Nigromancia – Fernando Sánchez Dragó / El Mundo

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

26 AGO. 2018 02:03

¿Qué necesidad había, señor Sánchez? Dice usted, o dicen los suyos, que exhuman a Franco por respeto hacia las víctimas. Digo yo, llevándoles la contra, que profanar una tumba, quienquiera que repose en ella, es siempre, sea cual sea el argumento esgrimido, una falta de respeto.

Es curioso que para enterrar a Franco por segunda vez recurran ustedes a una estratagema digna de la persona que desentierran: gobernar por decreto sin que nada lo justifique es un recurso propio de dictadores. Los franquistas deberían estarle agradecidos: usted ha resucitado a su líder, lo ha devuelto a la calle, a los cafés, a la primera página de los periódicos, al imaginario colectivo, a la memoria de quienes ya no lo recordaban y a la curiosidad de quienes apenas habían oído hablar de él.

El culatazo puede ser de aúpa. Se entierran los cadáveres, pero no lo que éstos simbolizan. Los ladrones de tumbas buscaban los supuestos tesoros sepultados en ellas. Su móvil, señor Sánchez, es idéntico, aunque usted no busca oro, sino seguidores. ¿De verdad cree que alguien le votará por lo que acaba de hacer? No sea cándido. La gente vota por otras cosas. Más fácil es en este caso perder algún voto de quienes ya le votan que ganarlo entre quienes no lo hacen.

Mientras Napoleón, Lenin, Ataturk, Mao y el Tío Ho ¡menudos pájaros! siguen en sus mausoleos, la España cainita escupe sobre su historia. Si verdad es que medio país odiaba al Caudillo, no menos cierto es que el otro medio lo veneraba. Hablo del 36, porque cuarenta años más tarde, esa proporción se había roto y eran ya muchos más sus partidarios que sus detractores.

La editorial Renacimiento acaba de publicar un interesante libro escrito al empezar la guerra por una observadora australiana: Eleonora Tennant (Viaje por España). En él se lee:

“La técnica comunista era casi idéntica en cada ciudad y pueblo (…). 1. Se saqueaban y quemaban las iglesias. 2. Se torturaba y asesinaba a las monjas y los curas. 3. Se saqueaban y quemaban las casas. 4. Se robaba o asesinaba (o ambos) a la gente por las siguientes razones: a) por pertenecer a la clase alta; b) por ir a la iglesias; c) por ser anticomunista o por no ser lo suficientemente pro comunista.

Esas espantosas condiciones imperaban en todos los lugares hasta que las tropas de Franco tomaron la localidad”. Media España, como mínimo, lo sabía y apoyó al Caudillo. No es memoria, señor Sánchez. Es historia. Respétela.

Fuente: El Mundo

4 comentarios en “Nigromancia – Fernando Sánchez Dragó / El Mundo

  1. Soy socialdemócrata emigrante a Suecia, donde he realizado una tarea política que ha merecido la estima nórdica y la condecoración del gobierno de Felipe González. No fui nunca admirador de dictaduras y, por lo tanto, no sentía apego a la dictadura franquista. Eso fue lo que me hizo emigrar a países europeos en los que la democracia parlamentaria se había impuesto, después de la segunda guerra. No obstante, he de decir que mi familia fue víctima de la falsamente denominada República Española. Mi padre (una persona socialmente honrada, jefe del taller de pinturas del ayuntamiento de Madrid, instaurador de la Cooperativa el Arco Iris y con proyecto de obtener un título jurídico que le hiciera competente como abogado del obrero) fue víctima de intrigas proletarias que, engañándole para acudir a resolver problemas de pinturas de vehículos en el frente antifranquista en Brihuega, le asesinaron al desplazarse en coche por los sujetos que le acompañaban. Incluso elementos que presumieron de su crimen cuando mi madre se enfrentó a ellos, cuyo nombre era conocido, diciéndole: “No se preocupe señora, no le han dado más que cuatro tiros). Tenía yo un año de edad y solía coger el teléfono yy (creyendo que hablaba con mi padre) decía: “Papaíto, rico, vas a venir?”. Abogados amigos de mi padre y conocedores de su elevada conciencia social, ayudaron a mi madre a obtener ayuda. Pero la guerra civil terminó y el régimen de Franco (en el ayuntamiento de Madrid, donde mi padre había trabajado) se ocupó de ayudarme social y escolarmente. Como “hijo de caído” fui admitido en el histórico Internado de San Ildefonso (los niños que cantan todavía hoy la lotería) y obtuve una educación y una enseñanza fundamental y el apoyo económico (como becario) para estudiar Magisterio y licenciatura en filosofía. Debo todo lo mejor de mi infancia y juventud al régimen franquista, aun cuando mi contacto con la Alemania postguerra me hizo apreciar lo que supone una democracia parlamentaria. Por eso emigré, pero no por odio al franquismo. Seguí de cerca la evolución democrática del régimen, oponiéndome a la idea de los socialdemócratas suecos (y especialmente de Olof Palme, con quien tuve relación directa) que defendían su pasado apoyo a favor de la república española y su histórica (histérica) participación en las brigadas internacionales, de lo que queda un recuerdo en un monumento de Estocolmo (“La Mano”) conmemorando la historia de las brigadas con un acto junto a ese monumento cada primero de mayo.
    Personal y familiarmente no tengo, por lo tanto, otra cosa que agradecimiento a las instituciones franquistas y mi animadversión total a la República española y sus crímenes que afectaron a mi familia. Los “paseos” y las “checas” organizaron el odio y la criminalidad, permitiendo que venganzas meramente personales se convirtieran en un hecho diario. Los partidos de izquierda se hacían la guerra unos a otros y su total caos permitió a Franco dominar fácilmente la situación, imponiendo una paz dictatorial.

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  2. No me sorprende que Sánchez Dragó, a quien admiro por su cultura y por la libertad interior que le caracteriza, escriba este artículo. Estoy totalmente de acuerdo con el contenido y altamente preocupada por la política “dictatorial”, no quiero ni una letra, del actual gobierno de España.

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