La revuelta socialista contra la Segunda República que acabó en baño de sangre – I. Viana / ABC

Poco después de proclamarse el nuevo régimen, el 14 de abril de 1931, Andalucía se convirtió en un importante foco de descontento social a causa de las malas condiciones de vida

Inmediatamente después de proclamarse la Segunda República, Andalucía se convirtió en un importante foco de descontento social a causa de las malas condiciones de vida. La situación de los jornaleros, que llevaban meses esperando las mejoras prometidas por los presidentes Niceto Alcalá Zamora y Manuel Azaña, era desesperante. No pasó ni medio año antes de que se comenzaran a producir enfrentamientos con las autoridades, destrucción de maquinaria agrícola, ataques a la propiedad, ocupación de fincas, robos y quema de cosechas, entre otros incidentes.

Uno de los focos más importantes de aquellas revueltas protagonizadas por trabajadores socialistas supuestamente afines al Gobierno republicano fue Gilena, una pequeña localidad sevillana de menos de 4.000 habitantes. En el mes de septiembre de 1931, una parte del vecindario comenzó a promover huelgas, piquetes e incidentes violentos que se extendieron por otros municipios de la comunidad andaluza. Su repercusión fue tal que, cuando la sangre llegó al río, el asunto fue discutido hasta en las Cortes Generales.

La mayoría de los diarios nacionales cubrió aquellas movilizaciones que acabaron en tragedia. «El Liberal» hablaba de «los dramas del hambre en el campo andaluz». «Matan a tiros a un guardia civil en Gilena», titulaba «El Correo». ABC, por su parte, envió a un periodista a la zona para informar de «la muerte de este cabo de la Benemérita y otros cuatro paisanos», poniendo el foco después en «los problemas provocados por el paro forzoso y los otros conflictos sociales que hay actualmente en España». Los artículos, sin embargo, se quedaron cortos en un primer momento. El balance final fue de seis muertos.

250 huelgas

No hay que olvidar que la Segunda República es el periodo de mayor movilización social del siglo XX. Sólo en Sevilla –la provincia donde, junto a Asturias, se produjo el mayor número de protestas contra el nuevo la República– se convocaron cerca de 250 huelgas. Hasta agosto de 1931 se produjeron 48 de ellas. Y solo en el mes de octubre, el mismo en el que se tuvieron lugar los sucesos de Gilena, hubo diez.

Este periodo coincidía con el de la recogida de aceitunas, la actividad a la que se dedicaban la mayoría de los jornaleros que iniciaron la huelga en la localidad sevillana. Trabajadores desesperados a la espera de las ayudas prometidas por Alcalá Zamora. La situación en el campo y la agricultura fue este uno de los problemas más urgentes que tuvo que resolver en Andalucía y Extremadura el primer presidente republicano.

El invierno anterior se habían superado ya los cien mil parados en el sector, a lo que había que sumar los bajos salarios y los abusos en la contratación. Para intentar solucionar esta situación, el ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, promovió una serie de decretos agrarios que, sin ebargo, no fueron suficientes para calmar los ánimos de los trabajadores. Y tampoco contentaron a los patronos, puesto que alguno de ellos daba más poder a los sindicatos. En concreto, les daba potestad para impedir la contratación de jornaleros procedentes de otros municipios hasta que los vecinos del mismo no estuvieran empleados.

La huelga

Fue el 9 de octubre de 1931 cuando ABC informó por primera vez de la huelga convocada en Gilena, después de que hubiera fracasado una reunión celebrada en el Ayuntamiento del pueblo en la que estuvieron presentes los patronos. Los miembros de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT), el sindicato socialista que se había implantado en la localidad, llevaban tiempo acusando a los republicanos de haber organizado un centro que únicamente daba trabajo a sus afiliados. Esto desembocó en los primeros choques entre los obreros republicanos y socialistas del municipio, donde se produjeron ya los primeros heridos. Lo peor, sin embargo, estaba por llegar.

Para intentar reconducir la crisis, el gobierno local fue sustituido por una comisión gestora, pero esta no fue capaz de llegar a un acuerdo con los patronos. El problema obrero continuó y, en la mañana del 9 de octubre, se organizó un piquete. Algunos jornaleros habían decidido ir a trabajar y sus compañeros de huelga no iban a permitirlo. Un grupo de cien trabajadores armados con palos y piedras, incluídas no pocas mujeres, marcharon hacia el cortijo de «El Marqués» para impedir que sus compañeros se incorporaran a su puesto.

Antes de llegar, el grupo fue interceptado por la Guardia Civil para ser reconducido hacia el pueblo y evitar males mayores. El ambiente estaba tan crispado que, al pasar por la sede del Centro Socialista, se encontraron con más obreros que se sumaron a las protestas. Los agentes comenzaron a recibir insultos de todo tipo. Se pusieron tan nerviosos al ver que la situación se les iba de las manos que apuntaron sus armas contra un grupo de mujeres que les increpaba. Al día siguiente, el gobernador de Sevilla defendía la actuación en ABC: «La Benemérita ha cumplido estrictamente con su deber en todo momento, sin excederse en lo más mínimo». El titular sexista de «El Liberal» simplificaba lo ocurrido: «Una excitación femenina, causa determinante de los hechos».

Noticia informando sobre las víctimas de Gilena, en octubre de 1931 – ABC

En medio de la confusión, y cuando pasaban frente a la Casa del Pueblo, se escuchó un disparo y uno de los guardias civiles cayó al suelo. Los agentes comenzaron a disparar contra el centro y desde el interior los socialistas devolvían los balazos, mientras en la calle los obreros atacaban a los agentes con piedras y otras armas blancas. Se había iniciado el baño de sangre. Según contaba ABC, «varias mujeres se arrojaron sobre el cabo de la Guardia Civil y le desarmaron».

El balance final: un agente y cinco obreros muertos, varios heridos y 79 detenidos. José Regidor Sanguino fue el cabo que recibió un disparo en la cabeza, aunque también presentaba una herida causada con una aguja de espartero. Rafael Jurado Pérez, Antonio Reina Rodríguez y José Morillas Maireles fueron los obreros que murieron en el act por los disparos de la Benemérita, mientras que Francisco Reina Reina falleció camino de Sevilla y Francisco Javier Pozoblanco, al día siguiente en el hospital.

Con la intención de recobrar cuanto antes la tranquilidad, gobernador civil adoptó medidas urgentes como cambiar a los representantes populares y distribuir, sin distinción de matiz político, grupos de seis obreros por cada cien fanegas de tierra. Fue nombrado alcalde un representante de la minoría republicana que ya había ocupado el cargo en Gilena entre 1899 a 1903. También se produjeron donaciones de hasta 1.100 pesetas para las familias de los jornaleros detenidos en Gilena, aportadas por otros centros obreros de Estepa, Aguadulce y el Rubio y ayuntamientos como el de La Puebla de Cazalla.

Los responsables no sufrieron excesivamente el peso de la ley. La identidad del autor del disparo que acabó con el cabo de la Guardia Civil nunca se supo, pues fue protegido por sus compañeros. Los arrestados y condenados por promover los disturbios fueron liberados menos de tres años después por las Leyes de Amnistía. Y algunos de ellos incluso participaron activamente después en la vida política de la localidad.

Fuente: ABC

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