Decálogo del padre Juan de Mariana- Pasaje de Memoria del comunismo / Federico Jiménez Losantos

  1. El origen de la sociedad y la ley es la propia debilidad humana:

La vida del hombre no estaba segura ni contra las muchas fieras que poblaban la tierra cuando esta estaba aún sin cultivos y no se habían arrasado los bosques por los incendios, ni contra muchos de sus mismos semejantes, que como esas bestias solitarias que temen a las más fuertes y atropellan a las menos feroces, se precipitan impunemente sobre la vida y la fortuna de los hombres débiles. Y todavía estuvo menos segura, asociados los más fuertes, desbastaban los campos, robaban los ganados y arrasaban las aldeas, cometiendo toda clase de atropellos con crueldad a los que se atrevían a resistirles; robos, saqueos y matanzas eran realizados con impunidad y no había lugar seguro para la inocencia y la debilidad…

Y es así como el hombre, que en un principio se veía privado de todo, sin tener siquiera armas con que defenderse ni un hogar en que protegerse, está hoy en día rodeado de bienes por el esfuerzo realizado en sociedad con otros, y dispone de mayores recursos que todos los demás animales, que desde su origen parecían dotados de mejores medios de conservación y defensa.

Así pues, los derechos humanos que nos constituyen como hombres, y la sociedad civil en que gozamos de tantos bienes y tanta paz, deben atribuirse a la carencia de muchas cosas necesarias para la vida, al temor y a la consecuencia de nuestra debilidad…

  1. Defensa de la propiedad frente al poder:

En primer lugar, es necesario afirmar que el príncipe no tiene derecho alguno sobre los bienes muebles e inmueble de sus súbditos, de tal forma que pueda tomarlos para sí o transferirlos a otros. Los que sostienen lo contrario son los charlatanes y aduladores, que tanto abundan en los palacios de los príncipes. Y de ello se infiere que el príncipe no puede poner nuevos tributos sin que preceda el consentimiento formal del pueblo. Pídalo pues, y no despoje a sus súbditos tomando cada día algo por su propia voluntad y reduciendo poco a poco (disminuyendo el peso de la plata en la moneda de vellón) a la miseria a quienes hasta hace poco eran ricos y felices.

  1. El origen del dinero:

En los primitivos tiempos no se conocía el origen del dinero y las cosas se permutaban recíprocamente, como una oveja por una cabra, un buey por una cantidad de trigo. Después pensaron y entendieron que era más cómodo el cambio de las mercancías y del trigo por los metales preciosos, como el oro, la plata, el cobre. Y por último, para no tener necesidad de llevar siempre consigo el peso del metal, para el comercio y demás usos, les pareció muy oportuno dividir los metales en porciones, y ponerles alguna señal que indicase su peso, o su valor; este es el legítimo y natural uso del dinero, como enseña el mismo Aristóteles en el libro primero de Política.

  1. El dinero como base de la actividad comercial:

No hay duda sino que el peso, medida y dinero son el fundamento en que estriba toda contratación y los nervios que no ella todo se traba, porque las cosas se venden por peso y medida, y todas por dinero. Lo que quiero decir es que así como el cimento del edificio debe ser firme y estable, así los pesos, medidas y moneda no se deben mudar porque no bambolee y se confunda todo el comercio.

  1. El valor del dinero como intocable y sagrado:

Algunos son del parecer que el siclo (judío) era una moneda como de cuatro reales; se guardaba en su puridad y justo precio en el templo para que todos acudiesen a aquella muestra y nadie se atreviese a bajarla de ley ni de peso. Es cosa tan importante que en estas cosas no haya alteración, que ninguna diligencia tenían por sobrada.

  1. Por qué la alteración de la moneda acarrea la ruina:

Y no hay duda sino que en esta moneda concurren las dos causas que hacen encarecer la mercaduría, la una ser, como será, mucha sin número y sin cuenta, que hace abaratar cualquier cosa que sea, y por el contrario, encarecer cualquier cosa que por ella se trueca; la segunda, ser la moneda tan baja y tan mala, que todos la querrán echar de su casa, y los que tienen las mercadurías no las darán sino por mayores cuantías. De aquí se sigue el cuarto daño irreparable, y es que vista la carestía, se embarazará el comercio forzosamente, según que siempre que este camino se ha tomado se ha seguido. Querrá el rey remediar el daño con poner tasa a todo, y será enconar la llaga, porque la gente no querrá vender alzado al comercio, y por carestía dicha gente y el reino se empobrecerá y alterará. Visto que no hay otro remedio, acudirán al de siempre, que es quitar del todo o bajar el valor de la dicha moneda y hacer que valga la mitad que el tercio que hoy vale, con que de repente y sin pensarlo, el que en esta moneda tenía trescientos ducados se hallará con ciento o cincuenta, y a esta proporción todo lo demás.

  1. El poder debe ser limitado por la ley:

Podrán los reyes cuando lo exijan las circunstancias, proponer nuevas leyes, interpretar o suavizar las antiguas, suplirlas en los casos que se haya previsto; más nunca, como pienso que haría un tirano, cambiarlas a su antojo y acomodarlas a sus caprichos y a sus intereses sin respetar nada las instituciones y las costumbres patrias. Los príncipes legítimos no deben obrar jamás de modo que parezcan ejercer una soberanía absoluta desvinculada de la ley.

  1. Limitación del papel del rey:

Concedo de buena gana que existe una soberanía regia en todas estas cosas y que, bien por las leyes del reino bien por la costumbre de las naciones, se ha autorizado un cierto arbitrio para asuntos tales como hacer la guerra, administrar la justicia y establecer los magistrados o nombrar los jueces (…); creo, sin embargo, que en otras materias, la autoridad de la comunidad cuando todos han llegado a un acuerdo común, es mayor que la del príncipe.

  1. Razón del regicidio como último recurso:

No hemos de mudar fácilmente de reyes, si no queremos incurrir en mayores males y provocar disturbios (…). Se les ha de sufrir lo más posible, pero no ya cuando trastornen la república, se apoderen de las riquezas de todos, menos precien las leyes y la religión del reino, y tengan por virtud la soberbia, la audacia, la impiedad, la conculcación sistemática de lo más santo. Entonces es preciso pensar en la manera cómo podría destronársele, a fin de no se agraven los males ni se vengue una maldad con otra. Si están permitidas las reuniones públicas, conviene consultar el parecer de todos, dando por lo más fijo y acertado lo que se estableciere de común acuerdo; si condescendiere, si satisficiere los deseos de la república república, si se mostrase dispuesto a corregir sus faltas, ni hay para qué pasar más allá ni para que se pongan remedios más amargos; si empero rechazare todo género de observaciones, si no dejare lugar alguno a la esperanza, debe empezarse por declarar públicamente que no se le reconoce como rey, que se dan por nulos todos sus actos posteriores».

  1. Contra la pobreza, bajos impuestos y libre comercio:

Ante todo, debe estar persuadido (el rey) de que no conviene agobiar a España con graves contribuciones; primero, porque una gran porción de ella está llena de fragosidades, peñas y montañas áridas, especialmente a la parte del Norte, pues la meridional goza de un clima más benigno. Muchas veces por la sequedad del aire y la falta de lluvias en el verano, padecemos tal escasez de cosechas, que apenas bastan para cubrir los gastos de la labor; por lo que sería demasiado grave aumentar tanta calamidad del tiempo, con nuevos y grandes tributos.

Además, en España los labradores, pastores y otros que cultivan el campo, todos pagan religiosamente la décima de sus productos a las iglesias; por lo que si después de esto, los que no tienen tierras tienen que pagar otro tanto a los señores de las tierras, muy poco debe ser lo que les quede a los miserables para vivir y para que contribuyan al erario: cuando por otra parte parece justo que debían ser aliviados y más atendidos aquellos de cuyo trabajo e industria se alimentan todos los ciudadanos (…). Lo primero porque cesará el lucro por efecto de las escasas compras y ventas, con el que vive la mayoría de ellos, a los que seguirán en la misma suerte los artífices con especialidad, pues estos cifran únicamente su sustento y esperanzas en sus manos y en su trabajo diario.”

Pasaje de

Memoria del comunismo

Federico Jiménez Losantos

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