para realizar grandes cosas en la historia. De ahí la definición exacta de José Antonio: Unidad de destino en lo universal, o si queremos también, Unidad de Providencia y de fin en el tiempo y el espacio. Porque, dado el orden reinante en el Universo, sería una injuria para su Autor suponer que la gran misión histórica de nuestra Patria es hija del acaso o del azar, o que en los designios divinos, España ocupa menor atención que el fin vinculado a una persona individual, jurídica y libre.»{34}

Sabida, a partir de aquí, cuál ha de ser la «empresa de España», desgrana el autor el concepto central de Hispanidad. Según Gutiérrez Lasanta:

«La Hispanidad puede tomarse en un sentido concreto material y en un sentido abstracto y formal. Considerada bajo el primer aspecto, la Hispanidad significa y comprende el conjunto de pueblos y naciones que, habiendo brotado de una misma estirpe y raíz que es España, forman con ella un todo armónico, organizado ay unido por vínculos de fe, sangra, lengua, usos, costumbres, destino y fin.[…] En sentido abstracto y formal, la Hispanidad es y significa: ese conjunto y suma de cualidades, sentimientos, ideas y vínculos que caracterizan, personifican y distinguen a los pueblos de estirpe y cultura hispánica, del resto de los pueblos y naciones del mundo.» (págs. 15-16)

El origen del vocablo Hispanidad, «en su acepción moderna» «se debe a Zacarías de Vizcarra{35} en su invención, a Ramiro de Maeztu en su difusión, y al cardenal Gomá, en su significación»{36}.

La Hispanidad tiene, inmensas «extensiones», dado que:

«…en el Viejo Continente, que es el continente del Cristianismo y de la Civilización, en la venerable y augusta Europa, madre de pueblos y colonizaciones, la Hispanidad tiene su tronco y raíz que es España o mejor la vieja Iberia, con una fronda hermosa de historia que se extiende por toda Europa, llega al África y alcanza buenas extensiones del Asia…» (pág. 19)

Gutiérrez Lasanta, señala quiénes han sido los principales «artífices» de la Hispanidad: los Reyes Católicos («que dan unidad a España y de su identidad de corazones y empresas nace el Nuevo Mundo», pág. 22), en primer lugar; Cristóbal Colón (como «descubridor»), Hernán Cortés (como «caudillo, guerrero y conquistador»), Santa Teresa de Jesús (como ejemplo de religiosidad católica), Francisco Vitoria (como jurista «expresión del sentido hispano»), Lope de Vega, Fray Luis de León o Rubén Darío (como poetas de lo hispánico), Ramiro de Maeztu{37}, el cardenal Gomá, Manuel García Morente, Zacarías de Vizcarra, Alfonso Junco, Antonio Cuadra, Carlos Goyoneche, Federico Calero…como «máximos apologistas de la Hispanidad».

Pero, falta un «profeta, un vocero, un orador, un político, un diplomático de la raza y de la Hispanidad» que no podía ser otro sino… Donoso Cortés, «profeta y vidente de horizontes amplios»{38}.

Donoso, que rindió culto a «los principios generadores» de la Hispanidad y del catolicismo español cuando señalo que «toda civilización verdadera viene del Cristianismo» anticipó la idea de Hispanidad como «unidad de destino» de todos los españoles{39}, invocando la grandeza de su patria, por lo que puede decirse que «goza de auténtica personalidad hispánica»{40}.

La Filosofía política de Donoso Cortés según Francisco Escobar

Escrito en Oviedo por quien fuera profesor de su Universidad –el presbítero y doctor en Filosofía y Letras Francisco Escobar García– Semblanza de Donoso Cortés, es publicado en 1953 por la Diputación Provincial de Badajoz{41}.

Dos años después de la conmemoración del centenario de la aprobación del Concordato de 1851, y ante la proximidad del Gran Año Mariano, con motivo de la celebración del centenario de la bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854, mediante la que Pío IX promulgó el dogma de la Inmaculada Concepción de María, Francisco Escobar aprovecha la ocasión para recordar:

«a los paladines representativos de aquel movimiento de resistencia, apóstoles generosos y soldados irreductibles a la claudicación, que defendían día a día, reducto a reducto, todos y cada uno de los postulados de la tradición española.» (pág. 6)

Todos ellos habrían emprendido una auténtica cruzada contra «el temible ejército de los sofistas, ingenuos discípulos de Rousseau o de Condillac o de la Enciclopedia; con los sacerdotes de la idolatría racionalista, con las vestales de los derechos del hombre o con los «místicos» de la Ilustración».

Hablamos de las grandes figuras del Tradicionalismo, de «Francisco Alvarado (el filósofo rancio), Juan Manuel Ortí y Lara, Antonio Comellas, José María Cuadrado, del Cardenal Ceferino González, Juan José Urráburu y los casi contemporáneos nuestros Menéndez Pelayo y Amor Rubial, el nombre del gran Balmes y el del más hábil parlamentario del siglo XIX, del filósofo de las intuiciones, del político de visión profética, D. Juan Donoso Cortés».

Incardinando su reflexión en la filosofía del presente de los años 50, en el que «a la pérdida de un imperio geográfico y político sustituye el ideal de un imperio hispánico universal», Francisco Escobar emprende la reconstrucción de una «semblanza de bolsillo» del marqués de Valdegamas en tres partes: «el hombre», «el filósofo» y «el político».

En el primer capítulo (págs. 9-27), Escobar analiza tres etapas en la evolución de «la ideología» de Donoso, a saber: la etapa del hombre como solución al problema político; la etapa del hombre fundamentado virtualmente en Dios; y la etapa del régimen apoyado solamente en postulados divinos.

En el capítulo segundo (págs. 29-57), nos muestra al Donoso «filósofo». Escobar se pregunta, retóricamente, «¿es filósofo Donoso?», para contestar que dos datos son suficientes para dar respuesta afirmativa a esa pregunta: «la soberana validez de sus frecuentes frases lapidarias, que suponen síntesis maravillosas, y la lectura del Ensayo» (pág. 36).

Reivindica la personalidad filosófica de Donoso como genuino representante de «una filosofía española por línea directa» (pág. 39), cuyo idealismo filosófico entronca con Santa Teresa, Cervantes o Lope.

Escobar reconstruye el itinerario filosófico de Donoso, en el que se reflejan, en distintas épocas, la influencia de lecturas que van de «Rousseau hasta Bonald, pasando por Destutt de Tracy, Voltaire, Condillac, Joseph de Maistre, Montalembert y Veuillot, y, como última etapa de su peregrinación, San Agustín, Fray Luis de Granada y San Vicente de Paul» (pág. 43).

Donoso, en definitiva, poseedor de una «modestia pitagórica», gozó de fama y prestigio en Europa como pensador, político, y diplomático, a pesar de la incomprensión que padeció en España.

En contra de uno de los lugares comunes señalados por la historiografía donosiana, que nos habla de su «pesimismo antropológico», Escobar considera que de la Filosofía de Valdegamas se desprende un mensaje de «optimismo cósmico», que se deriva de «los horizontes luminosos que la fe y la razón descubren a los hombres de buena voluntad» (pág. 49). Optimismo presente en la metafísica aristotélica, estoica agustiniana, &c., que «defiende tesoneramente la bondad del mundo» y que atribuye al ser «la nota trascendental del bien» (pág. 50).

Como contrapunto, Escobar estudia la temática de «el dolor y la muerte en la doctrina donosiana» (págs. 51-57), y pese a que en algunos textos de Donoso, especialmente del Ensayo, aparece una visión pesimista de la naturaleza humana, considera Escobar que el optimismo aparece siempre en un horizonte metafísico.

En el tercer y último capítulo, del libro se analiza al Donoso «político» (págs. 60-83). Es esta la faceta que Escobar considera más valiosa, la que le confirió fama y prestigio en Europa y en España. Sus impactantes discursos parlamentarios, su fina intuición política, su apasionada elocuencia, en definitiva, son imborrables. Su capacidad de penetración en la esencia del poder político, y su defensa a ultranza de los intereses del conjunto de la sociedad, le llevan a la teoría de las «aristocracias legítimas» en lo que «sigue a Platón, en la doctrina de que los gobernantes deben ser los mejores, los mejor dotados intelectualmente, los togados, los que Donoso llamaría aristocracias legítimas» (pág. 63), sin embargo, se aparta de la doctrina platónica «en el momento que observa una especie de privilegio para los gobernantes en el sistema platónico. Platón, en efecto, recuerda muy de cerca el egoísmo brahamánico» (pág. 63).

En cuanto a la cuestión de la legitimidad de la dictadura, Escobar entra de lleno en la discusión sobre las tesis de Carl Schmitt, que –según él– lo presenta como «heraldo teórico de una dictadura conservadora» (pág. 63), para disentir de ellas y mostrarse partidario de la interpretación de Diego Sevilla Andrés, que en un artículo publicado en la revista Arbor (nº 85) defendió que «para Donoso es legítima la dictadura de la monarquía, y la de quien y la de quien no tiene a su favor la legalidad establecida, pero siempre en caso de situaciones extraordinarias» (pág. 66). Por ultimo, Escobar se pregunta cuál habría de ser la posición de Donoso con respecto a la legitimidad de la monarquía absoluta, para concluir que «claro está que si por monarquía absoluta se hubiera de entender monarquía despótica, en vano se bucearía en las obras de Donoso para hallarle un fundamento doctrinal.

En la última parte de su libro, Escobar estudia el «aspecto social de la política de Donoso Cortés» (págs. 74-83). El liberalismo no supo dar respuesta adecuada a la «cuestión social», por lo que el socialismo surgió, por opuesto a él, para sacar a las «clases humildes» de esa situación de desamparo. Donoso se propuso, desde su óptica cristina de responder a ese reto mediante el principio de la «caridad cristiana», y una distribución más equitativa de la riqueza, «que está mal distribuida», en palabras de Valdegamas (pág. 76). Esto resumiría la posición de Donoso con respecto a la cuestión social. Para Escobar, la Iglesia ha rectificado a Donoso, en el sentido de que la limosna y la caridad jamás serán soluciones al problema social, y así «el tecnicismo «justicia social», que no se halla en la Rerum novarum, se repite en la Quadragessimo anno y en la literatura católica posterior» (pág. 77). Considera además Escobar que «el espíritu de las encíclicas ha cristalizado en el Fuero del Trabajo» español. La doctrina de la Iglesia, ha superado ampliamente, en definitiva, los planteamientos donosianos sobre esta cuestión.

Santiago Galindo Herrero

En 1951 Santiago Galindo lee en la Facultad de Derecho de Madrid, una tesis doctoral sobre «Donoso Cortés y su pensamiento político» y otra en la Facultad de Ciencias Políticas sobre «Donoso Cortés en su paralelo con Balmes y Pastor Díaz». El 10 de junio de 1953 es invitado por el Instituto de España en París a dar una conferencia sobre Francia en la obra y en el pensamiento de Donoso Cortés, que inauguraba los actos y la Exposición conmemorativa del centenario de la muerte de Donoso en la capital francesa.

También en 1953 gana el premio de «Monografías sobre Donoso Cortés» convocado por la Excma. Diputación Provincial de Badajoz con ocasión del centenario de la muerte del primer marqués de Valdegamas con un libro, publicado en 1957 que lleva por título Donoso Cortés y su teoría política.{42} Tomando como referencia (a veces para seguirla, a veces para criticarla) la biografía de Schramm de los años treinta, Galindo Herrero, profesor de de Historia Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Diversidad Central, y posteriormente, Director de la Compañía Telefónica Nacional de España, se convierte en otro de los expertos en el pensamiento de Donoso de esos años. En la segunda parte del libro antes citado (págs. 179-363) sistematiza con minuciosidad el pensamiento político de Donoso y lo encuadra dentro del Tradicionalismo.

Federico Suárez Verdeguer

Nacido en 1917, sacerdote, historiador, miembro del Opus Dei, así como capellán de Juan Carlos I durante más de treinta años, Federico Suárez Verdeguer, publica ya en 1946 (año en el que aparece la edición de las Obras Completas de Donoso elaborada por Juretschke) un artículo en la revista Arbor sobre «La primera posición política de Donoso Cortés»{43}. Especialista en el siglo XIX y gran conocedor de la historia del liberalismo español, Verdeguer fue catedrático en las Universidades de Santiago de Compostela y Navarra. A partir de 1948 (cien años después de la revolución que conmovió a Europa), Verdeguer lidera un grupo de especialistas que dedicarán sus esfuerzos a profundizar y actualizar la obra del pensador extremeño, convirtiéndose así, en uno de los estudiosos de referencia de la obra del marqués de Valdegamas, hasta su fallecimiento en 2005.

El 16 de mayo de 1953 Verdeguer es invitado por el Ateneo de Madrid a dar una conferencia sobre «Donoso Cortés en el pensamiento europeo del siglo XIX», posteriormente publicada por la Editora Nacional en la colección «o crece o muere»{44}. Verdeguer considera que:

«El esfuerzo más notable, el más profundo intento por encuadrar a Donoso en el pensamiento de su siglo y en la historia del pensamiento se debe, sin duda de ningún género, a Carl Schmitt, y es una deuda de gratitud la que, por este motivo, tenemos los españoles para con él.» (pág. 15)

En 1949, Suárez Verdeguer pronuncia el Discurso de apertura del curso sobre «La evolución política de Donoso Cortés», incorporado posteriormente (con algunas modificaciones) a su obra Introducción a Donoso Cortés{45}, obra de la que ya hemos dado cuenta en la primera parte de este Trabajo y en la que se estudian, tanto aspectos biográficos, como los puramente doctrinales de la obra de Valdegamas. Verdaguer se aparta en algunas cuestiones centrales de las ya clásicas tesis de Schramm (como, por ejemplo, en lo que se refiere a su evolución intelectual y el papel que en ella juegan el cristianismo y la religiosidad, así como de la polémica acerca de la postura política de Donoso con respecto al liberalismo), pero, sin embargo, valora muy positivamente las aportaciones de Schmitt. En el último capítulo su libro, dedicado a «el ignorado Donoso Cortés» (págs. 265-273, que toma esta expresión del título del artículo que Schmitt publicara en la revista católica Hochland, en 1929) Verdeguer vuelve a la ya casi eterna pregunta del por qué del olvido de la figura del marqués de Valdegamas. Para unos fue un apóstol, un profeta y un santo, mientras que otros consideraron sus ideas anticuadas y fuera de lugar. Brillante, admirado, elocuente, bondadoso, riguroso, o lógico, lo juzgaron unos. Como apologista de la dictadura, visionario apocalíptico, retórico pretencioso, misántropo pesimista, u orador de un barroquismo ampuloso, fue valorado por otros. Su figura, sigue siendo controvertida después de más de cien años de su muerte. Verdaguer, citando a Juan Valera en un estudio suyo publicado en la Revista Peninsular en 1856, a los tres años de la muerte de Valdegamas, se hace sus mismas preguntas: «¿de dónde venía este apóstol, este profeta que descargaba tan furibundos anatemas contra los hombres y que anunciaba tan grandes desventuras si no hacían penitencia? ¿Venía del desierto, como Juan el Bautista, o salía del apartamiento y soledad de algún claustro? Todo menos eso. El que declaraba la discusión inútil y hasta nociva había sido, o era aún, periodista y diputado; el que maldecía la revolución se había elevado por ella a los más altos honores, y era por ella Marqués y Ministro Plenipotenciario; el que escarnecía a los gobiernos representativos, estaba a sueldo de uno de ellos» (pág. 268). En cualquier caso, y pese a las paradojas que, ácidamente, señalaba Valera, o quizás gracias a ellas, Verdeguer considera que «hoy estamos asistiendo a un alza en la estimación de su obra, pues no hay duda en el hecho, real y comprobable, de la actualidad europea de Donoso» (pág. 270).

La «teología política» de Donoso según Dietmar Westemeyer

La Editora Nacional, en su colección «libros de actualidad», publica en 1957 Donoso Cortés, Hombre de Estado y Teólogo,{46} del teólogo Dietmar Westemeyer, obra que había sido publicada en original alemán en 1940. Considera Westemeyer que «a Donoso hay que verle siempre en hostilidad contra el racionalismo de su tiempo» (pág. 350), y que frente al liberalismo utilitarista defendió la vinculación de la política a la teología sobre supuestos metafísicos antiempiristas. La perspectiva de Donoso, netamente cristiana, se asienta sobre toda una Filosofía de la Historia y una antropología en la que el hombre, sin la gracia, no puede alcanzar el bien. El catolicismo, en definitiva, «se convierte en la suma de todas las verdades y principios del verdadero orden, así como en la expresión de la fuerza que el hombre necesita» (pág. 352).

Bernardo Monsegú, C. P.

La Imprenta de la Excma. Diputación Provincial de Badajoz es nuevamente quien publica, en 1958 Clave teológica de la Historia de Donoso Cortés, de Bernardo Monsegú{47}. Monsegú se alza contra toda «esa conspiración general de silencio que alcanzó a todo lo más genuinamente español, desde que aires contrarios a nuestra tradición católica, apostólica y romana, que diría Menéndez Pelayo (otra de las víctimas de esa conjura), soplaron por Europa y penetraron también a nuestra patria» (pág. 305). La «Teología política» de Donoso lleva a toda una interpretación de la Historia, tal como ya pusiera de manifiesto Westemeyer, y «lo más fundamental en la obra de nuestro escritor radica en su empeño por dar a los problemas que plantea la historia y la política un enfoque de iluminación teológica Es la suya una teología esencialmente histórica y política» (pág. 307).

Miguel Fagoaga

Autor de diversas publicaciones sobre doctrina social de la Iglesia, y el ideario del Tradicionalismo español, el abogado y miembro de la sección de política social del Instituto de Estudios Políticos, además de interventor de empresas del Instituto Nacional de Previsión, Miguel Fagoaga, publica 1958 una conferencia en la colección O crece o muere de la Editora Nacional titulada «El pensamiento social de Donoso Cortés»{48}. Se nos muestra, una vez más al «Donoso profeta» de la verdad, fiel a los «principios eternos» que se mantuvo intransigentemente fiel a ellos a lo largo de su vida. Fagoaga, no obstante, muestra la vertiente más social de su pensamiento y estudia la posición de Donoso con respecto a al problema de la «distribución de la riqueza», la «labor social de la Iglesia», el «corporativismo». No obstante esta fidelidad a los «principios eternos», Fagoaga considera que hay «dos Donosos»: «el Donoso ecléctico y doctrinario, anterior a 1848, y el Donoso apologista católico, autor del Ensayo y de los brillantes discursos de 1849» (pág. 11). De entre estos «dos Donosos», Fagoaga opta por quedarse con el «segundo», con el «gran Donoso», como lo denominara Menéndez Pelayo, que se enfrentó a la revolución del 48 y cuyo mensaje no iba destinado solamente a España, sino «al mundo» entero.

José F. Acedo Castilla

El 1º de marzo de 1955 Acedo Castilla pronuncia, en el Ateneo de Sevilla, una conferencia publicada al año siguiente, que, según certifica el entonces Secretario de dicha institución D. Recaredo Jiménez Quirós, en «certificación» que se recoge al comienzo de la obra, «obtuvo el más lisonjero éxito, tanto por su contenido doctrinal como por la galanura de su exposición».

Siguiendo a Schmitt, Acedo Castilla señala que no solamente el pensamiento conservador de Donoso o F. J. Sthal percibió las contradicciones del liberalismo, sino también los revolucionarios como Marx y Engels vieron su incongruencia teórica y su inoperancia práctica.

Donoso defendió que solamente hay dos instituciones capaces de hacer frente a la revolución: la Iglesia y el Ejército{49}. Sólo con su firmeza y apoyo podrá salvarse la «civilización católica» del imperio de la barbarie. De ahí la necesidad de la dictadura. Ahora bien, en contra de la interpretación de Schmitt, que aborda la teoría política de Donoso desde el decisionismo, «vértice de su obra, es un concepto deducido de su visión de la política, de su teoría de la anormalidad inconstitucional, desconociendo en cambio las esencias íntimas del pensamiento político en que Donoso se había basado. Si el maestro de Berlín no hubiera sufrido esa falta de documentación, habría visto cómo lo que el Marqués de Valdegamas propugna en este punto es la línea de la tradición política española, la que aúna tradición y carisma, cual diríamos siguiendo la terminología de Max Weber» (pág. 23). Vuelve, por tanto, el Donoso que representa el «paradigma de todo lo español», que «sintió los sueños de grandeza de las gentes hispánicas» y que «en lucha con doctrinas extranjeras propugnó en todo instante la originalidad incomparable del alma patria» (pág. 15).

c) Donoso en los 60 (del siglo XX)

En 1965 Leopoldo Eulogio Palacios lee una tesis doctoral dirigida por José Luis López Aranguren y José Martín Rodríguez sobre «Proudhon y Donoso Cortés ante la propiedad privada».

Ese mismo año se publica, en la colección «o crece o muere» de la editorial Rialp un libro del que fuera ministro de Hacienda, José Larraz, titulado Balmes y Donoso Cortés,{50} pero que en realidad reproduce dos textos escritos en la década anterior: la conferencia «Balmes, conciliador de la política española», que fue pronunciada en Vich el 9 de julio de 1948 con ocasión del primer centenario de la muerte de Balmes y la titulada «En el centenario de Donoso Cortés», que se pronunció en el paraninfo de la Universidad de Barcelona el 20 de febrero de 1953 ante la Academia de Doctores de dicha ciudad.

d) Donoso en el último tercio del siglo XX.

En 1972 se publica en Milán una nueva edición del Ensayo, en traducción de Giovanni Allegra. En EE.UU. también se reedita el Ensayo en 1989 en versión de Madeleine Vinton Goddard, con estudio introductorio a cargo del profesor Frederick Wilhelmsen de la universidad de Albany. También en 1989 aparece una nueva edición en alemán del Ensayo a cargo de Günter Maschke. El profesor de la Universidad de Ontario, Vincent McNamara traduce al inglés en 1991 las Lecciones de Derecho Político del Ateneo de Madrid.

e) Donoso en el siglo XXI

María del Carmen de la Montaña Franco

La profesora de la Universidad de Extremadura María del Carmen de la Montaña Franco, publica, a finales del siglo pasado, un libro sobre Donoso y la libertad{51}. La profesora extremeña se opone a gran parte de las interpretaciones que se han realizado sobre la evolución intelectual de Donoso, especialmente la que pretende separar de forma tajante dos etapas en su vida (la tesis de la «conversión»), y con una detallada exposición sobre la evolución de las ideas políticas a lo largo de la primera mitad del XIX, que confronta con los posicionamientos políticos de Donoso, sostiene que:

«Los elementos de continuidad en la obra de Donoso Cortés hay que buscarlos en el terreno del tradicionalismo y no en el liberalismo. La idea que vertebra su pensamiento y en consecuencia su postura política es tradicional y profundamente cristiana.» (pág. 189)

Asimismo, la profesora Montaña Franco señala que:

«El hecho de que en España el tema religioso haya condicionado durante muchos años los problemas políticos es decisivo, en nuestra opinión, para comprender el panorama del liberalismo español. Consideramos que sólo desde esta óptica se puede encontrar explicación a la vida y a la obra de Donoso en un momento político especialmente desconcertante. Además, sólo teniendo en cuenta el problema religioso, podrá entenderse la ideología heredada de la Ilustración que ,pasada por el tamiz religioso del que difícilmente se desprendieron nuestros ilustrados, adquiere un contenido si no contrario, sí diferente.» (pág. 79)

Luis Gonzalo Díez Álvarez

Luis Gonzalo Díez Álvarez lee en el año 2000 (el 28 de noviembre) una tesis doctoral sobre Donoso, en el Departamento de Historia de la Comunicación Social de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, dirigida por la profesora Carmen Arias Fernández-Armesto, titulada «La soberanía de los deberes: Donoso Cortés: de una génesis liberal a la consolidación antiliberal de un ideario tradicionalista», que da lugar a un libro publicado en 2003 titulado La soberanía de los deberes, y publicado por la institución cultural «El Brocense»{52}. Díez Álvarez estudia la evolución intelectual de Donoso desde un «conservadurismo abierto» liberal-conservador, a un «conservadurismo cerrado», de cuño «teológico político» (pág. 13). En esta evolución habría tenido especial importancia el hecho de que Donoso se no quiso renunciar al principio de la «unidad del poder político representado por el monarca» y no asumió los principios de socialización y división del poder político, que sí fueron aceptados por el liberalismo español (incluso en su versión ecléctico-doctrinaria). Donoso es «hijo del liberalismo», pero «alumbró en su seno una doctrina esencialmente tradicionalista de manera espontánea, como si se tratase de una posibilidad histórica natural, y en absoluto extravagante, de realización del liberalismo» (pág. 313).

Gonzalo Larios Mengotti

Gonzalo Larios Mengotti, discípulo del profesor Federico Suárez Verdeguer en la Universidad de Navarra, realiza, bajo su dirección, una tesis doctoral publicada en 1992 sobre Donoso Cortés durante la regencia de María Cristina. Soberanía y monarquía ante el nuevo régimen.{53} Utilizando los artículos publicados por Donoso en la prensa de la época (en La Verdad, El Porvenir y El Piloto), algunos de ellos muy poco trabajados hasta entonces, y según Suárez Verdeguer, «descubrió que en la «Gaceta de Madrid» había colaborado también el extremeño, aumentando el caudal de fuentes al localizar unas decenas de artículos desconocidos»{54}.

Amplió, de esta manera, Larios Mengotti, el escaso conocimiento que se tenía de «el joven Donoso Cortés», en expresión de Schramm. Son años importantes para la fundamentación de la tesis de la «conversión» de Donoso Cortés, que venía defendiendo desde años atrás su maestro Verdeguer{55}, ya comentada anteriormente en este Trabajo de Investigación.

Larios Mengotti, profesor actualmente de Historia Contemporánea e Historia del Pensamiento Político en la Universidad Católica de Chile publica en 2003 una nueva obra sobre el marqués de Valdegamas ceñida a esa etapa que Schramm caracterizara como la de «el joven Donoso»{56}.

2. ¿Cuál es entonces el pensamiento político de Donoso Cortés «ante» la España del XIX?

Donoso entra de lleno en la política nacional casi diez años antes de que lo haga Balmes: a finales de 1832, con tan sólo 23 años, publica su Memoria sobre la situación actual de la monarquía, dirigida a Fernando VII. Este texto refleja la primera posición política pública del joven Donoso Cortés y su toma de postura tras los sucesos de La Granja de San Ildefonso, que ese mismo año habían devuelto al poder a liberales e ilustrados{57}.

Tras la grave enfermedad del Monarca en septiembre de 1832, que llegó a hacer temer por su vida, fue derogada la Pragmática Sanción que éste había promulgado dos años antes para que la heredera al trono de España pudiera ser su hija Isabel (futura Isabel II). Pero en poco más de 8 días, los liberales consiguen –con la ayuda de María Cristina y de su hermana Luisa Carlota–, que Fernando VII se vuelva a atrás y restablezca la Pragmática{58} (la «derogación de la derogación»), con lo que la herencia de la Corona pasaría de nuevo a manos de su primogénita. Entre el 14 y el 18 de septiembre, «golpe de Estado»{59} de La Granja devuelve las esperanzas a los liberales españoles, y con Cea Bermúdez al frente de un nuevo gobierno, los peligros inminente de una vuelta al absolutismo más reaccionario, o de una guerra civil, parecen disiparse.

Donoso defiende, por una parte, la legitimidad de La Pragmática, por entender que la ley Sálica había sido impuesta a España por los franceses y no formaba parte de las tradiciones españolas, representadas aquí por Las Partidas. Por otro lado, Donoso se muestra como un liberal doctrinario y tradicional{60} muy lejos del liberalismo revolucionario que había conocido en sus años de formación en Salamanca. Suárez Verdeguer considera que la postura política de Donoso no es en absoluto «revolucionaria», sino, antes bien, «conservadora»{61}. En todo caso, Donoso aparece en esta obra como un declarado «isabelino» y no escatima críticas a los partidarios del infante D. Carlos, a quienes presenta como los auténticos enemigos del rey y de la ley. La postura política de Donoso es, en definitiva, la de un liberal moderado defensor de una monarquía «democrática» (con «Cortes») que se apoye en las «clases intermedias» de la sociedad. Han sido, en este sentido, muy citadas las palabras de Suárez Verdeguer: «El mayor servicio que podía haber recibido el liberalismo español en 1832 lo prestó Donoso Cortés con su Memoria sobre la Monarquía» (pág. 43).

La guerra civil

Pero en 1833 se desata la Guerra Civil a consecuencia de la discusión sobre la cuestión sucesoria al trono de España. La división, a partir de entonces entre «cristinos» y «carlistas» afecta a los principios ideológico-políticos y de intereses materiales que movían a cada uno de los dos bandos.

En defensa del Estatuto Real

El 10 de abril de 1834 es promulgado el Estatuto Real bajo el ministerio de Martínez de la Rosa. El nuevo texto legal sale adelante –no sin dificultades– con la clara intención por parte de la Corona, de satisfacer las exigencias de los liberales, cosa que no consigue plenamente, ya que pese a sus supuestas «concesiones», sigue pareciendo demasiado «conservador» a ojos del sector más progresista del liberalismo. Poco después (el 22 de abril), el propio gobierno de Martínez de la Rosa firma, el Tratado de la Cuádruple Alianza (Inglaterra, Francia, Portugal y España), que suponía un paso más en la consolidación y reconocimiento de la legitimidad de la Corona española.

La estabilidad que el Estatuto Real consigue dar a la nación es efímera, y el gobierno comienza a debilitarse. Donoso publica el 1º de enero de 1835 un artículo en el periódico El Observador titulado «Las proyectadas mudanzas en el Ministerio» en el que sale en defensa del gobierno y del Estatuto por considerar que supone un avance en el proceso de consolidación del régimen liberal.

La neutralización de las Juntas

Poco después del fallecimiento de su esposa Teresa Carrasco (3 de junio de 1835), de familia de clara tendencia liberal, Donoso es ya un hombre de confianza de la Corona. Durante el Ministerio del Conde de Toreno (entre junio y septiembre del 35) la pérdida de poder político efectivo del gobierno fue más que considerable: las juntas revolucionarias dominaban la situación en las provincias cuestionando el poder central. Donoso es enviado por la Reina a Extremadura con el fin de reducir las Juntas que allí se habían constituido, y lo consigue, probablemente gracias a los contactos con destacados liberales que aún conservaba.

Al año siguiente, se le nombra para desempeñar la cátedra de Derecho Constitucional en el Ateneo de Madrid. Donoso comienza a desplegar una intensa actividad periodística, no muy bien vista entonces por los señores académicos de la lengua, por considerar esa literatura «tosca, desaliñada, relajada, procaz, …»{62}.

Las Lecciones del Ateneo

En las diez lecciones conocidas como Lecciones del Ateneo que Donoso dictó en el Ateneo de Madrid{63} entre el 22 de noviembre de 1836 y el 21 de febrero de 1837, encontramos la fuente más importante de esta primera época de Donoso para ver la evolución de su filosofía política. Las lecciones fueron pronunciadas en un momento de intenso debate por parte de los liberales españoles en torno a la idea de Estado (en términos políticos) y su fundamentación. Aquí encontramos a un Donoso netamente racionalista influido por los doctrinarios franceses{64} (Cousin, Rollerd-Collard, Guizot), cuya filosofía política se sustentaba en el eclecticismo. Donoso defiende en sus Lecciones el principio de la «soberanía de la inteligencia»: Distingue entre una «soberanía de derecho» y una «soberanía de hecho». A Dios pertenece la primera, mientras que a la razón, a la inteligencia, le corresponde la segunda. Se muestra firmemente confiado en la capacidad de «progreso» humano y señala que la razón ha de ser la encargada de limitar la libertad humana, ya que si no se hace buen uso de esta última, puede llegar a convertirse en «un destructor principio antisocial». Por ello se decanta por la fórmula del gobierno representativo como aquella que mejor puede garantizar el equilibrio entre «razón y libertad». Los doctrinarios o la «escuela ecléctica», con la que se les identificaba, eran por aquel tiempo ya conocidos en España; no obstante, Donoso dedica la novena lección a explicar sus orígenes y bases filosóficas.

En 1837, Donoso es elegido diputado por la provincia de Cádiz e interviene por vez primera en el Congreso defendiendo la validez de las elecciones en Málaga, que habían sido impugnadas. Al año siguiente pronuncia su primer gran discurso parlamentario{65}.

3. Balmes entra en escena

El «abrazo de Vergara» (29 de agosto del 39) marca inicio del fin de la guerra civil, y la que va a ser, a partir de ahora, creciente presencia de Espartero en la vida política. El carlismo ha sido derrotado –si bien no totalmente– tras una guerra de siete años. Un modesto presbítero de Vic salta al ruedo político en 1840 con una obra titulada Consideraciones políticas sobre la situación de España. El general Espartero, duque de la Victoria, forma parte del gobierno que preside Pérez de Castro. Pero la discusión sobre la Ley de Ayuntamientos desencadena una nueva crisis política.

En este contexto, salen a la luz las Consideraciones, una obra madura y a la vez arriesgada.

Arriesgada, u «osada», porque nada más terminar la guerra, Balmes saca a la luz un escrito en el que defiende la postura «política» de los perdedores. En sí mismo, esto ya suponía una apuesta muy fuerte para alguien prácticamente desconocido y que no contaba con apoyos. Además lo hace en un momento en el que la tensión política ha ido en aumento. Barcelona focaliza algunos de los debates más intensos de aquel momento.

«Obra madura», decimos, porque en ella encontramos ya toda una filosofía política muy meditada que irá desarrollando de aquí en adelante{66}.

La recién sancionada Ley de Ayuntamientos había sido objeto de una fuerte respuesta por parte del progresismo y los motines y revueltas callejeras se sucedían, poniendo al gobierno contra las cuerdas. Espartero, en descuerdo con esta ley, se niega a intervenir en el conflicto y renuncia a sus cargos en señal de protesta. Pero dado que la Regente se ve obligada a trasladarse a Valencia ante la falta de apoyo por parte de la burguesía catalana, declara el estado de sitio en Barcelona el 22 de julio. Es entre los meses de mayo y julio cuando Balmes «se dedicó a escribir febrilmente un opúsculo sobre la situación de España»{67}. ¿Qué dice Balmes a todo esto?

En primer lugar Balmes se opone frontalmente a la revolución. Y a continuación, defiende la causa política del carlismo. Considera necesario que se le integre en el sistema político español, porque aunque derrotados en la guerra, cuentan con un amplio respaldo social. Si a esto unimos las revueltas, motines, e intentonas revolucionarias, lo que encontramos es una enorme debilidad del poder, causa a su vez de muchos otros males (descrédito de las instituciones, falta de directrices políticas claras,…) y a todo ello se añade la poca aceptación con que cuenta la norma fundamental del Estado, la Constitución del 37. España es anómala, sí, y esto puede ser sorprendente, pero Balmes intenta comprender racionalmente las causas de esta anomalía, lo cual pasa -y este es un punto de vista coincidente con el de Donoso- por una correcta interpretación de nuestra Historia.

Y las tradiciones del pueblo español se asientan en la Monarquía y en el Catolicismo. Estas son las instituciones más sólidas de la Nación Española. Hay en Balmes una crítica al sistema de partidos tal como se ha ido gestando en esta época. Los tres partidos principales se han mostrado inoperantes para dar respuesta a los problemas políticos y velar por el «bien común»: los «revolucionarios», porque no tienen ideas, realmente, sólo siguen un afán destructor; los «progresistas», porque se han apropiado de la palabra «progreso», de la que se creen los únicos garantes, cuando en realidad viven en permanente contradicción con sus propios principios; y los «moderados» porque en última instancia se nutren de la filosofía anti-española del XVIII. ¿Cómo salir de este marasmo?: «Razón, justicia, y buena fe», será el lema de Balmes.

A finales de año, el 12 de octubre de 1840, la Reina Gobernadora termina por abdicar, y firma un decreto de disolución de las Cortes. Se inicia así el periodo de regencia de Espartero.

4. Balmes y Donoso: personalidades contradistintas

El 17 de octubre de 1840 María Cristina embarca en El Mercurio llega a Marsella. Allí se entrevista con Donoso quien, con toda probabilidad, es el encargado de redactar un Manifiesto a la Nación Española que la reina proclama desde su exilio. Donoso es ya un «hombre del sistema» desde hace años, persona en quien la madre de las infantas deposita toda su confianza{68}.

Balmes, desde una posición más distante del poder político efectivo, pero no menos influyente, inicia entre 1841 y 1844 su aventura periodística, primero con la revista La Civilización, que publica en compañía de su amigo Ferrer y Subirana, y posteriormente, una vez es dejada de editar en febrero de 1843, y ya en solitario, se consagrará a La Sociedad. Durante estos años, Balmes irá configurándose como uno de los principales críticos de las políticas del progresismo español. Viaja por Francia e Inglaterra. En París entra en contacto con el exilio español, y se especula con la posibilidad de que allí coincidiese en persona con Donoso.

En 1842, a raíz de las medidas económicas adoptadas por el gobierno de Espartero, que perjudicaban a la industria catalana en favor de Inglaterra, se producen una serie de motines y revueltas que terminan con le bombardeo de la ciudad por parte del ejército, desde el castillo de Montjuic. Será algo que Balmes no va a olvidar, aunque sus juicios sobre Espartero se los reservará para más adelante, cuando publique una serie de artículos sobre su biografía en La Sociedad.

La política de Espartero es contestada dentro y fuera del país cuando Balmes publica, en marzo de 1843, un artículo que acabará siendo clásico: «La fuerza del poder y la monarquía», en defensa de la monarquía y ante la proximidad de la mayoría de edad de la infanta Isabel, Balmes considera que se dan las condiciones para que la Monarquía devuelva la estabilidad política al país, tras la errática gestión del pseudomonarca Espartero.

Finalmente, las Cortes son disueltas el 19 de mayo, con lo que cae el gobierno del Duque de la Victoria. Se producen levantamientos por todo el país. Cuando la situación para Espartero es ya crítica y Narváez se encuentra a las puertas de Madrid, Balmes medita y escribe una biografía sobre Espartero. En cuanto al gobierno, le pide justamente eso, que «gobierne», sin mirar atrás. «¿Y después?», será el significativo título de uno de los artículos dedicados a analizar la nueva situación creada tras la caída de Espartero.

Donoso, desde Francia, prepara la vuelta de María Cristina a España, ante la cercanía de la mayoría de edad de la infanta Isabel.

El liberalismo moderado de Donoso y el conservadurismo católico de Balmes les lleva a posiciones políticas afines en lo relativo a la valoración de la Monarquía como único camino posible para conferir unidad y fuerza política al país, así como a la consideración del Catolicismo como parte integrante de nuestras tradiciones y, por tanto, inseparable de la propia idea de España.

En febrero de 1844 Balmes publica «Las preocupaciones políticas y el espíritu de partido», una defensa de los intereses de la Nación por encima de los meramente partidistas. La acción política debe de estar basada en la realidad social. La teoría política de Balmes siempre tiene presente este aspecto sociológico del ejercicio del poder{69}.

Narváez

Tras la caída del gobierno de González Bravo el 3 de mayo de 1844, comienza la etapa de gobierno del general Narváez. Balmes inspira a un grupo de políticos «balmistas», capitaneados por el Marqués de Viluma. Balmes esperaba que se llevase a cabo una reforma constitucional profunda que permitiese poner punto final a una etapa de gran incertidumbre política. Pero no se hizo esto, y las Cortes fueron disueltas nuevamente. Balmes entra en «campaña política» apadrinando al Partido Monárquico Nacional, opuesto al Partido Monárquico constitucional o democrático que era de orientación moderada y afín al gobierno. En septiembre se celebran elecciones y la candidatura del marqués de Viluma obtiene unos malos resultados en Madrid y Barcelona. Sin embargo, sí consiguen representatividad parlamentaria, aunque muy escasa, en clara minoría (eran 20 los diputados «balmistas»).

La reforma de la Constitución

En todo caso, su propuesta de reforma constitucional sale adelante a finales de 1844. Donoso Cortés fue el encargado de presentar en las Cortes el dictamen de reforma de la Constitución del 37. Como es sabido, la oposición a la reforma del texto constitucional provocó la escisión del partido moderado: los puritanos, opuestos a cualquier reforma de la Constitución, y con Joaquín Francesco Pacheco al frente, se constituyeron como grupo independiente. Balmes fue sumamente crítico con el Dictamen defendido por Donoso. Aunque la reforma constitucional iba en una dirección conservadora, Balmes criticó la formulación que allí se hacía de la teoría del derecho divino de los reyes, así como el hecho de que se siguiese vetando el matrimonio de la reina con un descendiente de la rama carlista.

En los últimos días (el 25 de diciembre) de 1844, Balmes publica en El Pensamiento de la Nación un artículo en el que hace balance de la situación política española. Las críticas se dirigen ahora contra Narváez y el enorme poder que ha concentrado en su persona. Ello no ha favorecido la estabilidad política del país. La situación se agravó para los diputados vilumistas al retirarse éstos del Congreso en señal de protesta por la forma despectiva en que el ministro de Hacienda había respondido a una enmienda presentada por su grupo sobre el Proyecto de devolución de los bienes del clero. La causa «balmesiana» quedó sin apoyos parlamentarios, con lo que el «frente de batalla» se trasladaba de nuevo a la prensa escrita.

La «gran campaña» política de Balmes entre enero y marzo del 45 será el matrimonio de Isabel II. La tesis defendida intensamente por Balmes será la de que la reina debería casarse con el hijo de don Carlos María Isidro para de esa manera zanjar definitivamente el problema sucesorio, y evitar así una nueva guerra civil. El matrimonio así planteado haría que los monárquicos se cohesionasen en torno a la institución monárquica sin fisuras. Ello también contribuiría a que las insidias de las potencias extranjeras se disipasen, al quedar asegurada la plena independencia de la Nación.

Donoso, en este caso, y por una vez, mucho menos vehemente que Balmes, hizo campaña en favor del Conde de Trápani{70}, hermano de la madre de la reina. Su propuesta no gozó de gran aceptación entre el partido moderado, por lo que fue enseguida olvidada.

Por tanto, los planteamientos tanto de Balmes como de Donoso, no tuvieron éxito en esta cuestión de los «regios enlaces», y la reina, finalmente casada con D. Francisco de Asís, escuchó el mensaje de felicitación que en nombre del gobierno leyó el propio Donoso Cortés en el Congreso de Diputados el 17 de septiembre de 1846.

Entretanto, en mayo de 1845 se había producido un hecho de gran importancia especialmente para el «carlismo»: la renuncia de Carlos María Isidro de Borbón a la Corona de España. Mediante un «Manifiesto a los españoles», probablemente redactado por el propio Balmes, se hace pública la renuncia, y en ese mismo mayo del 45 Balmes publica un artículo titulado «Dos escollos», en el que aparece reflejado el tema de las «dos Españas», enfrentadas cruelmente la una a la otra, y plantea la necesidad de una reformulación política de esa división aparentemente irreconciliable.

Ese planteamiento le llevará a fundar poco después, junto a José María Cuadrado y Nieto El Conciliador, una nueva empresa periodística nacida el 16 de julio de 1845 con la intención de buscar una amplia unidad entre moderados, monárquicos, y viejos carlistas. El periódico no convenció plenamente ni a unos ni otros: para los moderados liberales era un periódico ultraconservador, mientras que para los carlistas resultaba demasiado liberal. El 9 de diciembre de 1845 se publicaba el último número del periódico. Poco más de un año después, el 31 de diciembre de 1846 dejaba de editarse El Pensamiento de la Nación. Balmes decía adiós a una intensa etapa de activismo político, cuando la figura de Narváez empieza a caer en franco descrédito. Escéptico y pesimista ahora, con respecto a la situación política española, Balmes se pregunta «¿Por dónde se sale?»; era el título significativo del artículo con el que se despedía de sus lectores en El Pensamiento de la Nación.

5. Reencuentro final entre Donoso y Balmes en torno a la figura de Pío IX

Tras la muerte de Gregorio XVI, que había impuesto en los Estados Pontificios una política conservadora e intransigente con el liberalismo, Juan María Mastai-Ferreti, Pío IX, es nombrado su sucesor en la tarde del 16 de junio de 1846. El nuevo Papa fue tildado enseguida de «liberal», y visto con gran recelo, en una época que presagiaba ya el peligro inminente de la revolución.

Donoso, publica una serie de artículos en El Faro en septiembre de 1847 dedicados a glosar la figura del pontífice y el sentido de sus reformas. Donoso espera que el nuevo Papa, en contra de lo que planteaban sus críticos (los «gregorianos»), pueda instaurar un «nuevo orden», verdaderamente cristiano, afín a los postulados que Donoso venía defendiendo en torno a la idea de «civilización católica» como la única capaz de regenerar a la sociedad frente al peligro socialista y revolucionario.

A finales de 1847, por su parte, Balmes saca a la luz su última gran obra, Pío IX. El nuevo Pontífice, reformista, que empezó declarando la amnistía y otorgando una Constitución no era una figura del todo bien comprendida, como hemos señalado, cuando Balmes se ocupó de estudiar el sentido de sus reformas. La defensa que Balmes realiza de Papa fue el pretexto para nuevos ataques que le acusaban de practicar un servilismo apologético que tendría como fin último su nombramiento como cardenal. La obra trajo serios disgustos a Balmes, y el carácter insidioso de las acusaciones que contra él se dirigieron, no contribuyó sino a dañarla más.

Balmes defiende a Pío IX por considerar que se trata de un Papa acorde con los tiempos. Tiempos inestables en lo político, que exigen un esfuerzo de adecuación de las instituciones y doctrinas de la iglesia a los nuevos aires de libertad incompatibles con lo postulados del viejo absolutismo representados por Metternich y la Cuádruple Alianza.

Donoso, que influirá posteriormente de manera notable en la redacción del Syllabus,{71} aborda en esta época la figura del Pontífice tras su tan discutida «crisis» o «conversión» de 1847, que lo ha de llevara a conceder un mayor peso a la religión en el desenvolvimiento de la política.

Balmes fallece el 9 de julio de 1848. Poco más de cuatro meses después, el 24 de noviembre, el Papa Pío IX se ve obligado a escapar del Quirinal y se exilia en Gaeta ante el cariz que van tomando los acontecimientos revolucionarios en toda Europa, y especialmente en Italia. Donoso, opuesto frontalmente a la revolución, denunció con especial énfasis la situación humillante del Papa, escribiendo un artículo en El Heraldo el 30 de noviembre sobre «Los sucesos de Roma»{72}, que termina diciendo:

«Al punto que han llegado las cosas , una solución radical es urgentísima. Las sociedades no pueden más, y es menester o que la demagogia acabe oque la demagogia acabe con las sociedades humanas; o una reacción o la muerte. Dios nos dará en su justicia la primera, para librarnos de su misericordia la segunda.» (pág. 186)

Cabe pensar que, de haber vivido, Balmes hubiese asumido plenamente esta conclusión.

En España, Narváez sí supo qué hacer ante la crítica situación y pidió al Parlamento, mediante una Ley de estados excepcionales, que se le concediesen plenos poderes, –suspendiendo cautelarmente las garantías constitucionales–, para atajar la revolución. Donoso fue, como es bien sabido, en encargado de defender el planteamiento de Narváez ante las Cortes, en un discurso que le hará famoso en toda Europa, el conocido como «Discurso sobre la dictadura»,{73} tan controvertido, y no siempre bien comprendido.

6. Donoso después de Balmes

Donoso sobrevive a Balmes, y en su última época su posición política es cada vez más crítica con el liberalismo y su incapacidad para solucionar los problemas de España. El 30 de diciembre de 1850 pronuncio otro de sus grandes discursos, el «Discurso sobre la situación de España»,un ataque ahora frontal a Narváez, cuyo gobierno, tocado de muerte por una crisis económica que no sabe cómo solventar, se muestra inoperante; ataque también al partido moderado, que estando en el poder desde 1843 no ha sido capaz de vertebrar a la sociedad española en base a unos principios políticos y religiosos bien definidos, y que ha llevado a España a la corrupción más absoluta; y, por último, ataque y crítica de fondo, en última instancia, al liberalismo como ideología política débil, incoherente, ineficaz y errática.

El Discurso sobre la situación de España desencadenó la caída de Narváez, que presentó su dimisión por considerarse traicionado por lo que él consideró «un balazo por la espalda»{74}.

La última gran obra de Donoso el Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, publicado simultáneamente en francés y en español en 1851, es también la más polémica y acabada, y la que le situará en la primera línea de combate frente al socialismo premarxista, representado aquí por Proudhon, y le convertirá en el más férreo defensor de los valores y principios de la civilización católica como motor generador de una sociedad bien ordenada en base a claros proyectos y programas morales y religiosos.

7. Conclusión

Balmes y Donoso, dos figuras fundamentales para comprender la praxis política del XIX, tanto como la teoría filosófico-política. Como punto final, y en homenaje a Balmes, podemos recordar las palabras que Donoso le dedica en la famosa carta a Blanche-Raffin fechada en Berlín el 21 de julio de 1849. Blanche-Raffin, amigo común a Balmes y a Donoso, había comunicado a este último su intención de escribir una biografía sobre Balmes{75}. Donoso le contesta lo siguiente:

«El servicio que usted ha hecho a la causa católica haciendo conocer a Balmes, es muy grande; yo se lo agradezco a usted como católico y, además, como español. Balmes honra a su patria: hombre de ingenio claro, agudo, sólido, firme en la fe, ágil en la lucha, controversista y doctor a un mismo tiempo, pocos han merecido como él en este siglo dejar por herencia alas gentes una buena memoria. Ni le conocí ni me conoció; pero le estimé y sé que me estimaba; sólo he visto su retrato, y aún eso después de muerto. La Providencia nos había puesto en partidos políticos contrarios, aunque, poco tiempo antes de su muerte, la religión nos inspiraba iguales cosas. Yo no sé si usted sabe que cosa de un mes antes de publicar Balmes su escrito sobre Pío IX había yo escrito sobre el mismo tema y sobre el mismo asunto. Balmes y yo dijimos las mismas cosas, articulamos el mismo juicio, formulamos las mismas opiniones. Pero lo singular del caso, y lo que enaltece sobremanera el talento de Balmes, es que, viniendo a decir después que yo lo mismo que yo, lo dijo de una manera tan propia suya que ni por casualidad se encuentra en su escrito ni una sola de las ideas secundarias que yo había explanado en el que publiqué poco antes. ¡Prueba insigne de la riqueza de su arsenal y de la abundancia de sus armas!

Este último escrito suyo es notable bajo otro punto de vista. Balmes, que fue siempre un gran pensador, no había sido nunca un gran artista; sus estudios literarios no corrían parejos con sus estudios filosóficos. Ocupado exclusivamente de la idea, había descuidado su expresión, y la expresión era por lo general en él floja, aunque sus ideas eran grandes. Su estilo era laxo, difuso; y los hábitos de la polémica, esa matadora de estilos, le había hecho verboso. Pues bien; en su escrito sobre Pío IX, Balmes levanta de súbito la expresión a la altura de la idea, y la idea grande brilla por primera vez en él vestida de una expresión magnífica y grandilocuente. Cuando Balmes murió, el escritor era digno del filósofo; medidos por la medida de la crítica, eran iguales».

Notas

{1} Citado por Gabriel de Armas, Donoso Cortés, Cálamo, Madrid 1953, págs. 19-20. De aquí extrae Gabriel de Armas la lógica consecuencia de que D. Modesto Lafuente ni tan siquiera se había tomado la molestia de leer a Donoso.

{2} V. Santiago Galindo Herrero, Pensadores Tradicionalistas, Publicaciones Españolas, Madrid 1955. V. también: Schramm Donoso Cortés, ejemplo del pensamiento de la tradición, opúsculo publicado en 1952 cuyo original fue dado a conocer en el Ateneo de Madrid en 1951.

{3} V. Para la Filosofía política de la Contrarrevolución (De Maistre, Bonald, Donoso Cortés). (1922) [publicado originalmente junto con otro artículo como homenaje a la memoria del sociólogo Max Weber]; Donoso Cortés en Berlín (1927); El ignorado Donoso Cortés (1929) [estos últimos fueron escritos originalmente para la revista Hochland, dirigida por Karl Ruth, y un resumen de los mismos fue leído como conferencia el 23 de octubre de 1929 en el Centro de Intercambio intelectual Germano-Español de Madrid y se publicó en español, también en Madrid, en 1930]; todos ellos fueron recogidos en Interpretación europea de Donoso Cortés, [Traducción de Francisco de Asís Caballero, con un Prólogo de Ángel López Amo (págs. 7-19)], Rialp, Madrid 1952. También fueron fundamentales las aportaciones de Edmund Schramm y Hans Abel.

{4} V. Edmund Schramm, Donoso Cortés. Su vida y su pensamiento, Espasa-Calpe, Madrid 1936.

{5} V. Francisco Elías de Tejada, Para una interpretación extremeña de Donoso Cortés, Diputación Provincial de Cáceres, Cáceres 1949. El catedrático de Salamanca ya venía defendiendo esta tesis desde 1941.

{6} Ibid., pág. 20.

{7} Antonio Tovar, Prólogo a Donoso Cortés; Selección de Antonio Tovar, Ediciones Fe, Colección «Breviarios del pensamiento español» [no figura lugar de impresión], 1938, pág. 6. Con la referencia a Tovar, es obligado recordar aquella desbordante y genial novela de Giménez Caballero, El vidente, en la que se narra la historia de un niño –el propio Giménez Caballero– que, en la escuela oye hablar de un tal «Don Oso Cortés», a quien coge manía. Ya adulto, y en plena guerra civil, obsesionado por la sombra de aquel «Don Oso», a quien ahora lee en el frente de batalla en la antología realizada por su buen amigo Tovar, y en compañía de éste, decide hacer un viaje a Don Benito, pueblo natal de Donoso, en busca de algunos de sus manuscritos. El viaje por una España en guerra, fantasmal, cruel y aterradora, bombardeada por los rojos y sumida en la barbarie, les lleva finalmente a la casa familiar del insigne extremeño, descendiente de Hernán Cortés, el conquistador. Su propio viaje ha sido una especie de «reconquista».Pero cuando llegan a Don Benito, ya es tarde: dos republicanos del pueblo han llevado los papeles de Donoso a la plaza del ayuntamiento y los han quemado. Ante sus cenizas, en un ritual de admiración reverencial, deciden quemar sus propias obras, Genio de España, del propio Giménez-Caballero e Imperio de España, de Tovar. [El vidente, Talleres tipográficos Fe, Sevilla 1939]

{8} Dietmar Westemeyer, Donoso Cortés, hombre de Estado y teólogo, con una presentación a cargo de Santiago Galindo Herrero, Editora Nacional, Madrid 1957.

{9} José Álvarez Junco, Mater dolorosa. La idea de España en el siglo XIX, Grupo Santillana de Ediciones, Madrid 2005 (9ª edición. 1º edición de 2001), pág. 378.

{10} José Álvarez Junco, pág. 389.

{11} José Álvarez Junco, pág. 457. Esta sería la razón por la que Menéndez Pidal se sentía profundamente admirado por la figura de Balmes, pero consideraba a Donoso «poco español», en lo que coincidía con D. Alejandro Pidal, que desde las filas de la Unión Católica decía tener «una repulsión espontánea y nativa» por Donoso (Cf. ,en la misma obra, pág. 459). Sólo «al finalizar el siglo XIX, tras largos y complicados meandros, la derecha española había completado el proceso de aceptación del nacionalismo, fundido con el catolicismo» (pág. 459).

{12} Edmund Schramm, Donoso Cortés, ejemplo del pensamiento de la tradición, Colección O crece o muere, Ateneo, Madrid 1952.

{13} Donoso Cortés in gesamteuropäischer Interpretation, Köln 1950.

{14} Juan Donoso Cortés, Briefe, parlamentarische Reden und diplomatische Berichte aus den letzen Jahren seines Lebens (1849-53), herausgegeben und eingeleitert von Albert Maier, Köln 1950.

{15} Edmund Schramm, pág. 11.

{16} Edmund Schramm, págs. 14-15.

{17} Edmund Schramm, pág. 21.

{18} Así, por ejemplo Guizot, en la Historia de la civilización europea, o sea, curso general de historia moderna. Desde la caída del Imperio Romano hasta la Revolución de Francia, Madrid 1846.

{19} «Polémica con el doctor Rossi». En Obras Completas, BAC, págs. 411 y siguientes.

{20} Según Schramm, las tesis políticas de Donoso no han de buscarse en el Ensayo, sino aquí. Edmund Schramm, pág. 17.

{21} Edmund Schramm, pág. 27.

{22} Edmund Schramm, pág. 35.

{23} Carl Schmitt, Interpretación Europea de Donoso Cortés, Biblioteca de Pensamiento Actual, con un Prólogo de Ángel López-Amo, Rialp, Madrid 1952.

{24} Gabriel de Armas Medina, Donoso Cortés. Su sentido trascendente de la vida [Colección cálamo], Editorial E.T., Madrid 1953. Con un Prólogo de José Pemartín, y una «carta-prólogo» de Eugenio Vegas Latapié para el estudio La esencia de la libertad y los caminos de la represión según Donoso Cortés, (págs. 199-208), que había aparecido publicado en la revista Arbor. Contiene el estudio «Donoso Cortés, máximo apologista, y el «Syllabus» (págs. 3-24), publicado originalmente en El Español, de Madrid, el 7 de diciembre de 1946.

{25} Gabriel de Armas Medina, pág. 4.

{26} Gabriel de Armas Medina, pág. 6.

{27} Gabriel de Armas Medina, pág. 72.

{28} Gabriel de Armas Medina, pág. 184. Puede verse la polémica en la edición de la obra de Báñez publicada por la Fundación Gustavo Bueno en traducción de Juan Antonio Hevia Echevarría: Domingo Bañez, Apología de los hermanos dominicos contra la Concordia de Luis de Molina (1595), Pentalfa, Oviedo 2002.

{29} Eugenio Vegas Latapié, «Carta-Prólogo», en Gabriel de Armas Medina, pág. 203.

{30} Santiago Galindo Herrero, Donoso Cortes, Temas españoles, nº 26. Publicaciones españolas, Madrid 1953. Disponible en el Proyecto de Filosofía en Español.

{31} Francisco Gutiérrez Lasanta, Pbro., Donoso Cortés, el profeta de la Hispanidad, imprenta Torroba, Logroño «Año donosiano» [1953-1954, no figura fecha exacta de edición].

{32} Autor de distintas obras dedicadas a «La Virgen del Pilar, reina y patrona de la Hispanidad», «La Virgen del Pilar, Virgen de la Victoria, o protección de la virgen del Pilar en la Cruzada española 1936-1939», «Balmes, filósofo de la Hispanidad», «Navarra en el plan divino o Actuación de Navarra en la Cruzada española 1936-1939», «Ensayo filosófico sobre la guerra y la paz. Impresiones de un combatiente», «Novenarios» o «Despertador parroquial (colección de cánticos sagrados para el uso de los fieles)».

{33} Francisco Gutiérrez Lasanta, Pensadores políticos del siglo XIX, Editora Nacional, Madrid 1949.

{34} Francisco Gutiérrez Lasanta, Donoso Cortés, el profeta de la Hispanidad, pág. 5

{35} Figura fundamental en la estructuración de Acción Católica acabada la guerra civil, y persona de confianza del cardenal Gomá, fue secretario general de la Dirección Central de la Acción Católica Española en los años 40. Ver su biografía en el Proyecto Filosofía en español: Zacarías de Vizcarra Arana. También los artículos de Valeriano Ruiz de Velasco: «El padre Zacarías de Vizcarra y el ideal de la Hispanidad», en Hispanidad, año, II, nº 7 [págs. 9-13], Madrid 1º de febrero de 1936; el de Jorge Lombardero Álvarez, «La Hispanidad según Zacarías», El Catoblepas, nº 5, pág. 19, julio de 2002, y el de Ramiro de Maeztu «La Hispanidad» [Acción Española, tomo I, nº 1, págs. 8-16, Madrid 15 de diciembre de 1931, disponible en el Proyecto Filosofía en español.

{36} Francisco Gutiérrez Lasanta, Donoso Cortés, el profeta de la Hispanidad, pág. 37.

{37} Que en 1934 había publicado su Defensa de la Hispanidad.

{38} Francisco Gutiérrez Lasanta, Donoso Cortés, el profeta de la Hispanidad, pág. 24.

{39} Francisco Gutiérrez Lasanta, Donoso Cortés, el profeta de la Hispanidad, pág. 34.

{40} Francisco Gutiérrez Lasanta, Donoso Cortés, el profeta de la Hispanidad, pág. 31.

{41} Francisco Escobar García, Semblanza de Donoso Cortés, Publicaciones de la Diputación provincial de Badajoz, Badajoz 1953.

{42} Santiago Galindo Herrero, Donoso Cortés y su Teoría Política, Imprenta de la Excma. Diputación Provincial de Badajoz, Badajoz 1957.

{43} Federico Suárez Verdeguer, «La primera posición política de Donoso Cortés», Arbor, revista general del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, nº 16, Madrid, julio-agosto 1946.

{44} Federico Suárez Verdeguer, Donoso Cortés en el pensamiento europeo del siglo XIX, Editora Nacional, Colección «O crece o muere», Madrid 1954.

{45} Federico Suárez Verdeguer, Introducción a Donoso Cortés, Ediciones Rialp, Madrid 1964.

{46} Dietmar Westemeyer, Donoso Cortés, hombre de Estado y teólogo, con una Presentación a cargo de Santiago Galindo Herrero, Editora Nacional, Madrid 1957.

{47} Bernardo Monsegú, C. P., Clave teológica de la Historia según Donoso Cortés, Imprenta de la Excma. Diputación Provincial de Badajoz, Badajoz 1958. [Obra premiada en el certamen nacional patrocinado por las diputaciones de Cáceres y Badajoz con motivo del centenario de la muerte del gran extremeño].

{48} Miguel Fagoaga, El pensamiento social de Donoso Cortés, Editora Nacional, Madrid 1958.

{49} José F. Acedo Castilla, Donoso Cortés y la revolución del 1848, Sección de Crónicas y publicaciones del Ateneo de Sevilla 1956, pág. 15.

{50} José Larraz, Balmes y Donoso Cortés, Ediciones Rialp [O crece o muere], Madrid 1965.

{51} María del Carmen de la Montaña Franco, Donoso y la Libertad, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, Cáceres 1996.

{52} Luis Gonzalo Díez Álvarez, La soberanía de los deberes. Una interpretación histórica del pensamiento de Donoso Cortés, Diputación Provincial de Cáceres, Institución Cultural «El Brocense», 2003.

{53} Gonzalo Larios Mengotti, Donoso Cortés durante la regencia de María Cristina. Soberanía y monarquía ante el nuevo régimen. Tesis para optar al grado de Doctor, dirigida por el Prof. Dr. Federico Suárez Verdeguer, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, Pamplona 1992.

{54} Federico Suárez Verdeguer, Prólogo a Donoso Cortés. Juventud, política y romanticismo, de Gonzalo Larios Mengotti, Grafite Ediciones, Bilbao 2003, pág. 9.

{55} Que ya había investigado el material periodístico en su Donoso Cortés y la fundación de El Heraldo y El Sol (Con una correspondencia inédita entre Donoso Cortés, Ríos Rosas y Sartorius), Ediciones de la Universidad de Navarra (EUNSA), Pamplona 1985.

{56} Gonzalo Larios Mengotti, Prólogo a Donoso Cortés.

{57} Para un relato de estos hechos, véase: Víctor D. Gebhardt, Historia General de España y de sus Indias, Parte Quinta, Librería Española, Madrid 1863.

{58} Puede consultarse el texto íntegro de La Pragmática y su revocación en Baltasar Anduga y Espinosa, Historia constitucional de la monarquía española, Mellado Editor, Madrid 1848 (2ª), tomo segundo, págs. 300 y ss.

{59} Así ha preferido llamarlo Suárez Verdeguer, «El golpe de Estado de La Granja», Revista de Estudios Políticos, nº 35-36, 1947, págs. 63-126. Y también, del mismo autor: «Calomarde y la derogación de La Pragmática», en Revista de Estudios políticos, nº 17-18, 1944, pág. 503.

{60} Tal es la opinión de Gabino Tejado, «Noticia biográfica», en Obras Completas, Tomo I: «No es difícil ver en estos últimos párrafos la exposición, sucinta pero perfecta, de un liberalismo doctrinario y tradicional, que se parece bien poco al liberalismo radical y revolucionario. Si esta calificación es acertada , no estará de mas consignarla como el punto de partida de las opiniones políticas de Donoso, para que á su tiempo veamos si es tan grande como han supuesto lo que en este particular sus adversarios llaman su inconsecuencia.»

{61} V. Federico Suárez Verdeguer, Introducción a Donoso Cortés, Rialp, Madrid 1964, pág. 35, y también, en la misma obra, pág. 44.

{62} V. Carlos Valverde, Obras Completas de Donoso Cortés, Tomo I, Introducción General, Madrid 1970, pág. 40.

{63} Aunque inaugurado en 1820, el Ateneo de Madrid tuvo que suspender sus actividades a causa de la reacción absolutista (1823-1833). Muerto Fernando VII reabre en 1835. Donoso fue uno de los ateneístas más destacados en esta segunda época (allí estaban también Istúriz, Alcalá Galiano, Martínez de la Rosa, Pacheco, Quintana, Gil de Zárate, Espronceda, Bretón, Roca de Tagores, Madrazo, Grimaldi, Masarnau…)

{64} V. Edmund Schramm, Donoso Cortés. Su vida y su pensamiento, Espasa-Calpe, Madrid 1936, págs. 93 y ss.

{65} V. Suárez Verdeguer: «Los comienzos parlamentarios de Donoso Cortés», Revista de Estudios Políticos, nº 65, 1989, págs. 7-34.

{66} Concretamente, expuesta en su segunda parte, del capítulo 9 al 17, con el que finaliza el opúsculo.

{67} V. Ernesto La Orden Miracle, Jaime Balmes, político, Labor, Barcelona 1942.

{68} Así lo vendría a demostrar la correspondencia mantenida entre ambos mientras Donoso ejerce como secretario particular de su Alteza en París. Donoso permanece allí hasta la caída de Espartero. Puede consultarse esta correspondencia en la edición realizada por Carlos Valverde –no así en la anterior de Juan Juretschke de 1946– de las Obras Completas de Donoso Cortés de la BAC, Madrid 1970, tomo I, págs. 743-869. [«Correspondencia con la reina María Cristina sobre la tutela de sus hijas»]

{69} V. Manuel Fraga Iribarne, Balmes, fundador de la Sociología positiva en España, Editado por el Ayuntamiento de Vich, 1955. En especial los capítulos 4, 6 y 7: «España es un país agrícola, en su inmensa mayoría», un «país virgen, donde todo está por hacer, todo por explotar», pero una minoría progresista de profesionales que tienen la revolución como oficio», son los que dirigen los designios nacionales» (pág. 63).

{70} V. «Candidatura de Trápani», en Obras Completas, BAC, 1946., Tomo II, pág. 35 y ss.

{71} Influencia que ya hemos comentado en otro lugar: Joaquín Macías López, «Juan Donoso Cortés, marqués de Valdegamas. 1809-1853», El Catoblepas, nº 92, octubre de 2009, pág. 11.

{72} «Los sucesos de Roma», Obras Completas, II, pág. 79.

{73} V. Obras Completas, II, BAC, Madrid 1946, pág. 187.

{74} V. «Discurso sobre la situación de España», Obras Completas, II, BAC, Madrid 1946, nota a pie de la pág. 344.

{75} Traducida al castellano como Vida y juicio crítico de los escritos de D. Jaime Balmes, Imprenta de D. Anselmo Santa Coloma y compañía, Madrid 1850.

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