Torra, el fascismo y la violencia del lenguaje (versus Klemperer) – Juan Gimenez

Foto: Víctor Klemperer y su esposa Eva

6 agosto, 2018

juangimenez @gimenezonia

Acaba de publicar el Presidente Torra un artículo en el Periódico de Cataluña titulado Como un solo pueblo contra el fascismo.  Aprovecho las vacaciones para leer un libro sobre el lenguaje del fascismo alemán escrito por Víctor Klemperer. Sorprende del cotejo de ambas lecturas  la banalización que efectúa el presidente de la palabra fascismo, la clamorosa omisión de otras violencias que no sean las que padecen los suyos, y la hiperinflación -una vez más- de  la palabra pueblo para representar a menos de la mitad de Cataluña. Coincidiendo con el cierre del Parlamento antes de tiempo por motivos absolutamente espurios e inéditos en la historia parlamentaria catalana reciente.

Afirma Torra que estamos asistiendo a episodios de violencia fascista contra los independentistas, y exige una condena rotunda de las acciones violentas que han tenido lugar en Cataluña contra las personas “que colgaban lazos o instalaban cruces amarillas en las calles y en las plazas del país”. Por último, y lo que es más grave, insinúa sin prueba alguna que dichas violencias fascistas se producen con la aquiescencia del gobierno español.

Me sumo a la condena de la violencia. Pero Torra omite la que se ejerce desde el otro lado. Insultos a líderes que tienen que andar con escolta por Cataluña. Acoso a periodistas.  Escraches organizados por los CDR. Espionaje por parte de los Mozos de Escuadra a ciudadanos, que no han podido ser debatidos en sede parlamentaria. Boicot a actos de organizaciones de la sociedad civil que se encuentran en las antípodas de sus postulados…

Yo condeno todas las violencias.  Nadie puede hacer uso de la fuerza. Nadie. Coincido con él en que vivimos tiempos inestables  que están llevando a repuntes de el populismo y de la violencia en el mundo occidental. Ahora bien, ¿puede llamarse fascismo a estos actos, por lo demás condenables? ¿Es moral omitir otras violencias que se producen en Cataluña? ¿Insinuar que el Estado permite, protege, ampara o ignora estos hechos?

EL FASCISMO ES UNA COSA MUY SERIA.

Llama la atención el empleo de la palabra fascista por Torra para describir la situación. En Cataluña han existido encontronazos aislados con violencia de baja intensidad. Condenables. Infrecuentes. Tras años de que los independentistas tensionaran progresivamente la sociedad catalana, azuzados por líderes políticos y mediáticos, con una movilización en las calles que pretendía aparentar una unanimidad que estaba lejos de ser real. Esta situación lleva demasiado tiempo y está empezando a provocar reacciones indeseables, sin que los independentistas cedan en su monopolización del espacio público.

Pero eso no es fascismo. Fascismo es lo que vivió Víctor Klemperer,  (1881-1960)  un filólogo alemán y judío, a quien tocó sobrevivir al nazismo en Alemania. Salvó su vida gracias a que su mujer, Eva, era aria. Ella renunció a sus privilegios de ciudadana y  le apoyó durante aquellos años aciagos. Víctor pudo seguir ejerciendo como profesor de universidad gracias a este “matrimonio mixto” y a su condición de ex combatiente de la Primera Guerra Mundial. Luego empezaron las privaciones: Expulsión de la universidad. Prohibición de acceso a las bibliotecas y lecturas.

Imposibilidad de publicar obras de autores judíos. Amigos que van abandonando para no significarse. El resto ya es historia. De aquella experiencia surgió el libro LTI, La lengua del Tercer Reich. En su calidad de filólogo, Víctor estudió la relación entre el poder fascista y su lenguaje.

EL LENGUAJE FASCISTA DEL PODER: LENGUAJE, CENSURA Y PROPAGANDA

Como filólogo y privado de sus materiales de investigación, durante el nazismo Klemperer inició un diario donde recogía la génesis y el desarrollo de un lenguaje propio nacionalista alemán, al que llamó -en clave, por si dichos diarios eran descubiertos- LTI, acrónimo de Lingua Tertii Imperii, La lengua del Tercer Reich. De estas anotaciones, posteriormente reelaboradas, surgió el libro LTI.

Sostiene  que los nazis influyeron en los ciudadanos alemanes hasta un punto nunca visto en la historia, empleando, entre otras herramientas, el lenguaje. Las palabras pueden cambiar las percepciones de la realidad, y tras los nuevos significados, reorientar las acciones del individuo:

El lenguaje no sólo crea y piensa por mí, sino que guía a la vez mis emociones, dirige mi personalidad psíquica, tanto más cuanto mayores son la naturalidad y la inconsciencia con que me entrego a él. 

En este sentido, Klemperer estaría de acuerdo con el artículo de Torra cuando indica que

El lenguaje es poder y quien lo controla o quien es capaz de manipularlo tiene capacidad para cambiar la percepción de la realidad. 

Precisamente la ausencia de poder es el elemento que quiero resaltar de estos grupúsculos  -violentos, anacrónicos, despreciables, pero en modo alguno fascistas-.

Estos grupúsculos carecen de poder político, mediático o económico. Y ello constituye, precisamente, una torsión del lenguaje absolutamente injustificable por parte del poderoso Torra. Es mezquino insinuar que el poder político español alienta, promueve o ampara estas acciones.

La capacidad de manipulación de la realidad, que denuncia Torra, sólo la puede ejercer el poder. Y los catalanes tenemos pruebas sobradas de la capacidad de manipulación propagandística del lenguaje que se ha empleado en Cataluña en los últimos años.

Volviendo al auténtico fascismo, explica Víctor Klemperer que el totalitarismo introdujo paulatinamente el habla del partido nazi en la sociedad alemana, infectándola y tiñéndola de ideología. “Todo en ella era discurso, todo debía ser apelación, arenga, incitación“. El lenguaje fue sometido a un constreñimiento que acabó por empobrecerlo. Las palabras actuaban como un veneno de acción lenta.

Se iban acomodando en el lenguaje, en pequeñas dosis. Cambiando la semántica de las palabras, hasta hacer que los alemanes cambiasen su modo de pensar y fueran progresivamente abrazando los postulados totalitarios fascistas.

Este programa de totalitarismo lingüístico pudo triunfar por el empleo de dos herramientas tremendamente potentes. Por un lado, la propaganda, que empezó su andadura científica en estos tiempos. Por otro lado, la férrea censura que ahogaba todos los discursos, las ideas, la producción cultural, cualquier manifestación que se apartara de las directrices señaladas por el partido único. La propaganda emitía constantemente los mantras nazis. La censura evitaba que dichos mantras pudieran competir con discursos alternativos.

Sostiene Klemperer que el lenguaje fascista no se circunscribe únicamente a las palabras. El discurso es una obra total que incluye también su escenificación. Es una obra de arte total dirigida tanto al oído como a la vista. Banderas, pancartas, emblemas y eslóganes son parte de estas “ceremonias de estado”. El discurso  se vuelve envolvente, multicanal. Teatral, audiovisual. Puede simultáneamente ser representado y presenciado, escuchado -por radio- o visualizado -a través del cine- Es una comunicación ubicua. Que apela a la emoción y a la acción. Resultan actuales y espectaculares los documentales de la directora fetiche del régimen, Leni Riefenstahl, y en especial su obra cumbre, El triunfo de la razón.

Estas escenificaciones recuerdan, siquiera levemente, a las pacíficas movilizaciones independentistas en Cataluña. Por no hablar del empleo de la propaganda. En este sentido, coincido con la tesis de Guillem Martínez de que el proceso independentista ha sido ante todo un enorme aparato propagandístico, tal y como él lo relata en su libro, que he tenido oportunidad de glosar.

PUEBLO Y PLEBISCITO

Una de las palabras más interesantes en el discurso nazi es la del pueblo –Volk– y su adjetivo popular –Volkish-, que se traducía por expresa indicación del Partido por racista. Tal era la identificación entre pueblo y raza. Coincide en este punto la retórica nacional socialista y la independentista catalana en el uso y abuso de lo popular, del pueblo soberano, constituyente y constituido y de la fijación plebiscitaria. Klemperer advierte esta hiperinflación de lo popular en la sociedad alemana previa a la Guerra:

“Pueblo” se emplea tantas veces al hablar y escribir como la sal en la comida; a todo se le agrega una pizca de pueblo: fiesta del pueblo, camarada del pueblo, comunidad del pueblo, cercano al pueblo, ajeno al pueblo, surgido del pueblo…

El cuerpo místico del pueblo alemán debía fundirse con el de su líder a través de la identificación total. Hitler y su partido eran uno con el pueblo. No puede extrañar, por tanto, que Hitler adorase los plebiscitos -del latín plebs, pueblo, y scitus, decreto-. Organizó dos grandes referéndums. El primero, en 1934,  para determinar si, tras los ataques a la nación alemana debía acumular todo el poder, suprimiendo los partidos políticos. Lo ganó con más del 90% de sufragios. A propósito de este primer referéndum anota Klemperer en su diario:

“Es el mayor espectáculo circense que he visto de Goebbels hasta ahora, y no logro concebir que pueda superarse. El plebiscito a favor de la política del Führer y de la “lista única para el Reichstag. (…) La “lista única” muestra demasiado a las claras que el Reichstag tiene los días contados como Parlamento. La propaganda es en su totalidad un espectáculo circense tan perfecto – la gente lleva pegatinas con el “sí” en la solapa del abrigo-  (…) es tal la violación del público que, de hecho, debería provocar el efecto contrario al deseado…

El segundo lo organizó para decidir sobre la anexión de Austria a Alemania (Aschluss) en 1938. La pregunta era muy concreta: “¿Estás de acuerdo con la reunificación de Austria con el Imperio Alemán efectuada el 13 de marzo de 1938 y votas en favor de la lista de nuestro Führer?”. Votar resultaba peligroso, puesto que el organizador del Referéndum se había encargado de que resultara bien visible y de distinto tamaño el voto por el sí y el voto por el no.

Papeleta para la unificación de Austria

Después de todo lo dicho, solo cabe recordar el título del artículo de Torra: “Como un solo pueblo contra el fascismo”.  Y el eslogan de campaña de Artur Mas: “La voluntad de un pueblo”. Y la constante apelación al plebiscito como modo de solucionar los problemas en una  democracia mejorable. Que cada uno saque sus propias conclusiones, pero si pudiera aconsejar al Presidente Torra, le indicaría que, tras sus desafortunados artículos de prensa y su hispanofobia demostrada, sería conveniente, siquiera por higiene, que suprimiera la palabra pueblo de su vocabulario y se centrara en la ciudadanía. Al menos hasta que todos los catalanes nos sintamos cómodos cuando se pronuncie.

En definitiva, Klemperer, por su condición de judío perseguido por el régimen y de filólogo fue un espectador privilegiado de aquellos años en los que los alemanes fueron progresivamente infectados por una ideología totalitaria.

El lenguaje sirvió para preparar el camino a los referéndums que convirtieron una débil república en un estado totalitario que acabó con una de las peores dictaduras del siglo XX junto con la soviética. Algunas palabras, como blitzkrieg -guerra relámpago- fueron creadas por la propaganda nazi. Otras se despejaron de su sentido peyorativo para tener un prestigio nunca visto, como la palabra fanático. Su constante asociación con la palabra héroe la aupó a la cúspide de la moral hitleriana. Otras palabras si bien existentes antes del horror nazi, han quedado definitivamente fijadas en nuestra mente asociadas a éstos, como campos de concentración.

Y, en resumen, volviendo al  discurso del Presidente, le pido que reflexione. Debe condenar todo tipo de violencia. Y admitir que no representa más que a una facción del pueblo, insuficiente siquiera para modificar el Estatuto. Y que, por tanto, aparque su proyecto independentista y rebaje la tensión de las calles de Cataluña.

Y que el poder deje de jugar con el lenguaje y de acuñar nuevos términos, ya que a estas alturas ya contamos con los siguientes vocablos y expresiones procesistas: Ahora es la hora. Adiós España. No nos quieren. Transición nacional. Hoja de ruta. Proceso. Queremos votar. Esto va de democracia. Pasar pantalla. Unionista. España nos roba. Fuerza en el brazo. Cuanta dignidad. Estado fascista. Comité de Defensa de la República. Hacer República. Desplegar la República. Ser República. Adelante. Ni un paso atrás. Las calles siempre serán nuestras. Franquista. Jugada maestra. Tozudamente alzados. El constante aliento (escalf) a los presos. Los del 155. La escuela no se toca. TV3 no se toca. Lo tenemos a tocar. Españoles (frente catalanes, como dos corpus separados e incluso opuestos) “Ñ”; colonos, mesetarios, uso y abuso de las palabras franquista y fascista.

(este párrafo está en construcción a través de los comentarios que me lleguen a través de Twitter en @gimenezonia o bien en los comentarios a pie de post.)

No podemos permitir que desde el poder se siga jugando con el lenguaje. Hay que conseguir que el lenguaje recupere su autenticidad. Que vuelva la distensión a Cataluña. Y eso pasa por aceptar que hoy no es posible llevar a cabo el proyecto de Torra. No tienen mayoría suficiente.

Fuente

4 comentarios en “Torra, el fascismo y la violencia del lenguaje (versus Klemperer) – Juan Gimenez

  1. No cabe mayor cinismo. Que los golpistas catalanes…, que imponen el catalán a todos, prohíben hablar en español en España, multan por rotular los negocios en Español, exigen saber catalán para acceder a un puesto público, insultan a los no independentistas, amenazan e intimidan a niños hijos de Guardias Civiles y de Policías Nacionales, amenazan, agreden y destrozan los negocios y actos no golpistas, insultan a su propio Rey y reescriben la historia de España a su antojo…, se definan como víctimas y no como delincuentes, empieza haciendo gracia y acaba siendo indignante.

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  2. A una parte de los ciudadanso españoles de cataluña. mediante la porpaganda la desinformacion ylas mentiras les han convnecido de tres cosas 1)Que ya no son españoles 2) imponer a los demas una frontera étnica y 3) imponer su apartheid linguistico all over Bien sesos psotualdos son fascismo puro y duro ylos metodos de presion que utilizan tmabien loson la podredumbre que gobierna España PPPSOE han decidio dar el marchamo de “democraticas” a esas ideas fascistas NOlas combaten Se pone de lado diciendo que “Solo discuten lso metodos no democraticos” ¿SE puede imponer el fascismo opr medios democraticos? PPPSOE IUPodemos piensan qu esi que es legitimo Al fascismo no se le denuncia ni se le critica porque eso ya es aceptarle como tal al FAscismo se le combate o acaba uno siendo su esclavo Vasqusimo Catalnismo Galleguismo son tres ideologias fascistas bastardas del racismo NO ver eso ahora es vendarse lso ojos y aceptar fascismo como “cosa democratica” Los que lo aceptan son gnetuza indeseable La ineptocracia qeu nos gobierna y nos manipula

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